viernes, 1 de noviembre de 2019

L'isolement (Lamartine)

L'isolement (Lamartine)

A menudo en el monte, a la sombra de un roble,
me siento tristemente mientras el sol se pone;
paseo al azar mi mirada sobre el llano
sobre el cuadro cambiante que a mis pies se abre.
Aquí gruñe el río de olas espumosas;
serpentea y se hunde en la lejanía oscura;
allí el lago inmóvil extiende su agua durmiente
y la estrella de la tarde se eleva en el azul.
En la cima de los montes, coronados de bosques,
el crepúsculo exhala su último rayo;
y la carroza vaporosa de la reina de las sombras
asciende y blanquea los bordes del horizonte.
Mientras, lanzado desde la flecha gótica
un son religioso se propaga en el aire:
el viajero se para, y el concierto sacro
de la campana rústica
se mezcla con los ruidos del final del día.
Mas a esa dulce escena mi alma es indiferente,
no siente ante ellos ni encanto ni transporte;
contemplo la tierra como una sombra errante,
el sol de los vivos no calienta los muertos.
De colina en colina llevo mi vista en vano,
del sur del aquilón, de la aurora al ocaso,
recorro cada punto del panorama inmenso
y me digo: la felicidad no me espera en ningún sitio
qué me importan los valles, los palacios, las chozas,
simples objetos que han perdido su encanto?
Ríos, rocas, bosques, soledades queridas,
un solo ser te falta, ¡y todo se vacía!
Que el viaje del sol comience o se termine
con mirada indiferente sigo su camino.
En un cielo, nublado o limpio, se acuesta y se levanta,
qué importa el sol, no espero nada del día.
Cuando pueda seguirlo en su amplia carrera
mis ojos verán tan solo el desierto y el vacío:
no deseo nada de eso que ilumina;
no le pido nada al inmenso universo.
Pero puede que más allá del límite de su esfera,
en el lugar donde el verdadero sol aclara otros cielos,
si pudiese dejar mi piel en la tierra,
eso que tanto he soñado ¡surja ante mis ojos!
Allí, me embriagaré de la fuente a la que aspiro;
allí, reencontraré el amor y la esperanza,
ese es el ideal que cada alma desea,
y que no tiene nombre en la estancia en la tierra.
¡Que no pueda, llevado en el carro de la Aurora,
vago objeto de mis deseos, lanzarme hacia ti!
¿Por qué sigo aún en la tierra de exilio
cuando no hay nada que una a la tierra conmigo?
Cuando la hoja del bosque cae en la pradera,
el viento de la tarde se alza y la arrastra hasta el valle;
y yo soy como la hoja marchita:
llevadme como a ella, aquilón de tormenta.


Souvent sur la montagne, à l'ombre du vieux chêne,
Au coucher du soleil, tristement je m'assieds;
Je promène au hasard mes regards sur la plaine,
Dont le tableau changeant se déroule à mes pieds.
Ici gronde le fleuve aux vagues écumantes;
Il serpente, et s'enfonce en un lointain obscur;
Là le lac immobile étend ses eaux dormantes
Où l'étoile du soir se lève dans l'azur.
Au sommet de ces monts couronnés de bois sombres,
Le crépuscule encor jette un dernier rayon;
Et le char vaporeux de la reine des ombres
Monte, et blanchit déjà les bords de l'horizon.
Cependant, s'élançant de la flèche gothique,
Un son religieux se répand dans les airs:
Le voyageur s'arrête, et la cloche rustique
Aux derniers bruits du jour mêle de saints concerts.
Mais à ces doux tableaux mon âme indifférente
N'éprouve devant eux ni charme ni transports;
Je contemple la terre ainsi qu'une ombre errante
Le soleil des vivants n'échauffe plus les morts.
De colline en colline en vain portant ma vue,
Du sud à l'aquilon, de l'aurore au couchant,
Je parcours tous les points de l'immense étendue,
Et je dis : " Nulle part le bonheur ne m'attend."
Que me font ces vallons, ces palais, ces chaumières,
Vains objets dont pour moi le charme est envolé?
Fleuves, rochers, forêts, solitudes si chères,
Un seul être vous manque, et tout est dépeuplé!
Que le tour du soleil ou commence ou s'achève,
D'un œil indifférent je le suis dans son cours;
En un ciel sombre ou pur qu'il se couche ou se lève,
Qu'importe le soleil ? je n'attends rien des jours.
Quand je pourrais le suivre en sa vaste carrière,
Mes yeux verraient partout le vide et les déserts:
Je ne désire rien de tout ce qu'il éclaire;
Je ne demande rien à l'immense univers.
Mais peut-être au-delà des bornes de sa sphère,
Lieux où le vrai soleil éclaire d'autres cieux,
Si je pouvais laisser ma dépouille à la terre,
Ce que j'ai tant rêvé paraîtrait à mes yeux!
Là, je m'enivrerais à la source où j'aspire;
Là, je retrouverais et l'espoir et l'amour,
Et ce bien idéal que toute âme désire,
Et qui n'a pas de nom au terrestre séjour!
Que ne puis-je, porté sur le char de l'Aurore,
Vague objet de mes vœux, m'élancer jusqu'à toi!
Sur la terre d'exil pourquoi resté-je encore?
Il n'est rien de commun entre la terre et moi.
Quand la feuille des bois tombe dans la prairie,
Le vent du soir s'élève et l'arrache aux vallons;
Et moi, je suis semblable à la feuille flétrie:
Emportez-moi comme elle, orageux aquilons!

