domingo, 23 de abril de 2017

Día del libro

Hace siglos que no hablo de libros, no he leído al mismo ritmo que otras temporadas, pero eso no significa que no haya leído nada sino que algunos libros me han llegado a durar toda una semana, muchas veces porque me entraba sueño a las pocas páginas. Es algo que por desgracia me sucede con el maravilloso Chejov, del que House me regaló la colección completa de cuentos por Navidad y que alterno con otras lecturas. De todos modos llevo una racha demasiado perezosa: no escribo, leo menos y no tengo otra excusa mejor que la falta de ganas.

Con el tiempo que ha pasado no puedo acordarme de memoria de mis lecturas, lo que suelo hacer para luego hacer memoria es escribir una reseña en amazon (que usaré de chuleta para esta entrada). Me limitaré a lo leído en lo que va de año, aunque creo que hace más que no hablo de libros. Sin embargo, tendré algo de piedad y no me remontaré más allá.

Empezaré con la trilogía de Jón Kalman Stefánsson, un escritor islandés que ha ganado cierta relevancia, además de varios premios. Lo conocí gracias al blog "un libro al día", que como su propio nombre indica publica reseñas de libros a diario, sin centrarse en los bestsellers, sino en la literatura. Están escritos en islandés y los he comprado en inglés porque el precio era la mitad que en español, aunque en ambos idiomas la traducción hace honor al estilo casi poético del autor. El primer libro de la serie es Entre el cielo y la tierra y es una historia con la que se pasa frío, las palabras te sumergen en el paisaje helado de Islandia con un lenguaje precioso que no evita que se congelen las manos, ni que las esquirlas de hielo se adhieran a la ropa, al pelo, o que el viento corte la piel, los pasos se hundan en la nieve y las fuerzas se pierdan en un mundo entre el sueño y la muerte.
"Algunos poemas nos arrastran a lugares donde no llegan las palabras, ni el pensamiento, te conducen hasta el núcleo, la vida se detiene durante un instante y se vuelve hermosa, manifiesta la alegría y los lamentos. Algunos poemas te hacen olvidar, se olvida la tristeza, la desesperanza, te olvidas del impermeable y la escarcha te alcanza, dice, te tengo, y estás muerto."

Si el primer libro se centra en el océano polar, el segundo, La tristeza de los ángeles, lo hace en el interior, en las montañas cubiertas de nieve, en ventiscas que no permiten distinguir cielo y tierra y donde perder el rumbo es tan fácil como mortal. En esas condiciones, llevar el correo de un lugar a otro es una hazaña, pero es mucho más sencillo que la misión de trasladar un cadáver para su entierro en una tumba consagrada. El viaje es una reflexión al borde de la muerte y sobre la misma muerte, sobre la naturaleza, el frío, las flaquezas y la entereza.
"los que suben a la montaña o por las sendas de la meseta pueden escuchar el canto de las estrellas.(...) En algún lugar está escrito que ese canto es capaz de despertar en ti la desesperación o la divinidad. Sería cuestión de subir a las montañas en las noches serenas y oscuras como el infierno en busca de la locura o la felicidad, y entonces quizá le encuentres el sentido a la vida."

Estoy a mitad del tercer libro, El corazón del hombre, y aún es pronto para hablar de él. De momento se centra más en la vida en el pueblo, en sus personajes, la lucha del día a día para salir adelante, el difícil papel de la mujer, relegada a un segundo plano o a víctima de la violencia de los hombres, la mezquindad que asocia el ansia de poder, el amor y sus miedos, el alcoholismo y la muerte, siempre presente.

Previamente a la trilogía islandesa le tocó el turno a una novela Herman Hesse que contribuyó en gran medida a que le concediesen el Nobel en 1946. Se trata de El juego de los abalorios, una historia futurista, en un ambiente de renuncia al mundo, sobre la pureza del espíritu a través del conocimiento, sin ambición personal ni tampoco en búsqueda de la gloria. El juego de los abalorios no es un juego sino un complejo sistema de meditación, síntesis, contraposición y asociación de ideas que aúna de manera universal música, matemáticas, astronomía y filología. La novela, escrita como biografía, es una reflexión sobre los principios que rigen la vida de cada uno, la sociedad, la cultura, la espiritualidad y la historia.
Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos.

Tu no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff fue una recomendación de la Señora, y ya se sabe que siempre hay que hacer caso a las madres. Else es una judía joven y romántica que decide romper con las tradiciones judías al enamorarse de un cristiano, religión que siempre la ha atraído más que la propia. Sus esquemas del matrimonio se rompen y decide disfrutar de la vida libremente, entre sus planes está la de tener un hijo de cada hombre que se enamore. Vive tan ajena como puede la situación política de Alemania sin creerse que los nazis duren en el poder. Cuando empieza la persecución de los judíos todo da un giro y se ve obligada a huir a Bulgaria. Allí conoce las estrecheces y los sacrificios, sus hijas crecen, la autora, de niña egoísta y consentida pasa a convertirse en una adolescente manipuladora aún más egoísta, quiere vivir el presente lo mejor posible después de lo pasado en la guerra. Un novelón muy interesante y bien escrito, en el que con los recuerdos e impresiones de la autora se mezclan cartas de la propia Else que ayudan a conocerla y apreciarla mejor.
"Else era, en un mundo de autoengaño, de disimulo y de hipocresía, tan auténtica y elemental como solo puede serlo una criatura de la naturaleza."

