Mostrando entradas con la etiqueta Grumpy but gorgeous. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grumpy but gorgeous. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de marzo de 2021

Potingues

Hermanísima no necesita comprarse cremas, le paso todas las que no tolera mi piel sensible, a ella nunca le dan problemas. En mi adolescencia, con mi acné de paella, la piel sensible era una tortura, los tratamientos de acné me irritaban y me salían aún más granos, en un círculo vicioso y doloroso. Probé de todo, y aunque los dermatólogos no lo recomiendan, una de las cosas que mejor me ha ido siempre para bajar la inflamación de los comedones es la pasta de aspirina: nada más simple que humedecer una aspirina hasta convertirla en una pasta, ponerla encima del grano inflamado y dejar que seque el mejunje antes de retirarlo (ya sea sacudiendo el polvillo o con agua). 

Supongo que el acné y la piel sensible despertaron mi interés por la dermatología, un interés más personal que profesional. Dado mi trabajo, no está de más tener nociones de otras especialidades, en medicina todo tiene relación y la piel está en casi todas partes. No sé si por esas nociones, y por toda la información de internet, asumo que todo el mundo tiene un conocimiento básico sobre el cuidado de la piel, pero solo tengo que echar la vista atrás y recordar lo qué sabía en mi adolescencia para darme cuenta de mi error. Hermanísima me ha hecho ser consciente:

- Esto se pone por la mañana y esto otro por la noche- le explico tras contarme que lo hacía al revés.- Hay productos que se degradan por la luz. 

- El protector solar va encima del hidratante, es el último paso antes del maquillaje, se supone que crea una película para proteger la piel del sol y el resto va debajo.

-¿Y esto otro? ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Y esto?...- me pregunta hermanísima, perdida en un sinfín de muestras (mea culpa).

En fin, mejor escribo un post

El primer paso del cuidado básico de la piel es la limpieza. El limpiador no va a estar mucho tiempo en contacto con nuestra piel, por lo que no se necesita un producto caro que luego se van a llevar las tuberías. Si se tiene acné va bien uno con ácido salicílico, en el resto algo suave que no deje la piel como un pergamino, NADA DE JABÓN, el pH es muy agresivo. Si se usa agua micelar, hay que aclararla. Los dermatólogos recomiendan mucho el limpiador de CeraVe, personalmente me gusta el paño de microfibra que solo necesita agua templada y se lleva todo con apoyarla en la piel. 

Tras la limpieza y con la piel ligeramente húmeda, se usan los activos, habitualmente el serum , aunque también se incluyen productos antiacné (sin retinoides por la mañana y con por la noche), antioxidantes y tratamiento de la pigmentación (aquí irían la vitamina C, que tiene ambas funciones, por la mañana, y los derivados de la vitamina A, o sea retinoides, por la noche). 

Después de los activos, se puede aplicar una capa de ácido hialurónico que sella esos activos y los vuelve más potentes. Hay que tener cuidado cuando lo que hay debajo pueda ser irritante, como los retinoles, en ese caso es mejor dejar el hialurónico de lado. 

Sobre el hialurónico se pone una crema hidratante, más o menos ligera según el tipo de piel. Sin la hidratante encima, el hialurónico puede extraer agua de la piel y resecarla, así que no hay que olvidarse de la hidratante. Las hidratantes suelen contener ceramidas, que restauran la función barrera de la piel, ácidos grasos y otros emolientes como urea (en porcentaje menor al 10%, si no es exfoliante e irrita), alantoína...

Durante el día, no hay que olvidar el protector solar, FUNDAMENTAL, los que tienen pigmento también protegen de la luz visible y la luz azul de los ordenadores (aunque es mínima comparada con la solar). Esta luz visible también se ha visto que daña la piel. La cantidad es importante, más o menos el tamaño de una moneda, hay que cubrir bien la piel, no se trata de maquillarla sino de protegerla, si se pone menos, el índice de protección se reduce (también se reduce por el uso de aceites).

Esta sería la rutina básica, a veces la crema hidratante ya viene con activos y se pueden unir esos pasos en uno, o el protector solar es hidratante y también funciona como paso conjunto. 

Ahora, la pregunta sería cuales son los principios activos y como combinarlos. El tema tiene su ciencia, cuando vienen mezclados en un producto, el laboratorio se ha encargado de estabilizarlos en la fórmula, cuando se juega a los boticarios en el baño, hay que tener en cuenta varios factores. 

La vitamina C, cuando viene como ácido ascórbico (y también el etil-ascórbico, más estable, menos irritante y con mejor absorción), es un ácido, y se inestabiliza a pH más altos y con la luz. Es antioxidante, antimanchas y estimula la síntesis de colágeno, pero puede ser irritante y es difícil de combinar porque se neutraliza y neutraliza activos con pH más neutro o básico, como retinoides y niacinamida, con el uso combinado con otros ácidos los vuelve más irritantes, como los exfoliantes químicos o el azelaico. Una vez abierto, se recomienda usar en 3 meses, si se oxida y se vuelve marrón, deja de ser eficaz. Hay derivados más estables a pH más combinables, aunque no está claro si son igual de potentes. Combina bien con otros antioxidantes. Skynceuticals tiene una fórmula con ferúlico más estable y combinable, aunque también carísima. Un truco es poner la vitamina C al levantarse, a los 15 minutos ya se ha absorbido y se puede limpiar la cara con una toalla húmeda y poner otros activos (por ej. niacinamida en caso de acné). The Ordinary tiene el Etyl-ascorbic acid a un precio más que razonable.

La niacinamida es calmante y ayuda al acné y al tratamiento de las manchas. En este caso más no es mejor, se recomienda al 5% porque si no es irritante. Se puede usar antes o después que otros activos, es indiferente. Salvo con ácido ascórbico o etil-ascórbico, se puede combinar con casi todo. Está presente en muchas cremas hidratantes. 

El retinol, ADEMÁS DEL PROTECTOR SOLAR, es la molécula antiedad por excelencia, y es el tratamiento de elección en el acné. Se presenta con distintas moléculas desde el retinil que se transforma en retinol y de ahí en retinaldehido y luego en retinoico que es la molécula activa. Para el acné, el adapaleno, un derivado del retinoico, se tolera mucho mejor. El retinoico es de prescripción médica en muchos países pero en España es barato y se compra en farmacia con el nombre de Retirides, por supuesto hay que empezar con dosis de 0.025 y a días alternos o cada 3 días, se puede tardar meses en poder aumentar a 0.05 y años en llegar a 0.1% (o nunca). El efecto antiedad depende de la constancia, no de la concentración que se use, así que lo importante es usarlo e insistir durante años. Se inactiva con la luz solar por lo que debe ponerse solo de noche. El Retinaldehido de Avene es excelente y se tolera mejor que el retinoico. Hay una versión para el contorno de ojos, más suave. Todos los retinoles están CONTRAINDICADOS en el embarazo.

Las noches que no se use retinol, se puede usar un exfoliante químico (no uno de partículas que además de arañar la piel, dañan el medio ambiente). En este grupo están el ácido glicólico, el láctico (más suave), el mandélico (todos estos hidrosolubles por lo que no se recomienda su uso con aceites), el salicílico (que al ser liposoluble penetra más en profundidad en el poro y se recomienda en acné). Si la piel es sensible, dejarlos actuar un rato y luego retirar e hidratar. Cantabria labs tiene un producto combinado de Retinol y Glicólico, excelente antiedad para el que lo tolere (no es mi caso), con el nombre de Retincare. 

Los péptidos son moléculas hidratantes que se supone contribuyen a la síntesis de colágeno y algunos tienen efecto botox (como la argirelina). Salvo con ácidos (exfoliantes y ascórbico) se pueden usar con cualquier otro activo. 

El ácido azelaico (Finacea en farmacias, además de estar en muchas cremas despigmentantes o acné) se puede combinar con casi todo salvo otros ácidos, como exfoliantes y vitamina C. 

La alfa-arbutina es una molécula despigmentante derivada de la hidroquinona pero más suave y sin los problemas de esta última (cuyo uso debe ser controlado por un dermatólogo). Además tiene la ventaja de que se puede combinar con todo. Los aceites, de los que hable hace tiempo, también combinan con todo, excepto protectores solares, y van especialmente bien con los retinoides. En caso de pigmentación, se deben evitar los que contengan ácidos grasos saturados. Se pondrían como último paso, su efecto es emoliente-hidratante. Cuando se necesite un oclusivo para proteger una zona, antes de poner un activo, o cuando se quiera potenciar, habría que recurrir a la vaselina. 

En resumen:

Acné: ácido salicílico/glicólico, azelaico, niacinamida y retinoides. También peroxido de benzoilo (no más del 5% por la irritación), antibióticos (tópicos y sistémicos) y por supuesto isotretinoina y espironolactona (un mineralocorticoide) sistémico. E

Antiedad: protector solar, retinoides, vitamina C, péptidos, exfoliantes.

Antimanchas: vitamina C, azelaico, niacinamida, exfoliantes, alfa-arbutina (además de ácido kojico, raíz de regaliz, hidroquinona...)

SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE: PROTECTOR SOLAR, en todos los casos. 


sábado, 21 de abril de 2018

Maquillaje personalizado

"Si todavía es tan guapa, pese a sus cabellos blancos y a tantos años vividos, es porque a través de sus ojos, de su rostro, de su cuerpo, se transparentan todos esos instantes de luz y de belleza..." Andrei Makine

Me gusta el maquillaje, los stands de las tiendas, con sus coloridos despliegues, me recuerdan a una tienda de golosinas, aunque algunos tienen más precio de joyería y piedras preciosas.

