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martes, 23 de junio de 2015

Restaurante Víctor Gutierrez, Salamanca

El año pasado nos invitaron a una boda a Salamanca y aprovechamos la coyuntura para pasar allí unos días. Además del turismo cultural también nos dedicamos al gastronómico, que tras tanto paseo hay que reponer fuerzas. Animados por alguna de las críticas que leímos, reservamos en el Restaurante de Víctor Gutierrez, en la C/ Empedrada. Este año nos han invitado a una nueva boda en esa misma ciudad y nos hemos apresurado a reservar una mesa en el mismo restaurante. Entre entonces y ahora el lugar ostenta una estrella Michelín merecidísima.

El local es muy agradable, más bien minimalista y con hueco entre las mesas para preservar la intimidad de los comensales. Dos camareras sonrientes y encantadoras atienden a los comensales de manera impecable, les explican los platos, servidos en una vajilla de dimensiones verdaderamente colosales, y procuran responder a todas sus preguntas, aunque tengan que indagar en la cocina para contestar algunas. Da gusto el trato que tienen, son un aliciente más del sitio.

La carta dispone de dos menús degustación, diferentes pero adaptables según las preferencias e incompatibilidades del gastrónomo de turno. Después de trasnochar el día anterior por culpa de la boda, se nos había hecho algo tarde para desayunar en el hotel esa mañana y, aunque en el convite había comida suficiente para cuatro enlaces, la cena había bajado a lo largo del baile y estaba más que digerida. Aún arrastrábamos algo de sueño y eso da hambre. Tanta justificación es para explicar por qué nos decantamos por el menú largo, aunque el motivo principal es que somos unos glotones y así contábamos con más platos para probar y disfrutar.

De aperitivo House pidió la cerveza de la casa, Ink, una tostada elaborada por el chef que presenta la peculiaridad de llevar, además de malta de cebada, quinoa, un semicereal típico del altiplano peruano, de donde es oriundo el chef. Es una cerveza deliciosa, de las mejores que he catado, suave y con cuerpo, algo afrutada y un poco más dulce en razón de la quinoa. Preguntamos si la pensaban comercializar y nos regalaron una botella (que ya no tenemos). La carta de vinos es amplísima, aunque con especímenes prohibitivos para nuestra economía. Optamos por probar un Ribera de nombre Romántica, un crianza suave y fino pero con algo de cuerpo y que entraba de maravilla. Muy recomendable.

Abrió el baile de platos la primavera de ibéricos, con un extraordinario jamón de Guijuelo y unos chips de patata crujiente aderezados con un poco de sobrasada. Lo presentaban sobre unos palos (no comestibles) entre los que se escondían unos grisines (que sí se comían). En el siguiente plato los palos de adorno se transformaron en piedras que amurallaban una tira de hojaldre con aguacate, que también venía presentado sobre un alga crujiente, una zanahoria baby con gelatina de yuzu (un cítrico japonés) y una fantástica minimadalena de aceitunas con su tapenade de olivas negras en un fabuloso contraste dulce-salado.

Uno de mis favoritos fue el atún marinado sobre crema de ajoblanco y acompañado de helado de erizo. Un verdadero manjar en el que el sabor de las almendras del ajoblanco suavizaba el marisco del helado al derretirse en la boca con el bocado de atún.

La próxima vez que compre cigalas las pondré sobre un lecho de ensalada de quinoa y le prepararé una salsa de yogur con un toque de pepino y jalapeños. No sé dónde conseguir la anguila ahumada que lo complementaba, con suerte lograré unos arenques, pero con que me quede la mitad de bueno que el original ya me conformo.

Un bocadito de cochinillo congració a medias a House con la elección del menú (en el corto el cochinillo era uno de los platos principales). Digo a medias porque después de probar aquel bocadito, crujiente y jugoso, daban ganas de tomarse el lechón entero.

Seguimos con anticucho, una salsa peruana en la que generalmente se macera carne y que se elabora con 16 ingredientes: aceite, ajo picado, comino, jugo de limón, pasta de ají panca, pimienta molida y fresca, sal, vinagre de vino tinto, cerveza negra, orégano y toda una serie de verduras. En este caso lo macerado eran atún y pichón que venían servidos sobre una cama de arroz a modo de niguiri. Sabrosísimo.

Continuamos nuestra penitencia gastronómica con un arroz de calamares con gamba roja y salsa de chile. De ahí pasamos al fondo marino, extraído directamente del océano del paraíso, con carabinero a la plancha (mi marisco favorito), mejillón con falsa concha, algo picante y comestible, cangrejo de cascara blanda y sopa de pescado con un toque de leche de coco (estéticamente servida en el interior de una roca hueca).

Aún nos faltaban el pescado y la carne. El representante del primero era una delicia de salmonete, limpio de espinas y con toques asiáticos: coco, yuzu y miso rojo. La última maravilla era pichón con salsa de mostaza y salpicado de pistachos picados y té macha.

Terminado el festival de salados le tocaba el turno a los postres. ¡Tres! Comenzamos con manzana en sorbete con láminas finísimas y con una crema de mandarina. La crema original era de maracuyá pero me la cambiaron, no comprendo las ganas que tienen todos los cocineros de introducir esa fruta tropical en sus creaciones, no combina con nada sino que le quita el sabor al resto. Con mandarina todo casaba a la perfección.

El segundo postre fue un original cebiche. Nos explicaron que el cebiche es un concepto, y que para ser considerado como tal ha de llevar ají y cítricos. En este caso el ají venía incorporado a la crema y los cítricos en un sorbete de bergamota y unos trozos de pomelo. Me encantan los cebiches.

Para rematar la comida, un broche de chocolate en todas sus texturas: polvo, carbón, crema, helado, bizcocho... El chocolate es irresistible, debe de ser pecado no comerlo a diario.

Los cafés llegaron acompañados con un detalle de la casa: un macaron, un alfajor, un bombón de mango y unos caramelos de lima-limón con forma de piedrecitas. Para entonces estábamos algo llenos pero no era cuestión de no apreciar el detalle así que le hicimos los honores que se merecía.

En fin, como esto va de boda en boda, a ver quién se casa el próximo año en Salamanca y nos da un pretexto para volver. Sé que no es necesaria una excusa pero nunca viene mal tener un motivo para arrancar.

viernes, 12 de junio de 2015

Restaurante Soy (de Pedro Espina)

Soy, de Pedro Espina, es el mejor restaurante japonés de Madrid y no exagero, yo diría que me quedo corta y que en realidad Soy es, sencillamente, el mejor restaurante japonés. Es un local curioso, muy pequeño, de apenas 6 mesas, en la C/ Viriato 58, que carece de identificación. Al principio figuraba el nombre con letras de bambú sobre la puerta pero después de que los vándalos de turno robaran el cartel hasta en tres ocasiones, su dueño optó por dejarlo tal cual: un trozo de pared de pizarra negra y una puerta de cristal opaco. Sorprende tanta sobriedad pero eso dura hasta que se conoce al chef al final de la velada, cuando sale a despedir a los comensales, entonces se comprende todo sin problemas. Pedro Espina es muy tímido y el show y las grandes muestras de efusividad no van con él. No necesita nada de eso, sus platos hablan por él. Para las relaciones con la gente cuenta con el personal de sala, muy atento y competente.

Siempre que hemos ido hemos pedido el menú degustación, es variado y está tan rico que podría repetirlo una y mil veces. Empezamos con un tempura de pescado en vinagreta en su punto justo de acidez. Lo siguiente son unos mariscos, mejillón, pulpo y langostino, en alioli de cítricos y algas que está como para rebañar la salsa a lengüetazos (lástima que la educación no permita ciertas cosas). Suele seguir una cuajada de soja y algas que se derrite en la boca y que en la última ocasión nos cambiaron por un sashimi de vieiras maravilloso, con la carne de vieira fresca y tiernísima. Pedro Espina nos confesó que es su plato favorito, y creo que el mío también. Desde siempre, que recuerde, tengo debilidad por las vieiras.

El tartar de atún rojo con capa de caviar y huevo de codorniz, y acompañado por una frambuesa, es otro de los platos estrella, y con razón. Es un tartar perfecto, es el mejor adjetivo que se me ocurre para describirlo.

La sopa la traen en tetera junto con un bol diminuto para servirla y beberla directamente, y con una rodaja de lima para añadirle unas gotas. Es un caldo delicioso del que House podría vivir incluso en verano, ante algo tan rico poco importa el calor de la época del año. Al terminar el caldo, hasta la última gota, quedan los tropezones en el interior de la tetera: una rodaja de puerro, un trozo de carne, un langostino y un huevo de codorniz. Después de macerarse en ese caldo son irresistibles.

Mientras se apura la sopa, traen los sushis, que van cambiado en cada visita. Primero llegan los nigiris (lecho de arroz cubierto por una sábana de pescado), en la última visita de pez mantequilla, anchoa con aguacate y gamba. Luego aparecen los makis, los rollitos rellenos de pescado o, en nuestro caso, de tempura de langostino. Me encanta el contraste del arroz cremoso con el crujiente del rebozado. En otra de las ocasiones recuerdo unos makis de foie inolvidables.