Metidos en la guerra, sigo con el tema. Zweig ha sido posiblemente el escritor que más he leído en estos meses. En El mundo de ayer, memorias de un europeo, la última obra del autor, justo antes de su suicidio en Brasil, Zweig cuenta cómo era Europa hasta la 2º GM. Narra sus memorias, su infancia en una buena familia austriaca a finales del siglo XIX, época en la que resalta la importancia de la vida cultural de la Viena de entonces, y habla de sus inquietudes académicas y sus preocupaciones ante los cambios previos a las guerras que se avecinaban, anticipa los acontecimientos que desembocaron en la segunda guerra con clarividencia, pero sin que le sea posible hacer nada por evitarlo. Además cuenta su amistad con todo un elenco de personajes relevantes tanto en la cultura como en la política, y hace breves retratos de carne y hueso de cada uno de ellos. Es un libro muy ameno y tremendamente informativo e interesante, para mi gusto uno de los mejores de Zweig.
"Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea".
Fueron esas memorias las que me llevaron a indagar más y al mundo de ayer le siguió El legado de Europa, un recopilatorio de reseñas y artículos de Zweig sobre diferentes personajes. Comienza con la biografía, algo más extensa que el resto, de Montaigne para luego pasar a hablar de sus contemporáneos. Es un buen complemento al Mundo de ayer.
"El verdadero respeto no debe ser miedoso"

Novela de ajedrez es una novela corta en la que Zweig hace una de las cosas que mejor le sale y que más consigue captar la atención del lector: rememorar en el presente una historia del pasado, en este caso un cautiverio por la Gestapo y una obsesión por el ajedrez. Eso, y una partida con un campeón mundial, hacen que resulte casi imposible despegar los ojos de las páginas.
"Ya no se trataba de dos rivales que quisieran medir en el juego sus propias fuerzas, eran ahora dos enemigos que se habían jurado aniquilarse mutuamente.."
Más flojita me resultó The post office girl, Christine, una joven cuya familia se ha empobrecido con la 1GM, se convierte en Cenicienta cuando sus tíos la invitan a pasar unos días con ellos en un hotel de lujo en Suiza, allí conoce otra vida, la que da la riqueza y el reconocimiento social. Sin embargo, el cuento termina de forma abrupta y debe regresar, pero no es la misma muchacha que antes de marcharse, ahora es consciente de la miseria que la rodea y no se ve capaz de soportarlo. Zweig es uno de los mejores escritores a la hora de reflejar la psicología y las emociones de sus personajes. Esta novela es un buen ejemplo, quizá el final parezca abierto, pero en realidad no lo es tanto.

El blog de unlibroaldía me descubrió a David Toscana. No tengo medida y cuando algo me gusta, no me veo harta, lo que significa que leí tres libros seguidos del autor mexicano. Me enganchó con su Ejercito iluminado, en el que el general Matus se pone al frente de un pequeño batallón de discapacitados con la idea de recuperar El Álamo y devolver Texas a México. No es la única lucha del general, que también desea el reconocimiento de su tercer puesto en el maratón de las Olimpiadas de París, aunque él no corriese en Francia sino en Monterrey. Es una historia que tiene algo de quijotesca y que también comparte el humor amable de Steinbeck en Cannery Row, con personajes muy humanos que se tratan con un cariño no exento de sentido del humor, pero sin ridiculizarlos en ningún momento.
"Los hombres hechos y derechos, aquellos que tienen una mujer esperando su regreso, son los únicos capaces de acabar con el rival, pues a fin de cuentas las guerras no se ganan por la patria, sino por la mujer que dejamos en casa."
"La guerra es una larga parranda que se interrumpe de vez en cuando para disparar, y ni aún entonces, si uno no suelta la botella de aguardiente."

Si el ejercito me gustó, El último lector terminó de conquistarme. Un cadáver encontrado en un pozo guarda un singular parecido con la protagonista de otra novela de final trágico, la muerte de Babette, tanto es así que ni siquiera la madre de la muchacha es ajena a la semejanza, lo que ya le hacía presagiar un mal final para su hija. Las dos Babettes se convierten en una, al igual que en la vida se combinan literatura y ficción, al menos en la mente de Lucio, el bibliotecario, cuya manera de clasificar los libros no se atiene a las normas convencionales, la censura depende de si la obra merece guardarse o destinarse a pienso de cucarachas. El mismo Lucio podría haber salido de una novela de García Márquez, sobre todo en los fragmentos en los que se refiere a su mujer, Herlinda, y su hijo Remigio comparte algunos de los rasgos soñadores de su padre, del que aprende a ver la ficción de la realidad. Todo en este libro es como una rara joya, de esas que te hipnotizan con su belleza y de las que desearías atrapar cada matiz, es la mejor descripción que se me ocurre.
A los doce años, Babette poseía la vanidad de una mujer mayor y gustaba de llevar vestidos ceñidos en la cintura, que mostraran un mínimo de pantorrilla. Adoraba los días de viento porque el revoloteo de su negrísimo cabello hacía fulgurar sus ojos claros, tristes, de plomo; ojos siempre viendo el horizonte, más allá de su delicada nariz. Aunque de piel muy blanca, al punto de traslucir venas azules en brazos y mejillas, no daba la impresión de ser enfermiza; todo lo contrario: quien la mirara detenidamente notaría una carne compacta, severa para su edad y casi varonil, a no ser porque unas incipientes formas de mujer comenzaban a perfilar una hechura de esas que silencian
voces a su paso 
Viva Pancho Villa, cabrones, y la virgen de Guadalupe. Le rezan a uno y a otra, hacen sus propias novelas. Creen en ellas como usted y yo creemos en Babette […]. [Creen]en ángeles, demonios, crucificados y tantas cosas que nadie ha visto ni verá más que a través de las palabras; entonces no me explico por qué se resisten a entrar en mi biblioteca, por qué piensan que hay un abismo entre la vida y el papel"
Seguí con David Toscana y su Estación Tula, que no tiene el mismo encanto que las anteriores. Un anciano recurre a un aspirante a escritor para dictarle sus memorias, desde el momento de su concepción, y el rechazo que despertó su nacimiento, al despertar de su amor y el deseo de ser alguien digno de la amada, un amor que el escritor trata de reproducir en su propia vida. Es una novela que se lee bien pero no está a la altura de otras obras del autor, es más convencional y deja un regusto a incompleto.