Me entretiene probar productos, ensayar tal o cual técnica, maquillarse tiene algo de juego y también de momento para mimarse. Dada la infinidad de vídeos en internet sobre el tema, no debo de ser la única que opina así. El problema es que, en general, son vídeos muy similares,  con los mismos tonos, los mismos productos y las mismas técnicas. La excepción serían los de maquillaje artístico, para disfraces (Halloween) y efectos especiales. Me choca tanta uniformidad, considero que las mismas pautas no favorecen a todo el mundo, pasa como con la moda, por muy bonito que le quede a la modelo, el efecto en cada uno es otra historia. Quizás la mejor manera de hacer esta entrada, y cualquiera de las del apartado Grumpy but gorgeous, sería filmando un tutorial, pero no es mi estilo, esto es un blog, no un vlog.

Realzar los rasgos propios conlleva aprendizaje y experimentación hasta acertar y, a partir de ahí, es bastante sencillo, para salir de casa con un aspecto presentable no se necesitan dos horas de explicaciones. No hay que ser Caravaggio para aplicar sombras, de hecho en los ojos europeos no veo necesario dibujar pliegues, ya existen y ellos solitos se ocupan de marcarse. Toda la ciencia al pintarlo consiste en poner el color preferido (en mi caso azules y verdes) en el párpado móvil (sin salirse para evitar el efecto loro) y luego, para matizarlo y dar luz, aplicar un tono claro (me gustan los blancos y los perlados) del ángulo interno del ojo hasta la mitad del párpado, encima del primer color para, de paso, degradarlo. En el ángulo externo se puede resaltar con un tono más oscuro, o con un toque de lápiz (el truco para elevar un ojo caído es no llevar la linea del lápiz hasta el final del ojo, sino parar uno o dos milímetros antes y levantar un poco el rabillo en ese punto, con la edad esto es fundamental).

Personalmente, más me vale no seguir las tendencias generales. Me encantan los labios rojos y no entiendo el porqué de la moda de los labios nude, que traducido significa el tono natural al desnudo (o más claro). Mis labios son muy pálidos de por sí y si no los animo con algo de color tengo aspecto de enferma (lo he probado, los he llevado cubiertos de bálsamo, sin más, y los comentarios en el hospital han sido "¿estás bien?". Está claro, si hasta los profesionales sanitarios tienen dudas sobre tu estado de salud es porque no apareces en todo tu esplendor).  Por si fuera poco, también se lleva el nude en los ojos, tonos neutros, amarronados y tristes, que básicamente me apagan. Con ellos no resalto mis ojos, sino mis ojeras,  cuando lo que necesito algo es desviar la atención de ellas, no reproducirlas en el párpado superior. Con un ahumado de ojos con sombras oscuras doy miedo. La oscuridad endurece y envejece, resalta las ojeras y el contraste con mi piel convierte mi palidez natural en cadavérica, algo ideal si buscase una estética gótica, pero no es la idea, pienso que es preferible que el médico aparente algo de salud, aunque sea de bote. Los otros tonos "naturales"son los de la gama de los rosados, que van desde el cuarzo rosa hasta los más osados vinos y granates y cuyo mayor mérito, en mi persona, es reproducir la irritación de mi piel sensible. Una de las grandes contradicciones de ese amago de maquillaje natural es que lo rematan con unas hermosísimas pestañas postizas; no sé, me figuro que ahí reside el secreto para que favorezca.

El contouring, contornear el rostro, es otra de esas técnicas de las que mejor me olvido. Si marco mi estructura ósea lo que consigo es adelgazar aún más mi cara, ya de por sí fina. Para lo único que me interesa aplicarlo es para reducir un poco la personalidad de mi nariz (ojalá lo hubiese conocido en mi adolescencia, aunque creo que por aquel entonces el acné camuflaba el problema).

En resumen, ¿cuales serían mis imprescindibles? Por supuesto, el protector solar (prefiero los minerales, no tengo problemas de efecto máscara, es una ventaja de la palidez). Lo que me falta es color, estoy desdibujada. Mi estilo se podría definir como pin-up (aunque sin otros atributos), necesito pintalabios en tonos rojizos (ni rosas, ni violáceos) y mejor aún si repaso la forma con el perfilador.  El mismo pintalabios me sirve de colorete (lo presiono sobre el labio con la yema del dedo para que dure más y luego froto con el dedo manchado las mejillas). No puede faltarme un buen corrector antiojeras (rosa-asalmonado claro para contrarrestar mejor las sombras) lo uso, además de en las ojeras, en rojeces e imperfecciones (el borde del ala nasal si está algo rojo y, a veces, la barbilla). Un lápiz de cejas discreto no solo ayuda a enmarcar los ojos, sino que también me sirve para perfilar la nariz. Termino con máscara de pestañas (la negra agranda más los ojos, aunque aplico poca o nada en pestañas inferiores para que resulte más suave, da una mirada más dulce).

Por la noche, para desmaquillarme, mi imprescindible es un paño de microfibra, lo empapo con agua templada y lo apoyo en el rostro y hago un poco de presión, es pura magia; luego uso un aceite cosmético (el de granada de Levenrose es mi favorito, probé de otra marca y olía fatal), con o sin masaje, según la pereza, y retiro el exceso con unos toques de la microfibra. Es, con diferencia, lo que mejor le funciona a mi piel sensible. Guardo otro paño de microfibra en el congelador que, cada mañana, paso por el grifo hasta que pierde la rigidez del hielo, luego lo apoyo en la cara, a toques, incluyendo el cuello, para descongestionar los rasgos del sueño, no hay nada más eficaz.

¡Tanto rollo para esto! La pregunta es: ¿por qué en mi baño hay más surtido de pinturas que en un taller de arte? ¡Uff! Prefiero no pensar en ello, necesitaría un diván.

domingo, 4 de junio de 2017

Tarde de teléfono

Toca tarde de no hacer nada después de una mañana agotadora en el hospital. Hemos repuesto fuerzas en el restaurante de abajo con unos amigos de House y debíamos de estar muy necesitados porque casi les dejamos sin viandas. House sigue de plan con sus amigos y mi intención es tumbarme en el sofá. Quizá me haga un poco de pedicura, ha empezado la temporada de sandalias y ni siquiera me he pintado las uñas. Cojo la caja donde guardo todos los archiperres necesarios para la labor, no sé ni lo que tengo dentro, hace casi un año que acumula polvo en el baño.

No tarda en sonar el teléfono, primero es mi madre, solo quiere saber si estoy viva porque no hemos hablado en toda la semana. A continuación llama mi hermanita con las anécdotas y los mocos de mis sobrinos; la pequeña ha heredado la personalidad de su madre en su infancia (algo que hermanita no recuerda pero que los demás no hemos olvidado). La chiquilla tiene muy claro, a su año y medio de edad, que no está dispuesta a hacer el ridículo, de manera que sus padres han desistido de llevarla disfrazada a ningún lado, la niña se niega a salir con esas pintas. Luego, si en la guardería los demás llevan disfraz, es la primera en colocárselo, pero antes tiene que asegurarse de que esa extraña indumentaria no es un capricho. Su hermano es todo lo contrario, nada como convertirse en un personaje lleno de historias gracias al atuendo, el verano pasado a duras penas se consiguió que cambiase sus botas amarillas de agua, dignas del mejor bombero, por unas sandalias.

Al poco de colgar aparece un número en pantalla que no tengo fichado. Es una de mis primas. La ventaja de ser el médico de la familia es que siempre mantienes el contacto, sabes que la salud de todos está bien si no te llaman, pero cuando lo hacen no solo te cuentan el motivo de consulta sino que la llamada sirve de puesta al día sobre el resto.

¿Te pillo en mal momento?, me pregunta
Para nada, le contesto mientras me arrellano en el sofá. Estoy supertranquila.
Me cuenta la consulta, no es de mi especialidad, pero en mi familia tienen la idea de que sé de todo (¡ojalá!). A veces se agradece que las conversaciones con mis amigas médicos versen sobre anécdotas de pacientes, se aprenden muchas cosas. Las comidas y las cenas de guardia eran casi sesiones clínicas.

Pasamos a otros temas. Hablamos de las entradas del blog, me dice que le gustan las del hospital, al parecer le dan mucho juego en el trabajo para comentarlas con sus compañeros. Me habla del trabajo. Me cuenta que hace poco ha estado en Alemania viendo cómo funcionan allí y ha sido un viaje de descubrimiento y de desmontar mitos, los alemanes no trabajan más que los españoles.

¿Qué hacías?
Miro la caja de pedicura a mi lado, todavía no he empezado. Quizá no sea mala idea
La pedicura, contesto.
Yo soy un desastre, me dice. Mi hermana siempre va a que le arreglen los pies, las manos, el pelo, pero a mí me da pereza.
Ya somos dos, quizá por eso escribo los post de belleza, por si hay alguien que prefiere los tratamientos caseros a los del salón. Nada como la comodidad del propio sillón. Además no me resulta cómodo que alguien que no conozco me toque los pies, por muy limpios y perfumados que vayan, ni tampoco que me hurguen en las uñas de las manos. ¿Cutículas? Estaría en tensión. ¿Esmalte? En las manos no, por favor, lo noto como si tuviese yeso pegado a los dedos. Además me conozco, me gustan las uñas muy cortas (todas), para que no se me ensucien, y no creo que eso se adapte a ninguna tendencia estética. Sí, soy una tiquismiquis.