Unas bolitas de zamburiñas nos acercan al final. Abrasan pero no esperamos a que se templen para probarlas, se nos antojó imposible. Crujientes por fuera, con una capa de sésamo una y de patata en tiras finísimas la otra, y tiernas y sabrosas por dentro son un pecado. El calor que desprenden al morderlas solo consigue que las mantengas más tiempo en la boca y disfrutes de su sabor mientras se enfrían.

El último plato del menú es un rollito al vapor de cangrejo. Llegar al final con algo así es como para que se te salten las lágrimas. Junto con la sopa y el sashimi de vieiras forma parte de mi triunvirato favorito.

El toque dulce lo pone un helado en tempura, crujiente y caliente por fuera y fresco por dentro. Con los cafés traen un licor de ciruelas del que no dejamos ni una gota, tiene el punto justo de dulzor y acidez. También apuramos el vino, un Ribera de nombre Cair, de Luis Cañas, hecho con racimos pequeños seleccionados de cepas viejas, un vino para tener en cuenta y como para hacerse con unas cuantas botellas.

Ya se terminó mi mes de celebración del cumpleaños, ¡qué rápido pasa el tiempo! "Soy" es una guinda excelente para rematar el evento.

jueves, 1 de enero de 2015

El placer del vino

Brota por el cuello una cascada color rubí. Seducidos los labios se acercan. La nariz se satura, la boca se inunda y una ola de placer se desliza por la lengua. Al final los ojos se cierran, la boca sonríe y la mente recuerda.

¿Me besas o brindamos?
¿Difícil escoger?
No entiendo por qué.
Bebe un sorbo mientras lo piensas. El vino aclara las ideas, no sé si el champán también.
No te rías.
Soy feliz. La cabeza me da vueltas.
Ummm, estás muy cerca.
¿Te molesta?
¿Qué pretendes?
¿Tú que crees?
Te veo las intenciones.
Sólo te ayudo a escoger.
¡Ah, se trata de eso!
¿Quizá quieres ambas cosas?
Sí, no...Tienes razón, el brindis sabe mejor si compartimos la copa.

martes, 8 de abril de 2014

El arte del vino

Hace unos días me apunté a una cata de vinos muy original. Se trataba de maridar arte y vino. Me gustan las dos cosas así que el plan me sonó muy bien.

La idea surgió a raíz de la exposición de Javier Comas en Café di Vino. Primero Javier nos dio las pistas, en forma de comentario sobre sus obras. Habló de su estrecha relación con las Canarias de la que había surgido "Atlántico" con sus matices turquesas, sus arenas blancas y sus rocas volcánicas. Explicó como la niebla en los árboles desnudos de un invierno interminable le había evocado la sencillez del arte chino para su serie de "Árboles". Nos contó como el azul oscuro del "Egeo" le había sacado del laberinto en el que se encontraba atrapado.

Con esas pistas debíamos descubrir el porqué de cada vino seleccionado. Se trataba de una cata ciega en la que el gusto y el olfato debían actuar de guías.

El primer vino era blanco, sabroso, algo salado. Sabía a fino pero era una manzanilla (en concreto Borbón-Orleans). Aprendí que la diferencia entre Jérez y Manzanilla es que, aunque ambas son de uva Palomino, la segunda se produce en Sanlucar de Barrameda, a orillas del mar, y por eso es más salada. Es muy trabajosa de elaborar ya que requiere una cuidadosa crianza en barrica bajo velo de flor, la capa de levaduras naturales que cubre el vino para su fermentación biológica, de ahí su maridaje con el Egeo.

El segundo vino era un vino con cuerpo pero ni áspero ni  recio, con la densidad precisa, muy rico, con algo de madera y bastante sabor a fruta. Cuando descubrí que la uva era Tempranillo no me lo podía creer porque me supo muy distinto a los Riberas y los Riojas. Era un 13 Cántaros de Cigales, escogido para el evento por las nieblas vallisoletanas. Un vino muy económico y que me gustó mucho.

El tercer vino era un tinto diferente, más suave que el anterior pero sin resultar acuoso, tenía aromas de violeta, de pimienta y de miel y también algo de salinidad. Fue el favorito de muchos. Su DO supuso toda una sorpresa: el valle de la Orotava, al norte del Teide. Su nombre: 7 Fuentes.

Una vez catados los vinos y maridados con los cuadros había que comprobar qué tal casaban con algún alimento más sustancial. Mi conclusión final es que con unos tacos de queso Majorero componen una magnífica obra de arte (efímera pero muy satisfactoria).

lunes, 17 de marzo de 2014

Café di Vino

Ciprés- Javier Comas
Café di Vino es una pequeña y selecta tienda de vinos ubicada en la C/ Malasaña, 23. En este caso selecta no es sinónimo de cara, al contrario, su propietario se preocupa de escoger vinos excelentes con una relación calidad-precio igual de excelente. La mayoría están por debajo de los 15 euros. Si deseáis comprobarlo mientras aprendéis más de vinos, os recuerdo que el saber no ocupa lugar y menos si es delicioso, también organizan catas. La próxima tendrá lugar el jueves 20 de Marzo a las 19:00h. Estoy segura de que merecerá la pena porque el dueño es encantador y disfruta tanto con su trabajo que transmite su entusiasmo.

Me enteré de su existencia gracias a Javier Comas. El local se preocupa por su imagen, y han conseguido crear un ambiente realmente agradable: muy sencillo y acogedor. Por ese motivo le pidieron al artista si no le importaría exponer algunas de sus obras para la inauguración. Me invitaron pero no pude asistir porque coincidió con mi fin de semana de guardia. Aún así el plan quedó pendiente.

He aprovechado la mañana del sábado para acercarme. Los cuadros de Javier Comas, cada vez más bonitos, decoraban el lado derecho de la pared. El primero es un océano Atlántico grande, luminoso y sereno, de tonos azules celestes y turquesas en una playa de arena pálida. Al lado crecen unas exóticas orquídeas, vestidas de naranjas, rojos, verdes y violetas, listas para acudir a la fiesta del jardín de las maravillas de Alicia. Preciosas. La intensidad de sus colores contrasta con el camino de blancos, grises y negros de los árboles desnudos, apenas perfilados, alineados sobre la nieve, que componen el siguiente cuadro. Es una serie muy delicada y una de mis favoritas.

Una estantería devuelve la atención a los vinos. En este caso los protagonistas son unos vinos dulces de lo más tentadores. Un poco más allá hay un cuadro pequeño perteneciente a la misma serie de árboles invernales y que, para mi gusto, resulta aún más bonito que el anterior. La nieve y algunas copas verdosas se cubren de reflejos borrosos y azulados de niebla. Javier se lo ha regalado al dueño que espero lo deje en la tienda para contemplarlo. Junto a él, unos árboles amanecen entre el arcoiris. A ambos cuadros les acompaña una muestra del desierto de Fósiles, que sustituye al Ciprés (de la ilustración) que ha vendido. Al fondo de la sala, en solitario, ruge la fuerza del mar Egeo.

Por supuesto, además de ver arte, me he dejado aconsejar y me he surtido de vinos y vinazos. Con la comida del fin de semana probamos uno de estos últimos, un César Príncipe del 2010 de Cigales y certifico que está riquísimo. Para la próxima semana les llegará un PX excepcional con 100 puntos en la guía Parker. No me quiero ni imaginar lo buenísimo que estará aunque no sé si tanto como el Ximénez Spinola, mi favorito. Por cierto, para los abstemios, también disponen de café. A House le he comprado uno del Salvador que me ha llamado a voces desde el estante.

domingo, 10 de noviembre de 2013

In vino Veritas

¿Sabíais que el segundo domingo de Noviembre, hoy, es el día Europeo del Enoturismo?

¿Os suenan las frases?
Hace poco descubrí un vino delicioso...
¿Has probado este vino?
¿Y este otro?

¿Cuántas veces nos han recomendado un vino que luego hemos sido incapaces de recordar? Afortunadamente no me ocurre con todos. ¿Por qué? ¿Por mi buena memoria? No. ¿No dicen que el vino ayuda a olvidar? Es una lástima que también se olvide su nombre. Sencillamente los apunto, a veces en el primer papel que tengo a mano y que luego no recuerdo dónde lo metí. Ese papel es de lo más variopinto. Suelen ser tickets de compra o un trozo reciclado de folio, pero también me sirven los envases de cartón de los cosméticos (lógicamente por la parte de dentro) o incluso una servilleta de una cafetería. Desde hace tiempo llevo siempre (o casi siempre) un cuadernito en el bolso que suelo rellenar en momentos de inspiración. No sigue ningún orden ni concierto y hay notas hasta en las tapas. Tengo varios, todos a medias y ninguno con un índice que me sirva para identificarlos. Otra de sus aplicaciones es, precisamente, la de apuntar esos vinos maravillosos. El único problema es que nunca coincide que, cuando salimos a comer, el cuadernito de ese momento sea el correcto.

Aquí pongo lo que he reunido de las distintas listas (en los comentarios se agradecen ampliaciones de la misma con nuevas sugerencias).