viernes, 27 de septiembre de 2019

Aniversario

La siguiente entrada es de hermanita, con motivo de un aniversario diferente.

“Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos." Cantar de los Cantares

Tenía media mañana libre en el final de un viaje que había empezado con muchas dificultades y que terminaba en calma y tranquilidad. El mar, como siempre, había sanado parte del dolor y la pena con la que había llegado hasta Niza, además del paisaje y la compañía que me habían aliviado en mi soledad.

Retomaba mi rumbo sola, dirigiéndome al Museo de Matisse, cuando descubrí que, de camino, estaba el de Chagall. Decidí cambiar de pintor, había algo que me empujaba hacia él, algo que comprendí una vez allí. El Museo era pequeño y transmitía mucha tranquilidad, lleno de luz y armonía. Concentraba obra de carácter religioso, pero con ese carácter de ensoñación tan evocador y propio del pintor.

Entré en la sala del "Cantar de los Cantares" y sentí, casi como un golpe, que el amor invadía el espacio y me llenaba los ojos. Me fui recuperando poco a poco en aquella sala llena de ternura y sentimiento y empecé a recobrar la vista y comprender las imágenes que me rodeaban. Vi la primera plaquita, dedicada a su mujer, junto con las escenas de Raquel y Jacob flotando por las paredes, una historia que me había inspirado tanto en el pasado que elegí el nombre de Raquel como uno de los posibles para mi hija (su hermano lo hizo definitivo).

Y allí estaban, los dos enamorados. Unos novios que reflejaban ese amor trascendental, ese amor que hace rebosar de felicidad a quien lo disfruta y lo comparte. Allí estábamos los dos, en algún lugar del universo, en algún pliegue entre el espacio y el tiempo, en aquel lugar en el que el universo nos permitiría celebrar nuestro aniversario.

Las personas que hemos amado somos capaces de empatizar con ese sentimiento donde vayamos. Las que hemos perdido con quien compartirlo, imagino que buscamos esos lugares, imágenes o palabras que nos inspiren y permitan revivirlo, incluso bañados de nostalgia. El amor está allí y me hace compañía.

"Death ends a life, not a relationship" (cita de Robert Woodruff Anderson)

miércoles, 7 de agosto de 2019

Volcarse

We are cups, constantly and quietly being filled. The trick is, knowing how to tip ourselves over and let the beautiful stuff out. Ray Bradbury

Érase una vez... Sí, lo sé, así empiezan muchos cuentos, pero lo importante es que unos cuantos continúan con el nacimiento esperado de un hijo señorial y siguen con la descripción, con mayor o menor fortuna, del reparto de dones a la criatura por parte de las hadas. La mayoría de esos cuentos se escribieron antes de que Mendel formulase las bases de la genética, con guisantes en vez de con princesas, pero eso no quita que las pobres hadas se enfrentasen con una tarea difícil en los bautizos reales, con su magia tenían que adivinar y suplir las carencias de la herencia.

