jueves, 25 de agosto de 2016

Joyas literarias

Hay libros que no solo cuentan una historia sino que transmiten emociones y dejan una huella. Están llenos de frases que te hacen pensar y consiguen arrastrarte a su interior aunque no tengan nada que ver contigo. Es el poder mágico de la escritura, aunque pocos escritores poseen el don de hacer magia con las palabras. Leer uno de esos libros es como descubrir un tesoro.

Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin  ha supuesto todo un hallazgo, había leído muy buenas críticas pero por las sinopsis no estaba segura de que me fuese a gustar. Sin embargo este libro es el ejemplo de que con la buena literatura lo que importa no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta y la manera de narrar de Lucia Berlin es maravillosa. Son relatos independientes, pero que al mismo tiempo se relacionan entre sí para dar una idea global de la historia, como las piezas de un puzle. Los personajes, con sus defectos (evidentes), se convierten en seres reales, magnéticos, entrañables, con los que se ama, se sufre y se siente cada recuerdo. Una escritora genial.

"La historia, de hecho, ni siquiera está escrita todavía. Sin embargo, aspiro a que, a fuerza de minuciosidad en el detalle, esta mujer les resulte tan creíble que no puedan evitar compadecerla".

«Ramas cargadas de nieve se quiebran y crujen sobre mi tejado, y el viento estremece las paredes. Acogedor, sin embargo, como estar en un barco recio, una gabarra o un remolcador"

"Ojalá hubiera un autobús al vertedero. Íbamos allí cuando añorábamos Nuevo México. Es un lugar inhóspito y ventoso, y las gaviotas planean como los chotacabras del desierto al anochecer. Allá donde mires, se ve el cielo. Los camiones de basura retumban por las carreteras entre vaharadas de polvo. Dinosaurios grises."

El Camino Estrecho Al Norte Profundo, de Richard Flanagan, Premio Booker 2014, fue una novela que me recomendó la Señora y que merece la pena, aunque es un libro que cuesta, a veces mucho, pero eso no le quita mérito a la narración. No es fácil, es duro, desgarrador, hay crueldad, pero tampoco podía ser de otra manera porque es un libro sobre la guerra, sus horrores, la lucha por la supervivencia, por seguir un día más, y no se puede escribir sobre ese tema en serio y esperar que el resultado sea una obra de lectura ligera. La guerra es algo que te marca, que te cambia la vida. Hay amor, sí, pero el romance sirve para enfatizar aún más los contrastes; también el amor se convierte en un fantasma de la guerra.

"Nothing endures. Don’t you see? That’s what Kipling meant. Not empires, not memories. We remember nothing. Maybe for a year or two. Maybe most of a life, if we live. Maybe. But then we will die, and who will ever understand any of this?" 
"Nada permanece. ¿No lo ves? Eso es lo que Kipling quería decir. Ni imperios, ni recuerdos. No recordamos nada. Tal vez durante uno o dos años. Tal vez casi toda la vida, si vivimos. Pero entonces moriremos, ¿y quién comprenderá algo de esto?"

The Duchess of Bloomsbury Street de Helene Hanff es otra pequeña joya. Helene Hanff escribe sobre lo que le pasa y en eso no tiene parangón; es dulce, con un sentido del humor nada dañino y su lenguaje fluye y engancha, consigue que el lector se identifique con ella desde las primeras líneas y que comparta experiencias y emociones. Sus palabras poseen voz, en realidad no se leen sino que se escuchan, la misma Helene Hanff narra su historia, le da su entonación, sus inflexiones, el murmullo de su tono suave y pausado, como quien cuenta un cuento mientras el oyente mantiene la atención para no perderse ni una coma. ¿El argumento? La crónica de un viaje. Tras años de querer conocer Londres, Helene Hanff finalmente logra su deseo a raíz de la publicación, y el éxito, de su novela epistolar y autobiográfica 84, Charing Cross Road. El trato que recibe es tan magnífico que se nombra a sí misma la Duquesa de Bloomsbury St (lugar en el que se encuentra su hotel). Durante su estancia lleva un cuaderno en el que narra el día a día del viaje, habla de la gente que conoce y los sitios que visita, todo de forma amena y concisa; ese cuaderno es este libro y es una auténtica delicia.