Abro la caja de los milagros. En su interior descubro la Eight hour cream de Elizabeth Arden. ¡Qué sorpresa!, la había echado de menos, no sabía dónde la había metido, al menos lleva allí un año. Es lógico que la guardase ahí, es una de las mejores cremas para pies que conozco, la leyenda cuenta que la fórmula surgió de un unte para las pezuñas de los caballos, creo que el origen de esa historia es por el olor, me recuerda al desinfectante de Zotal de las cuadras de mi tío (aunque hay una versión sin olor). Eso sí, si suavizaba las pezuñas, las uñas y las cutículas las deja como nuevas. No tardo en comprobarlo.

Es un poco incómodo pintarse las uñas y sujetar el teléfono, pero me apaño. Sé que la mejor técnica es poner un poco de adhesivo alrededor para proteger la piel y que la forma quede perfecta pero tendría que ir a buscarlo y es demasiado trabajo. Ya rasparé los churretes cuando se seque, nada de un bastoncillo con quitaesmalte que se lleva la mitad de la pintura.

Mientras tanto hablamos de vestidos. Me pregunta donde comprar uno para un boda, tiene una idea bastante clara de lo que quiere y no es el típico traje tieso de vestir. Lástima que no compartamos talla porque en mi armario hay donde escoger. En Claudio Coello hay tantas tiendas que es posible que encuentre algo que se ajuste a lo que busca, le digo que también puede probar en Divina, en Elisa Rivera, o en la página de alquiler de vestidos maravillosos e incomprables de 24horas.fab.

Cuando colgamos el sol se ha puesto hace rato, sin embargo aún estoy haciendo la digestión de la comida. Entra un poco de aire fresco por las ventanas. Me recuesto en el sofá con mi libro.

jueves, 13 de abril de 2017

Aceites cosméticos

Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada, pero confieso que me daba pereza. Si pretendía hacerlo medio en condiciones antes debía recopilar y ordenar datos, no podía ponerme a hablar del tema desde mi ignorancia. Esta tarde no era mi intención sentarme a escribir el post, pero he encontrado una página que me ha facilitado bastante las cosas, así que aquí va un resumen.

Los aceites vegetales se pueden usar puros, unas gotas bastan, aunque otra opción es combinarlos con la crema de tratamiento habitual o con gel de aloe vera. Otra alternativa es aplicarlos como limpiadores y retirarlos después con un paño de microfibra humedecido en agua templada. No hay que confundirlos con los aceites esenciales o aromáticos, la mayoría extraídos de especias, cítricos y hierbas, muy usados en perfumería y aromaterapia y tan intensos que solo se precisan unas gotas. El uso cosmético de estos últimos ha de ser siempre en combinación porque, por sí solos, son irritantes.

Antes de usar aceites cosméticos hay que tener algunos factores en cuenta, sobre todo cuando la piel es sensible o se tienen antecedentes de acné. Es por ese motivo por lo que la composición en ácidos grasos es importante, no conviene abusar de las grasas ricas en ácido oleico (omega9) en las pieles acneicas, pero tampoco es un componente a desdeñar porque su capacidad de penetración es más alta, si la piel es seca hay que buscar un equilibrio entre la composición de ácido oleico/linoleico (omega6). Otro factor a tener en cuenta en caso de acné es el riesgo comedogénico que depende de la capacidad de cada aceite para obstruir los poros. Parece una aberración usar aceites en el acné, pero no hay que olvidar que, con frecuencia, son pieles maltratadas y la irritación agrava aún más el problema; es una piel que precisa cuidados especiales, se necesita regular la secreción de grasa, pero muchos tratamientos son tan agresivos que provocan un efecto rebote indeseado. En el acné hay un desequilibrio entre la secreción de ácido oleico y linoleico a favor de del primero por lo que un aceite podría compensar el problema. Lo difícil es averiguar cuál sería el mejor en cada caso.

En caso de pieles acneicas los aceites más adecuados serían el de semilla de cáñamo en pieles grasas y sensibles que, junto con el de semilla de uva (con vitamina E), es uno de los aceites más ricos en ácido linoleico y sin potencial comedogénico. Aclarar que el aceite de cáñamo no contiene cannabinoides (que se extraen de las flores), es un producto delicado, se estropea con facilidad y conviene guardarlo en nevera (o añadirle un poco de vitamina E para prolongar su vida). Si la piel es seca se prefiere el aceite de argán, que contiene una proporción equilibrada de ácido oleico y linoleico, pero no obstruye los poros y no provoca granos. Otra buena opción es el aceite de higo chumbo en pieles mixtas o sensibles, también útil para reducir las ojeras, y en pieles muy, muy secas se recomienda la manteca de karité porque, a pesar de su densidad, su índice comedogénico es nulo.

No todos los denominados aceites son tales, el de jojoba, por citar uno de los más frecuentes, es en realidad una cera, y su contenido en ácidos grasos es bajo, es también lo más parecido a la grasa que la piel produce naturalmente por lo que es ligero, bien tolerado y no comedogénico. Se indica en acné porque su uso habitual regula la secreción grasa de la piel, aunque no a todo el mundo le va bien. Es también un buen aceite para el pelo, en ese caso hay que poner solo unas gotas o no hay quien lo quite, yo prefiero untarlo antes de lavarlo, a modo de mascarilla, en el cabello húmedo, y me gusta mezclarlo con miel, que además ayuda a limpiarlo. El aceite de ricino se aconseja para el pelo, las cejas y las pestañas, aunque conviene suavizarlo con otros aceites más ligeros, como el de argán, porque es muy denso. Otros aceites que se recomiendan para uso capilar son el de coco, el de argán y el de cáñamo. Un truco cuando el pelo se queda un poco más graso, sobre todo en las raíces, es frotar agua micelar. Este también es un buen método para prolongar 1 o 2 días el tiempo entre lavados, da textura sin apelmazar y en el caso de cabellos rizados ayuda a recuperar el rizo (algo que no consigue el champú en seco). Los sprays de aguas termales también aportan textura y no ensucian el pelo como las lacas y las espumas.

El aceite de oliva y el de coco contienen gran cantidad de ácido oleico por lo que se recomiendan en pieles secas, pero no con acné, especialmente el de coco que tiene un alto índice comedogénico. Ambos me encantan para los pies, me los embadurno bien y los envuelvo en papel film de cocina que sujeto con unos calcetines hasta el momento de retirarlo en la ducha. El aceite de almendras es denso, rico en oleico, está indicado en pieles secas y sensibles o en masajes corporales. El aceite de aguacate también es rico en oleico, aporta firmeza y es un estupendo antiarrugas, algunas cremas de ojos con buena fama, como la de Kiehl's, contienen este aceite. Otros buenos aceites, pero no para todas las pieles, son el de linaza (útil en caso de eccema, con poco oléico y más linolénico, omega3, que linoléico) y el de marula (muy hidratante y nutritivo porque contiene más oleico). Ambos poseen capacidad comedogénica, el linolénico también obstruye los poros, así que hay que tener cierto cuidado, aunque cada piel reacciona de distinta manera. Estos dos últimos aceites se encuentran entre mis favoritos, no me irritan la piel sino que la calman al momento y el de linaza es de tacto seco, de hecho me ha sorprendido que se encuentre entre los peligrosos para el acné, desconocía lo de la comegenicidad del linolénico.

El aceite de rosa mosqueta posee propiedades cicatrizantes e incluso hay un preparado en parafarmacia, Repavar, al que le han añadido factores de crecimiento para potenciar esa característica. El aceite puro se puede usar como enjuague en heridas bucales y como coadyuvante en el tratamiento de la gingivitis. No es tóxico y no pasa nada si se traga. En el caso de los sangrados leves y repetidos de nariz funciona bien como preventivo. El aceite de tamanu es más denso, pero comparte efecto cicatrizante con el de rosa mosqueta y al parecer va especialmente bien en aplicación local en cicatrices de acné. El aceite de borraja contiene ácido Gammalinolénico con cualidades antiinflamatorias y se usa en pieles secas con problemas, como la psoriasis. También para pieles sensibles y con dermatitis o rosacea se cuentan el aceite de grosella y el de comino negro, el primero algo más denso pero agradable y bien tolerado. El aceite de frambuesa es rico en vitamina A, regenerante y antiarrugas,  y además su nivel de protección solar equivaldría a un factor 8. La Vitamina A, junto con la K, la C y la E están presente en el aceite de espino amarillo, un aceite anaranjado, calmante, que se emplea para curar heridas e incluso proteger de la irradiación. Otros aceites con protección solar natural serían el de baobab, antiarrugas, antiestrías y útil para domar el pelo, y el de salvado de arroz, antiarrugas. Todos los aceites de este párrafo poseen una baja comedogenicidad.

Tengo la sensación de que hay aceites de casi todo, incluso de semillas que no sabía que existían, si en los comentarios alguien quiere aportar su sabiduría al respecto, es bienvenido. No he encontrado aceite de plátano, con lo bien que va frotar el interior de la cáscara para calmar la piel. Las firmas de lujo han visto un filón en estos productos y algunas combinan varios aceites a precio de metales preciosos, es interesante leer la composición para hacerse una idea del coste real. No voy a negar que algunos son excelentes, el de Sisley de rosa negra es una delicia y el Elixir Premier Cru de Caudalie combina aceite y serum en un único producto, es un producto muy agradable, no comedogénico y contiene una buena cantidad de antioxidantes de efecto antiedad. No obstante, además de mucho más barato, me parece más interesante jugar a los boticarios y, con un frasco de cristal y un cuentagotas, preparar una mezcla personalizada.