La Señora heredó, según las leyes de Mendel, una serie de grandes dones y esos dones no solo la afectan a ella, sino también repercuten en la vida de los que tiene alrededor. Me ha gustado la cita de Bradbury de volcarse para dejar salir lo mejor de uno mismo, porque eso es precisamente lo que hace la Señora, y lo que sucedía en la Granja. Un buen ejemplo, y muy reciente, es la organización de las vacaciones familiares en la que pone a disposición del que quiera, y pueda, la casa que alquila en la playa. Tras la experiencia de convivencia compartida, con todos los inquilinos con sus peculiaridades de carácter, y opiniones propias y arraigadas, cualquiera en su sano juicio se plantearía si repetir semejante plan es una gran idea, pero la Señora tiene claro que merece la pena. Lo curioso es que tras reincidir varios años en la complicada cohabitación veraniega, el tiempo parece darle la razón (o hace que se olviden los momentos de crisis); el caso es que, al año siguiente, todos vuelven.

Hay factores que contribuyen a que uno se vuelque y saque lo mejor de uno mismo. Eso es lo que le sucede al hermano con la Princesa. A la pequeña le brillan los ojos según ve a su tito, su favorito, me recuerda a la adoración que yo sentía por mi padrino a su edad, no había nadie como él: tan cariñoso y tan divertido; esperaba impaciente a que se levantara para estar a su lado y me sentía especial cuando jugaba conmigo o me tomaba el pelo. Me imagino el entusiasmo de los niños al ver al hermano con la Señora a la salida del colegio, este año ha ido a recogerlos un par de veces por semana de forma habitual, o la emoción de cuando apareció un fin de semana en la playa para darles una sorpresa y pasar unos días con ellos. El hermano se transforma cuando está con los sobrinos, irradia alegría, ilusión y amor por los chiquillos, verles juntos es un placer.

miércoles, 31 de julio de 2019

Empuje

"Un seul être vous manque, et tout est dépeuplé!" (Lamartine)

Una imagen que siempre me viene a la cabeza es la de hermanita cuando la llevaba al colegio y poco antes de la valla me decía adios y se convertía en un ser independiente dispuesta a enfrentarse al mundo. La veía avanzar sola, con su lazo blanco en su pelo rubio y su mochila de peluche, un oso panda, a su espalda. Verla tan pequeña y con esa decisión era una sensación extraña, una mezcla de orgullo y de instinto de protección.

Hermanita comparte con la Señora muchos rasgos de personalidad, es una líder nata que desde siempre ha tenido las cosas muy claras y con la que la mejor manera de discutir es razonar. Muchos recién nacidos ya dan idea de su temperamento y ella no ofreció dudas, desde bebé se la veía venir y con sus primeras palabras, a la tierna edad de 9 meses, nos mandó callar a todos. Nunca pasaba desapercibida. Su aspecto, su seguridad en sí misma, su carácter fuerte y positivo, su sentido común y su inteligencia hacían que fuese difícil resistirse a su encanto. No solo tenía facilidad para hacer amigos, sino que ha mantenido esas amistades en el tiempo, y sus amigas de toda la vida han estado ahí en los momentos buenos y malos, y ahora, cuando más las necesita, son un gran apoyo.

Por desgracia, su vida perfecta se desmoronó hace unos meses de forma dramática. A pesar de estar rota, buscó el modo de fabricarse una coraza para que su fragilidad no fuese evidente para el mundo. Al igual que la Señora, necesita dar una imagen de entereza, aunque apenas les quede ánimo para ello; esa fachada les da la intimidad necesaria para recomponer los pedazos que ocultan debajo. El dolor es algo privado, tan excesivo y profundo que no se puede sacar y compartir así como así. En este tiempo he revivido con frecuencia las sensaciones del pasado, el instinto de protección vuelve a estar ahí, el mismo que cuando la veía alejarse para entrar sola en el cole, pero también está ahí ese empuje casi arrollador que siempre la ha caracterizado y que, al igual que a la Señora, la impulsa a superarse y crecer como persona. Ojalá sus ojos vuelvan pronto a brillar de felicidad.

sábado, 27 de julio de 2019

Como él solo

¿Y como sigue House? me preguntan las titas. ¿Tan guapo, tan bueno y tan cariñoso como siempre? Se lo digo a House y se ríe, aunque sabe que comparto esa opinión, según él porque el amor me ciega, aunque se plantea si esa ceguera no depende de algún gen familiar.