Otra recomendación del blog de "unlibroaldía" fue "La puerta" de Magda Szabó. Sin duda libro muy bien escrito, pero con un ritmo muy lento que hace que resulte pesado y entren ganas da abandonarlo en su primer tercio, sin embargo conviene insistir porque, a partir de ahí, uno se involucra más con los personajes y se lee con más facilidad. El lenguaje no es complicado, los personajes sí. Emerenc es una mujer dueña de un gran magnetismo que afecta tanto a personas como a animales, es el centro del vecindario, sin ella nada funcionaría. La vida la ha castigado y eso le ha enseñado a ser dura, a controlar sus pasiones, a proteger su intimidad, pero sin embargo posee una bondad y un sentido de la justicia innatos que disculpan algunas de sus acciones. Magda, la narradora, es una mujer más inmadura, que intenta encasillar y comprender a Emerenc, algo que solo logra al final, cuando es tarde, y en parte por la culpa que su comportamiento le provoca. Es una novela excelente, pero no es uno de esos libros que pueden recomendarse a todo el mundo.
"Ella sostenía que todos esos personajes eran iguales, porque el poder está hecho para mandar y quien lo ambiciona, cualquiera que sea su ideología, y aunque diga representar los intereses de Emerenc, en el fondo lo único que quiere es mandar -no se sabe en nombre de qué potestad- sobre todos y a costa de todo; aparte de que el poder es opresor por naturaleza."

Sí, de Thomas Bernhard, es un párrafo ininterrumpido de más de 120 páginas, cuya estructura contribuye a transmitir la sensación de agobio de su protagonista, que empieza la historia desahogándose en casa de su amigo y confidente Moritz para saltar, en una fuga de ideas en la que describe el lugar en el que reside y los motivos que le impulsaron a mudarse allí, a las emociones de la Persa, una mujer que al principio le salva de sí mismo, con la que se siente identificado ya que ambos comparten el mismo proceso autodestructivo. Es una narración neurótica y trepidante, en un ambiente abrumador, tenso, gris y húmedo, medio derruido como las vidas que describe. Te impacta y te deja sin aliento.
“Constantemente intentamos descubrir motivos ocultos y no avanzamos, sólo complicamos y trastornamos aún más lo que ya está suficientemente complicado y trastornado. Buscamos un culpable en nuestra estrella que, la mayoría de las veces, si somos sinceros, sólo podemos calificar de mala estrella. Cavilamos sobre lo que podríamos haber hecho de otra forma o mejor, y sobre lo que, posiblemente, no hubiéramos debido hacer, porque estamos condenados a ello, pero no conduce a nada”

Stories of your life and others, de Ted Chiang, es una colección interesantísima de relatos. Son historias muy originales, con planteamientos muy inteligentes que te hacen pensar, bien resueltas, bien escritas, imprevisibles y que te mantienen enganchado. El relato que da título al libro sirvió de base para la película Arrival (La llegada). Después de leer el libro la conclusión es que su autor es un genio.
Sabía que era insensato; los hombres con experiencia dicen, hay cuatro cosas que nunca vuelven: la palabra hablada, la flecha lanzada, la vida pasada y la oportunidad desperdiciada." 

Mencionar también a Marcel Schwob. Las vidas imaginarias son una colección de biografías breves que fácilmente podrían haber sido. La cruzada de los niños es una maravilla, cada capítulo está relatado por una voz diferente en la que se narran los diferentes episodios y la progresión de esa cruzada infantil, una suerte de flautista de Hamelin, abocada al fracaso y en la que no se pierde la esperanza de un milagro. Un libro breve, fácil de leer y con un estilo magnífico. Para disfrutar.

Martes con mi viejo profesor de Mitch Albom es una breve biografía sobre alguien entrañable, el profesor Morris, jubilado y enfermo de ELA, que imparte sus últimas clases desde casa mientras su cuerpo se consume. No obstante el cuerpo no es más que un cascarón, el espíritu sigue ahí y el profesor no permite que la enfermedad lo arrastre. Son lecciones sobre el sentido de la vida, los valores, el amor, la familia, el matrimonio, los amigos y el aprender a aceptarse y perdonarse, sin permitir que el arrepentimiento por el pasado repercuta en el futuro.
"A veces no eres capaz de creerte lo que ves, tienes que creer lo que sientes. Y si quieres que los demás lleguen a confiar en ti, también tú debes sentir que puedes confiar en ellos, aunque estés a oscuras. Aunque te estés cayendo."

No todas las recomendaciones del blog de unlibroaldía son un acierto, de hecho "El bar de las grandes esperanzas" de JR Moehringer no me convenció, en parte es culpa mía, no terminó de conectar con esa temática de varón adolescente inmaduro. Es una autobiografía, centrada durante la infancia más en la figura de la madre y en la nostalgia del padre, en la que luego, a partir de la edad legal, el bar pasa a cobrar protagonismo y a convertirse en una parte más de la caótica familia del autor. Sin embargo, el bar es más bien un refugio para escapar de la vida, sus dificultades, sus inseguridades, pero no es una solución, para eso hay que madurar, salir del cascarón, algo que al protagonista le cuesta. Es un universo masculino, de un muchacho no demasiado admirable, y en vías de acabar alcoholizado, al que le cuesta abrir los ojos (y que tras momentos de lucidez tiene tendencia a volverlos a cerrar). No está mal pero a ratos es desigual, con momentos un poco pesados y a veces dan ganas de sacudir al protagonista y gritarle que espabile.

No sé dónde oí hablar de Los palimpsestos de Aleksandra Lun, una novela de locos, literalmente, en la que un escritor polaco está encerrado en un manicomio belga por escribir una novela en antártico, motivo por el que ha sido perseguido y atacado en diversos lugares del mundo. En el manicomio encuentra a otros escritores que defienden la postura de escribir en otra lengua distinta a la materna, mientras la psiquiatra trata de convencerle de que eso no es correcto. Es original pero resulta algo repetitiva.

La caja de Bernit es un cuento de fantasía que leí para desconectar, se trata de una historia muy imaginativa, entretenida, con reminiscencias del Señor de los Anillos, también a Laura Gallego y algún personaje me recordó a la Historia del rey transparente de Rosa Montero. El principal fallo es el estilo, se lee bien, pero resulta demasiado básico.