Para intentar hacerlo más claro, os añado una tabla resumen, la fila superior refleja el índice comedogénico, y según eso qué aceites irían mejor para cada tipo de piel.



lunes, 2 de enero de 2017

Básicos de belleza

Decía Marilyn que "una sonrisa es el mejor maquillaje que puede llevar una chica", y estoy de acuerdo con ella, de nada sirve emperejilarse si se acompaña de un gesto triste o desagradable. La sonrisa posee encanto, ilumina la piel desde dentro, da brillo a la mirada, tiene algo que se irradia y se contagia. No hay nada más atractivo.

Me gusta sonreír, a los pacientes les inspira confianza, les hace perder parte del miedo con el que acuden a la consulta. Sin embargo no son solo los demás los que se sienten mejor al verte, parece algo tonto, pero el mero acto de sonreír disipa muchos nubarrones, no es posible mantener un enfado más de unos segundos con una sonrisa, salvo que sea cínica.

Una sonrisa sería, por tanto, mi primer imprescindible de belleza, aunque reconozco que la mía me gusta mucho más con un buen pintalabios (que aplico como labial y colorete). Esta confesión suena superficial, pero así son las cosas, los adornos y las pinturas han atraído a los humanos desde la antigüedad, y no he escapado a su influjo.

Me gustan los cosméticos pero, por desgracia, tengo la piel muy sensible y eso es algo que resulta incómodo y caro, ya que implica probar y desechar una infinidad de cremas y potingues antes de dar con la adecuada. Las que me irritan se las paso a hermanísima, que no tiene ningún problema de alergia y que, además, está encantada de heredar. Por suerte he descubierto unos cuantos trucos que ayudan a evitar y mejorar la quemazón.

Alguno de estos días House descubrirá en el congelador un pañuelo de algodón, de esos de caballero de toda la vida, humedecido y doblado en cuatro (me extraña que aún no me haya preguntado al respecto, cuando guardé unas cucharillas no tardó en pedirme explicaciones). Ese pañuelo helado es el remedio más rápido para calmar y bajar la hinchazón. Solo tengo que mojarlo hasta devolverle la flexibilidad y ponerlo bien frío sobre los párpados, la frente, las mejillas y la nariz. En un minuto descongestiona la cara de recién levantada; luego lo escurro y lo vuelvo a congelar. Las cucharillas servían para el mismo fin pero el pañuelo me funciona mejor. Para cualquier momento, los sprays de agua termal son cómodos y eficaces, devuelven frescura al maquillaje y nada alivia más rápido la tirantez de la piel en ambientes resecos. A veces lo uso en la raíz del pelo, como un champú en seco que no precisa retirar, solo frotar un poco y dejar secar.

Uno de esos trucos de belleza que harían que House se cuestionase mi salud mental es el de restregarme por la piel la cara interna de la cáscara de plátano. El caso es que esa cáscara es muy rica en ácido salicílico y tiene propiedades antiinflamatorias y queratolíticas. No es tan fuerte como la aspirina (que es infalible cuando se trata de madurar y disminuir la tensión de los granos profundos y dolorosos), no irrita los ojos sino que los calma y se puede usar sobre los párpados para mejorar las bolsas y ojeras (aunque en mi caso no puedo prescindir de corrector). También va bien para secar las espinillas, tratar los puntos negros de la nariz y controlar la producción de grasa en el acné.

Hay remedios naturales para todos los gustos. Recuerdo que hace poco vi a una paciente con un cutis impresionante. La mujer pasaba de los 80 años y a duras penas se le echaban 60, no tenía arrugas, ni flaccidez, ni piel apagada ni ningún otro signo de edad. Nos confesó que su truco de belleza era ponerse una mascarilla de aguacate machacado (con o sin aceite de oliva, no era imprescindible). Aún no me he animado a probarlo, aunque después de las mascarillas metálicas no creo que House se asuste por verme cubierta de verde.

Otro gran descubrimiento han sido las bayetas de microfibra que permiten desmaquillarse sin necesidad de ningún producto, solo es preciso humedecerlas con agua templada. No hay que frotar, basta con apoyarla en el rostro unos segundos y la mayor parte del maquillaje se queda en el trapo, los manchurrones de máscara prueban su eficacia. Hay que repetir un par de veces, hasta que no queden huellas, aunque también se puede hacer un masaje con movimientos circulares por la cara y el cuello y de ese modo realizar una exfoliación suave. Es muy agradable y no irrita nada. La original, la Makeup Eraser, la descubrí en Sephora, luego, a través de amazon, compré una versión china mucho más económica que he regalado a mi círculo más cercano (que ha quedado tan encantado como yo). Las bayetas de microfibra de Alcampo también servirían, es cuestión de escoger una de tacto suave, y en Primor, en la zona de las brochas, las venden con forma de manopla, la de Revolution parece terciopelo y, además de extrasuave, su color negro evita que se vean las manchas.  Para limpiarla basta con frotar con un poco de jabón o lavarla en la lavadora SIN suavizante (que estropea la microfibra, y eso afecta a la ropa interior, camisetas, medias, bañadores y demás prendas que lleven lycra).

Para terminar, un vídeo de una técnica breve y sencilla de masaje facial, algo que siempre viene bien.




miércoles, 12 de octubre de 2016

Tarde de belleza y lluvia

No sé si echábamos de menos la lluvia, pero no nos importó que en Galicia cayese sin apenas pausa durante casi cuatro días. Fueron días en los que salimos poco, un largo paseo con los perros la primera tarde bastó para hacernos desistir. Ni siquiera mis nuevos botines de agua consiguieron mantener secos mis calcetines, no es que la goma no fuese impermeable, sino que poco podía hacer contra el agua que chorreaba desde el resto de mi ropa. Cuando mi capucha se mostró inservible, me refugié debajo del paraguas de House, aunque eso solo sirvió para que ambos nos mojásemos a conciencia. A veces los hombres tienen razón y las mujeres abusamos de su caballerosidad (les toca compartir el postre, que no siempre es el que ellos hubieran elegido, o como en este caso, se mojan cuando llueve pese a ser los únicos previsores que han salido armados con paraguas).

Una de las tardes, las mujeres abandonamos a los varones a su suerte para dedicarnos a una sesión de belleza: limpieza, mascarilla, cremas, poner en práctica los trucos de maquillaje aprendidos en los tutoriales de youtube, etc. Como no pretendíamos excluir a nadie, les invitamos, pero ninguno quiso apuntarse; a House la mera idea de untarse una crema le da dentera. Los demás no son tan radicales, pero aún así no parecían inclinados a probar las bondades del maquillaje.

No me sorprendió descubrir que en mi equipaje, con solo lo básico, había más productos de cosmética que en toda la casa, pese a que la hermana de nuestro amigo vive allí todo el año. Imposible hacer una sesión con lo suyo salvo que intentásemos preparar recetas de belleza caseras en la cocina. Cogí mi maletín y nos pusimos manos a la obra.

El primer paso consistió en limpiar bien la piel con agua micelar. Conviene dejar los apósitos empapados sobre los ojos durante unos segundos para evitar frotar los párpados, simplemente se presiona ligeramente y se retiran con cuidado. Un repaso elimina hasta las últimas trazas de suciedad. Nos pusimos una buena capa de mascarilla Tomatox de TonyMoly y la dejamos actuar unos minutos. Aproveché el tiempo de espera para colocar todo mi arsenal sobre la mesa e investigar el neceser de mi pupila, pero aquel pobre neceser estaba muy necesitado. Hicimos una lista de imprescindibles: agua micelar, hidratante o crema de cuidado (prebase para el día, un concepto nuevo para ese estuche), maquillaje, corrector (lo ideal es uno más claro y otro más oscuro, que entre ellos se pueden combinar), lápices de ojos y labios, pintalabios, colorete y sombras básicas para ojos y contorno. Los serums, las brochas y los pinceles quedaron pendientes para la próxima sesión.

Tras preparar la piel, comenzamos los trabajos de restauración. El maquillaje es precisamente eso, restaurar, algo de lo que enseguida se dio cuenta mi acompañante que estudió Bellas Artes y que, además de a pintar, se dedica a restaurar obras de arte. Cierto que, a veces, cuando me dedico a extender los productos a brochazos, me siento igual que un pintor delante de su lienzo, y disfruto como un niño al que le dejan embadurnarse de colores, como cuando de pequeña hacía pintura de dedos en la guardería, pero no había llevado al plano consciente la relación entre arte y maquillaje básico, aunque el principio técnico de no salirse y el estético de escoger bien los tonos para no acabar hecha un cuadro es fundamental.

Gracias a su experiencia en la recuperación de obras ajadas, mi alumna no tardó en aprender los trucos que ayudan a marcar los pómulos, disimular defectos, afinar la nariz, perfilar el rostro y resaltar los ojos. Para corregir, nada como un bastoncillo (que nunca hay que meter en los oídos), una gota de agua micelar en el algodón borra al instante cualquier mancha y limpia las líneas.

Este fin de semana cuento con una nueva víctima: hermanísima me ha dejado a su hija pequeña para que la arregle en la próxima boda, que ella se encargará de sobrinísima y... (la incógnita es cuántas rellenarán esos puntos suspensivos, menos mal que tiene práctica). Maquillar a otro es toda una responsabilidad.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Maquillaje

¿A qué mujer, femenina, no le gusta verse guapa? Es así, la vanidad es poderosa y desde pequeñas hemos aprendido a valorar la belleza, quizá más de lo que merezca, pero ¿quién no se siente un poco mejor cuando le dicen "¡qué guapa estás!"? Que añadieran que eras lista no estaba mal si además ensalzaban tu aspecto, sin esa condición el adjetivo de lista era un eufemismo de poco agraciada y hacía poca ilusión.

