En cualquier artículo de dietética uno de los aspectos en lo que hacen más énfasis es en los alimentos integrales, el que los cereales conserven su fibra hace que no solo sean beneficiosos para el tránsito intestinal sino para mantener los niveles de azúcar e insulina en sangre y, por tanto, para saciar el hambre durante más tiempo y controlar el peso.
Hace tiempo se me ocurrió la brillante idea de comprar arroz integral, pensé que sería más sano que el arroz blanco y que vendría bien para acompañar algún guiso. Aquel experimento concluyó al cabo de una hora, tiempo que tardó aquel arroz en cocerse, que no en ablandarse, la consistencia resultó algo chiclosa, pero tolerable. Los restos de aquella primera bolsa de arroz terminaron en la olla superrápida, en la que en solo 15 minutos conseguí un mejunje masticable, pero a partir de entonces opté por el arroz integral en vasitos, que solo necesitan un minuto en microondas.
El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y mi optimismo no me salva de verme incluida entre los animales del proverbio. No hace mucho, me encontré en el estante de arroces del Alcampo, una caja de arroz rojo integral marca Gallo con un bocadillo en el que se leía ¡listo en 20 minutos! Ilusa de mí, me lo creí y compré la caja.
Suelo guardar las salsas de los guisos que me sobran para aprovecharlos con pasta, albóndigas o algún invento. En esta ocasión el invento fue un risotto, pero cuando miré en la despensa no tenía arroz normal, así que ¿por qué no probar el arroz rojo?
House debía andar más prevenido que yo y se preparó un aperitivo con un puñado de frutos secos y una cerveza bien fría, sin embargo, a pesar de sus reticencias, no contaba con que le diese tiempo a hacer la digestión del tentempié. Empecé el risotto, calenté los líquidos y los añadí poco a poco a la sartén mientras revolvía de vez en cuando el arroz, para darle cremosidad según las recetas. Un rato después, me aburrí, hacía demasiado calor para estar encima del fuego, con lo que cubrí el arroz con caldo, puse en marcha el reloj y me despreocupé (con nuestro reloj de cocina no hay cuidado de que nada se te olvide, conviene tener la precaución de cerrar las ventanas antes de conectarlo para evitarles infartos a los vecinos). Cuando la alarma sonó, corrí a apagarla (antes de ser yo la víctima del infarto) y comprobé el arroz: seguía a punto de piedra. Removí, añadí líquido y volví a encender el reloj para otros diez minutos (no fuese a pasarse). Repetí la operación dos veces antes de que House me preguntara cómo iba eso.
-¿Estás seguro de que quieres risotto para la comida de hoy?- le contesté desesperada.
- Exagerada, seguro que no es para tanto.
Aclararé que a House no le gustan ni el arroz ni la pasta al dente, sino bien tierno y nada crujiente.
- Pruébalo y compruébalo.
- ¡Vaya!, sí, parece que aún le falta un rato.
Seguí con mis intervalos de 10 minutos, tendría que darle una oportunidad, quizá con un par de ciclos la cosa cambiara. Tosté pan y corté un poco de queso canario para amenizar la espera, y calmar al gusanillo del hambre que, con el paso de las horas, amenazaba con convertirse en toda una anaconda.
A las dos vueltas de reloj le siguieron otras dos, subí el fuego, puse más agua, y más reloj, y más, y más, y así hasta que perdí la cuenta. Pensé en otras opciones de menú, pero House estaba dispuesto a esperar... ¿hasta el día siguiente?, al ritmo que iba aquello, no me extrañaría. Casi era la hora de la merienda cuando al fin nos sentamos delante de aquel risotto, integral y sano, y aún de consistencia firme, con la esperanza de que nuestros jugos gástricos, con la ayuda de todas sus enzimas digestivas fuesen capaz de procesarlo (al pobre House le costó lo suyo). No dudo que sea un alimento fantástico para las dietas, dada la experiencia no creo que sea posible digerir más de una ración al día y, además, si esa es la perspectiva de menú, seguro que a más de uno se le quita el hambre.
PS: El resto del arroz lo metí en la olla superrápida, tras quince minutos a plena potencia (dos anillos) quedó blando y algo gomoso, se diría que en la consistencia perfecta de un tierno risotto, y durante unos días ha sustituido a mis cereales del desayuno, que de algún modo había que aprovecharlo.
"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que cada uno pueda encontrar la suya." El Principito.
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viernes, 23 de junio de 2017
martes, 25 de agosto de 2015
Bizcocho de yogur
Tengo debilidad por los bizcochos, no sé si de nacimiento o como secuela de las visitas a Canena de mi infancia, donde las chachas sacaban bandejas de lo que ellas llamaban magdalena, una plancha de bizcocho de aceite, para agasajar a las visitas. Estaba tan rico que, cinco casas después, con sus correspondientes trozos de bizcocho, seguía sin poner ningún reparo a cumplir con las normas de educación y me tomaba mi trozo de magdalena correspondiente. Si de regreso a la Granja la abuela había preparado la cena, y especialmente cuando se trataba de filetes rusos, también le hacía los honores. Por aquel entonces era una preadolescente y en esa época era capaz de comerme una vaca y rebañar los cuernos.
¿Bizcocho? ¿Magdalena? En realidad no encuentro grandes diferencias entre ambos, salvo la cesta de papel y la presentación individual. Recuerdo que mi tía Lucky compraba unas magdalenas en la tienda de abajo. Venían en una bolsa transparente con letras azules y eran artesanas y locales, de unas monjas, y sabían tan deliciosas como el bizcocho canenero. Con esfuerzo limitaba mi dosis a cuatro unidades en el desayuno, eran magdalenas, no mojicones, aunque con gusto me habría tomado la bolsa entera. Mi sacrificio no servía de nada bajo el juicio implacable de la tita (sin)Virtudes que, con su bata negra y su gesto de amargura, me recordaba a un ave carroñera, siempre pendiente de lo que hacía y dejaba de hacer para fiscalizarlo, chivarse, quejarse y regañarme por ambas cosas. No es que tuviese su opinión demasiado en cuenta ya que la tita sin Virtudes criticaba hasta a mi perfecta tía Lucky y semejante falta de criterio la desacreditaba por completo ante mis ojos. Sin embargo tener a alguien que vigilaba cada uno de mis pasos, incluso en el baño, me resultaba enervante. Sé que no está bien criticar a los mayores, ni de niños ni después, pero cuando pienso en la Inquisición a la que sometía a todo el mundo aquella vieja imposible aún me enciendo. ¡Con qué gusto le habría preparado un chocolatillo! Por mucho que me esmere, no creo que nunca alcance el nivel de tolerancia de mis tíos.
En Canena el bizcocho no se hacía con yogur, esa variedad la descubrí después, cuando nos fuimos a vivir a Madrid. Lo preparaba una vecina y solía subirnos alguno a casa. Usaba yogures de sabores, prefería limón pero si lo que tenía era fresa también le valía (y a mí también). Es la misma receta que encontré en el blog de pasteles de colores. En el mismo blog descubrí una versión sin aceite, más ligera, que no conocía y que también transcribo.
BIZCOCHO DE YOGUR TRADICIONAL
INGREDIENTES
¿Bizcocho? ¿Magdalena? En realidad no encuentro grandes diferencias entre ambos, salvo la cesta de papel y la presentación individual. Recuerdo que mi tía Lucky compraba unas magdalenas en la tienda de abajo. Venían en una bolsa transparente con letras azules y eran artesanas y locales, de unas monjas, y sabían tan deliciosas como el bizcocho canenero. Con esfuerzo limitaba mi dosis a cuatro unidades en el desayuno, eran magdalenas, no mojicones, aunque con gusto me habría tomado la bolsa entera. Mi sacrificio no servía de nada bajo el juicio implacable de la tita (sin)Virtudes que, con su bata negra y su gesto de amargura, me recordaba a un ave carroñera, siempre pendiente de lo que hacía y dejaba de hacer para fiscalizarlo, chivarse, quejarse y regañarme por ambas cosas. No es que tuviese su opinión demasiado en cuenta ya que la tita sin Virtudes criticaba hasta a mi perfecta tía Lucky y semejante falta de criterio la desacreditaba por completo ante mis ojos. Sin embargo tener a alguien que vigilaba cada uno de mis pasos, incluso en el baño, me resultaba enervante. Sé que no está bien criticar a los mayores, ni de niños ni después, pero cuando pienso en la Inquisición a la que sometía a todo el mundo aquella vieja imposible aún me enciendo. ¡Con qué gusto le habría preparado un chocolatillo! Por mucho que me esmere, no creo que nunca alcance el nivel de tolerancia de mis tíos.
En Canena el bizcocho no se hacía con yogur, esa variedad la descubrí después, cuando nos fuimos a vivir a Madrid. Lo preparaba una vecina y solía subirnos alguno a casa. Usaba yogures de sabores, prefería limón pero si lo que tenía era fresa también le valía (y a mí también). Es la misma receta que encontré en el blog de pasteles de colores. En el mismo blog descubrí una versión sin aceite, más ligera, que no conocía y que también transcribo.
BIZCOCHO DE YOGUR TRADICIONAL
INGREDIENTES
1 yogur natural, griego o de sabores.
2 vasos de yogur de azúcar.
3 vasos de yogur de harina de repostería.
3 vasos de yogur de harina de repostería.
4 huevos.
½ vaso de yogur de aceite de oliva virgen extra.
Un sobre de levadura Royal.
Opcional: ralladura de naranja o limón, canela u otro aroma.
Opcional: ralladura de naranja o limón, canela u otro aroma.
PREPARACIÓN
Mezclar todos los ingredientes con una batidora de varillas.
Verter la mezcla en un molde untado de aceite o mantequilla y enharinado.
Meter en el horno precalentado a 180º, durante unos 25 minutos.
Comprobar si está hecho (pinchar el centro y comprobar que sale limpio) y enfriar sobre una rejilla.
BIZCOCHO DE YOGUR LIGERO, SIN ACEITE
INGREDIENTES
1 yogur
70 gr harina fina de repostería y 1 sobre de levadura Royal
4 huevos, separar yemas y claras
40 gr de azúcar
ELABORACIÓN
Mezclar el yogur con las yemas
Añadir la harina con la levadura. Tamizar para quitar grumos. Mezclar, no batir.
Montar las claras a punto de nieve con 3 gotas de vinagre.
Añadir el azúcar en forma de lluvia para que no se baje el merengue.
Mezclar el merengue, en 3 veces, con la mezcla de yemas, yogur y harina.
Poner la mezcla en el interior de un molde forrado con papel de horno, sin engrasar ni enharinar.
Cocer a horno precalentado a 160º, unos 70 minutos
Sacar del horno. Enfriar boca abajo sobre una rejilla para que el bizcocho se mantenga alto.
Desmoldar frío (pasar un cuchillo por los bordes para separarlo del molde)
BIZCOCHO DE YOGUR LIGERO, SIN ACEITE
INGREDIENTES
1 yogur
70 gr harina fina de repostería y 1 sobre de levadura Royal
4 huevos, separar yemas y claras
40 gr de azúcar
ELABORACIÓN
Mezclar el yogur con las yemas
Añadir la harina con la levadura. Tamizar para quitar grumos. Mezclar, no batir.
Montar las claras a punto de nieve con 3 gotas de vinagre.
Añadir el azúcar en forma de lluvia para que no se baje el merengue.
Mezclar el merengue, en 3 veces, con la mezcla de yemas, yogur y harina.
Poner la mezcla en el interior de un molde forrado con papel de horno, sin engrasar ni enharinar.
Cocer a horno precalentado a 160º, unos 70 minutos
Sacar del horno. Enfriar boca abajo sobre una rejilla para que el bizcocho se mantenga alto.
Desmoldar frío (pasar un cuchillo por los bordes para separarlo del molde)
martes, 4 de agosto de 2015
Patés de mar
Las siguientes recetas son cortesía de una de las auxiliares del hospital, un encanto además de una verdadera cocinillas. Son ideas ricas y muy socorridas, para apañar unos aperitivos rápidos o, simplemente, para rellenar unos sandwiches para una cena sin complicaciones.La compleja elaboración de todos estos patés consiste en abrir las latas, con cuidado de no cortarse ni lesionarse, escurrirlas sin mancharse, poner los ingredientes en un vaso de batidora sin derramarlos por el camino y batir bien para mezclarlos. ¡Ufff! No exagero, lograr hacer todos los pasos sin incidentes no está al alcance de todos. Para los menos duchos, una bayeta y un delantal son armas que evitan o solucionan muchos estropicios. Según House también es bueno contar con duendes en la casa que recogen sin que te des cuenta, aunque por lo que sé no todas las casas cuentan con uno. ¡Una lástima!
PATÉ de MEJILLONES
Ingredientes
4 quesitos o 100 gr de queso Philadelphia
2 latas mejillones en escabeche bien escurridos
2 latas atún natural (también escurridos) y preferiblemente bajos en sal.
Elaboración
Batir y untar según las instrucciones expuestas en la introducción. Es importante seguir todos los pasos.
PATÉ de SARDINAS 1
Ingredientes
4 quesitos o 100 gr de Philadelphia (puede ser Light)
2 latas sardinas en aceite (escurridas y limpias)
120 gr pimientos del piquillo asados y escurridos
Elaboración
¿De verdad es preciso repetirlo?