En cuestión de cuentos, no hay nada mejor para iniciar a los peques en el amor por los libros y si el protagonista es el Dragón Coco el éxito está garantizado. Es una serie muy amplia y muy entretenida, incluso para los mayores, al Principito le encanta.

Pasaré por encima de otros libros, algunos bestsellers, que no me han convencido. El ruiseñor, de Kristin Hannah, es la historia de dos hermanas en la Francia ocupada. Es una historia de supervivencia y de resistencia durante la 2ª GM, Vianne debe cuidar de su familia y sobrellevar las duras condiciones de vida, para lograrlo no quiere mirar, pero no puede evitarlo. Isabelle, su hermana, más impulsiva, decide luchar por la libertad desde el principio y formar parte activa de la Resistencia. La trama es buena aunque el estilo de la narración deja algo que desear, es demasiado emocional, y no es que no haya emociones que contar, pero tanto a las emociones como a los personajes les faltan matices, todo es blanco y negro, extremo, sin escala de grises, sin profundizar. En La bibliotecaria de Auschwitz el autor ha querido plasmar toda la documentación de su trabajo de investigación y lo hace en forma de recuerdos que cortan la historia.

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout, me pareció insulsa y totalmente prescindible. El ladrón de sueños, supuesto Finalista Premio Planeta de Verónica García-Peña, es un folletín con todos sus ingredientes (investigación, romance, locura, desapariciones, asesinatos y hasta fantasmas), para pasar el rato, con cierto aire gótico, entretenida y olvidable. Fácil de leer, previsible y sin nada especial. La felicidad es un té contigo, de Mamen Sanchez, es otro folletín aunque en este caso con tintes de caricatura, y habría estado bien si hubiese mantenido ese humor, el problema surge al abordar temas más serios, aunque quizá sea un buen guión para una película de Almodovar.

Con esto lo dejo, no sin felicitar y compadecer al pobre que haya aguantado mi rollo literario hasta el final.

jueves, 13 de abril de 2017

Aceites cosméticos

Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada, pero confieso que me daba pereza. Si pretendía hacerlo medio en condiciones antes debía recopilar y ordenar datos, no podía ponerme a hablar del tema desde mi ignorancia. Esta tarde no era mi intención sentarme a escribir el post, pero he encontrado una página que me ha facilitado bastante las cosas, así que aquí va un resumen.

Los aceites vegetales se pueden usar puros, unas gotas bastan, aunque otra opción es combinarlos con la crema de tratamiento habitual o con gel de aloe vera. Otra alternativa es aplicarlos como limpiadores y retirarlos después con un paño de microfibra humedecido en agua templada. No hay que confundirlos con los aceites esenciales o aromáticos, la mayoría extraídos de especias, cítricos y hierbas, muy usados en perfumería y aromaterapia y tan intensos que solo se precisan unas gotas. El uso cosmético de estos últimos ha de ser siempre en combinación porque, por sí solos, son irritantes.

Antes de usar aceites cosméticos hay que tener algunos factores en cuenta, sobre todo cuando la piel es sensible o se tienen antecedentes de acné. Es por ese motivo por lo que la composición en ácidos grasos es importante, no conviene abusar de las grasas ricas en ácido oleico (omega9) en las pieles acneicas, pero tampoco es un componente a desdeñar porque su capacidad de penetración es más alta, si la piel es seca hay que buscar un equilibrio entre la composición de ácido oleico/linoleico (omega6). Otro factor a tener en cuenta en caso de acné es el riesgo comedogénico que depende de la capacidad de cada aceite para obstruir los poros. Parece una aberración usar aceites en el acné, pero no hay que olvidar que, con frecuencia, son pieles maltratadas y la irritación agrava aún más el problema; es una piel que precisa cuidados especiales, se necesita regular la secreción de grasa, pero muchos tratamientos son tan agresivos que provocan un efecto rebote indeseado. En el acné hay un desequilibrio entre la secreción de ácido oleico y linoleico a favor de del primero por lo que un aceite podría compensar el problema. Lo difícil es averiguar cuál sería el mejor en cada caso.

En caso de pieles acneicas los aceites más adecuados serían el de semilla de cáñamo en pieles grasas y sensibles que, junto con el de semilla de uva (con vitamina E), es uno de los aceites más ricos en ácido linoleico y sin potencial comedogénico. Aclarar que el aceite de cáñamo no contiene cannabinoides (que se extraen de las flores), es un producto delicado, se estropea con facilidad y conviene guardarlo en nevera (o añadirle un poco de vitamina E para prolongar su vida). Si la piel es seca se prefiere el aceite de argán, que contiene una proporción equilibrada de ácido oleico y linoleico, pero no obstruye los poros y no provoca granos. Otra buena opción es el aceite de higo chumbo en pieles mixtas o sensibles, también útil para reducir las ojeras, y en pieles muy, muy secas se recomienda la manteca de karité porque, a pesar de su densidad, su índice comedogénico es nulo.

No todos los denominados aceites son tales, el de jojoba, por citar uno de los más frecuentes, es en realidad una cera, y su contenido en ácidos grasos es bajo, es también lo más parecido a la grasa que la piel produce naturalmente por lo que es ligero, bien tolerado y no comedogénico. Se indica en acné porque su uso habitual regula la secreción grasa de la piel, aunque no a todo el mundo le va bien. Es también un buen aceite para el pelo, en ese caso hay que poner solo unas gotas o no hay quien lo quite, yo prefiero untarlo antes de lavarlo, a modo de mascarilla, en el cabello húmedo, y me gusta mezclarlo con miel, que además ayuda a limpiarlo. El aceite de ricino se aconseja para el pelo, las cejas y las pestañas, aunque conviene suavizarlo con otros aceites más ligeros, como el de argán, porque es muy denso. Otros aceites que se recomiendan para uso capilar son el de coco, el de argán y el de cáñamo. Un truco cuando el pelo se queda un poco más graso, sobre todo en las raíces, es frotar agua micelar. Este también es un buen método para prolongar 1 o 2 días el tiempo entre lavados, da textura sin apelmazar y en el caso de cabellos rizados ayuda a recuperar el rizo (algo que no consigue el champú en seco). Los sprays de aguas termales también aportan textura y no ensucian el pelo como las lacas y las espumas.