Lo cierto es que pasan los años y House gana en porte y atractivo. Carisma nunca le ha faltado, y es un carisma que inspira confianza. Con él los pacientes se sienten seguros y también, en cierto modo, privilegiados, no es que haya pocos médicos como él, es que no hay nadie como él. ¿Perfecto? Se supone que nadie lo es, pero House se acerca mucho, al menos en los valores fundamentales, que son los que cuentan. Se esmera en superarse cada día, es buenísimo y sus principios son admirables, transmite una inmensa entereza, que buena falta me ha hecho. Es uno de esos seres maravillosos que contribuyen a convertir a una en mejor persona. Salvo a primera hora de la mañana, es sociable y cariñoso, y aún entonces me soporta cuando insisto en darle los buenos días, aunque tenga que recurrir a todo su autocontrol para no gruñirme. Tiene un sentido del humor afilado con el que se ríe incluso de sí mismo. No obstante es muy reservado, no le gusta alardear, y es más que posible que le abrume con este post (como cada año).

viernes, 10 de mayo de 2019

Entrega

Esta es la entrada que todos los años la Señora me escribe por mi cumpleaños, y aunque yo tenga el blog un tanto abandonado, ella no se ha olvidado de contribuir con su felicitación. Poco puedo añadir a sus palabras, la cita que ha escogido para terminar su entrada no podría ser más hermosa ni más apropiada. El amor, el cariño, aprender de los demás, ayudar y hacer a otros un poco más felices es lo que me hace sentirme mejor, incluso en los peores momentos. Gracias.  

Cuando empiezan a alargarse los días y suele llegar el buen tiempo (aunque este invierno ya nos lo trajo por adelantado) se nos añade el aliciente de celebrar los cumpleaños de los más madrugadores. En esta familia ese primer cumpleaños es el diez de mayo y siguiendo una tradición que se inició para sustituir en la entrada de este blog a su creadora -que entonces se prodigaba a diario- puntualmente  para esa fecha le he venido dedicando un articulillo que sirviera para agradecer sus muchos desvelos literarios y sobre todo sus más que desvelos médicos.  Pero este año -¡ay, qué difícil!- desde aquel aciago 17 de noviembre estamos boca abajo y no había manera de darle forma a nada, ni siquiera a las anécdotas protagonizadas por el duende de Raquel o a la magia que ella misma es capaz de hacer cuando la limpia su tito Pacuelo. Por mucho que lo intentaba no conseguía ligar tres frases.

Decidí entonces recurrir a los libros, que tantas ideas ofrecen siempre y que tan estimulantes han sido a lo largo de mi vida profesional, pues desde que la conocí he compartido plenamente la afirmación de  Borges: "que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído". Así que me puse a ello suponiendo que en el amplio  panorama literario disponible podría encontrar la ayuda necesaria.

Cervantes, como siempre, parecía abrir el camino "El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas..."  Pues sí, podía ser - pensé- hay que ponerse en situación... El recuerdo de mucha tardes en ese entorno idílico me llevó al Jardín Botánico, que ofrecía una imagen primaveral esplendorosa, llena de color junto a la entrada y luego más recogida por los paseos, con el goteo apenas audible de sus fuentecillas. Era de agradecer el sosiego que el ambiente producía, pero posiblemente porque algo fallaba en la quietud de espíritu, las musas lo encaminaban todo por derroteros bastante sombríos y no era por ahí por donde tenía que ir mi mensaje de felicitación.

En ese bloqueo y a punto de rendirme llegó como si hubiera caído del cielo el homenaje de los Rendu a la "doctora Sol". Hacía unas semanas había tenido alguna noticia sobre algo de un homenaje, que con mis pocos conocimientos de soportes audiovisuales no sabía muy bien cómo se encauzaría, así que mi alegría fue mayúscula cuando en una especie de vídeo casero, de una  forma tan sencilla y a la vez tan sentida, aparecía en la pantalla la imagen de los pacientes de Rendu Osler para hacer llegar a todos los estamentos hospitalarios posibles, pero de modo especial a su doctora, sus palabras llenas de agradecimiento, su esperanza recuperada, sus más profundas manifestaciones de admiración y cariño. ¡Qué sensación tan especial de verlos felices y de querer que esa felicidad fuera compartida y valorada! Había tanta sinceridad y entrega en sus mensajes que se dejaba entrever en sus palabras todo el esfuerzo, todo el coraje y angustia que su doctora con total dedicación había compartido con ellos en tantas jornadas agotadoras. Me pareció todo un ejemplo.