Partiendo de la premisa de que la autoestima de una fémina depende en gran parte de su autoimagen, y sus inseguridades también, no es de extrañar el éxito de la industria cosmética. Las capas de mejunjes y colores también actúan sobre nuestra representación mental, no importa lo que muestre el espejo sino lo que la cabeza graba de ese reflejo. Es posible que eso explique porque a las mujeres nos gustan más las bodas y demás celebraciones que a los hombres. Una boda, junto con la Nochevieja, es uno de los eventos en los que una fémina tiene una buena justificación para arreglarse al máximo, durante horas si es necesario. No solo le está permitido disfrazarse de reina de cuento de hadas sino que además debe (y sí, es obligatorio) maquillarse para ir a tono. La edad ofrece una ventaja en lo que a aspecto se refiere, aunque sea la única: una aprende a conocerse a sí misma, a realzar sus mejores rasgos y disimular las imperfecciones (de joven cualquier cosa cuela, aunque el recuerdo provoque escalofríos). Aún así, probar nuevos sistemas para mejorar la técnica nunca está de más, aunque el conocimiento sí ocupa lugar, al menos en forma de potingues en el baño.

Antes no se necesitaba una carrera de estilismo para pintarse la cara, recuerdo que yo lo hacía con seis o siete años en el baño de la granja con los pintalabios rojos de mi abuela y mi tía y mi "rouge" de mejillas era envidiable. No deseaba que me pillaran, aquellos pintalabios no eran para jugar, así que ponía especial cuidado en no pasarme para que mi rubor pareciera natural y evitar el castigo. Me daba tanto arte que más de una vez alabaron mi buen color, lo cual dada mi palidez natural, con absoluta ausencia de rosa en mis mejillas, resultaba algo sospechoso. Hoy en día, el pintalabios sigue siendo mi colorete favorito, quizá es porque aún me hace sentirme como una niña.

Las técnicas de maquillaje han cambiado mucho, muchísimo, en los últimos años, y los productos también: ingredientes, texturas, indicaciones, contraindicaciones, forma y orden de aplicación, combinaciones, precauciones... Ahora es una ciencia. Nunca me leo las instrucciones de los electrodomésticos, así me va a veces, pero sí que me estudio el prospecto de los cosméticos, no me queda otro remedio si pretendo usarlos y sacarles partido. Youtube está lleno de gurús de imagen, la mayoría insoportables de puro histriónicos (de verdad, ¡menuda fauna!). Por suerte, en este mundo hay de todo y también hay excepciones, aunque sean casos aislados. Mi favorita, con diferencia, es Lisa Eldridge: sabe hablar y entiende de lo que habla, el tema le apasiona y se nota, se preocupa por estar al día, pero no divaga en vídeos interminables mientras se hace la interesante, va al grano (en todos los sentidos) y, además, ofrece una gran variedad de estilos fáciles de adaptar al gusto y bolsillo de cada uno. Lo hace tan bien que sus tutoriales con casi hipnóticos, además de adictivos.

La base de un buen maquillaje, como con cualquier pintura, empieza por preparar el lienzo. Una piel impecable es fundamental, y para ello la piel tiene que conservar su textura de piel, no se trata de convertirla en una máscara. El método Eldridge es sencillo y brillante, se basa en la máxima que nunca falla en cuestiones de moda: menos es más. En síntesis: embellecer la piel de la forma más natural, sin taparla, con el mínimo de maquillaje, bien difuminado y con un extra en las zonas problemáticas, mejor añadir que retirar, corrector puntual, por zonas, del mismo tono que el maquillaje, y que la piel, para no llamar la atención sobre las imperfecciones, no deben quedar cercos, líneas ni roales, el polvo en poca cantidad (para no apagar la tez) y en las zonas de brillos o que se precise más fijación o corrección.

Las prebases son una novedad de hace unos años, y evolucionan cada temporada, en función del último ingrediente de moda (oro, perlas, vitaminas, liposomas, péptidos milagrosos, siliconas...) Antes bastaba con la hidratante, pero una buena prebase debe no solo hidratar sino realzar la piel y dotarla de luminosidad, homogeneidad y firmeza. A hermanísima le encanta la de miel de NYX, que además de eficaz es barata y cuida la piel. Conviene que no abusen de las siliconas para que no hagan bolas. No hay que insistir hasta que penetren, no lo van a hacer, se trata de extenderlas en una capa, con pocos movimientos, y nada más.

La función del maquillaje es unificar y corregir imperfecciones leves (para las más severas está el corrector, siempre más ligero en los ojos donde la piel es más fina y más denso en otras zonas, aunque siempre difuminado con el entorno). Todo debe fundirse con la piel, sin cortes y sin capas que se noten. El tono dependerá de cada uno, aunque ha de asemejarse al propio. Hay bases cálidas (más beige) y frías (más rosada), para saber a qué grupo pertenecemos hay que fijarse en el color de las venas (en las manos), y si son azuladas somos fríos y si verdosas cálidos, y escoger el matiz adecuado en función de nuestra temperatura (para contrastes ya recurriremos a sombras y labiales). Una zona buena para probarlo (en pieles blancas, porque al parecer eso es algo que varía según la raza) es en la zona latero-superior del cuello, como un centímetro por debajo del ángulo de la mandíbula, de ese modo se consigue un tono uniforme sin necesidad de cubrir el cuello, con el riesgo de manchar la ropa.

El grado de cobertura dependerá de la ocasión y el estado de la piel. Las marcas suelen ofrecer alternativas de todo tipo y no siempre lo más caro es mejor. Uno bueno y ligero sería el Healthy Mix de Bourjois, casi indetectable si se aplica bien, las BB y CC cream también pertenecen a esta categoría. Makeup Forever Ultra-HD, con muy buena prensa, se incluiría dentro de la textura ligera con cobertura media. En el grado más extremo estaría el Dermablend de Vichy (cuyos polvos resisten el sudor). Un maquillaje muy cubriente no es para todo el rostro y puede depositarse en las arrugas y marcarlas más, así que es recomendable limitarlo a las zonas problemáticas y en el resto del rostro usar uno más ligero. Poner el producto en el centro del rostro y difuminarlo hacia la periferia (con los dedos, pinceles, esponja o lo que prefiramos) ayuda a conservar la textura de la piel y da más sensación de naturalidad. Lo ideal es comenzar con poca cantidad y añadir lo necesario, poco a poco, en las zonas que requieran más cobertura (que no son todas). Siempre es más fácil poner que quitar. Cada añadido hay que difuminarlo bien con el resto, debe quedar bien pulido.

En caso de un evento con fotos, se supone que conviene evitar los factores de protección solar que añadirán una palidez fantasmal a nuestra imagen (en mi caso he llegado a la conclusión de que eso es algo que importa poco). Claro que, si la boda es de día, es casi más fácil escapar del fotógrafo que del sol.

(Continuará, por hoy ya es muy largo)

martes, 30 de agosto de 2016

Mascarillas coreanas

Oigo a House que viene por el pasillo. Según se acerca me siento como la de la canción de Mecano, "¡No me mires!" digo, no es que no me haya puesto el maquillaje, no, a esa visión ya le tengo habituado, es mucho peor que eso: me he puesto una mascarilla. No sabía cómo era hasta que me la he empezado a untar, aunque el nombre debería haberme dado suficientes pistas: Silver peel-off purifying de StrickVectin. Me regalaron la muestra en Sephora el otro día y hasta que no la he abierto no me he dado cuenta de que la plata del nombre correspondía también al color. Después de extenderla mi cara ofrecía el mismo aspecto que la de los robots de Asimov. El tiempo de exposición eran 20 minutos. Por supuesto, ese ha sido el momento escogido por House para salir de su despacho. ¡Que oportuno! ¡Cómo si no le gustasen ya bastante poco las mascarillas!

Por desgracia las mascarillas son más agradables en verano si se guardan en la nevera y he tenido la poca vista de hacerles un hueco en el estante de abajo, junto con las cervezas. ¡Mea culpa! Sí, antes de empezar el juicio me declaré culpable, otro posible error por mi parte. Después del primer interrogatorio para descubrir qué tipo de porquería era el que interfería con el espacio sagrado de las cervezas, lo siguiente fue rebatir la efectividad de los cosméticos, en su opinión comparables a los de la homeopatía. Ni en el juicio de Spencer Tracy y Katherine Hepburn en Adán y Eva se discutieron tantos cargos. El contenido de la bolsa de la nevera eran pruebas fehacientes de mi crimen, aquello era un atentado contra la ciencia. ¿Acaso se necesitaba más evidencia?

No dudo que en la cosmética hay mucha publicidad engañosa, y lo cierto es que las mascarillas conllevan todo un ritual que contribuye a la sensación de cuidado. Supongo que esa parte es efecto placebo, pero placebo viene de placer que es algo que los tratamientos de belleza buscan, a fin de cuentas sentirse bella es sentirse mejor. Sin embargo no había probado este tipo de terapia hasta este verano, y eso gracias a la invasión del mercado de la cosmética coreana en la que las mascarillas son protagonistas. No sé si la cosmética coreana es más eficaz que la tradicional, pero sin duda es más agradable.

El mejor adjetivo que describe mi piel es problemática. No solo pasé un acné infernal desde la pubertad hasta los 40 sino que mi piel es intolerante, sensible y con tendencia a la alergia. ¡Una prenda! Probé todo para los granos pero la solución definitiva llegó gracias a la Isotretinoina. A hermanísima mis problemas cutáneos le vienen de perlas porque hereda todas las cremas y cosméticos que, pese a las pruebas alérgicas y dermatológicas del envase, han decidido darme reacción. ¿Cuál no sería mi sorpresa cuando al probar la mascarilla de Gold Snail de TonyMoly, descubrí que las irritaciones de mi piel se calmaban? ¿Cómo resistirme a un milagro semejante? Otro de mis defectos es que no tengo medida y, si algo me gusta, me entusiasmo, de ahí el arsenal de mascarillas en la nevera que hace tan feliz a House.