Vino Arregui crianza 2007, un Rioja buenísimo, lo tengo anotado como el que más nos gustó de los que probamos (lo que no apunté es dónde).
El Puntido (Rioja). Nos lo sirvieron en el Restaurante Ikea, de Vitoria, y fue todo un hallazgo. Compré una botella en el Club del Gourmet del Corte Inglés al regresar a Madrid. 

De Bardos, Ars Suprema. 2005 Ribera del Duero.
Malleolus Bodegas Emilio Moro Ribera (que descubrimos en El Paraguas)
Hito (de Cepa 21, dentro también de las bodegas Emilio Moro). Es mucho más económico que el Malleolus pero también es excelente. Mi especial agradecimiento a Los Sentidos.
Obra Roble (un vino de Ribera que probamos en Las Dunas) Le gustaba a la dueña y nos gustó a nosotros.
Martín Berdugo (Ribera). También lo conocimos en las Dunas. Delicioso.
Luis Cañas crianza 2007, de Ribera,  fácil de encontrar, lo he visto en el Alcampo. Sin desmerecer, preferimos el Lagar de Isilla (Ribera), que tomamos en Linares en el Canela en Rama.
Vino de Leda 2007 (Castilla y León)

San Román (Toro). Con razón tiene buena fama.
El Almirez (Toro) lo probamos en Lieu. Es más barato que el San Román y sin nada que envidiarle.
Elías Mora (Toro) este lo probamos en el Bistró Peruano Tanta. Sabroso, intenso y delicioso. Los vinos de Toro buenos, y últimamente hay muchos, se cuentan entre mis favoritos.
Matsu viejo (Toro): un vino de cepas viejas que descubrimos en El Antojo y del que hicimos acopio inmediatamente.
Titán del Bendito (Toro): dentro de la línea del Matsu viejo, también de cepas centenarias. De la misma bodega pero más económico está el Dominio del Bendito, también muy bueno aunque se aprecia la diferencia, por lo que para una ocasión especial recomiendo el Titán. Lo compré por curiosidad en Lunch&Dinner, una tienda gourmet con platos preparados y bien cocinados, además de las delicatessen habituales de estos sitios y con una gran selección de Ginebras de todo tipo, situada en el chaflán entre Don Ramón de la Cruz y General Diaz Porlier.


Pitacum aúrea (El Bierzo). Otro del que sólo apunté el nombre.
Fagus (Campo de Borja) un vino de garnacha con intenso sabor a frutas del bosque. Fue en Cuenllas, cosecha del año 2008, lo tomamos para celebrar mi cumpleaños y nos pareció fabuloso.
Finca El Regajal, Vino de Madrid
El Predicador, Vino de Madrid. Recomendación muy acertada de MJ.
El Rincón, Marques de Griñón.
Laya (Almansa) Garnacha tintorera (le gusta mucho a mi jefe).
Clio Bodegas el Nido Jumilla (recomendación del encantador Sumiller de Diverxo y del que dimos buena cuenta en las largas esperas entre bocado y bocado)
Cojón de gato: también descubrimiento de Antojo. El nombre corresponde a la variedad de uva con la que se elabora. El problema es que no lo he encontrado en ninguna tienda. Creo que es de Somontano.
Habla del Silencio, de Extremadura. Uno de los favoritos del sumiller del Canela en Rama (el bar con las mejores tapas de Linares).
Barbazul. Un vino de Cádiz con un nombre muy sugerente y un sabor por el que merece la pena abrir con la llave la bodega prohibida.
Esencia. Un vino blanco de Cariñena con baja gradación alcohólica, sólo 5,5º, que me resultó muy agradable (y eso que son pocos los blancos que me gustan: los Albariños, algún Rueda, el Barbadillo y poco más).
El vino rosado en mi opinión no es "ni chicha ni limoná", los únicos rosados que sí que me gustan son los de champán.
El único cava que me gusta es el Codorniú Pinot Noir, aunque no he probado los espumosos de otras regiones españolas.

De Pedro Ximenez descubrimos el Pemartin, cremoso pero sin ser empalagoso y sin exceso de alcohol, de ese también tengo que hacerme con unas botellitas.
Otro PX muy rico es el Monteagudo, aunque, de momento, mi favorito es el Ximénez Spinola.

"La Celia" Argentina. Malbec. Tengo debilidad por la uva Malbec. 
Bodega Ventisquera Chile. Grey. Uva Carmenise.

martes, 30 de octubre de 2012

Complicados compromisos

El horario del personal sanitario es de locos: tardes, noches, fines de semana, cualquier hora es susceptible de ser trabajada. Eso, si no se suma algún curso, congreso o actividad extraprofesional. Por eso, que tres médicos se junten para comer simplemente por amistad requiere una precisa planificación, tan delicada como un encaje de bolillos. Los fines de semana quedan descartados, si no se está de guardia generalmente están ocupados con antelación con diversas actividades familiares y se convierten en fechas casi tan señaladas como las navidades. Durante el verano las vacaciones deben de ser adaptadas a las de los hijos, si se tienen, y en caso contrario lo que se procura es evitar encontrarse con los niños de otros. Por este motivo mis vacaciones no coinciden con las de mis amigas.

Curiosamente, un plan entre semana, cuando se puede ajustar, suele ser lo que tiene más posibilidades de éxito. Por eso, una vez de vuelta e inmersa de nuevo en la rutina laboral, intento planear una comida con mis amigas. Muevo ficha y cruzo los dedos. Dada mi aversión al móvil, con el que seguramente sería todo mucho más rápido e infinitamente más sencillo, doy el primer paso. Lanzo un primer mensaje sonda, vía gmail, con fecha 10 Octubre.
¿Qué día os viene bien para comer la próxima semana? Me vale cualquiera, incluso el sábado que está House de guardia. A ver si lo conseguimos. Besos.

Soy una optimista ¡Avisar con sólo una semana de antelación! ¿Quién sabe, a veces contar con el factor sorpresa juega a favor?
Al parecer no va a ser el caso ¡Qué mala suerte! Me llega la primera respuesta al día siguiente:
La semana que viene me voy a Germany ¡¡Hablamos!! Ni siquiera 4 hijos consiguen retener a MJ en Madrid. Llamarla por teléfono, a casa, y pillarla allí es menos probable que comprar el gordo de la lotería.

Un par de días después, lo vuelvo a intentar, en esta ocasión con un plazo más largo:
El jueves 25 (que sería ya la siguiente semana) House está de guardia. ¿Os iría bien entonces? (en esa semana sólo tengo guardia el martes 23). Besos.

Se lo piensan otro par de días y recibo una alternativa:
¿Comida o merienda-cena el miércoles 24? Ahora mismo estoy con MJ. Piénsalo

Perfecto, ¡parece que sí que podemos coincidir! ¡y sin cambiar de mes!
Si podéis ambas el miércoles 24, por mí no hay problema. A ver si finalmente es posible. Besos.

Nueva respuesta con confirmación y duda:
Hola ¿Con cuanto tiempo de antelación se puede preparar el tartar? Lo he hecho con carne picada de una pasada...me faltaban esos detalles en la receta!!
Confirmamos para el 24. Bss

Resuelvo la duda y doy comienzo a la sección detalles.
Normalmente el steak tartar se prepara al momento, aunque se puede dejar que macere incluso un día (estará algo más fuerte en ese caso). La carne se pica normalmente a cuchillo en los restaurantes, en casa es más cómodo usarla directamente picada, sólo de una pasada para que no se estropee demasiado en el proceso.
¿Dónde os va mejor el 24? Algo que esté bien comunicado ¿Quedamos a las 15h?

Al parecer no me voy a tener que preocupar de nada más, al menos según la siguiente respuesta:
Paula Romani
Creo que MJ tiene pensado sitio y es ¡sorpresa!. Echo de menos tu publicación - foro. Era la alegría de cada día (gracias por el halago, a veces me sentía como si forzase a mis destinatarios, aunque fuesen familiares y amigos, a leerme, aunque al parecer no es así. Lo único es que eso de poner un e-mail a las 6 de la mañana, por muy madrugadora que sea, no siempre apetece. Aún así, en vista de las protestas, lo haré de nuevo, aunque no sea diariamente)Si nos juntamos varios foreros te haremos entenderloBesitos 

Pasa una semana sin noticias. Una en Alemania, otra de guardias y quirófanos. Finalmente, el día anterior... 

23 Octubre:
¿Quedamos finalmente para comer mañana? ¿Dónde?
Estoy intrigada. ¿Cuál será el sitio sorpresa?
OK
Esa es la respuesta. Reviso mi mensaje. No me he equivocado: era más largo e incluía otra pregunta. No es que fuese tan extenso que el contenido se haya podido despistar entre el texto. En vista de que algo ha debido de suceder, insisto.
¿Dónde? ¿Tenéis algún sitio planeado? ¿A qué hora termináis? ¿A qué hora quedamos?

Yo termino a las 3. Me gustaría llevar a un amigo sueco y su mujer. No he pensado nada.
Tengo quirofano última hora mañama. Es como 2 horas. Si entro antes de 13 h, me da tiempo bien. Si no.... ¿¿¿Sitio???