El aceite de oliva y el de coco contienen gran cantidad de ácido oleico por lo que se recomiendan en pieles secas, pero no con acné, especialmente el de coco que tiene un alto índice comedogénico. Ambos me encantan para los pies, me los embadurno bien y los envuelvo en papel film de cocina que sujeto con unos calcetines hasta el momento de retirarlo en la ducha. El aceite de almendras es denso, rico en oleico, está indicado en pieles secas y sensibles o en masajes corporales. El aceite de aguacate también es rico en oleico, aporta firmeza y es un estupendo antiarrugas, algunas cremas de ojos con buena fama, como la de Kiehl's, contienen este aceite. Otros buenos aceites, pero no para todas las pieles, son el de linaza (útil en caso de eccema, con poco oléico y más linolénico, omega3, que linoléico) y el de marula (muy hidratante y nutritivo porque contiene más oleico). Ambos poseen capacidad comedogénica, el linolénico también obstruye los poros, así que hay que tener cierto cuidado, aunque cada piel reacciona de distinta manera. Estos dos últimos aceites se encuentran entre mis favoritos, no me irritan la piel sino que la calman al momento y el de linaza es de tacto seco, de hecho me ha sorprendido que se encuentre entre los peligrosos para el acné, desconocía lo de la comegenicidad del linolénico.

El aceite de rosa mosqueta posee propiedades cicatrizantes e incluso hay un preparado en parafarmacia, Repavar, al que le han añadido factores de crecimiento para potenciar esa característica. El aceite puro se puede usar como enjuague en heridas bucales y como coadyuvante en el tratamiento de la gingivitis. No es tóxico y no pasa nada si se traga. En el caso de los sangrados leves y repetidos de nariz funciona bien como preventivo. El aceite de tamanu es más denso, pero comparte efecto cicatrizante con el de rosa mosqueta y al parecer va especialmente bien en aplicación local en cicatrices de acné. El aceite de borraja contiene ácido Gammalinolénico con cualidades antiinflamatorias y se usa en pieles secas con problemas, como la psoriasis. También para pieles sensibles y con dermatitis o rosacea se cuentan el aceite de grosella y el de comino negro, el primero algo más denso pero agradable y bien tolerado. El aceite de frambuesa es rico en vitamina A, regenerante y antiarrugas,  y además su nivel de protección solar equivaldría a un factor 8. La Vitamina A, junto con la K, la C y la E están presente en el aceite de espino amarillo, un aceite anaranjado, calmante, que se emplea para curar heridas e incluso proteger de la irradiación. Otros aceites con protección solar natural serían el de baobab, antiarrugas, antiestrías y útil para domar el pelo, y el de salvado de arroz, antiarrugas. Todos los aceites de este párrafo poseen una baja comedogenicidad.

Tengo la sensación de que hay aceites de casi todo, incluso de semillas que no sabía que existían, si en los comentarios alguien quiere aportar su sabiduría al respecto, es bienvenido. No he encontrado aceite de plátano, con lo bien que va frotar el interior de la cáscara para calmar la piel. Las firmas de lujo han visto un filón en estos productos y algunas combinan varios aceites a precio de metales preciosos, es interesante leer la composición para hacerse una idea del coste real. No voy a negar que algunos son excelentes, el de Sisley de rosa negra es una delicia y el Elixir Premier Cru de Caudalie combina aceite y serum en un único producto, es un producto muy agradable, no comedogénico y contiene una buena cantidad de antioxidantes de efecto antiedad. No obstante, además de mucho más barato, me parece más interesante jugar a los boticarios y, con un frasco de cristal y un cuentagotas, preparar una mezcla personalizada.

Para intentar hacerlo más claro, os añado una tabla resumen, la fila superior refleja el índice comedogénico, y según eso qué aceites irían mejor para cada tipo de piel.



jueves, 16 de marzo de 2017

Sweet sixteen

Sé que Ciclón no me iba a echar en cara que no le escribiese una entrada por su cumpleaños, pero eso no significa que no piense que no le vaya a hacer ilusión, así que, aunque no se me ocurre nada en particular, aquí le haré su pequeño homenaje.

Hay cosas que no cambian nunca, cuando te lo cuentan, no te crees que la vida es cíclica, pensamos que somos diferentes y nos choca descubrir rasgos que nos revelan que no es así. Un día nos damos cuenta de que los papeles se han invertido y nos oímos repetir frases de nuestros mayores mientras que los jóvenes reproducen actos de un comportamiento pasado que alguna vez fue el nuestro, y que casi habíamos olvidado. Me hace gracia ver todas estas cosas reflejadas en mis sobrinas.

Aunque ya es una adolescente completa, y el perfecto prototipo de lo que son los adolescentes tanto de antes como de ahora, con sus historias de chicos, de instituto, sus ganas de fiesta, y su adicción enfermiza a la tecnología, mi sobrina mediana todavía hace honor a su alias de infancia y cuando sale cada mañana al instituto, según informes telefónicos de hermanísima, deja su habitación como si hubiese pasado por allí un tornado. En ese cuarto solo duermen ella y el gato, pero ya se sabe que los leones también son felinos y la fama que tienen las leoneras, así que no creo que toda la culpa sea de la chiquilla, seguro que la naturaleza del minino contribuye a que el dormitorio no presente el aspecto que hermanísima desearía. De todos modos, contentar a hermanísima en cuestiones de orden no es tarea sencilla, lo sé por experiencia. Ni siquiera la convivencia conmigo moderó sus instintos, ni los míos (a pesar de que aquello fue toda una terapia de choque para ambas).

