viernes, 10 de mayo de 2019

Entrega

Esta es la entrada que todos los años la Señora me escribe por mi cumpleaños, y aunque yo tenga el blog un tanto abandonado, ella no se ha olvidado de contribuir con su felicitación. Poco puedo añadir a sus palabras, la cita que ha escogido para terminar su entrada no podría ser más hermosa ni más apropiada. El amor, el cariño, aprender de los demás, ayudar y hacer a otros un poco más felices es lo que me hace sentirme mejor, incluso en los peores momentos. Gracias.  

Cuando empiezan a alargarse los días y suele llegar el buen tiempo (aunque este invierno ya nos lo trajo por adelantado) se nos añade el aliciente de celebrar los cumpleaños de los más madrugadores. En esta familia ese primer cumpleaños es el diez de mayo y siguiendo una tradición que se inició para sustituir en la entrada de este blog a su creadora -que entonces se prodigaba a diario- puntualmente  para esa fecha le he venido dedicando un articulillo que sirviera para agradecer sus muchos desvelos literarios y sobre todo sus más que desvelos médicos.  Pero este año -¡ay, qué difícil!- desde aquel aciago 17 de noviembre estamos boca abajo y no había manera de darle forma a nada, ni siquiera a las anécdotas protagonizadas por el duende de Raquel o a la magia que ella misma es capaz de hacer cuando la limpia su tito Pacuelo. Por mucho que lo intentaba no conseguía ligar tres frases.

Decidí entonces recurrir a los libros, que tantas ideas ofrecen siempre y que tan estimulantes han sido a lo largo de mi vida profesional, pues desde que la conocí he compartido plenamente la afirmación de  Borges: "que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído". Así que me puse a ello suponiendo que en el amplio  panorama literario disponible podría encontrar la ayuda necesaria.

Cervantes, como siempre, parecía abrir el camino "El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas..."  Pues sí, podía ser - pensé- hay que ponerse en situación... El recuerdo de mucha tardes en ese entorno idílico me llevó al Jardín Botánico, que ofrecía una imagen primaveral esplendorosa, llena de color junto a la entrada y luego más recogida por los paseos, con el goteo apenas audible de sus fuentecillas. Era de agradecer el sosiego que el ambiente producía, pero posiblemente porque algo fallaba en la quietud de espíritu, las musas lo encaminaban todo por derroteros bastante sombríos y no era por ahí por donde tenía que ir mi mensaje de felicitación.

En ese bloqueo y a punto de rendirme llegó como si hubiera caído del cielo el homenaje de los Rendu a la "doctora Sol". Hacía unas semanas había tenido alguna noticia sobre algo de un homenaje, que con mis pocos conocimientos de soportes audiovisuales no sabía muy bien cómo se encauzaría, así que mi alegría fue mayúscula cuando en una especie de vídeo casero, de una  forma tan sencilla y a la vez tan sentida, aparecía en la pantalla la imagen de los pacientes de Rendu Osler para hacer llegar a todos los estamentos hospitalarios posibles, pero de modo especial a su doctora, sus palabras llenas de agradecimiento, su esperanza recuperada, sus más profundas manifestaciones de admiración y cariño. ¡Qué sensación tan especial de verlos felices y de querer que esa felicidad fuera compartida y valorada! Había tanta sinceridad y entrega en sus mensajes que se dejaba entrever en sus palabras todo el esfuerzo, todo el coraje y angustia que su doctora con total dedicación había compartido con ellos en tantas jornadas agotadoras. Me pareció todo un ejemplo.

Recordé entonces un pasaje del libro Catarsis, que salvo en la última frase encajaba perfectamente con esta situación: "El sufrimiento existe también para liberar amor, ese regalo desinteresado que hacemos con nuestro yo a otros, a los que sufren. De esta manera la medicina roza con lo que probablemente sea el sueño más poderoso de todo ser humano: el amor; amor que por regla general es un amor no correspondido".