PATE de SARDINAS 2
Ingredientes
2 latas de sardinillas en aceite de oliva (escurridas y limpias)
1 manzana verde (pelada, cortada y pasada por el microondas un par de minutos para ablandarla y hacerla más cremosa)
1 cucharada de azúcar
2 cucharaditas de mostaza a la antigua
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
1/2 cebolleta pequeña
El zumo de medio limón
Elaboración
Por si acaso: Batir todos los ingredientes. Servir sobre tostas de pan.
PATÉ DE PESCADO (para quedar bien)
Ingredientes
1 lata de sardinillas con tomate
1 lata de caballa en aceite
1 lata de mejillones en escabeche
6 anchoas remojadas en leche
2 quesitos o 50 gr de Philadelphia
Preparación
1. Limpiar las sardinillas, escurrir la caballa y los mejillones.
2. Poner las anchoas en leche durante 5 minutos para quitar el exceso de sal. Escurrir.
3. Batir todos los pescados junto con los quesitos durante unos minutos. Quedará espeso.
Emplatado (ya hemos dicho que esta versión es para quedar bien, así que va con emplatado incluido)
4. Untar un aro de emplatar con aceite de oliva virgen extra. Apoyarlo sobre un trozo de plástico y rellenar con el paté. Taparlo con otro trozo de plástico, procurando que no quede aire entre medias para que no se reseque.
5. Congelar 10 minutos antes de servir para que mantenga la forma.
6. Desmoldar con cuidado y retirar los plásticos. Servir en un plato con tostas.
lunes, 8 de junio de 2015
Cocina escandinava
Durante una temporada seguí un blog muy interesante, Nordic Thoughts, en el que su autora compartía tradiciones de los países nórdicos. Me chocó descubrir que esperaba la llegada de la primera nevada como agua de mayo. Suponía que por esos lares debían de acabar hartos de frío y nieve, y de las complicaciones que conlleva para la vida diaria. Al parecer no era así, el encanto de la nieve compensaba sus inconvenientes.Era un blog muy bonito. Aputsiaq Mette, su autora, nombre que ya en sí significa nieve, lo ilustraba con antiguas postales de la región o con imágenes de ilustradores locales famosos como Tenggren (que trabajó para Disney), Elsa Bescow, John Bauer (y sus trols)... Hablaba además de artesanía y arte, la pintura escandinava es intimista y nostálgica, en ocasiones triste. Ese blog dejó de existir, Aputsiaq perdió su entusiasmo por él, pero afortunadamente guardé alguna de las recetas típicas que he rescatado para esta entrada. No sé cuánto tiempo hace que no escribo alguna receta.
SHARLOTKA DE MANZANA
(En realidad este plato no pertenecería al grupo de recetas escandinavas sino eslavas, pero mi amiga Betty, que vive en Malmö, lo preparó durante su estancia en España, por lo que lo he incluido en esta categoría)
Ingredientes
Mantequilla para engrasar el molde
6 manzanas ácidas y grandes, tipo Granny Smith
3 huevos grandes
1 vaso (200 gr) de azúcar granulado
1 cucharadita de extracto de vainilla
1 vaso (125 gr) de harina, se puede sustituir la mitad por almendra molida.
Canela y azúcar glas para terminar
Preparación
Precalentar el horno a 180º.
Cubrir el fondo de un molde con papel de horno y engrasar con mantequilla el papel y las paredes del molde.
Pelar y cortar las manzanas en trozos medianos. Amontonar los trozos en el molde.
batir los huevos con el azúcar hasta montarlos. Añadir la vainilla. Incorporar la harina poco a poco. Quedará una mezcla muy espesa que hay que extender y presionar con una cuchara sobre las manzanas hasta cubrirlas por completo.
Cocer durante 55 a 60 minutos, hasta que al pincharlo salga limpio.
Enfriar en el molde sobre la rejilla unos 10 minutos, luego desmoldar y espolvorear con azúcar y canela.
Servir templado o frío, con o sin nata o helado.
Ingredientes
300g (1 1/2 cup) patatas machacadas, templadas o frías.
100g (3/4 cup) harina integral de espelta o de centeno
1 huevo grande
1 pizca de sal
Preparación
1. Calentar el horno 220C/428F.
2. Mezclar todos los ingredientes en un bol y dividir la masa en 4 porciones.
3. Colocar las porciones sobre una bandeja de horno cubierta con papel. Aplastarlas con las manos enharinadas.
4. Pinchar con un tenedor y cocinar unos 15 min.
5. Servir templadas con mantequilla, queso fresco y salmón con eneldo.
BIZCOCHO FILANDES o Åland Pancake (típico de las islas Åland, en el mar Báltico, entre Suecia y Finlandia)
2 dl (4/5 cup) sémola (o en su defecto, arroz)
1 dl (2/5 cup) harina
1 litro (4 1/4 cups) leche entera
2 o 3 huevos
1 cucharadita sal
1 dl (2/5 cup) azúcar
2 cucharaditas de cardamomo
Calentar la sémola o el arroz con la leche hasta que se ablande. Dejar enfriar.
Mezclar los huevos con el azúcar, la sal y el cardamomo y añadir la mezcla a la semola.
Verter la mezcla en un molde engrasado y disponer por encima unos trocitos de mantequilla.
Cocina de 50 a 60 minutos a 200º C, hasta que se dore.
Servir frío o con nata y mermelada de frutos rojos u otra compota de frutas.
miércoles, 8 de abril de 2015
Variaciones sobre las Torrijas
¿A quién no le gustan las torrijas? Aunque sería mejor preguntar ¿qué torrijas os gustan? Las de hermanísima son deliciosas aunque aún estoy esperando las de este año, se lo recuerdo por si acaso se ha olvidado de su hermana "favorita".
A pesar de haber tenido que sacrificarme sin las de hermanísima, eso no significa que me haya resignado a pasar la Semana Santa castigada sin este postre. Mención especial se merecen las de mi encantadora vecina de arriba que bajó una tarde antes de vacaciones a que le firmase un ejemplar de "Paloma" y, de paso, nos trajo de regalo unas torrijas buenísimas de las que dimos buena cuenta en la cena. Da gusto cenar así, de caprichos inesperados.
En el hospital procuramos hacer una pausa para tomar un tentempié a media mañana. Son unos minutos en los que tomamos fuerzas y nos cuidamos en lo posible. En ocasiones son los pacientes los que nos cuidan y nos deleitan con sus especialidades culinarias. Se dice que a los hombres se les conquista por el estómago y doy fe de que a los galenos también. En el servicio contamos con un par de auxiliares cuyas torrijas se han ganado una más que merecida fama y, para innovar sobre la receta habitual, una de ellas las ha preparado este año rellenas con un poquito de crema pastelera.
Conviene conocer algunos trucos con los que arreglar, muy fácilmente, unas torrijas que no terminan de convencer: que están algo secas, pues se carga leche en una jeringa, bastan unos 10 ml por torrija, y se inyecta en varios puntos en el interior de la miga. Si el problema es la falta de dulzor, solo hay que espolvorearlas con un poco más de azúcar (idem si se prefieren con más canela). Más difícil es solucionar el exceso de dulzor, se puede probar a inyectarles leche para ver si así expulsan almíbar pero, a veces, ni por esas, así que es mejor que pequen por defecto que por exceso.
Es un postre que admite un millón de variantes. Permiten usar cáscara de naranja en vez de limón para darles un toque diferente, bañarlas en chocolate fundido, untarlas de Nutella, cubrirlas con toffee en vez de azúcar o sustituir la leche por horchata o por vino. Hay restaurantes italianos en las que, en lugar del pan, utilizan panettone. Esta Semana Santa las hemos probado de sobao pasiego en el restaurante Conlaya (imaginad un postre de lo más light: medio sobao mojado en leche, rebozado en azúcar y caramelizado en la plancha acompañado de un helado delicioso del que no tengo la receta, el aspecto era de vainilla o mantecado pero el sabor recordaba al del sobao).
No en todas las pastelerías se reservan las torrijas para esta temporada. Una amiga mía compra unas, poco después de las vacaciones de Navidad, en una pastelería de la C/ Francos Rodríguez, para las que aprovechan los roscones sobrantes Reyes (cortan dos rebanadas y las rellenan de crema antes de pasarlas por leche y freírlas). Con esos ingredientes sólo pueden describirse como celestiales.
Hace ya tiempo puse en el blog la receta clásica de torrijas así que aquí van unas cuantas versiones para el que le apetezca animarse.
TORRIJAS AL HORNO
Ingredientes
Pan del día anterior
Leche 100 ml. por cada dos torrijas (se puede sustituir por HORCHATA)
Azúcar (1 cucharada por cada 100 ml de leche)
Piel de limón
1 rama canela
2 huevos
Azúcar, canela o miel para cubrirlas.
Elaboración
Poner en un cazo, la leche (o la horchata), el azúcar, la piel de limón y la canela. Llevar a ebullición. Cuando arranque a hervir retirar del fuego y dejar enfriar.
Batir los huevos en un bol. Cortar rebanadas de pan y ponerlas en una fuente honda, verter la leche infusionada por encima. Dejar en remojo, tan solo un par de minutos.
Pasar las rebanadas de pan por el huevo batido y colocarlas en una bandeja para horno encima de papel vegetal. Meter en el horno precalentado a 180º durante unos 20 minutos ó hasta que estén doradas.
Rebozar con azúcar y canela o calentar un cucharadita de miel por cada torrija junto con la misma cantidad de agua, dejar reducir y servir las torrijas regadas con ese jarabe.
También se pueden caramelizar: gratinar unos segundos tras cubrirlas de azúcar o pasarlas vuelta y vuelta por una sartén antiadherente.
TORRIJAS DE ZANAHORIA
Típicas en Cartagena donde se hacen el día de Todos los Santos.
Ingredientes (4 comensales)
Medio kilo de zanahorias,
2 huevos,
100 gramos de azúcar.
Canela,
Ralladura de 1 limón,
Aceite de oliva,
Azúcar y canela para espolvorear.
Elaboración
Cocer las zanahorias limpias y troceadas hasta que estén tiernas. Escurrir el líquido.
Se chafan con un tenedor, se añaden los huevos, el azúcar, la canela, ralladura de limón y se mezcla todo bien hasta conseguir una masa que podamos manejar con las manos.
Se forman tortas en forma de torrijas que se fríen en aceite caliente hasta que estén doradas por los dos lados.
Se colocan sobre papel de cocina para que absorba el aceite sobrante y se sirven calientes espolvoreadas de azúcar y canela.
TOSTADAS DE SANTANDER
Típicas de Santander, se preparan con un pan especial, más denso.
Ingredientes (8 comensales)
1 barra de pan especial.
1 litro de leche.
Un bote grande de leche condensada.
250 mililitros de nata liquida.
Un chorro generoso de brandy.
6 huevos.
Elaboración
Preparación del almíbar: cocer en una cazuela, una rama de canela, una piel de naranja y otra de limón, medio litro de agua y dejamos cocer hasta tener un almíbar bien concentrado.
Se precisa un poco mas de un vaso de agua del almíbar.
Se hierve la leche con el almíbar. En ese momento en que rompa a hervir se añade la leche condensada y se espera a que vuelva a hervir para poner la nata y el brandy.
Cuando hierva de nuevo se meten en el líquido, una a una, las rebanadas de pan cortadas como si fueran torrijas, poco a poco para que no pare de hervir.
Dejamos que se empapen bien en la mezcla antes de sacarlas. Se colocan en una fuente hasta que se enfríen.
Cuando las rebanadas estén bien frías, se baten los huevos y se pone una sartén al fuego con aceite de oliva.
Se pasan las tostadas por el huevo batido y se fríen con cuidado para que no se quemen.
Servir templadas.
TORRIJAS DE VINO DULCE (del sevillano Convento de San Andrés)
Ingredientes
Pan del día anterior.
1/2 litro de vino blanco dulce.
Aceite de girasol o un aceite de oliva suave para freír.
2 Huevos.
Azúcar.
Canela molida.
Elaboración:
Se corta el pan en rodajas. El corte a nuestra elección, más grandes, pequeñitas, como más nos gusten.
En un recipiente se pone el vino dulce y si no se quiere que las torrijas queden demasiado fuertes, se rebaja con un poco de agua y azúcar. Se meten las rodajas de pan y se deja que se empapen bien, lo mejor es dejarlas durante la noche por lo que conviene poner suficiente líquido para conseguir un buen empapado del pan.
Al día siguiente se rebozan las torrijas en huevo y con el aceite de la sartén muy caliente se fríen vuelta y vuelta.
Al sacarlas se espolvorean con azúcar y ¡listas para comer!
A pesar de haber tenido que sacrificarme sin las de hermanísima, eso no significa que me haya resignado a pasar la Semana Santa castigada sin este postre. Mención especial se merecen las de mi encantadora vecina de arriba que bajó una tarde antes de vacaciones a que le firmase un ejemplar de "Paloma" y, de paso, nos trajo de regalo unas torrijas buenísimas de las que dimos buena cuenta en la cena. Da gusto cenar así, de caprichos inesperados.
En el hospital procuramos hacer una pausa para tomar un tentempié a media mañana. Son unos minutos en los que tomamos fuerzas y nos cuidamos en lo posible. En ocasiones son los pacientes los que nos cuidan y nos deleitan con sus especialidades culinarias. Se dice que a los hombres se les conquista por el estómago y doy fe de que a los galenos también. En el servicio contamos con un par de auxiliares cuyas torrijas se han ganado una más que merecida fama y, para innovar sobre la receta habitual, una de ellas las ha preparado este año rellenas con un poquito de crema pastelera.