¡Qué buena manera de devolverme la pelota! Está claro que mis amigas son más listas que yo. Improviso opciones a las que podamos llegar a una hora razonable. Afortunadamente Madrid es un filón en lo referente a ofertas de restauración (lo de los precios es otro cantar)
Propuestas (a tiro de piedra del Metro, con línea que nos pille bien a todas):
Restaurante Al Fanus en la C/ Pechuán, 6 (al lado del Metro de Cruz del Rayo), he oído hablar bien de él. Es cocina Siria.
Restaurante Tampu en C/ Suero de Quiñones, 3 (al lado de Metro Prosperidad y muy cerca de Cruz del Rayo), un peruano que parece estar bien.
Restaurante Fishka, cocina de fusión rusa-mediterránea, en la C/ Suero de Quiñones, 22 (por detrás del auditorio, tb metro Cruz del Rayo)
¿Qué os apetece más? ¿Qué le puede gustar más a tus amigos MJ? Mirad las opiniones de Internet a ver qué os tira.
Espero que el quirófano se dé bien mañana.
Espero que no surja ningún imprevisto. Muchos besos.

Diría peruano o sirio. Último voto ¿?
A lo largo de la tarde he hablado por teléfono (del normal, de ese privado, inalámbrico y con cable a la pared, y sin más orejas que las de los interlocutores y los familiares que pululen por la casa) con la tercera en discordia. Ella también se ha quedado enganchada en el mismo punto del dilema. Esperábamos el resultado final en este último mensaje, pero no ha habido éxito.

Me ha dicho lo mismo, peruano o sirio. El que prefieras, no conozco ninguno, pero de oídas creo que los dos están bien y están muy cerca uno del otro. Al Fanus lleva tiempo y me lo han recomendado desde que era residente (es mi manera sutil de indicar mis preferencias). El otro es bastante nuevo. ¿Qué le puede gustar más a tus amigos? ¿Van a venir? Besos.

Yo he hecho las propuestas. Aunque personalmente me inclinaría por el sirio, no pretendo acaparar todas las decisiones. Es tarde. Apago el ordenador. Ya me enteraré mañana de la elección final.
Leo los mensajes al levantarme.
¡¡Probaremos peruano!! Nos vemos. Grumpy, ¿¿puedes reservar tú para el grupo?? ¡¡Graaaaacias!!
Decidido, al fin. Sólo falta la reserva (con mi optimismo habitual pensaba que, a lo mejor, alguien se encargaría). Soñaba aún, me he despertado y, una vez de vuelta en la realidad, me pongo a ello. Afortunadamente no estoy en quirófano y puedo llamar al restaurante en mitad de la consulta. No hay problema. Envío un mensaje de confirmación. 
Restaurante Tampu. Reservado a las 15 h (en realidad es a las 15:15h, pero nos conocemos y conviene dejar un margen), a mi nombre, para 5 personas. 
Unos minutos después me llega una respuesta. 
Seremos sólo las 3. Bss
Nueva llamada al restaurante. Cambio la reserva, con mis disculpas. Sigo con la consulta. A las 13:30h recibo un nuevo mensaje. 
Chicas... Esto es increible (¿me lo dices o me lo cuentas? ¿más complicaciones? ¿cancelaciones? ¿malas noticias? Espero que no). Aun no he empezado. A lo mejor me suspenden la cirugía, asi que estoy buscando una solución. ¡¡¡Seguiré informando!!!

Salgo del hospi sin saber aún la continuación. Al parecer es esta, aunque me entero tarde porque me pilla de camino (y eso que he encendido el móvil, pero confieso que no lo he mirado...) 
Pues cirugía suspendida ¡¡¡ Os veo ahora!!! 
(¡Pobre paciente! pero a veces no hay forma humana de calzar extras imprevistos dentro del parte, salvo que sea una emergencia vital en la que nadie tiene las narices de oponerse al criterio médico. Espero que le hagan pronto un hueco). 

Pese al cuarto de hora de margen y ser la que está más lejos, soy la primera en llegar (se lo debo a una de mis compis que me cubre para que me escape antes). 5 minutos después lo hace la segunda y a los 10 minutos la tercera (puntuales según la auténtica reserva).  Charlamos por los codos, hay un montón de anécdotas del verano y de la vuelta. Casi no nos da tiempo a todas. Algunas se merecen un post propio. La compañía es lo mejor de la comida. La cocina no está mal pero como restaurante peruano está mejor el Bistró Tanta. Eso sí, las croquetas líquidas de ají de gallina impresionantes. El vino, "Treinta mil maravedíes", de D.O. Madrid, es todo un descubrimiento. Sin embargo, el postre, compartido y del que tomo una cucharada, es una desgracia de buen chocolate echado a perder gracias a un exceso de maracuya (¿qué manía les ha entrado últimamente a los chefs con combinar esos sabores? No se dan cuenta de que es la sutileza lo que convierte un plato en algo especial, el conseguir que se realcen los sabores entre sí sin que predomine ninguno. Sin embargo, el maracuyá es tan característico que enmascara todo lo demás. Cuando lo "demás" es chocolate, enmascararlo es un crimen casi imperdonable.

El servicio deja mucho, pero mucho, que desear. Claramente no son camareros profesionales, lo que no me encaja con las pretensiones del sitio (me sorprende que las tenga, francamente no me lo esperaba, pero el caso es que las tiene: la decoración está cuidada, la vajilla resulta original, la separación entre mesas es aceptable y los platos tienen una base tradicional con toques innovadores). Para empezar nos traen un aperitivo de la casa. Se les ha olvidado retirarnos el plato que hay sobre la mesa. En lugar de tratar de arreglarlo, o simplemente disculpase por ello, nos dice que lo apartemos para hacer hueco. Un fallo lo tiene cualquiera. Tampoco pasa nada porque los platos no salgan a la vez, y lo hagan de uno en uno. Cerca uno del otro pero sin coincidir, y por el camino puede ser necesario dejar alguno en otra mesa. La puntilla llegó al final (como suele suceder): a las 16:35h nos traen la cuenta, sin preguntar, "es tarde y la gente se va", nos dicen. A las 16:40h, tras pagar, directamente nos echan,  sin tan siquiera dejarnos terminar el café (que sí que nos habían servido y cobrado, apenas un minuto antes de traernos la cuenta). Esa manera tan apresurada de rematar la comida me dejó mal sabor de boca. 

¡Hemos quedado de nuevo para Noviembre! Sólo nos falta concretar los últimos detalles (nimiedades sin más, como el día, el sitio, etc...). Y no, no pienso encender el móvil. Lo haremos del mismo modo, que tiene mucha más intriga. 
Joe Bowers

miércoles, 1 de agosto de 2012

Bistró peruano "Tanta"

El Bistró Peruano "Tanta" es un Restaurante Cafetería amplio y acogedor, situado, como le corresponde a un peruano, en la Plaza del Perú, nº1 (28016 Madrid. Tfno 913502626). Es la versión popular del renombrado, y desgraciadamente carísimo, "Astrid y Gastón". Se lo recomendó a House un residente peruano y, haciéndole caso, tras visitar a Hopper en el Thyssen, decidimos rematar la mañana comiendo allí.

"Tanta" es un pequeño y pintoresco  pueblo andino situado en la cordillera occidental del centro del Perú, en la provincia de Yauyos-Lima. Forma parte de una reserva paisajística a poco más de 100 km de Lima por lo que sus habitantes conviven en armonía con la naturaleza de su entorno y respetan la biodiversidad de la región. Corresponde al nacimiento y parte alta del río Cañete, y al curso del río Pachacayo, y engloba los diversos ecosistemas que conforman ambas cuencas. Cuenta con extensas lagunas andinas, al parecer de gran belleza. La región está atravesada por uno de los principales caminos ceremoniales incas, que unía la sierra con la costa, preservado en bastante buen estado en algunos de sus tramos.

La cocina peruana es de las más variadas que existen ya que tiene influencias indígenas, que se remontan a su antigua cultura Inca, cuya cocina estaba basada en las patatas, el maíz, los tomates, los pimientos y el ají (un tipo de chile picante). Con los colonizadores españoles, y sus esclavos, se desarrolló la cocina criolla encabezada por el cebiche: pescado marinado en limón, chiles y cebollas, servido frío y acompañado de patatas y camote. Otros platos imprescindibles serían la sopa criolla, la palta (aguacate) en ensalada o relleno, las papas a la huancaína (con pimientos y queso) o el rocoto relleno de carne. Sus dulces tienen raíces musulmanas y, además, la llegada de los chinos al país a mediados del S. XIX, desarrolló la cocina de fusión Chifa, que incorporó ingredientes de estos a sus platos, especialmente el arroz, la soja y el jengibre. La influencia japonesa, que inmigró a principios del S. XX para la construcción del ferrocarril, se tradujo en la sorprendente cocina Nikkei y se aprecia claramente en la presentación de sus platos de pescado, similar al sashimi nipón.