Creo que eso es lo que muchos de esos pacientes han recibido y a lo que sí han querido corresponder.
Felicidades

domingo, 5 de mayo de 2019

Coraza

"Ocurren cosas que destrozan incluso los corazones más fuertes. Lo dejan a uno atónito y provocan un dolor que solo el tiempo es capaz de convertir en embotamiento. Después de un gran dolor hay un sentimiento solemne, los nervios se asientan ceremoniosos, como tumbas, el rígido corazón pregunta si fue él quien tanto aguantó ¿ayer o hace siglos? Los pies, mecánicos, recorren por la tierra, el aire, o la quimera un camino de bosque trazado al descuido, resignación de cuarzo, como una piedra." Catarsis. Andrzej Szczeklik.

La Señora se pone una coraza ante las dificultades. Es una coraza que la sostiene, no solo a ella, sino que usa esa fuerza para apoyar a otros. No importan cuanta sea la carga, tiene que resistir. Solo los que la conocen a fondo, y se fijan, pueden ver cuando la armadura se resquebraja y se entrevé entre las grietas el cansancio y la debilidad. Dice que las fuerzas no son las mismas ahora que con 40 o 50 años, pero no solo es cuestión de edad, sino de autoexigencia, y es que la Señora es así y no va a cambiar, lo único que se puede hacer es colaborar, dejar el egoísmo y la pereza aparcados para que no cargue con todo. El agotamiento no la derrumba, tiene que mantenerse en pie para quien la necesite, antepone las necesidades de los demás a las propias.

No es una protección hecha solo de entereza y de superación, de enfrentarse sola a las dificultades, al desengaño y la enfermedad; es un refugio firme y resistente, arraigado en una inmensa generosidad y amor. La Señora no es expresiva en ese amor, no son besos, abrazos y otras muestras habituales de cariño su manera de manifestarlo, sino que son sus actos; no solo se sabe que se cuenta con ella, sino que está ahí y organiza las cosas con la idea de que todo sea más fácil, sin entrometerse ni ofenderse. Racionaliza sus emociones y se esfuerza en comprender las reacciones de los demás. Por duro que sea el momento y por frágil que sea la coraza, es el sostén de la familia.

viernes, 15 de febrero de 2019

La fuente

En la fuente, el tiempo fluye en regueros de agua sobre las esferas doradas. Gota a gota resbala por la superficie helada de metal bruñido. En su interior resuena el eco del silencio, de los recuerdos, de un pasado de piedra y fuego. Añora sentirse volcán, la temible furia de quebrarse y estallar antes de derramarse en lava. Aún puede oír los últimos ruidos de su unión a la tierra, el tañido aciago del pico al arrancarlo de las entrañas de la mina. El frío del agua apagó el ardor de la fragua y acalló el dolor de los golpes finales sobre el yunque.

Siente frío, echa de menos el calor profundo de la montaña. Tras su veta corría una corriente de bulliciosas burbujas pletóricas de gases. A veces incluso sentía el cosquilleo de las piedras al chocar contra el fondo. El viento se colaba por la apertura de la ladera por donde escapaba un chorro de vapor junto a un torrente de agua. La montaña temblaba al borde de la cascada y las rocas crujían en su caída. Sabía que algún día, las grietas se abrirían hasta horadar el corazón de la sierra y entonces la pendiente se desplomaría junto a la cascada en un magma de tierra, fuego y agua.

En la fuente, el agua es una caricia, un velo transparente que ensordece un mundo diferente. Su movimiento incesante apenas lo protege del brillo de la luz y del aliento del aire. Espera, no sabe lo que el destino le depara, nunca imaginó un hogar lejos de su montaña. Quizá, algún día, el agua de la fuente emule la fuerza del géiser y devuelva las esferas a la tierra. Mientras espera ese momento, el tiempo se desliza en su reloj de trazos de agua sobre las esferas doradas.