Conviene conocer algunos trucos con los que arreglar, muy fácilmente, unas torrijas que no terminan de convencer: que están algo secas, pues se carga leche en una jeringa, bastan unos 10 ml por torrija, y se inyecta en varios puntos en el interior de la miga. Si el problema es la falta de dulzor, solo hay que espolvorearlas con un poco más de azúcar (idem si se prefieren con más canela). Más difícil es solucionar el exceso de dulzor, se puede probar a inyectarles leche para ver si así expulsan almíbar pero, a veces, ni por esas, así que es mejor que pequen por defecto que por exceso.
Es un postre que admite un millón de variantes. Permiten usar cáscara de naranja en vez de limón para darles un toque diferente, bañarlas en chocolate fundido, untarlas de Nutella, cubrirlas con toffee en vez de azúcar o sustituir la leche por horchata o por vino. Hay restaurantes italianos en las que, en lugar del pan, utilizan panettone. Esta Semana Santa las hemos probado de sobao pasiego en el restaurante Conlaya (imaginad un postre de lo más light: medio sobao mojado en leche, rebozado en azúcar y caramelizado en la plancha acompañado de un helado delicioso del que no tengo la receta, el aspecto era de vainilla o mantecado pero el sabor recordaba al del sobao).
No en todas las pastelerías se reservan las torrijas para esta temporada. Una amiga mía compra unas, poco después de las vacaciones de Navidad, en una pastelería de la C/ Francos Rodríguez, para las que aprovechan los roscones sobrantes Reyes (cortan dos rebanadas y las rellenan de crema antes de pasarlas por leche y freírlas). Con esos ingredientes sólo pueden describirse como celestiales.
Hace ya tiempo puse en el blog la receta clásica de torrijas así que aquí van unas cuantas versiones para el que le apetezca animarse.
TORRIJAS AL HORNO
Ingredientes
Pan del día anterior
Leche 100 ml. por cada dos torrijas (se puede sustituir por HORCHATA)
Azúcar (1 cucharada por cada 100 ml de leche)
Piel de limón
1 rama canela
2 huevos
Azúcar, canela o miel para cubrirlas.
Elaboración
Poner en un cazo, la leche (o la horchata), el azúcar, la piel de limón y la canela. Llevar a ebullición. Cuando arranque a hervir retirar del fuego y dejar enfriar.
Batir los huevos en un bol. Cortar rebanadas de pan y ponerlas en una fuente honda, verter la leche infusionada por encima. Dejar en remojo, tan solo un par de minutos.
Pasar las rebanadas de pan por el huevo batido y colocarlas en una bandeja para horno encima de papel vegetal. Meter en el horno precalentado a 180º durante unos 20 minutos ó hasta que estén doradas.
Rebozar con azúcar y canela o calentar un cucharadita de miel por cada torrija junto con la misma cantidad de agua, dejar reducir y servir las torrijas regadas con ese jarabe.
También se pueden caramelizar: gratinar unos segundos tras cubrirlas de azúcar o pasarlas vuelta y vuelta por una sartén antiadherente.
TORRIJAS DE ZANAHORIA
Típicas en Cartagena donde se hacen el día de Todos los Santos.
Ingredientes (4 comensales)
Medio kilo de zanahorias,
2 huevos,
100 gramos de azúcar.
Canela,
Ralladura de 1 limón,
Aceite de oliva,
Azúcar y canela para espolvorear.
Elaboración
Cocer las zanahorias limpias y troceadas hasta que estén tiernas. Escurrir el líquido.
Se chafan con un tenedor, se añaden los huevos, el azúcar, la canela, ralladura de limón y se mezcla todo bien hasta conseguir una masa que podamos manejar con las manos.
Se forman tortas en forma de torrijas que se fríen en aceite caliente hasta que estén doradas por los dos lados.
Se colocan sobre papel de cocina para que absorba el aceite sobrante y se sirven calientes espolvoreadas de azúcar y canela.
TOSTADAS DE SANTANDER
Típicas de Santander, se preparan con un pan especial, más denso.
Ingredientes (8 comensales)
1 barra de pan especial.
1 litro de leche.
Un bote grande de leche condensada.
250 mililitros de nata liquida.
Un chorro generoso de brandy.
6 huevos.
Elaboración
Preparación del almíbar: cocer en una cazuela, una rama de canela, una piel de naranja y otra de limón, medio litro de agua y dejamos cocer hasta tener un almíbar bien concentrado.
Se precisa un poco mas de un vaso de agua del almíbar.
Se hierve la leche con el almíbar. En ese momento en que rompa a hervir se añade la leche condensada y se espera a que vuelva a hervir para poner la nata y el brandy.
Cuando hierva de nuevo se meten en el líquido, una a una, las rebanadas de pan cortadas como si fueran torrijas, poco a poco para que no pare de hervir.
Dejamos que se empapen bien en la mezcla antes de sacarlas. Se colocan en una fuente hasta que se enfríen.
Cuando las rebanadas estén bien frías, se baten los huevos y se pone una sartén al fuego con aceite de oliva.
Se pasan las tostadas por el huevo batido y se fríen con cuidado para que no se quemen.
Servir templadas.
TORRIJAS DE VINO DULCE (del sevillano Convento de San Andrés)
Ingredientes
Pan del día anterior.
1/2 litro de vino blanco dulce.
Aceite de girasol o un aceite de oliva suave para freír.
2 Huevos.
Azúcar.
Canela molida.
Elaboración:
Se corta el pan en rodajas. El corte a nuestra elección, más grandes, pequeñitas, como más nos gusten.
En un recipiente se pone el vino dulce y si no se quiere que las torrijas queden demasiado fuertes, se rebaja con un poco de agua y azúcar. Se meten las rodajas de pan y se deja que se empapen bien, lo mejor es dejarlas durante la noche por lo que conviene poner suficiente líquido para conseguir un buen empapado del pan.
Al día siguiente se rebozan las torrijas en huevo y con el aceite de la sartén muy caliente se fríen vuelta y vuelta.
Al sacarlas se espolvorean con azúcar y ¡listas para comer!
lunes, 8 de diciembre de 2014
Piononos
El pionono es un pequeño pastel, para tomar en un par de bocados, compuesto por una base de bizcocho borracho, enrollado y relleno de crema pastelera, cubierto por una cúpula de esa misma crema rematada con una costra caramelizada. Los probé por primera vez en Granada, de donde son típicos, y me encantaron.
En Valladolid hacían un pastel parecido al que llamaban "Juanitas". Las comprábamos los domingos en Palacios (ahora Maro Vallés). Aquellas Juanitas eran bastante más grandes que los piononos de Casa Isla y estaban espolvoreadas con canela en lugar de la costra de caramelo. La base de bizcocho era más ancha, un poco más fina y sin emborrachar (no le hacía ninguna falta, de suave y tierno que estaba). Era uno de nuestros postres preferidos, aunque escoger un favorito entre aquellos pasteles se me antoja imposible.
En Madrid descubrí una pastelería en Chueca, de dueño granadino, que elaboraba los piononos a diario de manera artesana. Además de los pequeños también preparaba una versión de mayor tamaño, igual de rica, que suponía el colofón más suculento a una mañana de compras. Han cerrado así que tendré que dedicarme a buscar un nuevo proveedor o dedicarme a elaborarlos según la receta.
Según la tradición, la historia del "pionono" se remonta al año 1897, año en el que Ceferino Isla González se estableció en la Calle Real de Santa Fe en Granada y abrió su obrador de pastelería, en el mismo lugar en el que aún sigue ubicada la Casa Isla. Hay quien defiende que la receta del dulce es muy anterior a ese año. Se dice que incluso podría ser de origen morisco y algunos sitúan su procedencia en Cádiz. El nombre ha transcendido a otros continentes, aunque no con el mismo significado. En América se denomina pionono a lo que en España se conoce comúnmente como brazo de gitano (en Chile se llama brazo de la reina) y puede llevar un relleno tanto dulce, de chantilly, frutas o dulce de leche, como salado, de mayonesa y fiambre. En Puerto Rico se llama así a un plátano relleno de carne picada.
Aunque el origen se discuta, el nombre sí que procede del dulce granadino. Ceferino era muy devoto de la Virgen y bautizó así al pastel en homenaje al Papa Pio IX que, el 8 de Diciembre 1854, fecha que quedó asignada para la festividad de la Inmaculada, había publicado la Bula Ineffabilis Deus que rezaba: "...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." Ceferino no sólo bautizó su pastel con el nombre del Papa (pionono), sino que además lo diseñó para que recordase a la figura eclesiástica: aspecto cilíndrico y algo rechoncho (bizcocho borracho enrollado sobre sí mismo) que reviste con un balandrán blanco (la canastilla de papel en la que se recogen los jugos) y que adorna con un copete de crema tostada (símbolo del solideo).
Pío IX (Pío Nono) tuvo el papado más largo de la Historia (exceptuando a San Pedro). Estuvo al frente de la Iglesia durante 31 años. También fue último Papa Rey. Pese a que intentó preservar los Estados Pontificios, estos fueron conquistados en 1860, a lo largo del proceso de unificación de Italia. Pío IX se negó a reconocer el reino de Italia y a establecer relaciones diplomáticas con él. Rechazó las garantías personales que se ofrecían y excomulgó al rey Víctor Manuel II de Saboya (excomunión que revocó antes de la muerte del monarca). Mediante la bula Non Expedit prohibió a los católicos, bajo severas penas canónicas, toda participación activa en la política italiana, incluido el sufragio.
PIONONOS (la receta no es mía sino sacada de Internet, aunque no recuerdo de dónde)
INGREDIENTES
Para el bizcocho
3 Huevos grandes
90 gr. de azúcar
60 gr. de harina de trigo para repostería con una pizca de sal
30 gr. de Maizena
Para la crema
150 gr. de azúcar
La corteza de un limón (sin lo blanco)
650 ml de leche
6 yemas de huevo
90 gr. de Maizena
100 gr. de Ron blanco
Para el almíbar borracho
75 gr. de agua
25 gr. de Ron blanco
100 gr. de azúcar
PREPARACIÓN
El bizcocho
Poner en un bol los huevos y el azúcar, ponerlo al baño maría y batir con varillas durante unos 6 minutos. Sacarlo del calor y continuar batiendo hasta conseguir una mezcla cremosa, espumosa y blanqueada.
Añadir la harina tamizada e incorporarlas despacio, con movimientos envolventes desde fuera hacía dentro, con la ayuda de una espátula no metálica (para que no baje).
Cocción
Verter el preparado en una bandeja (37 x 31 cm.) cubierta con un silpat o papel vegetal y extenderlo de manera homogénea por toda la superficie.
Cocer en el horno precalentado a 170º durante 8 minutos (no debe dorarse para evitar que se endurezca).
Enfriar fuera del horno cubierto de un paño húmedo para que no se endurezca y se convierta en galleta.
Crema
Poner todos los ingredientes en un cazo (menos la piel de limón y el ron) y batirlos a mano, con un tenedor o con varillas. Añadir la piel de limón. Poner al fuego sin parar de remover hasta que espese. Apartar del calor, agregar el ron y mezclar bien.
Verter la crema en una manga pastelera o bolsa. Evitar que quede aire dentro. Una vez fría, conservarla en la nevera.
El almíbar borracho
Poner el agua, azúcar y ron en un cazo a fuego medio durante 8 minutos.
Enfriar y reservar.
Montaje
Poner el bizcocho sobre el silpat con la parte de arriba hacia abajo. Pincelarlo con almíbar.
Extender una capa, de aprox. medio centímetro de grosor, de crema.
Cortar el bizcocho en dos partes iguales.
Enrollar cada bizcocho con la ayuda de papel film, vegetal o del silpat, presionando al mismo tiempo para que quede bien compacto.
Congelarlos durante un par de horas (para darles firmeza y evitar que se rompan al cortarlos).
Con la ayuda de un hilo cortar cada rollo en secciones de unos 3 cm de grosor (enrollar el hilo y estrangular el rollo hasta seccionarlo). Colocarlos por la parte del corte sobre una bandeja.
Con una boquilla de manga pastelera hacer un copete de crema encima de cada pionono.
Espolvorear con azúcar y quemarlo con el soplete.
Colocar cada pastel en una canastilla individual de papel rizado.
En Valladolid hacían un pastel parecido al que llamaban "Juanitas". Las comprábamos los domingos en Palacios (ahora Maro Vallés). Aquellas Juanitas eran bastante más grandes que los piononos de Casa Isla y estaban espolvoreadas con canela en lugar de la costra de caramelo. La base de bizcocho era más ancha, un poco más fina y sin emborrachar (no le hacía ninguna falta, de suave y tierno que estaba). Era uno de nuestros postres preferidos, aunque escoger un favorito entre aquellos pasteles se me antoja imposible.
En Madrid descubrí una pastelería en Chueca, de dueño granadino, que elaboraba los piononos a diario de manera artesana. Además de los pequeños también preparaba una versión de mayor tamaño, igual de rica, que suponía el colofón más suculento a una mañana de compras. Han cerrado así que tendré que dedicarme a buscar un nuevo proveedor o dedicarme a elaborarlos según la receta.