Mientras hacíamos tiempo en el Thyssen hasta la hora de nuestro pase a la exhibición de Hopper, una espera demasiado breve como para merecernos la pena ir a ver la colección permanente, nos subimos un rato a su restaurante, "El Mirador". Supongo que la terraza debe de ser agradable de noche (a mediodía a 40º al sol no parece el lugar más recomendable para disfrutar de la comida), pero lo que es la cafetería interior, en la que tomamos un refresco, ofrece un aspecto deprimente: desangelado y desolador, inhóspito y exento de atractivo. En claro contraste, el amplio Bistró de Tanta con las paredes pintadas de un cálido color teja, sus mesas negras y manteles blancos, sus camareros sonrientes, serviciales y encantadores (en el Thyssen poco les faltó para lanzarnos las botellas desde la barra), nos resultó de lo más grato. Con mucha amabilidad, nos aclararon nuestras dudas, nos sugirieron algunos platos apropiados para la estación (tendremos que ir en invierno a probar los correspondientes al frío) y estuvieron bastante pendientes (sin estar encima, aunque también es cierto que no estaban llenos). Se preocuparon porque todo estuviese bien y, la única pega, es el tiempo que tardaron en traernos el primer plato (a partir de ahí fue todo rodado).

Para ir abriendo boca durante la larga espera, nos trajeron el pan, que atacamos sin piedad. Era un bollo de pan casero, parecido a un brioche, caliente, blando, delicioso y absolutamente irresistible, que venía acompañado de una salsa de tomate con cebollita. De entrantes pedimos tiradito de atún (la versión peruana del sashimi, pescado cortado en tiras y aliñado con una mezcla de lima y soja) y cebiche power (picante) de pescado y marisco con su acompañamiento de maíz (blando y duro) y su maceración de leche de tigre. Las raciones eran generosas, especialmente la del cebiche, y el pescado tan fresco como sabroso. De segundos pedimos el ají de gallina, espectacular: cremoso, suave, jugoso, con la salsa justa para bañarlo sin nadar en ella, sin duda el más rico que he probado. House escogió el lomo saltado, un plato muy típico y con una carne excelente y en su punto, y yo me decanté por el anticucho de pez mantequilla (una brocheta de buen tamaño de pescado braseado con verduras y acompañado de choclo, maíz tan tierno que se deshacía en la boca, y unas patatas crujientes por fuera y suaves por dentro). Lo regamos todo con un excelente vino de Toro: Elías Mora, del 2009, un descubrimiento de esos que no te esperas y que conviene conocer y apuntar para no olvidar.
"Macchu Pichu" Georgia O'Keeffe
A la hora de los postres no nos quedaba mucha hambre, así que compartimos un queso helado, algo similar a una leche merengada, que estaba bueno pero que tampoco nos mató. Con el café nos trajeron unas pequeñas pastas, muy ricas (especialmente las de chocolate).

En resumen: cocina peruana de verdad, con ingredientes de excelente calidad, bien preparados y con buena atención, local agradable y precios razonables (y entre semana, además, hay un menú de mediodía muy económico). Un lugar más que recomendable y al que volveremos para estudiar la gastronomía del país más a fondo, recorrer su carta y disfrutar de su increíble ají.

sábado, 16 de junio de 2012

Receta Gazpachuelo de Los Sentidos


Para celebrar nuestra llegada a Linares con motivo de la boda de Titón y Pompidulp, y para empezar a acostumbrar al estómago a las delicias del lugar, nos fuimos a cenar a Los Sentidos. Escogimos una cena de raciones para compartir:
El salmorejo de cerezas negras con falsa cereza es, sin duda, el mejor salmorejo que he probado nunca. ¡Qué cosa más rica!
La famosa ensalada de pollo ahumado con queso de cabra caramelizado y helado de setas: un clásico que no hay que perderse. 
A House le llamaron unas albóndigas de rabo de toro y el resto decidimos atender con él la llamada. Comprendimos el porqué del aviso,  estaban deliciosas. 
También tomamos un cocktail de marisco renovado con pulpo, huevas y algas. ¡Fantástico!
En recuerdo al Antojo, donde hacían un plato muy similar, pedirmos el Ravioli de gallina en pepitoria con crema de setas y almendra picada: muy bueno aunque le faltaba un toque más sabroso, porque era demasiado suave. Le sugerimos que le pusiesen unas lascas de parmesano, como hacían en el Antojo y con las que combinaban estupendamente, realzaba el resto de los sabores. 
El vino fue excelente, un descubrimiento, Pago Florentino 2009 de Bodegas Arzuaga-Navarro con D.O de Tierra de Castilla y uva Cencibel autóctona. 
Para los postres mis imperdonables natillas heladas, con su galleta y sus garrapiñadas. El resto se fue a los mojitos y sorbetes. 
Ya reservamos para regresar el domingo, que House se quedó con ganas de su tostón. 

Transcribo una receta de Los Sentidos publicada en la siguiente Noticia del Librepensador: 

El chef Juan Pablo Gámez, del restaurante jiennense de Linares Los Sentidos, ofrece las mejores recetas basadas en el aceite de oliva virgen extra  Oro Bailén Reserva Familiar.

A esta serie pertenece este Gazpachuelo con mariscos, moluscos, hinojo y brotes marinos y el toque del aceite Oro Bailén que “con su perfecto equilibrio entre frutado amargo y picante, y su perfecto maridaje en crudo, potencia el sabor de estos condimentos aportando la base de nuestra dieta mediterránea, que es el aceite de oliva virgen extra”, dice Juan Pablo Gámez.

El aceite de oliva virgen extra Oro Bailén Reserva Familiar, cuenta, entre otros, en su corta trayectoria, con premios como: el primer premio en el concurso internacional, en la categoría de frutados intensos, “2011 Los Ángeles International Extra Virgin Olive Oil Competition”; 2º premio en la modalidad Frutados Verdes Intensos en el Concurso Internacional “Mario Solinas” organizado por el C.O.I. (Consejo Oleícola Internacional) o el reconocido premio Alimentos de España 2009.


Ingredientes:
-Gamba blanca 500 gr
-Cola de rape 500 gr
-Conchas finas 18 piezas
-Bolos malagueños 18 piezas
-Búsanos 12 piezas
-Carabinero 500 gr
-Patatas 100 gr.
-Agua c/s
-Manzanilla 5 cl.
-Oro de Bailen Aceite de oliva Virgen Extra 250 cl.
-Lima c/s
-Chalota 60 gr

Modo de elaboración:
-Abrir las conchas con la ayuda de un cuchillo separar y limpiar la carne de posibles restos de tierra, reservarlas junto al agua resultante de abrirlas.

-Para las gambas y el carabinero, introducir en una bolsa de vacio con una generosa cucharada de aceite de oliva, sal y unas hojas de menta. Cocer el carabinero a 60 º c durante 4 minutos y para las gambas 3 minutos a 60 ºC. Enfriamos y reservamos para el montaje.

-Para los bolos malagueños, lavar en agua fría con una pizca de sal, añadir a una cacerola caliente y tapar durante 5 o 6 segundos, una vez abierto apartar de la cacerola para que no se prolongue la cocción y la carne quede transparente y jugosa.

-Para los búsanos en una cazuela con abundante agua hirviendo a punto de sal, introducir los búsanos y cocer durante 5 minutos, enfriar en agua con hielo a punto de sal, apartar del agua, sacar la carne con cuidado recoger los jugos resultantes y reservar para el montaje.

-Y finalmente para el gazpachuelo, en una cacerola añadir unas gotas de aceite de oliva, introducir la chalota, la patata a cascos, unas gotas de lima y un trozo de cola de rape, saltear lentamente para que no coja color y añadir una copa de manzanilla, dejar que de un hervor y cubrir con agua. Cocer todo junto durante 25 minutos hasta que la patata quede tierna.

Retirar la cola de rape, triturar el resto con el túrmix, salpimentar, añadir el aceite y los jugos de los mariscos, enfriar y reservar para el montaje. (El resultado es una crema tipo mahonesa gracias a los jugos del marisco, la gelatina del rape y a la emulsión del aceite de oliva, esta crema se servirá fría, tiene un sabor intenso a marisco y aceite de oliva, unidos perfectamente, dando un paso en boca ligero pero a la vez untuoso y persistente).

Ingredientes para el hinojo:
-Hinojo fresco 400 gr.
-Cilantro picado 30 gr.
-Agua 1,5 litros
-Azúcar 100 gr
-Gelatina cola de pescado 1 hoja
-Estabilizante c/s
-Hinojo fresco 200 gr
-Agua 500 cl.
-Lecitina de soja

 Modo de elaboración para el helado y el aire de hinojo:
-Preparar un almíbar con 1l de agua 100 gr de azúcar, las hojas de cilantro y 400 gr de hinojo, hervir durante 5 minutos, triturar y pasar por una estameña. Añadir a la mezcla 1 hoja de gelatina y c/s de estabilizante. Introducir en la heladora el tiempo necesario y reservar en el congelador para el montaje.

-Para el aire de hinojo, triturar el hinojo fresco con el agua y añadir la lecitina, pasar por chino fino templar la mezcla a 50 g y reservar en la nevera para el montaje.