Recordé entonces un pasaje del libro Catarsis, que salvo en la última frase encajaba perfectamente con esta situación: "El sufrimiento existe también para liberar amor, ese regalo desinteresado que hacemos con nuestro yo a otros, a los que sufren. De esta manera la medicina roza con lo que probablemente sea el sueño más poderoso de todo ser humano: el amor; amor que por regla general es un amor no correspondido".

Creo que eso es lo que muchos de esos pacientes han recibido y a lo que sí han querido corresponder.
Felicidades

domingo, 5 de mayo de 2019

Coraza

"Ocurren cosas que destrozan incluso los corazones más fuertes. Lo dejan a uno atónito y provocan un dolor que solo el tiempo es capaz de convertir en embotamiento. Después de un gran dolor hay un sentimiento solemne, los nervios se asientan ceremoniosos, como tumbas, el rígido corazón pregunta si fue él quien tanto aguantó ¿ayer o hace siglos? Los pies, mecánicos, recorren por la tierra, el aire, o la quimera un camino de bosque trazado al descuido, resignación de cuarzo, como una piedra." Catarsis. Andrzej Szczeklik.

La Señora se pone una coraza ante las dificultades. Es una coraza que la sostiene, no solo a ella, sino que usa esa fuerza para apoyar a otros. No importan cuanta sea la carga, tiene que resistir. Solo los que la conocen a fondo, y se fijan, pueden ver cuando la armadura se resquebraja y se entrevé entre las grietas el cansancio y la debilidad. Dice que las fuerzas no son las mismas ahora que con 40 o 50 años, pero no solo es cuestión de edad, sino de autoexigencia, y es que la Señora es así y no va a cambiar, lo único que se puede hacer es colaborar, dejar el egoísmo y la pereza aparcados para que no cargue con todo. El agotamiento no la derrumba, tiene que mantenerse en pie para quien la necesite, antepone las necesidades de los demás a las propias.

No es una protección hecha solo de entereza y de superación, de enfrentarse sola a las dificultades, al desengaño y la enfermedad; es un refugio firme y resistente, arraigado en una inmensa generosidad y amor. La Señora no es expresiva en ese amor, no son besos, abrazos y otras muestras habituales de cariño su manera de manifestarlo, sino que son sus actos; no solo se sabe que se cuenta con ella, sino que está ahí y organiza las cosas con la idea de que todo sea más fácil, sin entrometerse ni ofenderse. Racionaliza sus emociones y se esfuerza en comprender las reacciones de los demás. Por duro que sea el momento y por frágil que sea la coraza, es el sostén de la familia.

viernes, 15 de febrero de 2019

La fuente

En la fuente, el tiempo fluye en regueros de agua sobre las esferas doradas. Gota a gota resbala por la superficie helada de metal bruñido. En su interior resuena el eco del silencio, de los recuerdos, de un pasado de piedra y fuego. Añora sentirse volcán, la temible furia de quebrarse y estallar antes de derramarse en lava. Aún puede oír los últimos ruidos de su unión a la tierra, el tañido aciago del pico al arrancarlo de las entrañas de la mina. El frío del agua apagó el ardor de la fragua y acalló el dolor de los golpes finales sobre el yunque.

Siente frío, echa de menos el calor profundo de la montaña. Tras su veta corría una corriente de bulliciosas burbujas pletóricas de gases. A veces incluso sentía el cosquilleo de las piedras al chocar contra el fondo. El viento se colaba por la apertura de la ladera por donde escapaba un chorro de vapor junto a un torrente de agua. La montaña temblaba al borde de la cascada y las rocas crujían en su caída. Sabía que algún día, las grietas se abrirían hasta horadar el corazón de la sierra y entonces la pendiente se desplomaría junto a la cascada en un magma de tierra, fuego y agua.

En la fuente, el agua es una caricia, un velo transparente que ensordece un mundo diferente. Su movimiento incesante apenas lo protege del brillo de la luz y del aliento del aire. Espera, no sabe lo que el destino le depara, nunca imaginó un hogar lejos de su montaña. Quizá, algún día, el agua de la fuente emule la fuerza del géiser y devuelva las esferas a la tierra. Mientras espera ese momento, el tiempo se desliza en su reloj de trazos de agua sobre las esferas doradas.