Según la tradición, la historia del "pionono" se remonta al año 1897, año en el que Ceferino Isla González se estableció en la Calle Real de Santa Fe en Granada y abrió su obrador de pastelería, en el mismo lugar en el que aún sigue ubicada la Casa Isla. Hay quien defiende que la receta del dulce es muy anterior a ese año. Se dice que incluso podría ser de origen morisco y algunos sitúan su procedencia en Cádiz. El nombre ha transcendido a otros continentes, aunque no con el mismo significado. En América se denomina pionono a lo que en España se conoce comúnmente como brazo de gitano (en Chile se llama brazo de la reina) y puede llevar un relleno tanto dulce, de chantilly, frutas o dulce de leche, como salado, de mayonesa y fiambre. En Puerto Rico se llama así a un plátano relleno de carne picada.
Aunque el origen se discuta, el nombre sí que procede del dulce granadino. Ceferino era muy devoto de la Virgen y bautizó así al pastel en homenaje al Papa Pio IX que, el 8 de Diciembre 1854, fecha que quedó asignada para la festividad de la Inmaculada, había publicado la Bula Ineffabilis Deus que rezaba: "...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." Ceferino no sólo bautizó su pastel con el nombre del Papa (pionono), sino que además lo diseñó para que recordase a la figura eclesiástica: aspecto cilíndrico y algo rechoncho (bizcocho borracho enrollado sobre sí mismo) que reviste con un balandrán blanco (la canastilla de papel en la que se recogen los jugos) y que adorna con un copete de crema tostada (símbolo del solideo).
Pío IX (Pío Nono) tuvo el papado más largo de la Historia (exceptuando a San Pedro). Estuvo al frente de la Iglesia durante 31 años. También fue último Papa Rey. Pese a que intentó preservar los Estados Pontificios, estos fueron conquistados en 1860, a lo largo del proceso de unificación de Italia. Pío IX se negó a reconocer el reino de Italia y a establecer relaciones diplomáticas con él. Rechazó las garantías personales que se ofrecían y excomulgó al rey Víctor Manuel II de Saboya (excomunión que revocó antes de la muerte del monarca). Mediante la bula Non Expedit prohibió a los católicos, bajo severas penas canónicas, toda participación activa en la política italiana, incluido el sufragio.
PIONONOS (la receta no es mía sino sacada de Internet, aunque no recuerdo de dónde)
INGREDIENTES
Para el bizcocho
3 Huevos grandes
90 gr. de azúcar
60 gr. de harina de trigo para repostería con una pizca de sal
30 gr. de Maizena
Para la crema
150 gr. de azúcar
La corteza de un limón (sin lo blanco)
650 ml de leche
6 yemas de huevo
90 gr. de Maizena
100 gr. de Ron blanco
Para el almíbar borracho
75 gr. de agua
25 gr. de Ron blanco
100 gr. de azúcar
PREPARACIÓN
El bizcocho
Poner en un bol los huevos y el azúcar, ponerlo al baño maría y batir con varillas durante unos 6 minutos. Sacarlo del calor y continuar batiendo hasta conseguir una mezcla cremosa, espumosa y blanqueada.
Añadir la harina tamizada e incorporarlas despacio, con movimientos envolventes desde fuera hacía dentro, con la ayuda de una espátula no metálica (para que no baje).
Cocción
Verter el preparado en una bandeja (37 x 31 cm.) cubierta con un silpat o papel vegetal y extenderlo de manera homogénea por toda la superficie.
Cocer en el horno precalentado a 170º durante 8 minutos (no debe dorarse para evitar que se endurezca).
Enfriar fuera del horno cubierto de un paño húmedo para que no se endurezca y se convierta en galleta.
Crema
Poner todos los ingredientes en un cazo (menos la piel de limón y el ron) y batirlos a mano, con un tenedor o con varillas. Añadir la piel de limón. Poner al fuego sin parar de remover hasta que espese. Apartar del calor, agregar el ron y mezclar bien.
Verter la crema en una manga pastelera o bolsa. Evitar que quede aire dentro. Una vez fría, conservarla en la nevera.
El almíbar borracho
Poner el agua, azúcar y ron en un cazo a fuego medio durante 8 minutos.
Enfriar y reservar.
Montaje
Poner el bizcocho sobre el silpat con la parte de arriba hacia abajo. Pincelarlo con almíbar.
Extender una capa, de aprox. medio centímetro de grosor, de crema.
Cortar el bizcocho en dos partes iguales.
Enrollar cada bizcocho con la ayuda de papel film, vegetal o del silpat, presionando al mismo tiempo para que quede bien compacto.
Congelarlos durante un par de horas (para darles firmeza y evitar que se rompan al cortarlos).
Con la ayuda de un hilo cortar cada rollo en secciones de unos 3 cm de grosor (enrollar el hilo y estrangular el rollo hasta seccionarlo). Colocarlos por la parte del corte sobre una bandeja.
Con una boquilla de manga pastelera hacer un copete de crema encima de cada pionono.
Espolvorear con azúcar y quemarlo con el soplete.
Colocar cada pastel en una canastilla individual de papel rizado.
viernes, 28 de noviembre de 2014
Pastel cremoso de ciruelas y almendras
Los pasteles cremosos me recuerdan a la tarta de arroz de mi abuela, un bizcocho que al cocinarse creaba una base de crema mientras que la parte superior que se hinchaba y quedaba fina, ligera y aireada. Mi abuela no usaba nata ni mantequilla que sí llevan otros pasteles de arroz, muy ricos pero mucho más pesados, sino que ella empleaba tan sólo huevos, leche, azúcar y harina.
La receta de hoy es un poquito más elaborada, en realidad es una combinación entre el pastel de mi abuela y de la tarta de ciruelas del Café des Sources, de Ginebra, un bizcocho jugoso, y delicioso, elaborado con una mezcla de harina y almendras. Las ciruelas pueden sustituirse por pasas, higos, cerezas o albaricoques.
Pastel cremoso de ciruelas y almendras
Ingredientes:
150 gr. de harina
150 gr. de azúcar
30 gr. de almendra molida
4 huevos grandes
300 gr. de ciruelas (sin el hueso)
1 dl. de ron u otro licor (opcional).
un sobre de azúcar de vainilla
½ litro de leche entera
azúcar glass
Elaboración:
Precalentar el horno a 200º.
Untar bien con mantequilla una fuente de horno.
Mezclar la harina con la almendra en polvo
Batir los huevos, añadirles el azúcar y ponerlos en el centro de la harina.
Mezclar hasta obtener una masa homogénea. Incorporar la leche mezclando bien.
Añadir el azúcar de vainilla y el licor.
Colocar las ciruelas en el fondo de la fuente.
Cubrir con la crema.
Hornear durante 40 minutos.
Espolvorear con azúcar glass al servirlo.
La receta de hoy es un poquito más elaborada, en realidad es una combinación entre el pastel de mi abuela y de la tarta de ciruelas del Café des Sources, de Ginebra, un bizcocho jugoso, y delicioso, elaborado con una mezcla de harina y almendras. Las ciruelas pueden sustituirse por pasas, higos, cerezas o albaricoques.
Pastel cremoso de ciruelas y almendras
Ingredientes:
150 gr. de harina
150 gr. de azúcar
30 gr. de almendra molida
4 huevos grandes
300 gr. de ciruelas (sin el hueso)
1 dl. de ron u otro licor (opcional).
un sobre de azúcar de vainilla
½ litro de leche entera
azúcar glass
Elaboración:
Precalentar el horno a 200º.
Untar bien con mantequilla una fuente de horno.
Mezclar la harina con la almendra en polvo
Batir los huevos, añadirles el azúcar y ponerlos en el centro de la harina.
Mezclar hasta obtener una masa homogénea. Incorporar la leche mezclando bien.
Añadir el azúcar de vainilla y el licor.
Colocar las ciruelas en el fondo de la fuente.
Cubrir con la crema.
Hornear durante 40 minutos.
Espolvorear con azúcar glass al servirlo.
viernes, 17 de octubre de 2014
Tartar de Buey de Mar, aguacate y caviar
El tartar es un plato muy versátil, sencillo de realizar y, generalmente, muy agradecido. Admite variar sus ingredientes, sustituir unos por otros en caso de que nos falte alguno y añadir algún extra por la sencilla razón de que nos apetece probar. El tartar de carne es un clásico, más recientes son los de pescado, en cuyo éxito la adopción y aceptación de la cocina japonesa ha tenido mucho que ver. Los he probado de todo tipo: de atún con aguacate y wasabi y también otra versión más cremosa del mismo pescado gracias a la mayonesa de soja con un toque de sake, el de corvina con cebolleta y naranja fue un descubrimiento, aún recuerdo el de gambas, calabacín y pesto del Boccondivino, y en la Comedie de Ginebra el de salmón con aguacate y mostaza de Dijon... Difícil escoger uno, lo que si sé es que para convencer a los más reacios sólo hay que probar con cualquiera de estas recetas.
Tartar de Buey de Mar, aguacate y caviar
Ingredientes (4 personas)
2 bueyes de mar de 650 gr (se puede hacer también con cangrejo o incluso con gambas o carabineros)
1 aguacate
6 champiñones
Zumo de limón
1 chalota
Hierbas aromáticas picadas: ajetes, perejil, un poco de cebolleta.
Sal en escamas
Pimienta
Aceite de hierbas
Aceite
Vinagre y mostaza
4 cucharadas de caviar para decorar (el Avruga, si no tenéis presupuesto para el caviar de verdad, queda muy apañado. Eso sí: nada de bolas de hormigas de mujol)
Elaboración
Hervir los bueyes de mar (14 minutos por cada 800 gr)
Una vez cocidos refrescar en un recipiente con agua y hielo para detener el punto de cocción.
Retirar la carne de su interior.
Combinar las hierbas con la sal y la chalota picada.
Para la vinagreta: mezclar la mostaza, la sal, la pimienta y el vinagre en un recipiente. Añadir poco a poco el aceite.
Picar los champiñones y el aguacate. Aliñarlos al gusto con unas gotas de limón y parte de la vinagreta.
Por último poner el buey de mar con el resto de la vinagreta en otro bol. Mezclar bien antes de añadirle la combinación de hierbas.
Montaje
Colocar un molde de anillo sobre el plato. Poner en el fondo el aguacate con los champiñones y distribuir por encima el buey de mar. Retirar el molde y decorar con una cucharada de caviar.
Tartar de Buey de Mar, aguacate y caviar
Ingredientes (4 personas)
2 bueyes de mar de 650 gr (se puede hacer también con cangrejo o incluso con gambas o carabineros)
1 aguacate
6 champiñones
Zumo de limón
1 chalota
Hierbas aromáticas picadas: ajetes, perejil, un poco de cebolleta.
Sal en escamas
Pimienta
Aceite de hierbas
Aceite
Vinagre y mostaza
4 cucharadas de caviar para decorar (el Avruga, si no tenéis presupuesto para el caviar de verdad, queda muy apañado. Eso sí: nada de bolas de hormigas de mujol)
Elaboración
Hervir los bueyes de mar (14 minutos por cada 800 gr)
Una vez cocidos refrescar en un recipiente con agua y hielo para detener el punto de cocción.
Retirar la carne de su interior.
Combinar las hierbas con la sal y la chalota picada.
Para la vinagreta: mezclar la mostaza, la sal, la pimienta y el vinagre en un recipiente. Añadir poco a poco el aceite.
Picar los champiñones y el aguacate. Aliñarlos al gusto con unas gotas de limón y parte de la vinagreta.
Por último poner el buey de mar con el resto de la vinagreta en otro bol. Mezclar bien antes de añadirle la combinación de hierbas.
Montaje
Colocar un molde de anillo sobre el plato. Poner en el fondo el aguacate con los champiñones y distribuir por encima el buey de mar. Retirar el molde y decorar con una cucharada de caviar.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Muhammara
Un día, por casualidad, descubrí el sirope olvidado en un estante. Recordé que en la nevera había un paquete pimientos asados, frustrados de esperar a que les encontrase un uso. Coincidió que no me venía mal salir a comprar algunos básicos y apunté, mentalmente y con muchas posibilidades de olvidarme de ello por el camino, ya había sucedido otras veces, una bolsa de nueces. En esta ocasión, supongo que porque la lista mental era pequeña, me acordé de las nueces. Al llegar a casa, y en contra de mi costumbre habitual de dejarlo para otro momento, agarré la batidora y me entregué al experimento. Estaba claro que los hados estaban de mi lado (o de los del plato).
MUHAMMARA
Ingredientes
2 pimientos rojos grandes para asar (o 1 bote de pimientos asados)
100 g de nueces peladas
1 trozo (de unos 3 traveses de dedo) de pan o un par de rebanadas de pan de molde integral.
2 cucharadas soperas de sirope de granada (en tienda de dietética o de productos árabes)
1 diente de ajo
1 limón
1 cucharadita de comino
1/2 cucharadita de guindilla roja seca picada o en copos
Aceite de oliva
Sal
Preparación
1. Si se van a usar pimientos frescos, precalentar el horno a 220 grados. Poner los pimientos sobre papel de horno y asar unos 40 minutos, hasta que salgan ampollas en la piel, dándoles la vuelta a media cocción. Enfriar tapados con plástico (su vapor hará que la piel se despegue mejor). Despepitarlos y pelarlos. Si se usan los de bote sólo hay que abrirlo y colar el líquido.