Ingredientes para los brotes marinos en ensalada con hinojo:
-Salicornia
-Brotes de musgo de Irlanda
-Aceite de oliva Virgen Extra Oro de Bailén
-Sal
-Vinagre de jerez
-Picamos las algas y el hinojo aderezamos y reservamos para el montaje

Emplatado:
En la base del plato pondremos el gazpachuelo frío y de manera atractiva en forma circular colocar los mariscos preparados, entre estos colocar la ensalada de algas, que aportan un punto crujiente y salino al plato, sobre este colocar una quenelle de sorbete hinojo, refresca el conjunto y suaviza el plato, añadimos los brotes y terminamos con unas gotas de aceite de oliva Virgen Extra Oro de Bailén.

viernes, 18 de mayo de 2012

Restaurante "Sacha" y Crumble de manzana

Para celebrar mi cumpleaños, House y yo nos fuimos a comer a Sacha. Me habían hablado muy bien de él y tenía ganas de ir desde hacía tiempo. No era una mala opción para ir entre semana: a House le pillaba cerca y con Metro directo. En cuanto a mí, sabía que me tocaba ir en coche de todas, todas.

Era mi día de quirófano y, aunque mi intención era acabar rápido, los hados no se aliaron a mi favor. Los cambios se atascaron y, para rematar la mañana, sudé tinta con el último paciente sudé tinta. Tenía una exposición malísima con un lecho pequeño y muy sangrante que dejaba ver aún menos. No fui la única que sufrió en la lucha. También le resultó difícil a la anestesista: su hígado metabolizaba las drogas a velocidad de vértigo, por lo que le hacían el efecto deseado durante apenas un suspiro, tras el cual los monitores pitaban como desesperados y tenía que meterle de todo, de nuevo y a toda prisa. ¡No le daba ni tiempo a recargar sus armas! En fin, un "regalito" de cumpleaños. El caso es que con la hora pegada y la colaboración de mi compañero de fatigas quirúrgicas, logré salir del hospital para dirigirme directamente al restaurante. El trayecto se me dio bien, metí el coche en el Parking que, afortunadamente, estaba justamente al lado y me dediqué a buscar la entrada del local.

No es fácil que nadie encuentre este sitio por casualidad. Se esmeraron en esconderlo. Aunque la dirección es C/ Juan Hurtado de Mendoza, 11, el acceso es por el jardín posterior del edificio, según se entra por la C/ Juan Ramón Jiménez. De ahí, hay que atravesar la terraza de otro restaurante hasta llegar al fondo. Los marcos de las ventanas y la puerta están pintadas de azul pavo y, sólo encima de la puerta pone el nombre con letras metálicas y no muy visibles. Para despistar más a la clientela, en los cristales está grabado "Botillería y Fogón", con lo que se asume que es el nombre del local y, donde una creía, acertadamente, que estaba, piensa, erróneamente, que no está.

Afortunadamente House había llegado con más tiempo y menos apuros que yo y, al verme, salió a buscarme. Mientras me esperaba le habían puesto una cesta de panes surtidos: centeno, tomate, aceite, nueces y pasas, chapata, pan sardo... (todos estupendos) y un paté bastante rico. Estaba hambrienta y ataqué aquello sin contemplaciones.

Nos trajeron la carta, que cambian casi a diario, según lo que haya preparado el cocinero. Había platos que había leído, me apetecían y que no estaban, así que escogimos entre lo que nos ofrecían. Compartimos un salpicón de rape y langostinos con cebollita, aguacate y vinagreta. Estaba delicioso. Luego una milhojas de xoubas (sardinillas o boquerones) que consistían en unas obleas tipo empanadillas aunque cuadradas, fritas, y rellenas con tiras de cebolla pochada con un mínimo toque de pimentón, xoubas abiertas, sin espinas, enharinadas y fritas. La combinación era sencilla pero buenísima.

De segundo me fui al steak tartar, que tiene mucha fama. Me gusta picante y lo aliñaron bien.  Era bueno, muy cremoso, con carne excelente, aunque en mi opinión estaba pasado de mostaza (no creo que lo considerasen el toque picante, porque también se percibía el tabasco, aunque sólo ligeramente. Lo hubiese preferido al revés, pero entiendo que no es un gusto compartido por muchos y que lo hagan así. Venía sólo, sin ningún tipo de acompañamiento, aunque me preguntaron si quería un plato de patatas fritas, pero preferí reservar algo de hueco para el postre. No pude evitar la comparación con el del "4 Estaciones", ya cerrado, que servían con unas increíbles patatas soufflé. Con esas patatas lo ponen también en Sal Gorda (en la C/ Beatriz de Bobadilla) y lo preparan de maravilla. House se pidió la ventresca. La ración no era demasiado generosa aunque la cocción era perfecta: dorado por fuera y crudito por dentro, muy jugoso, con una salsa ligera que recordaba a las japonesas. De postre, algo imprescindible en un cumpleaños, tomé la tarta de manzana templada, que me encanta y que no se encuentra habitualmente: compota de manzana en la base, poco hecha y poco dulce, con un toquecillo de manzana ácida, cubierta por galleta "crumble" (esa que se desmorona en granulaciones de harina tostada con mantequilla y azúcar). Lo humedecieron con un poco de crema de leche, aunque personalmente me gusta más cuando le ponen unas natillas ligeras. House escogió los piononos, muy ricos aunque algo escasos de crema, con un poco más me habrían parecido perfectos: el bizcocho estaba en su punto justo de humedad y el copete de crema tenía una costra crujiente y fina de caramelo.

Dado que debía llevar el coche de vuelta a casa, en vez de una botella de vino, nos lo pusieron por copas: un Valtravieso de una botella Magnum, no sé de qué año, que nos pareció fantástico. Una pena tener que conducir porque era un vino para disfrutarlo y repetir.

El servicio fue fantástico: muy profesional, siempre pendiente sin estar encima, colaborador y de trato encantador.

En resumen: un buen sitio con cocina tradicional ligeramente modernizada, bien hecha aunque no llega a tener "magia" propia.


CRUMBLE DE MANZANA

Ingredientes

1 k de manzanas reineta
300 g de ciruelas secas (no son imprescindibles)
60 g de azúcar morena
1 cucharadita de canela molida

Crumble

125 g de harina integral
125 g de muesli
90 g de mantequilla blanda, a temperatura ambiente
150 g de azúcar morena

Elaboración
Pelar las manzanas, quitar el corazón y cortarlas en trozos, un buen truco es convertirlas en láminas con la ayuda de una mandolina. Quitar la piel a las ciruelas y partirlas por la mitad.
Cocer la fruta en una cazuela, a fuego lento, junto con el azúcar, la canela y 2 cucharadas de agua. Sólo hasta que se ablande sin que se rompa (muy poco tiempo ya que luego va al horno donde termina de hacerse). Para este paso se puede usar también el microondas (unos 3 minutos a máxima potencia).

Crumble: Poner el harina en un bol. Añadir la mantequilla en trozos y amasar con los dedos hasta que parezcan migas de pan. Incorporar el muesli y el azúcar.

Extender las manzanas en la base de una fuente de horno. Espolvorear por encima el crumble, sin apretarlo. Hornear a 180 C unos 30 minutos, hasta que se dore. La casa olerá a pastel de manzana con canela y caramelo.

Servir caliente acompañado de nata líquida o, mejor aún, unas natillas ligeras. Se pueden sustituir las ciruelas por pasas o grosellas, dependiendo de la temporada. En caso de usar grosellas, añadirlas directamente en la fase de horno, sin cocerlas previamente con la manzana.

viernes, 30 de marzo de 2012

Restaurante Los Sentidos (Linares)

Los Sentidos es casi tan de visita obligada cuando bajamos a Linares como el resto de los miembros de la familia. No es sólo el mejor restaurante de la provincia de Jaén, sino que puede competir con los madrileños con más renombre y salir victorioso de la comparación.

Está emplazado en una antigua casa de piedra del S. XIX en el nº 13 de la C/ Doctor, con un luminoso patio interior lleno de plantas, una bonita escalera con una barandilla de hierro y madera y amplias habitaciones con ventanales y balcones al exterior. Las mesas están dispuestas con amplitud y no te obligan a apartar el plato de la mesa del vecino. El servicio es muy correcto y siempre atento.

Aún así, lo mejor de todo es la comida, tanto en calidad como en cantidad. Lo que en Madrid se entiende por medias raciones en Linares se traduce por divisible entre cuatro, así que los platos los pueden traer al centro o servidos individualmente entre los comensales. Dada la magnitud de mi familia linarense además de escaparnos un día solos House y yo, nos sacrificamos y repetimos al día siguiente  en compañía de unos cuantos de mis primos lo que nos permitió probar más variedad de platos que, por descontado, compartimos entre varios.

La carta de vinos no es muy amplia aunque sí está bien escogida con representación de todas las zonas. El primer día escogimos un Peter Sisseck (un vino asequible de las bodegas del carísimo Pingus). Estaba delicioso. El segundo día nos fuimos a un Emilio Moro, más económico, del 2008 que también estaba muy bueno.

El aperitivo de la casa consistió en un "Chupito blanco": un vasito con yogur con aroma de cítricos, aceite de oliva y arenque ahumado. En dos palabras: impresionante, impresionante. Creo que por este y otro plato ganó el primer premio en el concurso de cocina con  aceite de oliva hace poco. (He encontrado la receta de ambos, pongo esta al final de este post y la otra la dejaré para otra entrada.)