“I tell you, life is extraordinary. A few years ago I couldn’t write anything or sell anything, I’d passed the age where you know all the returns are in, I’d had my chance and done my best and failed. And how was I to know the miracle waiting to happen round the corner in late middle age? 84, Charing Cross Road was no best seller, you understand; it didn’t make me rich or famous. It just got me hundreds of letters and phone calls from people I never knew existed; it got me wonderful reviews; it restored a self-confidence and self-esteem I’d lost somewhere along the way, God knows how many years ago. It brought me to England. It changed my life.” 

miércoles, 24 de agosto de 2016

Y más libros

Aunque leo mucho en inglés, a veces intento leer también en francés para que no se me termine de olvidar todo lo que estudié en su momento. Me da más pereza, tengo menos fluidez y la selección de autores es limitada, aunque podría empezar con el filón de Verne. Me encanta Irene Nemirovsky y Les feux d'automne es una novela no muy larga que pensé que no me costaría demasiado leer en su versión original (que tenía la ventaja añadida de ser mucho más barata, al menos en kindle). Sin embargo, aunque el lenguaje es precioso, sencillo, y leerlo es un placer, no pienso que sea la mejor historia de su autora, sino que es algo desigual. El libro se divide en tres partes, la primera me pareció con diferencia a la mejor, es la época que corresponde a la Gran Guerra y Némirovsky describe con maestría las escenas en el campo de batalla. El personaje de Marcial es uno de los más logrados, aunque por desgracia su protagonismo no continúa. La segunda parte corresponde al periodo entreguerras, los jóvenes regresan cambiados, buscan la vida fácil y la encuentran. Esta parte me resultó mucho más floja, melodramática y convencional, Nemirovsky es mejor cuando a sus personajes les mueven emociones fuertes, es entonces cuando les da vida. El final del libro lo dedica a la Segunda Guerra Mundial y, aunque mejora algo, sigue sin alcanzar la calidad literaria del principio. Los bienes de este mundo, ambientada en una época similar (y novela que ya comenté en su momento) me gustó mucho más.

Sobre la Segunda Guerra Mundial también versa Maus (I y II), el cómic de Art Spiegelman ganador del premio Pulitzer. Vladek, el padre del autor, le cuenta a su hijo su historia, desde el momento en que conoció a su madre, su vida en Polonia antes de la ocupación nazi, sus experiencias durante la guerra y su encierro en Auswitch. El retrato de esa época es magnífico, se sienten las emociones de los protagonistas, el frío, la tensión, la ansiedad, el peligro en el que viven cada día, las condiciones de maltrato que deben soportar, el miedo y su lucha por la supervivencia día a día.  En el primer tomo hay más historia, en el segundo el momento actual adquiere más protagonismo que la propia narración y una se siente que le cuentan cosas que el padre hubiese preferido mantener en la intimidad de la familia. Cierto que la guerra le afectó y le dejó secuelas, o quizá ya había algo de eso antes y fue uno de los rasgos que le permitió sobrevivir, pero el autor recalca demasiado esa parte y no veo el motivo de tanta insistencia salvo el de justificar sus propios demonios y su sentimiento de culpabilidad por no desear cuidar a su progenitor (algo comprensible porque no tenía un carácter fácil).

El mandarín de Eça De Queirós es una novela interesante, muy bien escrita, reflexiva pero fácil de leer. El ritmo es muy bueno, nunca se hace pesado. Sin embargo, me resultó más atractiva la premisa que el desarrollo, es una visión demasiado negativa y sin esperanza, aunque me figuro que ese era el propósito del autor. «En la lejana China existe un mandarín inmensamente rico. Nada sabes de él, ni de su nombre, ni de su rostro, ni de la seda con que se viste. Para heredar sus inagotables riquezas basta con que toques esa campanilla que está a tu lado sobre un libro. El mandarín tan sólo exhalará un suspiro en los confines de Mongolia. Al momento será un cadáver. Y tú verás a tus pies más oro del que puedes soñar. Tú, que estás leyendo esto y eres hombre mortal, ¿tocarás la campanilla?» Teodoro se conformaba con su existencia mediocre hasta que su elección sobre la muerte de un desconocido, un viejo mandarín, le convierte en el dueño de su gran fortuna. La riqueza pone al alcance de su mano muchos de sus sueños, pero eso no le da felicidad; la culpa le persigue. Para librarse de ese sentimiento, viaja a la China con la intención de resarcir a los herederos. Ni siquiera el amor ni el consuelo espiritual satisfacen el vacío de su espíritu. Al olvidarse del dinero y retornar a su vieja vida no recupera la tranquilidad, sino que se da cuenta de la hipocresía de la sociedad. A veces pienso que los críticos que opinan sobre los libros no los han leído, catalogar esta novela como divertida me suena a despropósito, no hay humor en el desencanto, aunque a veces se recurra a esa táctica para restarle importancia, pero el trasfondo es muy triste.