3. Juntar 2 cucharadas del sirope de granada con los pimientos, las nueces, el pan, el ajo, una cucharada de zumo de limón, el comino, la guindilla y sal. Triturar y añadir 5 cucharadas de aceite de oliva. Tiene que quedar espeso: si no es así, añadir más pan o más nueces.
3. Dejar reposar en la nevera un par de horas como mínimo (está mejor de un día para otro) y servir a temperatura ambiente acompañado de pan de pita. ¿Sugerencias de otros usos? Aliño de ensalada, con pasta, como salsa para el pastel de pescado o con verduras al horno, al estilo de un romescu (al que se parece por el color y los frutos secos).
viernes, 27 de junio de 2014
Experimento de tarta de cuajada ligera
Volver de vacaciones y comprobar que no te entra la ropa, o que te aprieta más de la cuenta, significa que o se cambia el guardarropa, o hay que tomar medidas para recuperar la figura. Sale más barata esta segunda opción. Hay quien pasa de atiborrarse a ayunar, lo que no es ninguna gran idea porque además eso genera un efecto rebote en el que se excusan los excesos con la idea de saltarse alguna comida después. Basta con cuidarse: suprimir el alcohol, los zumos y los refrescos, aunque sean light, reducir las grasas a 2 ó 3 cucharadas de aceite al día, evitar las salsas, cocinar de manera sencilla (plancha, vapor, horno), cocer las legumbres sin añadirles embutidos grasos, sólo con verdura, pescado o marisco, pollo sin piel o conejo, tomar la fruta por la mañana y entre comidas, pero no de postre, no tomar hidratos refinados y, por la noche, cenar proteínas (pollo, sepia, pescado, tortilla...) y yogur natural.
Parecen medidas muy estrictas pero tampoco hay que llevarlas al extremo. Hay días en los que es inevitable transgredirlas, pero esos días deberían de ser la excepción y no la norma. Conviene mantener la prudencia al pasarse, aunque suene paradójico. El peso no es sólo una cuestión estética. El colesterol, la tensión, el azúcar y el sueño empeoran con la obesidad. Reducir grasas y calorías redunda en nuestro beneficio, especialmente cuando se debe seguir una dieta especial por motivos de salud. Precisamente por esa razón, para una de nuestras pantagruélicas reuniones familiares decidí probar a aligerar la tarta de cuajada de Las Dunas (nota aclaratoria: aligerar no significa dietético). Esta es la adaptación.
TARTA DE CUAJADA LIGERA
Ingredientes
400 ml de nata ligera al 12% MG (2 bricks de Reny-Picott).
1 tarrina grande de 350 gr de Philadelphia light.
200 ml leche semidesnatada.
2 sobres de cuajada.
10 cucharadas de azúcar (sólo tenía moreno en casa). Puestos a reducir en los herbolarios se vende un azúcar de abedul muy similar al azúcar común en sabor pero de muy bajo índice glucémico y por tanto apto para dietas y diabéticos.
Elaboración
Calentar la nata.
Con la batidora eléctrica batir el queso, la leche, la cuajada y el azúcar.
Cuando la nata hierva, añadir la mezcla de queso.
Remover hasta que espese. Rectificar de azúcar si fuese preciso, según gustos (personalmente lo prefiero poco dulce).
Dejar enfriar antes de montar los pasteles (según la receta de la tarta original).
Acompañar con compota de manzana, frutos rojos o sirope de Agave.
Conclusiones del experimento: la tarta pierde grasa pero también gracia, en versión light está bien pero deja de ser un pastel irresistible y pecaminoso. Está mucho más rica con todas sus calorías originales así que posiblemente lo mejor sea esperar a equilibrar los excesos de otra manera y no sacrificar una excelente receta.
Parecen medidas muy estrictas pero tampoco hay que llevarlas al extremo. Hay días en los que es inevitable transgredirlas, pero esos días deberían de ser la excepción y no la norma. Conviene mantener la prudencia al pasarse, aunque suene paradójico. El peso no es sólo una cuestión estética. El colesterol, la tensión, el azúcar y el sueño empeoran con la obesidad. Reducir grasas y calorías redunda en nuestro beneficio, especialmente cuando se debe seguir una dieta especial por motivos de salud. Precisamente por esa razón, para una de nuestras pantagruélicas reuniones familiares decidí probar a aligerar la tarta de cuajada de Las Dunas (nota aclaratoria: aligerar no significa dietético). Esta es la adaptación.
TARTA DE CUAJADA LIGERA
Ingredientes
400 ml de nata ligera al 12% MG (2 bricks de Reny-Picott).
1 tarrina grande de 350 gr de Philadelphia light.
200 ml leche semidesnatada.
2 sobres de cuajada.
10 cucharadas de azúcar (sólo tenía moreno en casa). Puestos a reducir en los herbolarios se vende un azúcar de abedul muy similar al azúcar común en sabor pero de muy bajo índice glucémico y por tanto apto para dietas y diabéticos.
Elaboración
Calentar la nata.
Con la batidora eléctrica batir el queso, la leche, la cuajada y el azúcar.
Cuando la nata hierva, añadir la mezcla de queso.
Remover hasta que espese. Rectificar de azúcar si fuese preciso, según gustos (personalmente lo prefiero poco dulce).
Dejar enfriar antes de montar los pasteles (según la receta de la tarta original).
Acompañar con compota de manzana, frutos rojos o sirope de Agave.
Conclusiones del experimento: la tarta pierde grasa pero también gracia, en versión light está bien pero deja de ser un pastel irresistible y pecaminoso. Está mucho más rica con todas sus calorías originales así que posiblemente lo mejor sea esperar a equilibrar los excesos de otra manera y no sacrificar una excelente receta.
jueves, 12 de junio de 2014
TARTA AMPARO
La receta de esta tarta tiene su origen en mi época universitaria. Al terminar el curso en junio, mi amiga Amparo celebraba una fiesta multitudinaria con motivo de su cumpleaños. Ya se sabe que los estudiantes no comen, devoran, y tras los aperitivos, la paella y la barbacoa llegaba el momento de honor: los postres. Había que soplar las velas, pedir los deseos y repartir el pastel entre un ejercito de golosos. Conseguí la receta de mi tarta favorita de aquel día, por supuesto de chocolate, de la que nunca quedaban ni las migas. Me confieso responsable de su rápida volatilización, aunque sólo en parte. Pese a atacarla con mi entusiasmo característico, no era la única culpable de aquella desaparición sino que ésta se podría definir como fruto del asalto, no premeditado, del nutrido grupo de invitados, al completo.
¿Quién se resiste a la tentación de un ligero y esponjoso bizcocho de sabroso chocolate negro cubierto por una mousse tan oscura como el bizcocho? ¿Cómo se consigue esa deliciosa homogeneidad? El secreto reside en preparar primero la mousse y dividirla en dos partes. Luego se le añade la harina a una de las mitades, que es la que se cocerá en el horno hasta que cuaje, sin resecarse. El resto de la mousse se reserva. Se debe conservar en la nevera con un cartel de aviso que prohíba su consumo, mejor si además especifica que la veda incluye a la cocinera. Una vez a punto el bizcocho, aún hay que esperar un poco más a que se enfríe bien antes de proceder a cubrirlo con la tentadora mousse (y aprovechar entonces para rebañar los restos del recipiente y comprobar si está a nuestro gusto). Se enfría todo junto un poco más... et voilà! Listo para ir a la mesa a ser disfrutado. En la boca es casi una nube de burbujas de suculento chocolate en doble textura. Las segundas raciones son un regalo inestimable.
TARTA "AMPARO"
Ingredientes
200 gr chocolate negro (Suchard de papel amarillo, Valor negro, Lindt postres 70% o Varlhona)
¿Quién se resiste a la tentación de un ligero y esponjoso bizcocho de sabroso chocolate negro cubierto por una mousse tan oscura como el bizcocho? ¿Cómo se consigue esa deliciosa homogeneidad? El secreto reside en preparar primero la mousse y dividirla en dos partes. Luego se le añade la harina a una de las mitades, que es la que se cocerá en el horno hasta que cuaje, sin resecarse. El resto de la mousse se reserva. Se debe conservar en la nevera con un cartel de aviso que prohíba su consumo, mejor si además especifica que la veda incluye a la cocinera. Una vez a punto el bizcocho, aún hay que esperar un poco más a que se enfríe bien antes de proceder a cubrirlo con la tentadora mousse (y aprovechar entonces para rebañar los restos del recipiente y comprobar si está a nuestro gusto). Se enfría todo junto un poco más... et voilà! Listo para ir a la mesa a ser disfrutado. En la boca es casi una nube de burbujas de suculento chocolate en doble textura. Las segundas raciones son un regalo inestimable.
TARTA "AMPARO"
Ingredientes
200 gr chocolate negro (Suchard de papel amarillo, Valor negro, Lindt postres 70% o Varlhona)
100 gr azúcar
150 gr de nata montada, preferiblemente sin azúcar. También se puede usar azucarada, con la precaución de reducir los 100 gr de azúcar a la mitad.
4 huevos
2 cuch soperas harina
1/2 paquete de levadura química.
Elaboración
Fundir el chocolate al baño maría con un cucharada de agua. Despacio, no hace falta que coja mucha temperatura. Los trozos se desharán poco a poco al removerlos.
Añadir la nata montada.
Mezclar el azúcar con las yemas hasta que aclaren (lo ideal es hacerlo a temperatura ambiente con las varillas). Añadirles el chocolate templado.
Montar las claras a punto de nieve, suben más si se ponen sobre vapor de agua, el calor las ayuda a subir. Agregarlas a la crema de chocolate, nata y yemas (poco a poco y por partes, sin batir y con una espátula, para que no se bajen)
Dividir la mezcla en 2 (aproximadamente). En una de las mitades agregar la harina tamizada y mezclada con la levadura.
Dejar la otra mitad en la nevera hasta que sea necesaria.
Horno
Engrasar bien un molde, o usar uno de silicona antiadherente (también untado de mantequilla o aceite), y verter en ella la parte de la masa que lleva la harina.
Cocer a horno fuerte, aproximadamente a 200º, durante unos 20 minutos.
Enfriar desmoldado, sobre la rejilla, dentro del horno entreabierto (si no sale con facilidad porque está muy adherido a las paredes, dar la vuelta al molde y colocarlo así, al revés, sobre la rejilla, de este modo se evita que baje).
Una vez frío, cubrir bien con la mousse por encima. Enfriar un par de horas, como mínimo, dentro de la nevera para que se asiente por completo antes de servir.
Elaboración
Fundir el chocolate al baño maría con un cucharada de agua. Despacio, no hace falta que coja mucha temperatura. Los trozos se desharán poco a poco al removerlos.
Añadir la nata montada.
Mezclar el azúcar con las yemas hasta que aclaren (lo ideal es hacerlo a temperatura ambiente con las varillas). Añadirles el chocolate templado.
Montar las claras a punto de nieve, suben más si se ponen sobre vapor de agua, el calor las ayuda a subir. Agregarlas a la crema de chocolate, nata y yemas (poco a poco y por partes, sin batir y con una espátula, para que no se bajen)
Dividir la mezcla en 2 (aproximadamente). En una de las mitades agregar la harina tamizada y mezclada con la levadura.
Dejar la otra mitad en la nevera hasta que sea necesaria.
Horno
Engrasar bien un molde, o usar uno de silicona antiadherente (también untado de mantequilla o aceite), y verter en ella la parte de la masa que lleva la harina.
Cocer a horno fuerte, aproximadamente a 200º, durante unos 20 minutos.
Enfriar desmoldado, sobre la rejilla, dentro del horno entreabierto (si no sale con facilidad porque está muy adherido a las paredes, dar la vuelta al molde y colocarlo así, al revés, sobre la rejilla, de este modo se evita que baje).
Una vez frío, cubrir bien con la mousse por encima. Enfriar un par de horas, como mínimo, dentro de la nevera para que se asiente por completo antes de servir.
viernes, 6 de junio de 2014
Magdalenas de cítricos y flor de azahar de Kika
Hace año y medio, Kika decidió comenzar un blog. Su plan era guardar y compartir en él sus recetas favoritas. La idea me entusiasmó y me suscribí. Para que no se me escapase nada su blog pasó a formar parte de la lista a pie de página del mío. Sin embargo su autora enseguida descubrió que su dedicación a la cocina no podía expresarse con palabras y supongo que ese fue el motivo por el que nunca recibí una actualización. Otra posibilidad plausible es que todos sus admiradores le manifestaran su intención de catar sus platos tras leer sobre ellos (si ese es el plan yo también lo suscribo) y, ante la perspectiva de no salir nunca más en su vida de la cocina, se abrumó. Quizá, aunque lo veo poco probable, nunca encontró una receta comparable a la primera. La conclusión final es que la primera receta también fue la última. De lo que no hay duda es de que es "la escogida" y por tanto se trata de algo único.
Magdalenas de cítricos y flor de azahar
Elaboración: 30 min.