Entre los primeros platos cabe destacar la mejor ensalada de pollo que he tomado nunca y que mantienen en la carta desde sus comienzos. Es una pechuga de pollo ahumada con la piel tostada y un poco caramelizada con un taco de cremoso queso de cabra, templado, sobre un mezclum de lechugas, semifrío de setas y boletus salteados con una reducción de Pedro Ximenez y vinagre balsámico. La combinación del sabor ahumado del pollo con el picante del queso de cabra, el dulzor de la reducción y el caliente del salteado con el pastel helado y la cremosidad de las setas con la lechuga crujiente es perfecta.

Otra excelente mezcla de sabores es la de los chopitos a la plancha con un poco de su tinta, sobre un lecho de fideuá de fideos finos con azafrán y jugo del propio chopito. El pulpo, en su punto de cocción, lo sirven con panceta asada, una crema de gachas "colorás" y un toque de curry. El sashimi de bacalao con una pizca de wasabi va preparado a modo de " remojón jienense" que es una ensalada de cubitos de naranja y cebolleta con aceite de oliva y aceitunas negras muy picadas. El arroz meloso de bogavante no está pasado y deshecho, como suele ocurrir, sino cocido en su punto, algo firme, y el caldo es sabroso, con sabor a marisco pero sin resultar agresivo. No es el kubak del Antojo de César pero también está muy rico. Las alcachofas salteadas con tiernísimas mollejas y jugo de carne estaban suaves y buenísimas.

Entre los segundos es preciso probar el tostón asado sobre cuarrécano. Asan el cochinillo durante un día entero, al vacío a baja temperatura, de modo que la carne se derrite al metérsela en la boca. Una vez terminada la cocción le pasan el soplete para dorar la piel y transformarla en una corteza crujiente. No me va el cerdo, pero siempre hay una excepción a la regla, y este me encantó. La paletilla de choto sigue un proceso similar de elaboración aunque, en mi opinión, el tostón es insuperable. También probamos los carabineros (que son mi marisco favorito y no puedo resistirme a ellos cuando los veo en carta). La verdad es que esos bichos, si son buenos, no necesitan nada para resultar deliciosos. Aquí los preparaban a la plancha, poco hechos, como me gustan a mí, con un fondo de gazpachuelo e hibisco. La presa ibérica también estaba estupenda, así como el rodaballo que pidió mi primo y las tradicionales habichuelas, judiones enormes y carnosos, estofadas con perdiz que escogió mi prima.

Los postres se merecen hacerles un buen hueco en el estómago. Las natillas heladas con galleta, avellanas garrapiñadas, cinta de azafrán y espumosa mousse con canela por encima son las mejores que he probado en ningún sitio. En esta visita probamos el plato de arroz con leche con costra caramelizada. Venía con helado de fresa, que no me va mucho, por lo que no me convenció la asociación. Lo catalogamos como una novedad que es susceptible de mejorar (les ofrecimos algunas ideas, ya que todo era tan perfecto que no podían tener algo que desmereciese justo al final). Lo que sí resultó brillante fue el helado de aceite de oliva con falsa torrija (en realidad una nube) de vainilla con canela, tan bueno que me encuentro en la tesitura de que no sabría si me quedaría con él o con mis natillas. No me va demasiado el "coulant" de chocolate, aunque los que lo han tomado allí en otras ocasiones dicen que es ligero y delicioso.

Está claro que repetiremos en nuestra próxima visita a la familia. Seguro que alguno nos acompaña. Aquí dejo la receta del aperitivo.


“Chupito Blanco” un aperitivo de yogurt al aceite de oliva virgen Extra Oro Bailén con huevas, arenque y cítricos.

Es una receta de muy fácil elaboración que, sin embargo, logra conquistar los paladares con la mezcla de sabores. El chef define esta receta como “un aperitivo muy diferente a lo visto hasta ahora y que da al yogurt una nueva función en la cocina, y en el que Oro Bailén consigue potenciar los sabores de cada ingrediente”.

Ingredientes
200 gr de yogurt natural
200 gr de aceite de oliva ORO BAILEN
1 limón
1 naranja
Huevas de arenque
Arenque
Hojas de menta

Elaboración
Para el yogurt, mezclamos suavemente el aceite Oliva Virgen Extra Oro Bailen, y el yogurt hasta obtener una crema homogénea, añadimos sal y dejamos en una manga para el montaje.
Para la menta crujiente, en un cazo con Aceite de Oliva Virgen Extra Oro Bailen a unos 180 g freímos unas hojas de menta y dejamos entre papel absorbente para el emplatado.
Para el puré de cítricos, ponemos 500 gr de azúcar con 500 gr de agua y llevamos a hervir le hacemos unos cortes al limón y a la naranja y lo introducimos en el almíbar y dejamos cocer suavemente durante 20 minutos, una vez cocidos dejamos enfriar y pasamos por un túrmix hasta obtener un puré.

Para el montaje.
En un vasito de yogurt montamos por capas: cubrimos el fondo con el puré cítrico, encima ponemos una capa de un dedo de la crema de yogurt, añadimos las hojas de menta crujientes, las huevas, un trocito de arenque y un chorreón de Aceite de Oliva Virgen Extra Oro Bailen.

jueves, 15 de marzo de 2012

BOMBONES "ANTOJO"

Nuestro "Antojo" ha puesto fin a su andadura culinaria pero, durante esta, nos ha  llenado de deliciosos recuerdos que ya hacen que lo echemos mucho de menos. Lo conocimos casi desde el momento en el que abrió. Nos llevó allí Pablo, nuestro amigo chef, con el que entablamos amistad gracias a nuestro apego a sus habilidades, lo que nos convirtió en asiduos a su local, mientras lo tuvo.

Antojo se convirtió en nuestro restaurante de cabecera y, César y Cristina, el matrimonio propietario, con funciones de chef el uno y jefa de sala y sumiller la otra, pasaron a engrosar nuestra lista de amigos. Gracias a Cristina catamos una serie de vinos poco conocidos pero sin nada que envidiar a otros con renombre: "Matsu el viejo" D.O Toro, Cojón de Gato (con ese nombre porque es el tipo de uva con el que se elabora), "De Bardos (Ars Suprema)" 2005 Ribera del Duero, "La Celia" de Argentina con la tradicional uva Malbec, y el Oporto LBV de Noval, para mi gusto el mejor de los LBV.

Las raíces de César venían de su formación en Viridiana con Abraham García, de donde pasó a los famosos arroces de Casa Benigna, de ahí a su colaboración con Pablo y, por supuesto, no hay que olvidarse de sus orígenes en su pueblo salmantino de Vitigudino, del que nos ofrecía muestras de sus embutidos más tradicionales. Con una cocina de mercado, tradicional y renovada, con toques mejicanos en ocasiones y asiáticos en otras, la carta cambiaba en cada estación o incluso con mayor frecuencia, según los deseos de César. Desde el principio conservaron dos platos: los ravioli de gallina en pepitoria con lascas de parmesano y crema de acederas. Más que ravioli se asemejaban a un dim-sum de cremosa, fina y suave pasta rellena de un guiso picado y jugoso de gallina con el contraste del intenso sabor del parmesano y el crujiente de unas almendras laminadas. El otro postre que, por suerte para mí, no se apeó de la carta fue el bombón de haba tonka que aunque venía con fruta de la pasión, como sabían que no me gustaba (no suelo dejar lugar a dudas en mis declaraciones), me lo ofrecían sólo o con diversas innovaciones. Mi favorita era la combinación con helado de Idiazabal, elaborado por César: el bombón denso de chocolate con el sabroso helado me recordaba en cierto modo a una chocolate cheesecake, aunque muy mejorada.

Mi gran favorito, y que se prolongó en la carta durante un par de temporadas, era el kubak de langosta cubana. Los trozos de langosta eran grandes y carnosos y su combinación con el, ligeramente crujiente, arroz era insuperable. El arroz desecado, con aspecto de pequeñas palomitas, venía extendido en una fuente de hierro sobre la que César volcaba el caldo hirviendo antes de taparla de nuevo para dejarlo reposar unos minutos mientras se rehidrataba. Semejante textura la conseguía horneando, a muy baja temperatura y durante horas, el arroz previamente cocido. Ya sólo quedaba preparar el caldo, muy ligero, para evitar que convirtiese el plato en algo grumoso y pesado.

El pastel de batata y yuca con caviar de oricios y salsa alioli de aji rocoto era otro de mis favoritos. Tras cocer la batata y la yuca las ponía en un molde y, una vez habían tomado cuerpo, cortaba una sección que marcaba en la plancha para templarla y añadirle un marco más tostado y crujiente. El picante del aji y el sabor a mar de los oricios daban el contrapunto perfecto a los suaves y dulces tubérculos.