El que el gato haya escogido al Ciclón como compañera de cama, a pesar de todas las perrerías que le hace, tiene su explicación: mi sobrina es la alegría en persona. Posee una alegría despreocupada, sabe relativizar la importancia de las cosas (un don que en ella es casi innato, y que por desgracia otros nunca aprenden) y se ríe hasta de su sombra. Es optimista y positiva. Le encanta sacar punta a las cosas, y lo hace con mucha naturalidad, y aún más guasa. Además del animal, la otra víctima de sus bromas es su hermana mayor. Ambas son como el perro y el gato, Ciclón no puede resistirse a tomarle el pelo a sobrinísima, y eso que sabe que a la otra le falta tiempo para entrar al trapo y tomarse la ofensa a pecho. Hermanísima se pasa el día oyendo sus quejas, y a veces les hace más caso del que merecen, parece que se hubiese olvidado de lo que era ella a esa edad (y el hermano no le iba a la zaga, aún recuerdo con pavor algunas comidas familiares en las que nadie tenía reparos en airear las vergüenzas de los otros).

Esto me devuelve al principio, hay cosas que nunca cambian, y espero que la alegría de Ciclón y su modo de ver la vida sea una de ellas para que sea siempre muy, muy feliz.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Día internacional de la mujer por Hermanita

Hermanita siempre ha sido una activista, no hay peligro de que se quede sin expresar sus ideas, y dado que es una mujer que piensa, su punto de vista no carece de interés, aunque no siempre se esté de acuerdo con él. Si hubiese nacido un siglo antes, habría acompañado a Emmeline Pankhurst en sus campañas. Sin duda.

La celebración del día internacional de la mujer sirve como pretexto para que cualquiera opine, con o sin criterio, y al final ha puesto a prueba la paciencia de mi hermana pequeña. Son logros que ha costado mucho conseguir como para ningunearlos. Hasta iniciar el comienzo de la igualdad fue necesaria una Revolución Industrial, el movimiento sindical, el sufragista y una primera Guerra Mundial que diezmó la población masculina y concedió protagonismo a las mujeres (un papel que se reforzó en una segunda guerra y al que las mujeres no estaban dispuestas a renunciar, el mundo había cambiado demasiado y si las mujeres contaban en los momentos malos, también iban a contar en los buenos).  

Al llegar a casa me he encontrado con un mensaje de mi hermana en el correo, es una entrada para el blog, con un enlace muy interesante, que copio a continuación:

"Ante la cantidad de chorradas que he leído hoy (especialmente en las redes sociales), iba a escribir un enlace en el Facebook que me ha quedado un poco largo. Te lo mando por si quieres ponerlo en el blog, aunque si no quieres abrir polémica entiendo que no quieras subirlo.

Por si alguien tiene interés en el Día Internacional de la Mujer, más allá de hacer política, recomiendo el resumen que hace la ONU sobre cómo se ha celebrado este día y por qué hemos llegado a él. Los últimos dos siglos han sido cruciales en lo que a movimientos sociales se refiere, movimientos que buscaban la conquista de derechos civiles y sociales que, paradójicamente, eran solo para un colectivo, el hombre blanco.

Este día ha sido un día importante en nuestra historia. Mujeres de todo el mundo decidieron plantarse ante el poder establecido por diferentes motivos, pero siempre luchando contra la injusticia, ya fuera la guerra, el derecho al sufragio o las condiciones laborales. Se terminó unificando e internacionalizando con la Revolución Rusa, pero va más allá del socialismo (de la época) y sería una pena que nos quedáramos solo con eso.

Este día, que debería servir para reflexionar sobre los logros alcanzados y sobre lo que queda aún por hacer, parece que es un día marcado políticamente. Lo que podría ser una oportunidad para que las mujeres uniéramos nuestras voces se convierte, de nuevo, en un motivo de disputa y división, perdiendo todo el sentido que tenía entonces. Hay que ver qué dañina es la ignorancia.
http://www.un.org/es/events/women/iwd/2011/history.shtml "

martes, 28 de febrero de 2017

A Sobrinísima por sus 18 años

El otro día me preguntó House qué diría si tuviese que hablar durante 10 minutos al mundo y todo el mundo estuviese obligado a escucharme. ¡Demasiada responsabilidad! No creo que nada de lo que yo tenga que decir sea tan interesante. De hecho llevo varios días, mejor dicho semanas, dándole vueltas a esta entrada. Sobrinísima cumple 18 años y ya el año pasado me recriminó, no sin razón, que no escribiese nada ese día en el blog. En esta ocasión aún tendría más razón para abroncarme.

No pude evadir la cuestión de House. Intenté escaquearme, pero él insistió. De nada me sirvió tratar de devolverle la pelota, al parecer era yo la que tenía que hablar, no él, y el problema es que, de verdad, no tengo mucho que aportar, ni a sobrinísima ni al resto del mundo.

Divagué un poco. Supongo que algunos hablarían de dinero, de poder, de arreglar el mundo (¡cómo si fuera posible!), de amor, de espiritualidad... No es lo mío, si algo me caracteriza es mi sentido práctico, cuando algo no es útil no tiene sentido darle vueltas, así que en mi discurso hablaría del día a día, de esas cosas pequeñas que contribuyen a la felicidad.

Es curioso, la felicidad está en uno mismo, al menos en cada uno reside la semilla para ser feliz, si uno cede la responsabilidad de su felicidad a los demás, no conseguirá nada. Sin embargo la felicidad no es egocéntrica, al contrario (al menos la mía), es un sentimiento expansivo que precisa contagiar a otros para desarrollarse.

La sonrisa es un requisito, no solo mejora el aspecto del que lo luce, como ya he comentado anteriormente, sino los ojos con los que le valora el resto. Al sonreír a alguien, la respuesta normal es que te devuelvan esa sonrisa y que con ese gesto caiga alguna barrera, no en vano se dice que se cazan más moscas con miel que con vinagre. Sonreír es fácil, pasear la sonrisa alegra un poco el día.