TonyMoly tiene una gama de mascarillas interminable que se pueden adquirir por amazon, Sephora y Primor (donde también ha llegado la fiebre coreana). Algunas cuestan poco más de un euro así que son un capricho de lo más asequible, sobre todo comparado con un tratamiento de cabina. Aún no he probado ni la mitad, pero todo se andará. A hermanísima le puse una de "Panda" muy graciosa, con los rasgos del animal dibujados en el papel y que le gustó hasta el momento en que llegó a casa y debutó con una gastroenteritis (que ya estaba incubando antes de la sesión de belleza). De momento, las que mejor me van, y las más agradables, son la del Gold Snail (caracol) que ya he mencionado, y que viene en sobre monodosis, en una base de gel y es algo más cara que otras de la firma (no sé si cerca de 6 euros) aunque merece la pena probarla, y la Tomatox, que venden en un tarro con aspecto de tomate, por lo que da para muchos usos, y que también calma mi piel de un modo llamativo. Aunque se supone que la Tomatox es para dejarla un rato, la tengo hasta el día siguiente. Es bastante blanca pero procuro no ponerme una capa gruesa y, dado mi tono de piel, ni siquiera House se ha dado cuenta de cuando la llevo.

Terminaré la entrada con un par de trucos útiles:
1. Una gran idea para convertir una crema o un serum (con más concentración de activos) en mascarilla es untar una buena capa sobre el rostro y cubrirla con papel film de cocina durante unos 20 minutos (sin que te vean los niños para no darles ideas, y con agujeros para ojos, narinas y boca, que no es cuestión de convertirse en un precioso cadáver).
2. Mi último truco del día es para la irritación de los párpados (si mi piel es sensible la de los párpados ni os cuento). Para mejorarlo, y disminuir la quemazón y la rojez, basta con pasar un bastoncillo (cuyo uso se limita a cuestiones estéticas, nada de hurgar en orificios) impregnado en un par de gotas de Vispring. En unos segundos se nota el efecto.

Últimamente he hecho toda una investigación sobre maquillajes, productos y trucos, así que ya seguiré con el tema (lo siento por los varones, las mascarillas puede que atraigan a alguno, aunque no a House).

lunes, 20 de julio de 2015

A brochazos (2ª parte)


Nos habíamos quedado en la pregunta de qué pincel usar. Más me vale aclarar ahora que no soy ninguna experta en el arte del maquillaje, simplemente se me ocurrió escribir esta entrada porque maquillarme me distrae, me relaja y me divierte. Me gusta experimentar, no siempre con fortuna. Las brochas, con su cosquilleo y su agradable masaje, contribuyen al placer. No me importa tener que hacerlo por la mañana, no me da pereza, lo considero como unos minutos para mimarme y regodearme en el narcisismo. La verdad es que pintarme no es un capricho, es una necesidad, no podría pasar consulta con mi cara de fantasma recién levantado o los pacientes se asustarían, y ya vienen con bastante miedo en el cuerpo.

La primera regla de oro es que los pinceles sintéticos son para los cosméticos en crema: bases, maquillajes, correctores, etc, y los pinceles de pelo natural se reservan para los productos en polvo. Las marcas de lujo tienen pinceles propios, aunque a precio de marca. En las tiendas de productos de peluquería se encuentran brochas buenas y económicas, e incluso se pueden comprar lotes por amazon. Los sintéticos son baratos, yo uso unos de Better que compré en el Alcampo y estoy encantada con ellos. De pelo tengo de L'Oreal, que salen bastante bien de calidad y precio.

La segunda regla es que los pinceles más pequeños, más apretados o más cortos consiguen mayor definición. Los de mayor tamaño y menos compactos aplican el producto de un modo muy difuso por lo que suelen reservarse para el final: barrer, matizar y polvos sueltos. Personalmente para estos últimos mi preferida es una brocha plana con aspecto de abanico que distribuye los polvos en una capa finísima. Presenta la ventaja de ser más precisa y permitir retoques concretos. Además barre el exceso de maravilla.

A la hora de las correcciones, especialmente en los párpados, va bien contar con unos bastoncillos (y aprovecho para decir que JAMÁS han de usarse en los oídos). Se moja el algodón con una gota de agua micelar desmaquillante y basta con apoyarlo para borrar con precisión, sin necesidad de extender ni presionar, lo que no nos guste. El agua micelar también se emplea para limpiar los pinceles, solo hay que poner un poco en el cuenco de la mano y mojar la punta del pelo, sin llegar a la zona de inserción para que no se pudra. Luego se deja secar. ¿Otro truco? A la hora de trazar líneas bien rectas y definidas nada como guiarse con una tarjeta de visita. Se coloca como si se tratara de una regla y, ya sea con el pincel o con un lápiz, se traza la línea que se desea. Es un truco estupendo para afinar el dorso de la nariz (con el corrector marrón en dos líneas paralelas a lo largo de la longitud del mismo, respetando el centro, en el que se puede aplicar un corrector claro), dibujar el rabillo del ojo, ya sea con sombras o con lápiz, y lograr que quede simétrico en ambos ojos, trazar el arco de las cejas, o marcar la hendidura del pómulo. Por supuesto luego hay que difuminarlo, pero para eso sirven las brochas, que es de lo que estamos hablando.

El maquillaje se puede aplicar directamente con el pincel, usando la zona de pulgar como paleta, o con las manos, como una hidratante o la BB cream. En ese caso me gusta poner un poco en la palma y calentarlo con la otra para luego presionar ambas manos sobre el rostro: mejillas, frente, barbilla, mandíbula y cuello. El calor ayuda a que se funda mejor con la piel. También puede ponerse como la Nivea de las abuelas, con la punta de los dedos se dibujan unos puntos en medio de frente, nariz, mejillas y mandíbula para después extenderlo con un pequeño masaje, ascendente y hacia los lados. Los masajes siempre deben oponerse a la gravedad que, a fin de cuentas, es la fuerza que siempre actúa y hace que, con los años, se descuelgue todo. Antes o después, o antes y después si es preciso, se aplicaría el corrector. Si escoger un maquillaje es complicado, atinar con los correctores es digno de una nominación al Nobel. No solo se trata de unificar sino también de corregir, realzar, iluminar y marcar. Cada acción requiere un tono distinto, más oscuro cuando lo que se pretende es profundizar y más claro para iluminar. En su momento escribí una entrada al respecto aunque desde entonces he descubierto un par de correctores dignos de mención, los de la marca 24 horas, de venta en Sephora, con una cobertura excelente, y el Martiderm DSP, un stick de farmacia especial para aclarar manchas que además tiene protección solar 50+. Supongo que este último me gusta porque además coincide que es mi tono de piel y si lo distribuyo bien no necesito ni maquillaje, me basta con extenderlo con mi brocha mágica. Para fundir base y corrector me gusta mi pincel sintético de Better, compacto y de tamaño medio. Esa misma marca cuenta con un pincel más pequeño, no demasiado, para aplicar el corrector, que también funciona a las mil maravillas. Los pinceles diminutos son para correcciones muy puntuales, como pequeñas espinillas.

Para los coloretes en crema me gusta la brocha de Better que ya he mencionado mientras que en el caso de los coloretes en polvo me decanto por una biselada de L'Oreal que además sirve para definir contornos y que en verano es estupenda para dar un toque de sol con polvos compactos bronceadores en frente, pómulos, cuello y debajo de la mandíbula (un truco que además encuadra el rostro y que mejora la fotogenia). Con los polvos oscuros conviene no olvidarse de añadir un toque de luz, con un corrector o con polvos iluminadores, claros y con algo de brillo, para no apagar el rostro. Se aplican en las sienes, en el canto interno de los ojos, bajo el arco de las cejas y también en el entrecejo. Me gusta hacerlo con el dedo y luego difuminar con una brocha.

Los polvos sueltos son para fijar y se usan después de todos los productos en crema. La excepción es cuando se necesita un extra de corrector en alguna zona. En ese caso conviene fijar lo que ya está puesto antes de aplicar el corrector de nuevo y, finalmente, añadir un extra de polvos. Para esta maniobra la precisión de la brocha de mariposa es impagable.

Para que los labios duren más también es buena idea presionar con el dedo la primera capa de pintalabios. Luego se perfilan y se rellenan con el mismo lápiz perfilador. Si se pretende corregirlos es buena idea cubrirlos de maquillaje antes de empezar a hacer nada, de ese modo se igualarán con el resto del rostro y se notarán menos las correcciones. Siempre conviene subir un poco el arco del labio superior, con ese truco se acorta el espacio nasolabial y se recortan años. Ese es uno de los problemas que tienen las infiltraciones, el labio pesa más y los tejidos no soportan bien ese aumento de peso por lo que el arco cae y la distancia nasolabial se alarga. Por desgracia esa distancia aumentada se traduce en años, justo el efecto contrario del que se pretende. Tras el lápiz se aplica el pintalabios con pincel y se muerde un pañuelo de papel para retirar el exceso. Una capa de polvos muy finos  ayuda a fijarlos y a darles volumen antes de aplicar una nueva capa. Marilyn se aplicaba nada menos que cinco capas de pintalabios, entre las que alternaba una capa de polvos blancos luminosos (similares a una sombra de ojos), que además de fijación les proporcionaba volumen, y para hacerlos más jugosos terminaba con una capa de brillo con una combinación de ingredientes tan exclusiva y secreta que su fórmula aún no ha salido a la luz. Es posible que la guarden en el Pentágono, mezclados con los archivos del presidente Kennedy.

domingo, 19 de julio de 2015

A brochazos: introducción

Silly things do cease to be silly if they are done by sensible people in an impudent way. Jane Austen

En cuestiones de maquillaje el método ensayo y error suele ser el más aplicado para aprender. Por supuesto eso se traduce en fracasos estrepitosos en los primeros intentos. Esa época de pruebas generalmente coincide con la pubertad. Supongo que la edad es una cuestión antropológica, en las tribus indígenas las pinturas son un símbolo más para señalar el paso a la vida adulta. Poco importa que dentro de la civilización no sea el mejor momento. No se sale a cazar leones sino a algún miembro del sexo opuesto. Lástima que los payasos solo atraigan a los chiquillos. Por desgracia en la adolescencia aún se carece de madurez suficiente como para aceptar el fracaso, se hace un mundo de la mayor tontería, y eso a pesar del gran consuelo que suponen los comentarios caritativos del entorno, todo un apoyo.