Otro plato buenísimo era el tartar de atún rojo con gamba blanca. Muy sencillo en su aliño, el secreto estaba en la calidad de sus ingredientes. El pez mantequilla lo descubrí allí, acompañado por salsa de soja y crema de almendras. Me encantó. Inolvidables los tacos con mole verde, las costillas de cordero con aromas del Magreb, el conejo escabechado en nido de pasta árabe, el calamar de potera relleno, las vieiras vuelta y vuelta con gelatinoso morro de ternera que House solía pedir, el gazpacho en su punto, el pastel de cocido en tres vuelcos y su pan casero de aceite. En un cumpleaños me preparó el mejor arroz negro que he probado nunca, aunque sólo en versión aperitivo por lo que me quedé con ganas de más. Tendré que esperar para que me lo haga de nuevo. De momento, César y Cristina han iniciado otra aventura. Algunos de sus platos se podrán degustar en La Parra, en la C/ Monte Esquinza, 34 y en Mui, un local de tapas renovadas en la C/ la Ballesta, 4 donde César va a hacer de asesor. En una de nuestras últimas visitas al Antojo, Cristina me proporcionó la receta de unos deliciosos bombones (no los de haba tonka pero estos no desmerecen en absoluto) que transcribo a continuación.


BOMBONES “ANTOJO”

Fundir al baño María 125 gr chocolate negro con 50 gr mantequilla.

Mezclar: 25 gr almendra molida, 1 cucharada de vino dulce tipo PX, 1 yema huevo.

En una cubitera, de las de hacer hielo, poner una capa de base de chocolate y, encima, una cucharadita de la mezcla de yema.

Enfriar un poco antes de cubrir con el resto de chocolate.

Esperar a que se enfríe por completo antes de desmoldar y servir.

viernes, 9 de marzo de 2012

Restaurante "Lieu"

El restaurante Lieu está en la C/ Amnistía, una calle estrecha y pintoresca muy próxima a la Plaza de Oriente. Ya sólo por su ubicación merece la pena acercarse, aunque sea sólo para darse un paseo por los alrededores, pero sí, además se para uno a comer allí, hace un día redondo.

El local es muy bonito, una sala decorada con sobriedad, paredes con papel con textura de tela en gris neutro, manteles blanco, mueble central lacado en negro, con unas vistosas lámparas en la pared y flores en los rincones para darle una nota de color. El resultado es luminoso y acogedor.

El servicio es muy profesional sin resultar frío, sino muy atento y dispuesto. La carta de vinos es escueta pero escogida con gusto, que es lo que se necesita. Seguimos la recomendación de la jefa de sala y nos decantamos por un "Almirez" 2008 DO Toro que estaba delicioso.

Nos presentaron tres tipos de pan: mediterráneo con tomate y orégano, nueces y albaricoques y tradicional. Probamos los tres y, aunque considero el pan de nueces como mi favorito, en este caso no sabría decir si me gustó más el de tomate. Todos eran estupendos así que es cuestión de preferencias.

Nos decantamos por una comida a la carta en lugar de por un menú degustación. Al llegar nos sirvieron un pequeño cocktail, un "sour", en unas probetas de laboratorio. De aperitivo de la casa, mientras esperábamos, nos pusieron una panacotta de calabacín con tartar de palmito que estaba riquísima.

Mi primero fue un ceviche con helado de mango, espuma de cilantro (de sifón) y palomitas de maíz. El ligerísimo picante y el ácido de la lima del marinado del ceviche se matizaban con el dulzor del mango, la espuma de cilantro muy ligera no se comía el resto de los sabores y el toque suave de las palomitas le añadía gracia al plato. House se decantó por la mousse de foie con puré de orejones, almendras laminadas y fritas con un toque de verdor (canónigos, rúcola...). House tiene buen ojo y, si un plato le llama, no suele equivocarse. En este caso acertó de pleno porque aquello estába buenísimo.

En los segundos nos fuimos a las carnes: carrillera de ternera para mi con su tradicional salsa de vino tinto y su puré de patatas. La carne estaba cremosa y la salsa sabrosa y suave, en la cantidad justa. Realmente muy buena. House eligió la presa ibérica adobada y cocida a baja temperatura. Soy menos de cerdo, pero aún así la probé. Tenía un ligero regusto ahumado y una textura jugosa, en su punto. Estaba realmente rica.

En los postres House tomó tocinillo de cielo helado, sopa fría de maracuya y espuma de moscatel. Me dio para probar con el maracuyá y no me gustó porque, su característico sabor, me mata el del resto de los componentes del plato, por lo que es una fruta que evito (por desgracia parece estar de moda). Luego me dio un poco sin la sopa (la añadían al final así que se puede obviar fácilmente) y, sin ese regusto, estaba delicioso, me recordó a los ovos molles de los portugueses. Cuando volvamos, cosa que espero que hagamos a no mucho tardar, les pediré que no le pongan el jarabe tropical.

Para variar, yo me tiré al chocolate cremoso con brownie, tejas de pan dulce y granizado de vino tinto. Me encantó. La verdad es que podría haberme tomado otro (soy una enferma del chocolate). Junto con el café nos sirvieron unas "mignardises": kikos con una costra con sabor a limón, nubes y deliciosas cookies de canela y pasas.

Abrieron en junio del pasado año y, para el poco tiempo de rodaje que llevan, nos pareció que funcionaban de maravilla. House y yo estamos más que dispuestos a valorar su evolución.

lunes, 9 de enero de 2012

"El Paraguas"


El Restaurante "El Paraguas" se situa en el nº 16 de la C/ Jorge Juan del Barrio de Salamanca de  Madrid (Tfno: 91 431 58 40). Es un restaurante asturiano en el que las recetas tradicionales de esa región son elaboradas a la perfección. La carta es amplísima: entradas con oricios, croquetas, zamburiñas, rollitos de carabineros, ensaladas entre las que se incluye la de bogavante, platos de verduras, variedades de arroces (para compartir), guisos que van desde las clásicas fabes a las suaves alcachofas con almejas, carnes como el tartar bravo vuelta y vuelta, el cochinillo confitado y el contundente rabo de toro y por supuesto, pescados, con el típico pixín al que le dan el punto justo de consistencia y jugosidad.

La entrada está decorada a modo de bodegón con fuentes de productos frescos y cazuelas colgadas de la barandilla de una escalera de madera. Si se baja, hay una barra en la que esperar mientras preparan la mesa. En nuestro caso, tardaron tan poco, que ni siquiera llegaron a ponernos una cerveza. Subimos y nos la tomamos cómodamente sentados, en las amplias habitaciones dispuestas de comedores. Los techos altos y los balcones a la calle contribuyen a crear un ambiente acogedor y luminoso. Los tonos crema de las paredes adornadas con sencillas molduras, la amplitud de la sala y de las mesas, van acorde con la ubicación señorial del local.


El servicio fue impecable en cada momento. No se demoraron en tomar nota como en otros sitios que se olvidan del comensal durante casi media hora, nos aconsejaron en lo que les preguntamos y también nos ayudaron a la elección del vino según nuestros gustos. Nos sugirieron un Malleoulus 2008 (Ribera del Duero) de bodegas Emilio Moro, tan bueno que tendremos que hacernos con algunas botellas para casa.




Los entrantes nos los trajeron directamente servidos en dos platos para compartir. Pedimos las zamburiñas gratinadas (la foto es de media ración, el fondo es sal verde para la presentación). Además de bonitas, estaban de muerte: suaves, cremosas. Una auténtica delicia. También nos repartieron los rollitos de carabineros, que son una versión mejorada de los rollitos asiáticos, con un poco de salsa de marisco de esas que no se perdonan, aunque no quede muy elegante lo de mojar pan.
En los segundos yo me decanté por las alcachofas guisadas con almejas y House se fue al Pixin a la Asturiana. El rape es su pescado favorito, y este reunía todos los requisitos: carne blanda, fresca y firme con una salsa ligera que no destacaba sobre el sabor del pescado ni lo convertía en algo pesado o indigesto. Mis alcachofas también estaban estupendas, todo corazón, sin incómodas fibras, y la almejas eran grandes y muy sabrosas. Aún así, me inclino por el pixin, que era realmente excelente.

Estaba todo tan bueno que  nos pareció un crimen irnos de allí sin probar los postres. ¡Ya cabría por algún hueco! Nos comentaron que la tarta fina de manzana goza de mucho éxito, aunque la guardaremos  para otra ocasión. House se decidió por las torrijas con crema de canela. El pan se deshacía en la boca, que no en el plato, y estaban cubiertas por una fina costra un poco tostada-caramelizada de azúcar con canela sobre un fondo de natillas. La canela no predominaba sobre el resto de los sabores y, eso, pese a la suavidad de las torrijas.


A mí me habían llamado las natillas con merengue tostado (foto). La crema tenía la consistencia perfecta y el merengue era muy ligero y sin exceso de dulzor. Estaban aún más ricas de lo que uno se imagina por la foto.

Junto con los cafés unas tejas finísimas, casi una red de caramelo tostado con láminas de almendra, tan crujientes y delicadas que se partían al tocarlas. Deliciosas.

En resumen, da gusto salir a comer y hacer eso, comer de verdad, y no degustar un precioso tentempié en dosis perceptible para extasiar a  las papilas gustativas pero insuficiente para calmar el centro del apetito hipotalámico. La presentación de los platos estaba tan cuidada como su elaboración y la atención y el dinamismo del servicio, intachable.  Repetiremos.