Grant Allen es un autor canadiense de finales del XIX del que no había oído hablar aunque, según he descubierto, posee cierto renombre. Es de descarga libre y gratuita en Gutenberg.org así que, picada por la curiosidad, me bajé algunos de sus libros. Empecé con una historia sobre una mujer liberada, The woman who did. No es una novela de horror, como sugiere la descripción de amazon (otro de esos libros que se resumen sin haberselos leído), sino una novela breve sobre la emancipación de la mujer y el estigma social que supone. Herminia, la protagonista, sabe que actuar según sus ideales la convertirá en una mártir por la causa. Aún así, sigue adelante y no cede a la presión cuando las circunstancias lo reclaman. Es una historia trágica pero muy interesante, hace pensar y el contraste es aún más llamativo cuando se comparan las convenciones de entonces con la época actual. Hay mucho que agradecer a esas mujeres.

Me hice con un Omnibus de Helene Hanff para leer todas sus novelas. La siguiente en la lista fue Q's legacy, que en realidad es una suerte de memorias, aunque todas las obras de Helene Hanff son autobiográficas. El título, Q's legacy, es un homenaje a Sir Arthur Quiller-Couch, el profesor inglés cuyo libro, On the art of writing, Helene empleó como guía de estudio. En plena depresión de los años 30, sin dinero para acceder a la universidad, Helene recurrió a la biblioteca en busca de un tutor que se adaptase a ella, y lo encontró bajo la letra Q. En estas memorias repasa historias que ya había mencionado en libros anteriores (y que conviene haber leído antes para conocer a los personajes), pero se extiende más en el tiempo, a posteriores viajes a Londres para la adaptación de su novela 84, Charing Cross Road a la televisión y al teatro.

"If I live to be very old, all my memories of the glory days will grow vague and confused, till I won't be certain any of it really happened. But the books will be there, on my shelves and in my head -the one enduring reality I can be certain of till I die."

martes, 23 de agosto de 2016

Un poco de infancia y bastante fantasía

Los niños son lectores exigentes, necesitan algo que les enganche, no captan los matices y les aburren los párrafos excesivamente largos o los fragmentos descriptivos en los que no pasa nada. No se conforman con facilidad, no es fácil captar su atención durante mucho tiempo seguido. Con semejantes condiciones, no comprendo como no hay más lectores adultos aficionados a la literatura infantil.

Recuerdo lo difícil que era dejar el libro a la hora de comer, con los Cinco enredados en el punto álgido de sus aventuras o los protagonistas de Julio Verne en lo más emocionante de la historia. Una vez me lo llevé a la mesa, ¿cómo podía abandonar a Miguel Strogoff a su suerte frente a los cosacos?, pero no tardé en enterarme de que "en la mesa no se lee" y de que el pobre Miguel debía esperar su destino en la habitación. La orden fue tan tajante que nunca más se me ocurrió intentarlo. Al parecer está mal leer las páginas de un libro, pero se ve que con la tecnología las cosas han cambiado y ahora no supone incurrir en un delito si cualquiera (niño o adulto) se pasa la comida pendiente de la pantalla de un smartphone, ¿por qué ninguna regla obliga a dejarlos en la habitación? Sin embargo, estoy segura de que cualquier letra impresa tiene más enjundia que un whatsapp.

Sigamos con la letra impresa...