Desde un punto de vista educativo, hay aspectos en los que esa primera fase se asemeja a las incursiones artísticas de los años de guardería, en concreto la pintura de dedos: una técnica abstracta en la que los contornos se relegan a un segundo plano, o directamente se olvidan, porque lo importante es el color, y cuanto más mejor. La mayor diferencia radica en la actitud con la que los demás contemplan y exhiben esas obras de arte infantiles.

Otro problema añadido es la carencia de medios económicos. Sin más euros que los de la paga resulta casi imposible hacerse con cosméticos propios. No queda más remedio que conformarse con lo que haya por ahí, ya provenga del neceser de mamá o sea un préstamo de amigas más pudientes y adelantadas en la materia. El tono base de la piel no se tiene en cuenta, eso corresponde a un curso avanzado, y de hecho desaparecerá, al igual que los rasgos, bajo capas y capas de maquillaje, sombras estilo mapache, coloretes superpuestos en varios tonos, delineadores y polvos a modo de escayola. El cuello se olvida, no forma parte del rostro. El resultado final es una máscara digna del carnaval de Venecia.

Con el tiempo y la práctica, la técnica mejora. Es cuestión de entrenamiento, lo mismo le sucede al niño, según progresa aprende a usar los lápices para trazar figuras y a colorear sin salirse de los bordes. Se consigue colorido propio, adaptado al tono y tipo de piel. Lograr dar con la base más adecuada es toda una ciencia, la piel del rostro con frecuencia no es homogénea y se trata de conseguir que lo parezca. Hay que preparar el lienzo antes de iniciar el cuadro. A la hora de decantarse por un tono hay que tomar como referencia el de todo el cuerpo, especialmente el del torso. La zona de unión entre cuello y mandíbula, un poco por delante del lóbulo de la oreja, suele ser un buen lugar para probar como nos sienta un determinado maquillaje. El propósito es unificar ambos, de ese modo nos aseguramos un resultado lo más natural posible, sin líneas, ni máscaras.

Con el paso de los años el arsenal de pinturas y utensilios de aseo de una mujer poco tiene que envidiar al de Picasso. ¿Cómo usarlo todo sin terminar igual que un cuadro cubista? La respuesta es el fundido. La ayuda viene en forma de brocha... pero por desgracia hay todo un surtido de tamaños, materiales y formas. Una vez tenemos el lienzo y la paleta, con toda la gama de colores y sus mezclas, nos encontramos con un terrible dilema: ¿con qué pincel empezar?

(Continuará en la próxima entrada, la he dividido porque quedaba demasiado larga)

lunes, 18 de mayo de 2015

Celebración maquillada


I was wise enough never to grow up, while fooling people into believing I had. Margaret Mead.

En una de nuestras últimas reuniones, mi amiga del cole me comentó que deseaba aprender algunos trucos de maquillaje. En esa ocasión habíamos quedado para comer en el Barrio de Salamanca. Es cierto que por esa zona no faltan centros de estética y era fácil contentarla, una tarde de cuidados en la que otros hacen el trabajo de ponerte guapa mientras tú te relajas siempre es de lo más apetecible. Sin embargo mi amiga tan solo aspiraba a una clase de iniciación y el plan de sesión de belleza y compra de cosméticos por esos lares presentaba un pequeño inconveniente: el precio.
- Mejor quedamos un día que House esté de guardia, comemos en un sitio chulo y luego te vienes a casa y experimentamos.
Ese plan sonaba tan atractivo como el anterior, incluso más divertido. Mi amiga accedió encantada. El prescindir del pobre House, y sacrificarle a padecer una guardia, no era porque pretendiera ocultarle información, sino por puro sentido práctico. Para ensayar pinturas de guerra no conviene andar cerca de ningún sioux y menos si éste no muestra afición a las plumas ni a los mejunjes. Mi chamán no fuma la pipa de la paz y, a pesar de ello, cuando se le provoca, es capaz de lanzar mensajes de humo por las orejas. Llegado el caso no se necesita un traductor para entenderlos, alejarse un poco es lo mejor para no quemarse.

En un mediodía de calor infernal, en la semana postcumpleaños, nos fuimos a comer a Fishka, un ruso al lado del auditorio. A 38 grados en la calle no habían tenido mejor idea que abrir el ventanal para ¿ventilar? el local. No entraba ni una brizna de aire pero sí todo tipo de pólenes de mayo. La comida estaba deliciosa, a pesar de los sudores y los estornudos. Repusimos líquidos con dos litros de agua. El postre, un flan de queso con tierra granulada de chocolate y merengue de cítricos, nos compensó por aquella sauna. ¿Otra ventaja? Nos ahorramos la fase de abrir los poros para la limpieza de cutis.

Unos algodones empapados en agua micelar remataron la fase de limpieza. Empezaba la preparación de la piel, lo que se traduce en aplicar una crema en rostro y contorno de ojos que evita que el maquillaje se deposite en las grietas y marque las arrugas. Mi amiga es más morena que yo, lo que no es difícil, así que escogí productos acorde a su piel para no convertirla en un fantasma. Afortunadamente cuento con un arsenal de muestras en casa, suficientes para dar, tomar y regalar (hermanísima suele ser la principal beneficiada de mis ataques de desprendimiento). En este país las muestras no se hacen con las aspiraciones a palidez de las japonesas en mente y, gracias a eso, disponía de una amplia variedad de tonalidades a escoger (aunque personalmente ninguna me valga).

Empezamos por un corrector asalmonado que compré por error porque descubrí, a posteriori, que para mí resultaba demasiado oscuro. Sin embargo es un color perfecto para cuando las ojeras tiran a oliváceas, las contrarresta. Esos correctores intensos no son para usarse solos, necesitan matizarse con correctores-maquillaje, de un tono similar a la piel, que además sirven para cubrir manchas.

En esta fase, o ya al final, se puede corregir la nariz. Lo más interesante es afinar el dorso, las narices finas son mucho más discretas, aunque sean grandes, que las anchas. Para ello hay que trazar una línea con un lápiz marrón medio que siga el arco de las cejas y se continúe por la línea de medio perfil del dorso de la nariz. Se repite en el otro lado. Luego se difumina hacia los laterales para que no se vean los trazos. En la zona central se marca una raya muy fina, vertical, con un pincel y un corrector claro. Por supuesto también se difumina.

Según los eventos, las necesidades y las preferencias de cada uno, se puede optar por una hidratante con color, una BB o CC cream, o un maquillaje más o menos cubriente en la misma gama que la piel, al menos si no se pretende salir con una máscara digna del carnaval de Venecia. La manera de extenderlo va en gustos: dedo, pincel, esponja... Lo que sí que es fundamental es aplicar una capa ligera de polvos, sueltos o compactos, para fijarlo todo y apagar brillos. Conviene retirar el exceso con una brocha. No hay que olvidarse nunca del cuello. También hay que empolvar la zona de los ojos para que no se corra el corrector y, de paso, salpicar algo de polvo sobre las pestañas que contribuirá a su volumen.

Levantar las pestañas con un rizador agranda y levanta la mirada. No es una maniobra traumática y el efecto se nota incluso sin maquillar. Últimamente descubrí el "delineado invisible" que no consiste más que en dibujar una línea muy fina, con un lápiz de ojos negro, resistente al agua, a ras del borde interno de las pestañas superiores, no por toda la línea de agua sino solo a ras. El ojo se abre, se enmarca y las pestañas parecen mucho más largas. La gran ventaja es que la mirada no gana dureza, como sucede con la raya tradicional en el párpado.

Siempre defiendo que una capa de máscara es uno de los mayores aliados de la mujer, aunque algunas tienen la suerte de contar con pestañas fuertes, densas, largas y oscuras de manera natural. Si no es el caso, la máscara subsana ese problema sin dificultad. No se precisa demasiada técnica aunque sí hay algunos trucos:
- Si se desea más volumen, aplicar un poco de polvo (del rostro) con un pincel pequeño, en la base de las pestañas (no en la punta porque se formarían grumos) y luego aplicar el rimel. No hacer esto tampoco con las nuevas máscaras con microfibras porque se apelmazarían con los polvos.
- Si se quiere dar una segunda capa, conviene esperar a que la anterior se seque, con unos 30 segundos basta y sobra. Se puede repetir el empolvado anterior si se desea.

El color de la sombra se puede coordinar con el color de la ropa, lo que da más juego que si se ajusta al del iris. Un toque claro en el centro del párpado dará luminosidad a la mirada. Otro, debajo del vértice del arco de la ceja, la levantará. También va bien aplicar un poco en la sien para que el rostro gane luz. Cuidado con los marrones, en exceso avejentan, lo ideal es combinarlos con dorados, cobrizos y rosas.