Una de las cosas mejores de mi profesión, y que hace que cada vez me guste más y disfrute más con lo que hago, es la posibilidad de ayudar a otros. Saberse útil hace que la vida cobre sentido y se sume otro punto a la propia felicidad. ¿Vocación? Dudo que la tuviese cuando empecé, opino que en el caso de la Medicina la vocación se desarrolla junto con la profesión. Disfrutar del trabajo también contribuye a la felicidad, todo tiene su parte positiva y su negativa, nada se salva de su sambenito, no obstante hay que aprender a apreciar lo bueno que hay en casi todo. No sé si mi optimismo es fruto de mi pragmatismo o al revés, pero ambos están muy relacionados: ¿para qué perder el tiempo en algo abocado al fracaso? Si se intenta es porque es posible.

Los seres humanos estamos llenos de contradicciones, tenemos días buenos y malos, muchas veces actuamos de forma distinta a nuestras ideas, no dedicamos el tiempo a lo que nos parece importante sino a algo superficial o directamente a nada. Nos equivocamos y hemos de asumir nuestros errores para madurar. Para juzgar existen los jueces y su tarea no es fácil ni algo que se pueda practicar alegremente; mejor ir por la vida sin criticar, y mucho menos cuando con frecuencia no conocemos todos los hechos. Ya lo decía mi abuelo, para decir algo desagradable, uno mejor se calla, y gracias a ese consejo se ahorran errores de juicio y discusiones estúpidas. Es mucho más fácil ser tolerante con uno mismo que con los demás, solo con la práctica se consigue aplicar a los demás el mismo rasero, y eso no siempre. Hay que intentar ponerse en el lugar del otro para comprenderlo. La comprensión es la base de la paciencia, al menos de los que no la tenemos de manera innata.

Igual que la felicidad propia repercute en otros, lo mismo sucede con la felicidad ajena, es un círculo vicioso, hacer a alguien feliz hace a uno mismo más feliz. No hay que ser médico para lograrlo, están la familia, los amigos, y en realidad cualquiera, los gestos de cariño, o la simple amabilidad, hacen que todo el mundo se sienta mejor. Siempre hay pequeños detalles capaces de despertar ilusión y también pequeños detalles por los que no merece la pena amargarse la vida, otra cosa que hay que aprender es a poner las cosas en perspectiva y no dar a las nimiedades más valor del que tienen (casi ninguno), solo son irritantes cuando se les presta atención.

Son cosas pequeñas, sencillas, aunque cuesta descubrirlas, y que al practicarlas, crecen. Después de perfilar mi "discurso", House me confesó que la idea se le había ocurrido por la generalización de las redes sociales, entre ellas mi blog, como una ventana al mundo. La gente habla de su look, del último bolso que se ha comprado, se centran en ellos mismos como si fuesen algo relevante, no miran alrededor, que no es nada más que eso que gira en torno suyo. Lo llamativo es la popularidad que muchos consiguen con ese sistema. No obstante, en palabras de House: "El ser humano, cuando progresa y crece, es cuando mira a las estrellas, no cuando se mira su propio ombligo."

Para terminar esta entrada solo me queda desearle mucha felicidad a Sobrinísima en su mayoría de edad y espero que mi experiencia le sea útil para lograrlo. Por supuesto no debo pasar la oportunidad de plantearos la pregunta: ¿de qué hablaríais vosotros al mundo en esos 10 minutos?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Malditas estadísticas

La Medicina son estadísticas, tanto para la bueno como para lo malo, las complicaciones existen, incluso aunque uno se haya esmerado en hacerlo todo bien. Ese esmero es inevitable y es una combinación de tesón, lucha, pundonor y responsabilidad. No se puede abandonar cuando las cosas se complican porque una cosa es perder una batalla y otra dar por perdida toda la guerra, y hay batallas cruciales.

Hace unas semanas tuve uno de esos quirófanos en los que se entierra la autoestima. Todo empezó bien, salió el primer paciente, el segundo, y nada hacía presagiar lo que se avecinaba. Entró la tercera, una niña preciosa, como una muñeca. Ya en el preoperatorio la había visto el hematólogo porque sus valores de coagulación no eran normales. No obstante, después de estudiarla, no parecía tener ningún problema, aunque en esos estudios tiene más confianza el hematólogo que el cirujano.

La cirugía de amígdalas y adenoides en los niños no presenta dificultades técnicas, las vegetaciones se legran y se pone un taponamiento que se deja durante la resección de las anginas. Las amígdalas se disecan al tiempo que se queman los vasos sanguíneos con la pinza de coagulación. Al terminar, se retira el tapón y se despierta al infante. Si todo va bien, no hay más. Sin embargo, 1 de cada 50 niños sangra, y esa preciosidad, después de una hora de taponamientos, seguía sangrando. Revisé, quemé el lecho, le puse vasoconstrictores y activadores de la coagulación. Al final no me quedó más remedio que rendirme y sacarla dormida y taponada. Avisé al hematólogo para contarle lo ocurrido por si consideraba necesario ampliar el estudio.

¿Cómo le explicas a la familia lo que ha pasado? De nada les sirven las estadísticas, eso no les consuela, aunque sí ayudan a explicar que ha sucedido otras veces y que luego todo ha ido bien, que es cuestión de tiempo, de esperar unas horas para que la presión del tapón termine de coagular los vasos. ¿Cómo les tranquilizas cuando tú misma estás intranquila y con el ánimo por los suelos? No hay que permitir que el abatimiento te venza y que se hundan los padres contigo, la confianza es fundamental, hay que dar medida al grado de preocupación y esa medida dependerá mucho de cómo te vean.

Después de aquel trago, aún me quedaba otro caso, otra cirugía sencilla, de esas que la anestesia es más larga que la intervención. Sin embargo, los hados no estaban dispuestos a cambiar las tornas y sí a ponerme a prueba. Tenía que quitar un pólipo de las cuerdas vocales y para eso hay que meter un tubo de metal hasta la laringe a modo de tragasables y luego tensar. Aquella laringe era diminuta, no se podía enganchar, se escapaba, y a la hora de tensar no había ángulo para hacer palanca. Apreté los dientes, aquello no iba a poder conmigo, ese pólipo iba a salir de ahí sí o sí. Perdí la cuenta de los intentos, reconozco que no fue la cirugía más elegante que he realizado en mi vida, pero quité el maldito pólipo. Eso sí, si le sale otra lesión, lo tendrá que intentar otro. Así se lo dije a los familiares.