Thimble Summer de Elizabeth Enright fue el ganador de la medalla Newbery en 1938. Narra la vida de una familia durante un verano en plena época de la depresión. Garnet, una niña de 9 años, hija de granjeros, encuentra un dedal de plata y, a partir de ese momento, siente que todo cambia a mejor, no de manera llamativa sino a base de pequeñas cosas que convierten el día a día en la granja en algo especial. Una historia sencilla y con un lenguaje acorde, para disfrutar de volver a ser niño.
It was the stillest hour in the world as though all things held their breath perilously, waiting for day to begin. (Esta frase suena a Steinbeck, y es preciosa)

Neverwhere, de Neil Gaiman, es una novela sobre Londres, pero no la ciudad conocida sino otra. Tras ayudar a una vagabunda, Richard pierde su vida, desaparece de la visión del resto del mundo y se ve arrastrado al otro Londres, el Londres de abajo. Allí las cosas son difíciles, con seres violentos, amenazas en la oscuridad, ratas, ángeles ambiguos, bestias milenarias y toda la porquería acumulada desde la fundación de Londres. Neil Gaiman disfruta (porque se nota que se lo pasó bien al escribirlo) con un humor negro algo sádico e imaginación a raudales, algo que le caracteriza. A veces pierde ritmo, pero en general resulta bastante entretenido.

Desde hacía tiempo me apetecía descubrir una novela de Diana Wynne Jones que hiciese honor a su fama, y a las buenas críticas que había leído de ella. Empecé con su serie de Chrestomanci pero fui incapaz de resistir a la niña protagonista, era insufrible (aunque esa era la intención, supongo que su carácter mejoraría a lo largo de la serie pero no me quedé a comprobarlo). Enchanted Glass sí que ha sido esa novela que no solo me ha reconciliado con su autora sino que me ha aficionado a sus libros. Al morir el abuelo de Andrew, éste hereda tanto su hogar como la tarea de proteger la región. A sus protegidos se suma Aidan, un niño perseguido por criaturas mágicas que pretenden destruirle para que no ponga en peligro el reinado de Oberon. Es una historia muy interesante, imaginativa, bien traída, bien rematada, con buen ritmo y que engancha.

Dado el éxito, seguí con Diana Wynne Jones, en esta ocasión con su libro más conocido, Howl's moving castle. Sophie es la mayor de tres hermanas, según los cuentos eso significa que está destinada al fracaso. Cuando un hechizo la convierte en una anciana, Sophie abandona su hogar y termina en el castillo ambulante de Howl, un mago con muy mala reputación. Allí la magia la rodea, y los problemas también. La historia es un alarde de imaginación que combina todos los ingredientes clásicos de los cuentos para crear una fantasía nueva, original y divertida (Hayao Miyazaki la convirtió en película, habrá que verla).



The Mystery of the Clockwork Sparrow ( el primer título de The Sinclair's Mysteries), de Katherine Woodfine, es una aventura de detectives aficionados, juvenil y entretenida. Aunque no se sale del genero, y sin ser nada extraordinario, me sorprendió agradablemente. Un robo en unos grandes almacenes destapa una trama de corrupción, en la que no es posible fiarse de nadie, y una serie de crímenes cuya cabeza, el Barón, es un misterioso individuo relacionado con la flor y nata de la sociedad londinense. Se lee bien, en ocasiones le falla algo el ritmo, pero engancha y entretiene.

Harry Potter and the Cursed Child de J.K. Rowling, John Tiffany, Jack Thorne es, en realidad, una obra de teatro o un guión de cine. La trama no está mal, pero por desgracia ese es el único mérito del libro. No está bien resuelto, el ritmo se hace lento en ocasiones, algo de lo que la autora ya adolecía en entregas anteriores de la saga, y en las adaptaciones de las películas, que es lo que se asemeja esta historia: un guión pesado en el que se ha ahorrado el paso de transformar la novela original (y que seguro ya cuenta con productor). Por si fuera poco, a menudo me ha resultado demasiado edulcorado y sensiblero, Rowling no se ha dado cuenta de que "el vivieron felices y comieron perdices" no se ajusta a todos los estilos, y forzarlo no ayuda a que encaje.

domingo, 21 de agosto de 2016

¿Dónde están los libros?

En julio terminaba la convocatoria del Lazarillo, había salido mucho antes, pero no me enteré de la misma hasta una semana antes de que terminase el plazo. Es el único concurso en el que consigo quedar dignamente, aunque no cuente más que para satisfacer mi ego lo cual, dada la inseguridad del escritor, ya es bastante. Quería presentarme, otra vez... ¿a la tercera? Revisé La voz de Flora y la mandé junto con El trol, éste sin revisar, no me daba tiempo y tampoco deseaba comprobar que esa historia no estaba tan bien lograda como creía. Corregir se lleva bastante tiempo y preparar los libros para el concurso, aunque sea con un encuadernado de espiral, obliga a pasar una tarde de la imprenta al estanco y del estanco a correos. En resumen, una semana en la que prácticamente solo me leí a mí misma.