Dificultad: Media
INGREDIENTES: para 8 pax
180g Mantequilla
235g Harina
140g azúcar glas
8g levadura química
5 huevos
50g miel
20g agua de flor de azahar
Una pizca de sal
100g leche
Ralladura de cítricos
ELABORACIÓN:
1. Fundir la mantequilla y reservar.
2. Mezclar y tamizar el azúcar glas junto con la harina y la levadura.
3. Mezclar los huevos con la miel, el agua de flor de azahar, la leche y la ralladura de limón.
4. Añadir la mantequilla fundida y, sin parar de remover, agregar la mezcla de azúcar, harina y levadura.
5. Dejar reposar en la nevera toda la noche.
6. Rellenar los moldes, untados de mantequilla, hasta un poco más de la mitad.
7. Hornear 190º, 5 min.
TRUCO: Para acentuar mas el sabor de los cítricos se pueden espolvorear con ralladura de naranja justo antes de introducirlas en el horno.
Magdalenas de cítricos y flor de azahar
Elaboración: 30 min.
Dificultad: Media
INGREDIENTES: para 8 pax
180g Mantequilla
235g Harina
140g azúcar glas
8g levadura química
5 huevos
50g miel
20g agua de flor de azahar
Una pizca de sal
100g leche
Ralladura de cítricos
ELABORACIÓN:
1. Fundir la mantequilla y reservar.
2. Mezclar y tamizar el azúcar glas junto con la harina y la levadura.
3. Mezclar los huevos con la miel, el agua de flor de azahar, la leche y la ralladura de limón.
4. Añadir la mantequilla fundida y, sin parar de remover, agregar la mezcla de azúcar, harina y levadura.
5. Dejar reposar en la nevera toda la noche.
6. Rellenar los moldes, untados de mantequilla, hasta un poco más de la mitad.
7. Hornear 190º, 5 min.
TRUCO: Para acentuar mas el sabor de los cítricos se pueden espolvorear con ralladura de naranja justo antes de introducirlas en el horno.
viernes, 4 de abril de 2014
Leche frita de la escuela de cocina de Kika
¿Qué edad teníamos? No lo recuerdo exactamente, diría que unos 9 años (es posible que menos, ahora veréis por qué lo digo). Al ser la mayor yo era la chef principal lo que, en lenguaje llano, significa mandar.
Encendimos el fuego eléctrico que nos había indicado la Señora. Al cabo de un par de minutos le pedí a hermanísima que comprobase que lo habíamos hecho correctamente y que la placa se había calentado. Hermanísima me obedeció sin pensar (creo que esa fue la última vez que me hizo caso en su vida en algo relacionado con la economía doméstica, a partir de ahí pretendió dar ella las órdenes y, en esa faceta, demostró ser inasequible al desaliento porque ni el hermano ni yo le hacíamos caso, ni mucho menos cumplíamos lo que nos encargaba). El caso es que, en esa ocasión, la inocente criatura no acercó sino que apoyó toda su mano en la placa para cerciorarse de que funcionaba (por desgracia así era). Como consecuencia esa noche me quedé sin pinche y me tuve que ocupar de las tortillas de ambas yo solita.
¿Qué tiene que ver la historia anterior con la receta de hoy? Poco. No hay mucho que explicar sobre el proceso de elaboración de una tortilla francesa (aunque si se baten las claras a punto de nieve queda como un soufflé y gana mucho), así que pongo una receta con mucha escuela, nada menos que de Kika (la cumpleañera del día). ¡Feliz día!
LECHE FRITA
INGREDIENTES
4 yemas (60g)
80 gr de Maicena
1 litro de leche
250 gr azúcar
La corteza de un limón (sin la parte blanca para que no amargue)
1 rama de canela
Harina y huevo (para rebozar)
Aceite para freír
Canela en polvo y azúcar para finalizar.
ELABORACIÓN
1. Cocer la leche con la rama de canela y la corteza de limón. Recordar retirar el limón.
2. Mezclar el azúcar, la maicena diluida en un poco de leche fría y las yemas.
3. Añadir la leche caliente colada a la mezcla de las yemas y poner a cocer, a fuego bajo durante unos minutos hasta que espese un poco (IMPORTANTE: No dejar de remover para evitar que se agarre o salgan grumos.)
4. Echar en una bandeja untada con aceite de girasol en caliente hasta formar una capa de 1,5cm de grosor.
5. Dejar enfriar.
6. Cortar porciones de 5x5, o al gusto. Pasarlas por harina y huevo batido (una a una) y freírlas en aceite caliente.
7. Escurrir sobre papel absorbente y espolvorear con azúcar y canela.
Como nota personal: se puede tomar con mermelada de frambuesa, helado de vainilla... y queda muy rico. :)
viernes, 14 de marzo de 2014
Sopicaldos
Soy tan incapaz como Mafalda de tomarme una sopa castellana por muy reconfortante que sea, personalmente me resulta pesada y nada atractiva. De la sopa de ajo mejor ni hablamos. Mi madre sólo la preparó en una ocasión y, afortunadamente, no volvió a repetir el intento. Era un engrudo sólido y denso, de pan mojado de color marrón y con una textura muy alejada del estado semilíquido habitual de este plato. Llamarlo ladrillo de pudin de ajo habría resultado mucho más apropiado. Es el único plato que a la Señora le ha salido mal y también el único con el que me tuvo que poner "tiempo" para que me la terminase (cosa que solía suceder con mis hermanos pero jamás conmigo). Aún así, se quedó en el plato, y eso a pesar de que nunca he sido una niña inapetente. En el hospital servían una versión de este guiso, en este caso más líquido, pero dado que el caldo era poco más que agua sucia con unas gotas de aceite rojizo por encima tampoco se ganó mi favor. La verdad es que nunca reuní el valor suficiente para probar ninguna de las aspirantes a sopas del comedor, sólo con mirarlas se me cortaba el hambre.
House odia cordialmente la sopa juliana y, como a mí tampoco me emociona, no se encuentra con el problema de que me sienta mínimamente tentada de preparársela. Tampoco le va demasiado la sopa de pescado, que a mí sí que me gusta, siempre y cuando no lleve arroz, que suele pasarse y y le resta sabor y gracia. Me encanta cuando sabe mucho a marisco. Si se sofríen las cáscaras y luego se cuecen con un hueso de rape, un poco de vino blanco, cebolla, azafrán y perejil, se machacan y el caldo colado se añade a los trozos de pescado y a las gambitas peladas, para terminar con un chorreón de ketchup (mi favorito es el Heinz) y una cucharada de Philadelphia, el resultado es irresistible. A veces incluso House se siente tentado y pica.
La sopa de fideos sólo me gusta de la forma en la que la preparaba la Baronesa: desengrasaba el caldo del cocido (que en realidad era más ligero que un cocido madrileño completo). Los garbanzos iban dirigidos a convertirse en morococo y compartían la olla con unos cuantos trozos de pollo y unas patatas. Las patatas se machacaban con un tenedor, se les añadían los trocitos limpios del pollo y se ligaba todo con unos huevos batidos. Con una cuchara se pasaban directamente por pan rallado y se freían. Quedaban una croquetas crujientes, doradas y tan huecas como un soufflé. Al caldo le añadía un chorrito de jerez o vino blanco, azafrán (mi especia favorita) majado con perejil fresco, huevo duro muy picadito y unos pocos fideos finísimos de cabello de ángel. De ese modo tan sencillo la sopa se convertía en un guiso delicioso. La acompañábamos de las croquetas, porque nadie era capaz de resistirse y esperar para tomárselas a continuación, y luego dábamos buena cuenta del morococo).
PATATAS CON ALMENDRAS
Ingredientes
1 kg. de patatas peladas y partidas en trozos
House odia cordialmente la sopa juliana y, como a mí tampoco me emociona, no se encuentra con el problema de que me sienta mínimamente tentada de preparársela. Tampoco le va demasiado la sopa de pescado, que a mí sí que me gusta, siempre y cuando no lleve arroz, que suele pasarse y y le resta sabor y gracia. Me encanta cuando sabe mucho a marisco. Si se sofríen las cáscaras y luego se cuecen con un hueso de rape, un poco de vino blanco, cebolla, azafrán y perejil, se machacan y el caldo colado se añade a los trozos de pescado y a las gambitas peladas, para terminar con un chorreón de ketchup (mi favorito es el Heinz) y una cucharada de Philadelphia, el resultado es irresistible. A veces incluso House se siente tentado y pica.
La sopa de fideos sólo me gusta de la forma en la que la preparaba la Baronesa: desengrasaba el caldo del cocido (que en realidad era más ligero que un cocido madrileño completo). Los garbanzos iban dirigidos a convertirse en morococo y compartían la olla con unos cuantos trozos de pollo y unas patatas. Las patatas se machacaban con un tenedor, se les añadían los trocitos limpios del pollo y se ligaba todo con unos huevos batidos. Con una cuchara se pasaban directamente por pan rallado y se freían. Quedaban una croquetas crujientes, doradas y tan huecas como un soufflé. Al caldo le añadía un chorrito de jerez o vino blanco, azafrán (mi especia favorita) majado con perejil fresco, huevo duro muy picadito y unos pocos fideos finísimos de cabello de ángel. De ese modo tan sencillo la sopa se convertía en un guiso delicioso. La acompañábamos de las croquetas, porque nadie era capaz de resistirse y esperar para tomárselas a continuación, y luego dábamos buena cuenta del morococo).
PATATAS CON ALMENDRAS
Ingredientes
1 kg. de patatas peladas y partidas en trozos
1 cebolla grande picada
Majado con: 50 gr. de almendras crudas, perejil fresco, un diente de ajo y unas hebras de azafrán.
1 vaso de vino blanco.
300 ml. de agua
Un par de huevos duros picados
300 ml. de agua
Un par de huevos duros picados
Aceite de oliva, sal y pimienta. Un toque de comino también le va muy bien a este plato.
Elaboración
Pelar y cortar las patatas en trozos.
Machacar en el mortero las almendras, los ajos, un manojo de perejil y unas hebras de azafrán.
Rehogar la cebolla hasta que esté transparente y dorar unos minutos el majado de los ajos junto con las almendras. Añadir las patatas, darles un par de vueltas antes de poner el vaso de vino blanco y el agua.
Elaboración
Pelar y cortar las patatas en trozos.
Machacar en el mortero las almendras, los ajos, un manojo de perejil y unas hebras de azafrán.
Rehogar la cebolla hasta que esté transparente y dorar unos minutos el majado de los ajos junto con las almendras. Añadir las patatas, darles un par de vueltas antes de poner el vaso de vino blanco y el agua.
Cocinar a fuego suave durante una media hora, el tiempo para que las patatas queden tiernas.
Cuando les falten unos 10 minutos, rectificar de sal y pimienta y terminar de cocer a fuego suave. Al final poner el huevo duro picado.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Cheesecake de calabaza, Bourbon y nueces
Se acerca Thanksgiving y los americanos disfrutarán de unos días de vacaciones para recuperarse, que buena falta les hace a algunos, especialmente a los del gremio de los maestros. En el proceso de recuperación entrenarán el estómago para las navidades, con pavo gigante incluido (18 libras nada menos pesa el que fue a recoger cuñadísimo). Faltarán turrones, polvorones y mazapán, que ya se ven en los comercios de España (y que ya he catado porque ¿para qué esperar si es ahora cuando apetecen?).
Lo que sí que forma parte de las festividades americanas de noviembre es la calabaza. Es tan versátil que da juego tanto para platos dulces como salados. Hace unos días dejé la receta de un risotto. Más antigua es la receta del cuarrécano (que ha creado adeptos). Hoy toca algo dulce, una tarta que combina la suave textura de la crema de queso aromatizada con la calabaza, con la costra crujiente y acaramelada de las nueces pacanas. ¡Una perdición para los golosos!
Lo que sí que forma parte de las festividades americanas de noviembre es la calabaza. Es tan versátil que da juego tanto para platos dulces como salados. Hace unos días dejé la receta de un risotto. Más antigua es la receta del cuarrécano (que ha creado adeptos). Hoy toca algo dulce, una tarta que combina la suave textura de la crema de queso aromatizada con la calabaza, con la costra crujiente y acaramelada de las nueces pacanas. ¡Una perdición para los golosos!
Ingredientes:
Relleno
1 base de tarta previamente preparada con galletas Napolitanas molidas y mezcladas con mantequilla. Estirarla en un molde y dejarla al menos 30 min en la nevera para que se asiente.
1 paquete de queso Philadelphia (puede ser light)
1 paquete de queso Philadelphia (puede ser light)
1/3 taza de azúcar moreno
2 huevos
3/4 taza de puré de calabaza
50 ml de Bourbon
50 ml de Bourbon
Cobertura
1/2 taza de nueces pacanas partidas mezcladas con 1/4 taza de azúcar moreno
2 cucharadas de mantequilla
Preparación:
Mezclar las nueces con el azúcar y añadirles la mantequilla hasta obtener una pasta grumosa. Reservar.
Batir el queso con el tercio de taza de azúcar. Añadir los huevos uno a uno. Agregar el puré de calabaza y el Bourbon.
Rellenar con la mezcla el molde de galleta.
Horno
Cocer a 180º durante 40 minutos. Sacar y extender por encima la cobertura de nueces. Cocer 5 minutos más (hasta que se deshaga la mantequilla con el azúcar)
Enfriar en una rejilla.