Aquella tarde me quedé en el hospital. Los anestesistas me habían pedido no dejar el taponamiento de la niña hasta el día siguiente, como es habitual, sino quitarlo al cabo de unas horas. Me pareció bien, de ese modo acortábamos la incertidumbre y reducíamos el riesgo de complicaciones por una anestesia prolongada. Como pocas veces en el hospital y después de ese día mi intención es seguir con esa tónica, el menú no mejora con los años. Esa mañana había metido un libro nuevo de Marcel Schwob en el bolso (Vidas imaginarias y la Cruzada de los niños) y aproveché para leerlo durante la espera. Me gustó tanto que se lo he pasado a la Señora porque sé que es de esos que va a disfrutar.

A las seis de la tarde nos pusimos en marcha. Avisamos a la familia y llevamos a la criatura al quirófano. Todo se desarrolló según lo deseado, quitamos el tapón, todos suspiramos de alivio cuando comprobamos que no sangraba. Luego despertamos a la pequeña sin problema para devolvérsela a su madre.

Estos casos siempre dejan un poso de alarma y unos días después tenía que operar al hijo de otra médico, un chiquillo encantador que hasta me invitó a merendar a su casa según le metíamos en quirófano. ¿Y si se repetía la situación? Afortunadamente no fue el caso, más bien al contrario, ese día todo salió rodado. Sí, por suerte también hay días que ayudan a recuperar la autoestima.

martes, 14 de febrero de 2017

Medicina en un torbellino

Este año, el día de urgencias y de atención a los Rendu-Osler ha cambiado al martes. No parece que haya fallado el sistema de aviso, ni tampoco mi facilidad para complicarme la vida sin ayuda, así que el martes es un día que apenas me da tiempo a respirar. A veces creo que debería de ver a algún psiquiatra porque me encanta lo que hago, y no me importa no parar. Supongo que los pacientes son los culpables de mi "enfermedad", lo cierto es que con los Rendu-Osler tengo la sensación de contribuir a algo útil, de servir de ayuda y siento que confían en mí. La Asociación HHT es como una familia y soy un miembro más, a veces lo comparo a adoptar pacientes, y sé que suena cursi y anticuado pero me siento honrada de que me permitan adoptarles. Es muy satisfactorio, no solo a nivel profesional sino también personal.

Después de la sesión me paso por la consulta para empezar la mañana con las primeras urgencias. Si aún no ha subido ninguna, me bajo a urgencias a buscarla, y a nadie le extrañará el que siempre encuentre alguna. A lo mejor los médicos de puerta no me habrían llamado, pero ya que me ofrezco no van a rechazarme. Los enfermos tampoco me ponen pegas, pienso que porque no se atreven.

El box de urgencia suele ocuparse con pacientes sangrantes, muchos de ellos anticoagulados, hay mañanas de epidemia. Como total el camino a recorrer por el paciente y por mí es el mismo, agarro la silla de ruedas y me la subo a la consulta. Cosa rara, en la sala de espera nadie se levanta a preguntarme nada, pocas cosas hay más disuasorias que llevar a alguien cubierto de sangre. Ya encontrarán a otra bata blanca menos ocupada, incluso es posible que sea yo misma cuando termine con ese paciente y salga a llamar al siguiente: ¿dónde está oftalmología? (al fondo del todo), ¿es esto ginecología? (no, es por el otro pasillo), ¿y traumatología? (una planta más abajo), por preguntar a veces te dan hasta el nombre de su familiar ingresado por si te sonase y supieses dónde está.

En la consulta simulo una confianza que no siempre tengo, opino que para ser médico uno debe ser optimista, no tiene sentido tirar la toalla de antemano, y menos aún ante un enfermo para el que se supone eres su tabla de salvación. Si estás ahí, es para intentar solucionar el problema. La tenacidad, comúnmente conocida como cabezonería, se considera una virtud en la práctica médica, es algo que te lleva a luchar por el paciente sin rendirte y a transmitirle ese espíritu de lucha que tanto necesita. Tampoco es mala idea aprovechar el éxito de un caso para tranquilizar al siguiente, un ejemplo siempre es la mejor prueba. Entrar con un enfermo cubierto de sangre y sacarlo al rato seco, limpio y aseado causa buena impresión.

No solo hay que pelearse con la hemorragia, el más difícil todavía es contestar a la vez al teléfono y al busca, ambos coinciden más de lo achacable al azar, no obstante la prioridad es el enfermo y si requiere nuestras dos manos, los que llaman tendrán que volverlo a intentar (por desgracia no dispongo de una secretaria personal para atenderles). Aún así conviene confirmar que el número no es el de la UCI. Muchas llamadas de urgencias se resuelven con decir que suban al paciente, es una respuesta más breve y satisfactoria para el que la oye, y el tiempo que se gasta en discutir y dar explicaciones suele ser casi tan largo como el que se tarda en ver a muchos enfermos.

A lo largo de la mañana se acumulan los Rendu, las revisiones sin cita y las urgencias. Si alguno se complica, a otros les tocará esperar. Aún así nadie se queja, creo que todos son conscientes de que hago lo que puedo, y si alguna consulta se queda libre la aprovecho para multiplicarme durante un minuto. Anestesiar la nariz es fundamental antes de cualquier manipulación, y esos minutos son preciosos para escribir un informe, poner un tratamiento, echar un vistazo a otro paciente, asomarse a la sala de espera, responder al teléfono o cursar cualquier papeleo. Se trata de rentabilizar el tiempo, y a veces incluso es posible ir al baño.

La mañana se pasa sin sentir, y casi sin sentarse. Sin embargo, salgo del hospital con una sonrisa, ¿la de la euforia de la aventura o la del deber cumplido?