Otro tanto me ocurrió con el concurso indie de Kindle. Tenía que maquetar mi "Tiempo de sueños" y a eso me puse. ¿Con qué criterio ordenar 100 historias? Dado que hablaba de tiempo quería hacer algo que siguiese ese hilo, dentro de lo posible. Empecé con el pasado, seguí con las estaciones del año (o lo que me pareció que encajaba con cada estación: flores en primavera, mar en verano, árboles en otoño, montañas y nieve en invierno) y terminé con la muerte y la eternidad. La vida de los escritores antes de la era informática debía de resultar desesperante, realmente tenía mérito colocar los párrafos del libro en su lugar. Aún con el bendito Cortar-Pegar de Word la tarea se lleva un rato. Lo de crear un índice fue la puntilla.

¿Quiere decir esto que no he leído? No, simplemente he leído menos y he tenido menos tiempo de escribir en el blog sobre lo leído, alguna historia de cumpleaños es lo único que he logrado, y a duras penas. Ha sido tanto tiempo sin hablar de libros que voy a tener que ir por partes (o nadie va a ser capaz de llegar al final).

Como ya me he extendido bastante, os dejo con un único libro y algunas citas.

Las tareas de casa y otros ensayos es una colección de ensayos de Natalia Ginzburg. Como en toda recopilación, hay textos de todo tipo y, en este caso, de todo tipo de temas: vida, cine, recuerdos, literatura, religión, política, personajes... Los hay absolutamente brillantes, una delicia tanto de reflexión como de lectura, con frases impagables. La autora tiene un estilo sencillo pero eso no le resta valor a sus ideas, al contrario, consigue que su hilo se siga con facilidad. Quizá los que me han parecido más flojos se debía tan solo a no haber logrado conectar con el pensamiento de la escritora. Sin embargo, con las siguientes citas es fácil identificarse:

"poco a poco vamos cayendo en la inmovilidad de la piedra. Sin embargo, nos damos cuenta de que antes de convertirnos en piedras nos convertiremos en algo distinto, porque también esto es ahora para nosotros un motivo de asombro: la extrema lentitud con la que envejecemos. Conservamos durante mucho tiempo aún la costumbre de creernos "los jóvenes" de nuestro tiempo, de modo que cuando oímos hablar de "jóvenes" volvemos la cabeza como si se hablara de nosotros." 

Algo que no creo que deba hacer nunca quien escribe es lamentarse excesivamente por las críticas negativas o por el silencio con que se recibe su obra. Atribuir una desmesurada y esencial importancia al éxito de nuestra obra revela en nosotros una falta de amor por la obra. Si nos ha gustado y nos gusta de verdad, sabemos que lo que le ocurre, su trayectoria y sus suerte, la incomprensión o el favor que podrá encontrar, no tienen más que una importancia efímera. 

Ser comprendidos significa ser tomados y aceptados por lo que somos. El peligro más triste que corremos con las personas no es tanto que no vean o no amen nuestras cualidades sino que por el contrario supongan que nuestras cualidades reales han hecho proliferar en nosotros numerosas cualidades que no existen en absoluto.

Por eso quien escribe siente con fuerza la necesidad de tener interlocutores. Es decir, de tener tres o cuatro personas en el mundo a las que mostrar lo que escribe y piensa para después hablar sobre ello. No necesita muchas (...) Estas personas ayudan al escritor a no sentir por sí mismo una simpatía ciega e indiscriminada o a no sentir por sí mismo un desprecio mortal (...) Es imprescindible que los interlocutores no nos rechacen jamás. 

Pienso que en la vida de cada uno de nosotros existe un libro similar, que de pequeños no nos limitamos simplemente a leer, sino que inspeccionamos y rebuscamos en cada uno de sus rincones como si de una habitación se tratara. 

Las verdaderas tinieblas nos dan la verdadera profundidad de la noche y la verdadera conciencia de nuestra condición humana antes los secretos de la realidad, misteriosos para nuestro pensamiento y poblados de una vida intensa y encantada. 