Cubrir y dejar en la nevera varias horas para que se asiente.
viernes, 8 de noviembre de 2013
Risotto de calabaza
![]() |
| Noche estrellada en el Ródano- van Gogh |
Toda la carta es deliciosa, desde las pizzas hasta los vinos, pero el risotto de boletus es incomparable. Para empezar viene servido dentro de una enorme rueda de queso parmesano, dispuesto sobre un carrito, que desplazan hasta la mesa. Una vez allí, remueven el arroz humeante del interior al tiempo que raspan los bordes, de manera que las virutas deshechas se entremezclan con el cremoso arroz. Sirven un primer plato pero dejan una parte dentro del queso, para que repose y se impregne, aún más, del sabor. La primera ración es deliciosa y más que generosa pero es imposible resistirse a repetir y terminar hasta el último grano de ese segundo plato de propina.
No tengo la receta de ese arroz, ni tampoco la rueda de queso de 20 kg que me daría posiblemente para varias vidas. Lo que sí que tienen mis amigos es un estupendo libro de recetas exclusivamente dedicado al risotto. No son risottos cargados de mantequilla y nata, pesados y pegajosos. No es esa la manera de conseguir su textura cremosa, sino que es cuestión de paciencia, de añadir el caldo poco a poco y de removerlo constantemente según cuece para que suelte el almidón.
RISOTTO DE CALABAZA
Ingredientes:
1 cebolla picada
1 cucharada de aceite de oliva
1 taza de arroz redondo
1 taza de vino blanco algo dulce
4 tazas de caldo de verduras
1 taza de puré de calabaza
1 cucharadita de jengibre picado
1 cucharadita de nuez moscada rallada
1 cucharada de albahaca fresca picada
2 cucharadas de parmesano rallado en el momento.
Sal y pimienta
Preparación:
Saltear la cebolla en el aceite hasta que esté transparente. Añadir el arroz y remover durante un par de minutos. Añadir el vino, poco a poco.
Incorporar el caldo de verduras, media taza cada vez. Dejar que se evapore antes de añadir la siguiente cantidad. Remover con frecuencia.
Añadir el resto de los ingredientes excepto el queso.
Moverlo bien y cocinar durante unos minutos, hasta que coja temperatura.
Cuando esté listo, poner el queso, mezclar y dejar reposar 5 minutos antes de servir.
viernes, 25 de octubre de 2013
Setas
![]() |
| Florence Anderson |
Es otoño y además de ser época de catarros y lluvias también lo es de setas. Muchos salen al campo a buscarlas y les gusta tanto esa actividad que no les importa tragarse el atasco del viernes para dormir unas horas en la casa de la sierra, levantarse antes que el sol (oculto tras los nubarrones) y disfrutar de un paseo por el campo embarrado con el fin de recoger unos cuantos especímenes antes de que otros se les adelanten. Hacerlo sin saber es una temeridad y por eso, a pesar de lo mucho que me atrae semejante plan, debo abstenerme.
Afortunadamente para los espíritus menos aventureros, también hay setas en el mercado con las que elaborar deliciosos platos. Se puede optar por combinar las favoritas de cada uno o incluso hacerlos simplemente con champiñones. Por desgracia ni hermanísima ni el hermano podrán catarlos, ya que sus estómagos no congenian bien con los hongos. Este hecho puede resultar chocante si se considera la amplia gama de productos exóticos que son tolerados sin problemas por sus sistemas digestivos. Cabe destacar entre ellos: el pan de los cerdos, en hogazas duras y dulces, las vitaminas de los conejos, con sabor a naranja e indudablemente nutrititivas, las moras aplastadas que caían de la morera, las naranjas amargas, los huevos crudos y recién puestos aliñados con ladrillo molido y yeso (nuestros pimentón y sal a la hora de jugar), e incluso los nada recomendables copos de comida para peces son algunas muestras de "alimentos" cuya degustación ocasional nunca motivaba una indigestión.
CREMA DE SETAS
Esta crema no lleva ni nata, ni crema, ni más grasa que la de la cucharadita de aceite en la que se rehoga la cebolla. Sabrosa, sencilla, dietética y, además, versátil. Según la guarnición que se le añada serviría también para agasajar a los invitados con algo original, apetecible y reconfortante. Se puede utilizar como salsa para acompañamiento de las carnes o incluso para la pasta, una idea es emplearla en sustitución de la bechamel de la lasaña, lo que la haría más ligera, con un toque final de parmesano rallado en este último caso.
Ingredientes
1 cucharadita de aceite de oliva
1/2 taza de cebolla picada
2 dientes de ajo picados
1 ramita de hojas de tomillo (sólo las hojas)
6 tazas de setas en dados (champiñones, shitake, boletus...)
Sal y pimienta
4 tazas de agua (puede emplearse una taza de vino en sustitución de una de las tazas de agua, el Oporto, el Moscatel o el vino de Madeira le dan un toque dulce que casa muy bien con el sabor de las setas)
1 hoja de laurel
Guarnición opcional:
Aceite de trufa
Champiñones chinos (pequeños)
Yogur natural
Láminas de foie micuit (lo ideal es congelar el foie una hora antes de usarlo y luego rallarlo con un rallador de queso)
Elaboración
Saltear en el aceite la cebolla, el ajo y el tomillo. Añadir los champiñones en 4 tandas. Sazonar y remover continuamente. Añadir el agua y el laurel. Subir el fuego hasta que hierva. Reducir y dejar cocer a fuego medio durante 30 minutos, moviendo de vez en cuando.
Retirar la hoja de laurel. Batir.
Se puede calentar y servir directamente, aunque es preferible dejarla enfriar una noche para que los sabores se asienten.
Servir solo o acompañado con guarnición de champiñones chinos, aceite de trufa, láminas de foie (muy finas) o un poco de yogur.
TERRINA DE BOLETUS con SALSA DE AJO DULCE
Ingredientes (6 personas)
400 gr de boletus maduros
5 huevos enteros
50 ml de nata
100 ml de aceite de oliva virgen
Elaboración
Rehogar los boletus en 100 ml de aceite, ligar con la nata y los huevos enteros.
Rectificar de sal y cocer en un molde al baño María a 150º C durante 30 min aproximadamente.
SALSA MUSELINA DE AJO DULCE
6 dientes de ajo cocidos: confitarlos despacio en 100 ml de aceite de oliva, a fuego muy lento, durante 20 minutos.
Dejar enfriar y montar con las 2 yemas y 1 cucharada de mostaza de Dijon
sábado, 5 de octubre de 2013
Tarta de Limón de Las Dunas
Uno de los días que comimos en Las Dunas nos ofrecieron de postre, fuera de carta, esta tarta de limón. La responsable de su factura era Saray, un cielo de camarera, una de esas personas que inspira confianza con solo mirarla porque lleva la sinceridad escrita en la cara. No sólo es de trato dulce sino que, entre otras cosas, se ocupa especialmente de los postres y siempre aprovechábamos ese momento del final de la comida para charlar un poquito con ella. Nos encantó su sabor cítrico y fresco, con su textura esponjosa al principio y cremosa al fundirse en la boca. Después del éxito con la tarta de cuajada, ¿cómo resistirme a pedirle la receta? También le confesé que era para el blog y obtuve su permiso para divulgarla.
TARTA DE LIMÓN (cortesía de Saray)
Ingredientes
Base
Galletas pulverizadas, mantequilla blanda, una cucharadita de canela y una cucharada de azúcar.
Mezclar bien los ingredientes y extenderlos sobre un molde. Meter en la nevera.
Relleno
Un bote pequeño de leche condensada (370gr)
El zumo de dos limones
La ralladura de 1 limón
6 hojas de gelatina
250 gr de nata montada azucarada.
Elaboración
Calentar el zumo y la ralladura de los limones con la leche condensada. Desleír la gelatina.
Esperar a que se enfríe un poco antes de incorporar la nata montada.
Verter sobre la base.
Enfriar en la nevera hasta que se consolide (unas 4 horas).
viernes, 4 de octubre de 2013
Cinnamon rolls
Probé los Cinnamon Rolls por primera vez durante mi estancia en Texas a los 14 años. Eran una versión congelada e industrial, lista para meter un minuto en el microondas y tomarlos en el desayuno. Junto con los Belgian Waffles, que preparaba el dueño de la casa y que no necesitaban ni sirope, se convirtieron en mi desayuno favorito. La costra azucarada que los recubría, junto con el intenso sabor a canela se me antojó todo un descubrimiento.
10 años después, durante mi visita a Berkeley, descubrí en la fantástica Bakery de College St. unos Cinnamon Twist aún más deliciosos que mis recuerdos. La masa era un poco hojaldrada y mucho más ligera. Carecían de costra, pero no la necesitaban: tras morder su crujiente exterior, se fundían literalmente en la boca en una jugosa y perfecta combinación de azúcar moreno, canela y un toque sutil de mantequilla. Cuando me apetecía un pastel me costaba decidirme entre sus Danish pastries, unos ochos hechos de un hojaldre similar pero sin canela y con una crema de queso del estilo de la del cheescake rellenando sus agujeros, o aquellos exquisitos Cinnamon Twist.
Uno de aquellos días, un encantador profesor amigo de mis padres me llevó de excursión. Me recogió en su maravilloso Jaguar color vino, de metal bruñido, y tomamos la carretera de la costa en dirección sur. Recuerdo que poco antes había tenido lugar un terremoto que había abierto grietas y hundido algunos puentes de hormigón. Nos encontramos con algunos ejemplos de esas ruinas, ya retirados los escombros. Nuestra primera parada fue en Monterrey, cuna de los cinnamon rolls y del genial Steinbeck. Allí se desarrolla la trama de algunas de sus novelas: Tortilla Flat (la primera, que sirvió para sacarle de la miseria y le permitió dedicarse a la literatura), Cannery Row y su continuación, menos conocida pero mi preferida, "Dulce jueves". Los entrañables personajes de Steinbeck son individuos que no poseen nada. Cuando se hacen con algo, lo consideran un tesoro de tal calibre que se sienten inmensamente ricos (aunque no por eso se dedican a guardarlo y conservarlo, sino que buscan el mejor modo de sacarle provecho). No se dedican a sobrevivir a duras penas, sino a vivir y a disfrutar de la vida del día a día. Valoran la amistad por encima de todo, no hay nada mejor en el mundo que estar con los colegas (y esa situación es perfecta cuando la tertulia se riega con unos vasos de whisky de dudosa calidad, el Old Tennis Shoes, sucedáneo del Old Tennessee). El fluido y poético lenguaje de Steinbeck te arrastra a través de las páginas mientras transforma ese ambiente marginal en algo cercano, lleno de vitalidad y diversión.
No creo que ninguno de esos personajes inventase los Cinnamon Rolls que, sin embargo, también nacieron en Monterrey. Lógicamente era preceptivo probarlos: el buen turismo incluye no sólo embeberse de paisajes y monumentos sino también degustar la gastronomía más típica. Nos detuvimos justo delante de la diminuta tienda en la que supuestamente vieron la luz y allí nos hicimos con un par de aquellos dulces, cuyo tamaño era inversamente proporcional al del local. Por supuesto eran más pesados y menos delicados que los Twist de la Bakery, y también mucho menos dulces que los industriales, pero eso no menguó en absoluto nuestro disfrute. Mi cicerone me explicó que en su origen simplemente consistían en estirar una plancha de masa de pan, untarla con la ayuda de un pincel con mantequilla blanda y espolvorearla generosamente con azúcar y canela. La canela no puede añadirse a la masa directamente o mataría las levaduras (aunque hay versiones mucho más rápidas que emplean levadura química). A continuación se enrollaba y se horneaba para, aún caliente, terminar de cubrirlo con el glaseado, desde azúcar con canela, hasta una combinación de chocolate blanco derretido y batido con queso crema pasando también por otras versiones con nueces caramelizadas o manzana asada.
CINNAMON ROLLS
Ingredientes
- 1 taza de harina (puede ser integral).
- 2 cucharadas de mantequilla blanda.
- 3 cucharadas de azúcar.
- Un huevo grande ligeramente batido.
- 100 ml de leche templada.
- 5 cucharadas de azúcar moreno.
- Dos cucharaditas de canela de buena calidad.
- 1 sobre de levadura de panadería.
Elaboración
Mezclar la mantequilla con la harina y el azúcar blanco hasta que tenga un tacto terroso. Desleír la levadura en la leche y verter por encima. Mezclar. Añadir el huevo y amasar hasta obtener una masa lisa que se despegue de las paredes. Hacer una bola y guardarlo en un bol engrasado.Dejar reposar en un sitio cálido hasta que doble su volumen, como mínimo una hora.
Sacar y amasar sobre una superficie generosamente enharinada. Desgasificarla bien y estirarla con un rodillo hasta convertirla en una placa de un par de centímetros de grosor. Pincelarla ligeramente con mantequilla o con leche antes de repartir sobre la masa el azúcar moreno junto con la canela. Enrollar, aunque hay que tener cuidado de no apretarlo demasiado para así permitirle leudar de nuevo. Pegar los extremos con huevo batido.
Cortar la masa a intervalos regulares, lo más práctico es hacerlo con la ayuda de un hilo: rodear con él el rollo y estrangularlo. Dejar levar hasta que aumente su volumen.
Hornear en horno previamente precalentado a 200º, unos 20 min, hasta que se dore y, al pinchar, se compruebe que está cocido.
Verter el glaseado por encima mientras el bollo esté aún caliente (la manera más sencilla de prepararlo es derretir chocolate blanco aunque queda mejor si se combina con queso crema. También puede prepararse con 1 paquete de queso crema o 1 yogur griego batido con 150 gr de azúcar glas o, simplemente, diluyendo el azúcar glas en el zumo templado de un limón)
Tomar casi recién hechos (conviene esperar lo suficiente para no abrasarse).