No hay que olvidarse de perfilar los labios, el contorno se pierde con la edad con lo que el marcarlo contribuye a la juventud del rostro. Suele ser mejor delinear por fuera, unos labios carnosos son más atractivos que unos finos. Hay que tener cuidado en los extremos para que la línea no supere la comisura. Se debe usar un tono carne, sobre todo si el pintalabios es un simple brillo, o del mismo tono que la barra, en cuyo caso conviene no limitarse a los bordes sino rellenar todo el labio con trazos verticales. Nunca usar un perfilador marrón oscuro, como si fuese un tatuaje, no solo resulta de lo más falso sino que en algunos casos incluso produce un efecto indeseable semejante al de un bigote.

jueves, 26 de marzo de 2015

Cúrcuma

La luz del despertador está rota, se recuperó durante unos días pero esta mañana ha vuelto a las andadas. Podía esperar a que sonara para levantarme pero ¿y si no me volvía a dormir? ¿Cuánto tiempo iba a estar dando vueltas y más vueltas en la cama? Ante la duda he estirado el cuello para leer la hora en la pantalla del teléfono de la mesilla. Según su lectura, faltaban unos minutos para que saltara la alarma. Mejor sacudirse la pereza y empezar a funcionar. 

La casa estaba a oscuras. He cogido mi reloj de pulsera y, ¡oh, sorpresa!, el inalámbrico me la había vuelto a jugar. Lo había puesto en hora dos veces en los últimos dos días. Quizá la primera vez me faltase algún paso pero estaba convencida de no haber cometido ningún fallo en el segundo intento. No contaba con que el aparato tuviese ideas propias. Al parecer mi ajuste no le gustó y, al dejarlo de nuevo en el pedestal, recuperó su horario original, con una hora de adelanto sobre el oficial. ¿Quién no se alegra al descubrir que dispone de tiempo extra?

Volver a la cama no tenía sentido, me arriesgaba a despertar a House. Sólo su despertador posee el valor suficiente para cumplir esa tarea cada mañana. Una vez soltados los primero gruñidos del día, y cuando los cajones del pobre armario han recibido su dosis matutina de golpes, es seguro acercarse al bello durmiente para darle el beso de buenos días. 

El espejo del baño mostraba unas ojeras de impresión. Con tanto tiempo por delante ¿por qué no probar algún truco para disimularlas? De repente se me encendió una bombilla en el cerebro. A esas horas lo más sensato habría sido apagarla pero, entre sueños, todas las ideas parecen buenas, así que ¿por qué no? 

¿Dónde había leído yo que la cúrcuma desvanecía las manchas y daba luminosidad a la piel? Después de usarla en la cocina me consoló averiguar que, al menos, tenía un uso cosmético. Una lástima que no me acordase del resto de los ingredientes de la mascarilla. Tendría que improvisar. 

¿Miel, aceite, limón? No, definitivamente no lo recordaba. No era cuestión de montar un laboratorio a esas horas de la madrugada y me decanté por algo sencillo. Puse un buen montón de polvos de cúrcuma en la palma de la mano y le añadí un chorro de crema hidratante. Lo mezclé bien. El color era algo fuerte pero no tanto como para disuadirme de mis propósitos. Más feliz que una perdiz me unté bien aquel preparado por el rostro. Froté a conciencia para que hiciese efecto. En el espejo mis ojeras dejaron de ser el rasgo más llamativo. 

La cúrcuma es el ingrediente que le da al curry su intenso color amarillo. Mi piel se tiñó igual que los alimentos. No había razón para preocuparse. Una buena dosis de limpiadora seguro que obraba el milagro definitivo. Por desgracia mis cremas no han sido bendecidas con poderes mágicos y el tinte se quedó donde estaba. Una segunda limpieza no mejoró mucho más las cosas. 

Menos mal que las mujeres disponemos de un arsenal de productos de maquillaje. Sin duda iba a necesitarlos todos. Empecé por el corrector. En vez de maquillaje, opté por una BB cream. Craso error, demasiado ligera. Todo lo arreglaría una buena capa de polvos. Quizá una segunda capa... Bajo la luz del baño se veía algo mate pero no tenía mala pinta. Faltaba el colorete, seguro que así terminaba de contrarrestarlo. Máscara, pintalabios... Era hora de salir. 

La entrada en el ascensor fue triunfal. El foco me iluminó de pleno, lo sé porque me vi en el espejo nada más abrir la puerta. Si no hubiese sido por la hora, habría dado media vuelta para regresar a casa. Me armé de optimismo. Quizá fuese culpa de la bombilla. Esperaría a emitir un dictamen hasta verme bajo la luz natural. El momento de la verdad llegó en el primer semáforo. 

Definitivamente hay excepciones para todo, incluso para el uso del burka, y sin duda habría agradecido tener uno a mano en el trayecto al hospital. No me miré más en el espejo retrovisor, ojos que no ven..., pero mis manos en el volante, teñidas del mismo tono amarillo que mi cara, delataban mi hazaña. 

Entré al hospital por una de las puertas laterales, subí por los escaleras encomendándome a todos los santos para no cruzarme con nadie. En la consulta, unas gasas empapadas en la solución hidroalcohólica del lavado de manos (que también las despelleja) devolvieron a mi piel su palidez habitual. ¡Ufff! Delante de los pacientes mejor parecer un fantasma que un Simpson. 

martes, 24 de febrero de 2015

El rizador errante


¡Hasta House se ha visto influenciado por los anuncios de máscaras que prometen pestañas como mariposas! Hace unos días me comentó que mis pestañas eran bastante largas pero que quedarían mejor si las abría hacia los lados. ¡Cómo si fuese algo tan sencillo!


Aún así me esforcé por complacerle. No tengo las pestañas de hermanísima, y que han heredado las sobrinas, que son largas, oscuras, espesas y gruesas. Las mías son solo largas pero claras y finas. Es una suerte que exista la máscara y, después de años de uso, puedo certificar que algunas hacen milagros. Mi favorita, la máscara extensión de La Roche-Posay, es todo un hallazgo: hipoalergénica, testada en ojos sensibles y guarda una estupenda relación calidad precio. Lo ideal es combinar una máscara densificante con una alargadora, dejando secar entre capa y capa, pero a mí me basta con la que he nombrado.

Lo de abrir las pestañas como alas no depende de la pobre máscara sino que esa función le incumbe al rizador. Tengo uno que venía incluido en un estuche de manicura, regalo de Juteco. Creo que el rizador y las tijeras es lo único que he llegado a usar del susodicho estuche. Me he acostumbrado a llevar las uñas cortas y sin pintar, es lo más práctico para las cirugías, y enseguida noto cuando crecen. Se me ocurrió pintármelas en una ocasión y duraron lo que tardé en regresar de la compra. Me pase el camino con la sensación de llevar yeso pegado en las manos, fue algo incomodísimo, no veía el momento de deshacerme del dichoso esmalte.

Tras la petición de House, ¿qué mejor pretexto?, decidí comprarme un rizador en condiciones. Después de investigar opiniones por internet, opté por el de MAC. Contaba con la ventaja, que también valoré, de que la tienda me pillaba a tiro de piedra. Quizá la distancia al centro de ventas no sea un criterio de calidad al uso, pero es fundamental desde el punto de vista práctico. Me acerqué al Corte Inglés y, en menos de cinco minutos, ya me había hecho con mi rizador en el stand de MAC.

Ya que estaba en el Corte Inglés... ¿Por qué no dar una vuelta para investigar lo ultimísimo de las rebajas y, entre medias, ojear los avances de temporada? Procuraría no picar. Sé que suena contradictorio, acercarse a la tentación con la intención de no caer en ella, pero el caso es que la tentación estaba demasiado cerca y una es débil, tanto que ni siquiera pensé en alejarme.

Recorrí las distintas boutiques, examiné los percheros e incluso me probé un vestido-sudadera. El recuerdo de mi visita al barrio de Salamanca actuó de revulsivo y no compré nada: todo me pareció bastante vulgar, carente de originalidad y de calidad dudosa. Mejor así, en mi armario no hay hueco (aunque sé que las sobrinas se prestarán encantadas a ayudarme a hacer un poco de espacio).

Tenía que ir a la mercería a por unas cintas. Al dejar el abrigo sobre el mostrador, me di cuenta de que no llevaba mi bolsa de MAC. En algún punto había perdido mi rizador no estrenado. ¡Qué catástrofe! Convencida de que había sido en el probador, regresé. No estaba. Hice memoria y me acordé de que había apoyado la bolsa en una repisa para mirar unas camisetas. Sí, seguro que había sido entonces. Me encaminé hacia los estantes y allí solo estaban las camisetas. Pregunté a la dependienta.
- Disculpa, ¿no habrás encontrado una bolsa de MAC?
- Pues sí. La acabo de dejar en Atención al cliente.
- ¡Ufff! Mil gracias.

El Corte Inglés estaba vacío en general, sin embargo descubrí que el público se concentraba en Atención al cliente. Afortunadamente los de la cola fueron muy amables. Les comenté que sólo quería recoger una bolsa olvidada y me dejaron colarme. Mientras esperaba a que terminaran de atender a la señora con la que estaban, me dediqué a escudriñar el terreno en busca de mi rizador. Lo descubrí abandonado sobre una silla. Cuando me atendieron les dije lo que contenía la bolsa y me la devolvieron al instante. Para evitar nuevos desastres, regresé a casa.

Por cierto, mis pestañas no se han transformado en abanicos pero el efecto del rizador es muy bonito.