Y sin embargo estoy segura de que debe de haber también un lugar en el mundo para los que , como yo, no entienden de política, que si hablaran de política dirían solo banalidades y tonterías, y  que por consiguiente lo mejor que pueden hacer es no expresar casi nunca opinión alguna. Casi nunca. A veces, decir sí o no es indispensable. 

domingo, 7 de agosto de 2016

Tiempo de espera

Todo está en su sitio. La pantalla de la lámpara baña la puesta en escena con su foco de luz dorada mientras deja en penumbra el resto de la estancia. La silla de madera invita a sentarse, a dejar el peso sobre el asiento y apoyar los brazos en la mesa antes de reclinar el cuerpo hacia delante, sobre el tablero despejado en el que un simple pliego de papel ocupa el centro. Hacia el fondo, en un lado, al alcance de la mano, reposan la pluma y el viejo tintero que apenas contiene unos restos de tinta seca e infinidad de recuerdos. Casi en el borde se yergue el atril vacío, la bandeja levantada reclama un texto, una partitura, una hoja escrita.

El escenario está listo, faltarían los actores, el escritor protagonista que emborrona página tras página con líneas desviadas de trazos febriles, casi ilegibles. No nota la frente crispada, los ojos resecos, los músculos de la mano agarrotados. Solo siente el flujo de las palabras en su mente, la desazón de plasmarlas cuanto antes sobre el papel no sea que se volatilicen o se pierdan por el camino. La ruta es un laberinto lleno de recovecos, callejones sin salida, atascos, celadas, puntos muertos. Debe amarrar cada frase, sin perderla ni un instante para evitar que regrese al limbo de las ideas olvidadas y quede enterrada entre las historias que nunca nacieron por no encontrar la puerta hacia la consciencia.

La musa aguarda al otro lado de la ventana cerrada, tras el cristal que ejerce de telón y que contiene el aire de fuera y la inspiración de su aliento. Está preparada. Espera, enganchada en la reja que la retiene prisionera, a que aparezca aquel al que debe revelarle su secreto para poder ser libre de nuevo.

domingo, 31 de julio de 2016

Butterfly

Todo había terminado, no quedaba nada, solo el final. La agonía del amor le desgarraba el alma, o quizá era la traición lo que dolía. En su caso, amor y traición estaban unidos. Su pasado la atormentaba. Con cada lágrima contenida, la herida se abría. Contempló la sangre que caía desde el filo de la daga sobre la seda blanca de su kimono. Aquella sangre era el último vestigio de su honor. La primera gota le trajo a la memoria el recuerdo de una amapola solitaria, una flor perdida en medio de un campo de nieve, en una de aquellas nevadas tardías de la primavera en las montañas. Se estremeció. A pesar del calor del sol, y del verano al otro lado de las ventanas, sentía frío.

Cerró los ojos. Aspiró el olor penetrante de los jazmines del jardín. Inclinó la cabeza, entregada a su destino. Se dejó llevar por el sueño. El dolor cedió. Gota a gota, las flores rojas inundaron la habitación.

miércoles, 27 de julio de 2016

Hesse y House

“La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz”. Hesse

¿Por qué una cita de Hesse en el cumpleaños de House? En el caso de la frase que abre esta entrada se podría considerar una dedicatoria. Esas palabras encajan conmigo, con mi romanticismo, mi ilusión algo infantil, ese impulso que me hace ir a desearle buenos días todas las mañanas, aunque recién levantado no sea su mejor momento. No me importa, cuando sonríe después de mi beso, me hace feliz. A fin de cuentas la felicidad siempre conserva un poso de esa alegría de "porque sí" de la infancia. Felicidad y amor son inexplicables, aunque haya múltiples motivos para ello, ambos sentimientos son un ejemplo claro de que las emociones superan las razones. No, no penséis que me conformo con poco, House no es poco.

El escoger a Hesse para House quizá quede más claro con otra cita del mismo autor, en este caso del "Lobo estepario", una novela con la que se identifica: "Harry (House) encuentra en sí un hombre lleno de ideas, de sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra al lado al lobo, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada, fiera, caótica." Pocas descripciones reflejan mejor la personalidad de House, la nobleza y la fuerza de su carácter y sus principios, su necesidad de soledad en algunos momentos, su búsqueda de un espacio al que retirarse, un lugar agreste, no contaminado por otros seres, donde pueda dar rienda suelta a sus impulsos y sentirse libre.

Termino esta entrada con otra cita de Hesse: Las ideas adquieren valor cuando se convierten en vida.