10 años después, durante mi visita a Berkeley, descubrí en la fantástica Bakery de College St. unos Cinnamon Twist aún más deliciosos que mis recuerdos. La masa era un poco hojaldrada y mucho más ligera. Carecían de costra, pero no la necesitaban: tras morder su crujiente exterior, se fundían literalmente en la boca en una jugosa y perfecta combinación de azúcar moreno, canela y un toque sutil de mantequilla. Cuando me apetecía un pastel me costaba decidirme entre sus Danish pastries, unos ochos hechos de un hojaldre similar pero sin canela y con una crema de queso del estilo de la del cheescake rellenando sus agujeros, o aquellos exquisitos Cinnamon Twist.
Uno de aquellos días, un encantador profesor amigo de mis padres me llevó de excursión. Me recogió en su maravilloso Jaguar color vino, de metal bruñido, y tomamos la carretera de la costa en dirección sur. Recuerdo que poco antes había tenido lugar un terremoto que había abierto grietas y hundido algunos puentes de hormigón. Nos encontramos con algunos ejemplos de esas ruinas, ya retirados los escombros. Nuestra primera parada fue en Monterrey, cuna de los cinnamon rolls y del genial Steinbeck. Allí se desarrolla la trama de algunas de sus novelas: Tortilla Flat (la primera, que sirvió para sacarle de la miseria y le permitió dedicarse a la literatura), Cannery Row y su continuación, menos conocida pero mi preferida, "Dulce jueves". Los entrañables personajes de Steinbeck son individuos que no poseen nada. Cuando se hacen con algo, lo consideran un tesoro de tal calibre que se sienten inmensamente ricos (aunque no por eso se dedican a guardarlo y conservarlo, sino que buscan el mejor modo de sacarle provecho). No se dedican a sobrevivir a duras penas, sino a vivir y a disfrutar de la vida del día a día. Valoran la amistad por encima de todo, no hay nada mejor en el mundo que estar con los colegas (y esa situación es perfecta cuando la tertulia se riega con unos vasos de whisky de dudosa calidad, el Old Tennis Shoes, sucedáneo del Old Tennessee). El fluido y poético lenguaje de Steinbeck te arrastra a través de las páginas mientras transforma ese ambiente marginal en algo cercano, lleno de vitalidad y diversión.
No creo que ninguno de esos personajes inventase los Cinnamon Rolls que, sin embargo, también nacieron en Monterrey. Lógicamente era preceptivo probarlos: el buen turismo incluye no sólo embeberse de paisajes y monumentos sino también degustar la gastronomía más típica. Nos detuvimos justo delante de la diminuta tienda en la que supuestamente vieron la luz y allí nos hicimos con un par de aquellos dulces, cuyo tamaño era inversamente proporcional al del local. Por supuesto eran más pesados y menos delicados que los Twist de la Bakery, y también mucho menos dulces que los industriales, pero eso no menguó en absoluto nuestro disfrute. Mi cicerone me explicó que en su origen simplemente consistían en estirar una plancha de masa de pan, untarla con la ayuda de un pincel con mantequilla blanda y espolvorearla generosamente con azúcar y canela. La canela no puede añadirse a la masa directamente o mataría las levaduras (aunque hay versiones mucho más rápidas que emplean levadura química). A continuación se enrollaba y se horneaba para, aún caliente, terminar de cubrirlo con el glaseado, desde azúcar con canela, hasta una combinación de chocolate blanco derretido y batido con queso crema pasando también por otras versiones con nueces caramelizadas o manzana asada.CINNAMON ROLLS
Ingredientes
- 1 taza de harina (puede ser integral).
- 2 cucharadas de mantequilla blanda.
- 3 cucharadas de azúcar.
- Un huevo grande ligeramente batido.
- 100 ml de leche templada.
- 5 cucharadas de azúcar moreno.
- Dos cucharaditas de canela de buena calidad.
- 1 sobre de levadura de panadería.
Elaboración
Mezclar la mantequilla con la harina y el azúcar blanco hasta que tenga un tacto terroso. Desleír la levadura en la leche y verter por encima. Mezclar. Añadir el huevo y amasar hasta obtener una masa lisa que se despegue de las paredes. Hacer una bola y guardarlo en un bol engrasado.Dejar reposar en un sitio cálido hasta que doble su volumen, como mínimo una hora.
Sacar y amasar sobre una superficie generosamente enharinada. Desgasificarla bien y estirarla con un rodillo hasta convertirla en una placa de un par de centímetros de grosor. Pincelarla ligeramente con mantequilla o con leche antes de repartir sobre la masa el azúcar moreno junto con la canela. Enrollar, aunque hay que tener cuidado de no apretarlo demasiado para así permitirle leudar de nuevo. Pegar los extremos con huevo batido.
Cortar la masa a intervalos regulares, lo más práctico es hacerlo con la ayuda de un hilo: rodear con él el rollo y estrangularlo. Dejar levar hasta que aumente su volumen.
Hornear en horno previamente precalentado a 200º, unos 20 min, hasta que se dore y, al pinchar, se compruebe que está cocido.
Verter el glaseado por encima mientras el bollo esté aún caliente (la manera más sencilla de prepararlo es derretir chocolate blanco aunque queda mejor si se combina con queso crema. También puede prepararse con 1 paquete de queso crema o 1 yogur griego batido con 150 gr de azúcar glas o, simplemente, diluyendo el azúcar glas en el zumo templado de un limón)
Tomar casi recién hechos (conviene esperar lo suficiente para no abrasarse).
sábado, 28 de septiembre de 2013
Tarta de Cuajada "Las Dunas"
Soy golosa. Se supone que a los niños les encandilan las pastelerías y, al parecer, esa fase de mi infancia aún no la he dejado atrás (seguramente no sea la única). Soy tan golosa que la primera vez que House y yo salimos juntos a cenar le dejé impresionado con mi memoria: al final de la comida le recité la carta de postres que habíamos leído al principio. No lo hice para lucirme sino para recordarle lo que había y que pudiese escoger alguno. Eran todos muy apetecibles y no me costó nada visualizarlos con las descripciones, y de la imaginación a la memoria apenas hay un paso. Lástima que la anatomía de la carrera no fuese ninguna perita en dulce.
En las Dunas la carta de postres era menos compleja: flan, mousse (de misterio, chocolate o fresas naturales), arroz con leche, pannacotta de chocolate, tocinillo de cielo, cuajada... No obstante sólo era preciso probarlos para que resultasen tan memorables como los de aquella cena. Un día me animé y abusé de la confianza que da el trato para pedirles la receta de las tartitas de cuajada. Me dieron la receta y Antonia salió a explicármela y que me quedase bien clara su elaboración. Para facilitarme aún más las cosas, el último día me preparó una neverita con todos los ingredientes para prepararla (varias veces). Nos detuvimos en Linares y ¿por qué eserar? mi tía y yo nos pusimos manos a la obra esa misma tarde. Estaba tan buena que tendré que practicarla un poco más (no creo que me falten voluntarios para valorar mis progresos).
TARTA DE CUAJADA LAS DUNAS
Ingredientes
600 ml de nata líquida de pastelería azucarada (en el caso de que la nata no venga azucarada es cuestión de añadirle luego el azúcar).
2 sobres de cuajada (Antonia me dio de la marca Royal)
2 paquetes de queso crema (tipo Philadelphia)
Un chorro de leche (unos 100 ml)
Un poco de azúcar (la nata y los sobres de cuajada ya llevan azúcar así que como mucho hay que añadir entre 0 y 100 gr, según el gusto de cada uno). Si la nata no lo llevase habría que poner unos 150-200 gr de azúcar, conviene empezar por menos, probar y rectificar si es necesario. Siempre hay que tener en cuenta que en caliente siempre el sabor es más dulce y perderá un poco de dulzor al enfriarse.
Bases (galleta tipo María o bizcochos finos redondeados o cortados con un vaso...) Se puede hacer una tarta grande pero es muy blandita y costaría dividirlas sin que se desmoronasen. Antonia las prepara individuales.
Elaboración
Calentar la nata.
Aparte batir con la turmix la leche con el queso crema y los sobres de cuajada (y el azúcar si la nata no lo llevase).
Cuando la nata hierva, añadir la mezcla del queso con la leche y la cuajada.
Esperar a que hierva de nuevo para que se espese. Remover con una cuchara para que no se pegue.
Probar y rectificar de azúcar.
Dejar enfriar la mezcla antes de montar las tartas (hasta que esté frío, no sólo tibio para evitar que se desparrame).
Montaje
Cortar una cinta de plástico duro (se parece a los cartones de pastelería que se usan para proteger los pasteles) con la forma de un molde circular del tamaño de la galleta o lo que se haya escogido de base (lo más cómodo es enrollarlo alrededor de un vaso, montar un poco los extremos del plástico y sujetarlos con celo). Conviene que se le ajuste bien a la base o costará más que mantenga la forma al rellenarlos. Se pueden usar otros moldes, tipo flan, aunque en ese caso es mejor dejar la base arriba para desmoldarlo al revés (eso sí, el proceso de relleno es mucho más sencillo y no hace falta esperar a que se enfríe la crema para hacerlo).
Repartir un poco de caramelo líquido sobre la base de galleta (o bizcochos finos cortados en círculo.
Poner la base como fondo del molde de plástico y rellenarlo con la crema de cuajada fría (unas 4 cucharadas colmadas por cada pastel).
Enfriar en la nevera un par de horas como mínimo (se pueden preparar con antelación y congelar sin problema, de hecho así se desmoldan mejor).
Para servir: retirar el plástico tras poner el pastel en cada plato.
Cubrir con salsa al gusto: caramelo, miel, mermelada de frutos rojos o, mi favorito, chocolate fundido.
En las Dunas la carta de postres era menos compleja: flan, mousse (de misterio, chocolate o fresas naturales), arroz con leche, pannacotta de chocolate, tocinillo de cielo, cuajada... No obstante sólo era preciso probarlos para que resultasen tan memorables como los de aquella cena. Un día me animé y abusé de la confianza que da el trato para pedirles la receta de las tartitas de cuajada. Me dieron la receta y Antonia salió a explicármela y que me quedase bien clara su elaboración. Para facilitarme aún más las cosas, el último día me preparó una neverita con todos los ingredientes para prepararla (varias veces). Nos detuvimos en Linares y ¿por qué eserar? mi tía y yo nos pusimos manos a la obra esa misma tarde. Estaba tan buena que tendré que practicarla un poco más (no creo que me falten voluntarios para valorar mis progresos).
TARTA DE CUAJADA LAS DUNAS
Ingredientes
600 ml de nata líquida de pastelería azucarada (en el caso de que la nata no venga azucarada es cuestión de añadirle luego el azúcar).
2 sobres de cuajada (Antonia me dio de la marca Royal)
2 paquetes de queso crema (tipo Philadelphia)
Un chorro de leche (unos 100 ml)
Un poco de azúcar (la nata y los sobres de cuajada ya llevan azúcar así que como mucho hay que añadir entre 0 y 100 gr, según el gusto de cada uno). Si la nata no lo llevase habría que poner unos 150-200 gr de azúcar, conviene empezar por menos, probar y rectificar si es necesario. Siempre hay que tener en cuenta que en caliente siempre el sabor es más dulce y perderá un poco de dulzor al enfriarse.
Bases (galleta tipo María o bizcochos finos redondeados o cortados con un vaso...) Se puede hacer una tarta grande pero es muy blandita y costaría dividirlas sin que se desmoronasen. Antonia las prepara individuales.
Elaboración
Calentar la nata.
Aparte batir con la turmix la leche con el queso crema y los sobres de cuajada (y el azúcar si la nata no lo llevase).
Cuando la nata hierva, añadir la mezcla del queso con la leche y la cuajada.
Esperar a que hierva de nuevo para que se espese. Remover con una cuchara para que no se pegue.
Probar y rectificar de azúcar.
Dejar enfriar la mezcla antes de montar las tartas (hasta que esté frío, no sólo tibio para evitar que se desparrame).
Montaje
Cortar una cinta de plástico duro (se parece a los cartones de pastelería que se usan para proteger los pasteles) con la forma de un molde circular del tamaño de la galleta o lo que se haya escogido de base (lo más cómodo es enrollarlo alrededor de un vaso, montar un poco los extremos del plástico y sujetarlos con celo). Conviene que se le ajuste bien a la base o costará más que mantenga la forma al rellenarlos. Se pueden usar otros moldes, tipo flan, aunque en ese caso es mejor dejar la base arriba para desmoldarlo al revés (eso sí, el proceso de relleno es mucho más sencillo y no hace falta esperar a que se enfríe la crema para hacerlo).
Repartir un poco de caramelo líquido sobre la base de galleta (o bizcochos finos cortados en círculo.Poner la base como fondo del molde de plástico y rellenarlo con la crema de cuajada fría (unas 4 cucharadas colmadas por cada pastel).
Enfriar en la nevera un par de horas como mínimo (se pueden preparar con antelación y congelar sin problema, de hecho así se desmoldan mejor).
Para servir: retirar el plástico tras poner el pastel en cada plato.
Cubrir con salsa al gusto: caramelo, miel, mermelada de frutos rojos o, mi favorito, chocolate fundido.
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