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miércoles, 27 de julio de 2016

Hesse y House

“La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz”. Hesse

¿Por qué una cita de Hesse en el cumpleaños de House? En el caso de la frase que abre esta entrada se podría considerar una dedicatoria. Esas palabras encajan conmigo, con mi romanticismo, mi ilusión algo infantil, ese impulso que me hace ir a desearle buenos días todas las mañanas, aunque recién levantado no sea su mejor momento. No me importa, cuando sonríe después de mi beso, me hace feliz. A fin de cuentas la felicidad siempre conserva un poso de esa alegría de "porque sí" de la infancia. Felicidad y amor son inexplicables, aunque haya múltiples motivos para ello, ambos sentimientos son un ejemplo claro de que las emociones superan las razones. No, no penséis que me conformo con poco, House no es poco.

El escoger a Hesse para House quizá quede más claro con otra cita del mismo autor, en este caso del "Lobo estepario", una novela con la que se identifica: "Harry (House) encuentra en sí un hombre lleno de ideas, de sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra al lado al lobo, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada, fiera, caótica." Pocas descripciones reflejan mejor la personalidad de House, la nobleza y la fuerza de su carácter y sus principios, su necesidad de soledad en algunos momentos, su búsqueda de un espacio al que retirarse, un lugar agreste, no contaminado por otros seres, donde pueda dar rienda suelta a sus impulsos y sentirse libre.

Termino esta entrada con otra cita de Hesse: Las ideas adquieren valor cuando se convierten en vida.

domingo, 10 de julio de 2016

Terracota

Duermo. Modelaron mi torso para acompañar a los muertos en su sueño eterno. En mis poros de arcilla hay viento, en mi superficie se distinguen las huellas de un abandono de siglos: grietas, fisuras, muñones... El olvido pulió mis formas, afinó el grano y limó mis perfiles, el tiempo marcó su curso en los colores y las texturas de la tierra.

Soy memoria de hombre y edades. Perduro en el presente, sin embargo soy pasado: una cultura olvidada en un lugar enterrado bajo el peso de los años. He dormido ajena al mundo, cubierta de polvo y lodo, sepultada por la antigüedad y exhumada por la historia.

Me he convertido en una pieza de museo que reposa en una vitrina alejada de elementos. Duermo y la realidad contempla mi sueño. Entre mis líneas se esconden enigmas de entonces. Soy arte efímero e imperecedero, un busto de tierra quebradiza y tiempo eterno.

viernes, 1 de julio de 2016

5 años de blog


Yea, all things live forever, though at times they sleep and are forgotten. H. Rider Haggard.

5 años de blog y no se me ocurre qué contar. Me queda el socorrido recurso de los ingleses: hablar del tiempo. En esta época el tema no da para mucho: es verano y hace un calor sofocante. Claro que, tratándose de un cumpleaños, parece más adecuado escribir sobre el otro tipo de tiempo, con distinta etimología. Un tema curioso el de la etimología, el weather inglés comparte origen germánico con wind (viento), lo que de por sí da idea del maravilloso clima de las islas británicas. El tempus latino se refiere a un momento puntual de tiempo, y por eso se asocia al clima de ese momento, mientras que al todo hace referencia aevus, de donde surge longevo, que también genera aetas, del que provienen edad y eterno. (Hasta aquí la sección lingüística, que dejo para el Catedrático y la Señora).

¡5 años! No, no voy a echar la vista atrás, he preferido dejarme llevar.
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TIEMPO, MÚSICA Y VIDA

Un día a día, eso es la vida. Un fragmento infinitesimal del tiempo del universo, un trozo compartido de eternidad. La vida es un reloj que avanza y retrocede con cada movimiento de sus manecillas, se aleja del principio y se acerca al final. En los recuerdos ese tiempo se dobla y el presente se cruza con un instante marcha atrás mientras sigue hacia adelante. ¿Y que ocurre al alejarse? El tiempo se queda, y se va contigo, es un mismo tiempo de recuerdos distintos.

Un fragmento del tiempo es también una nota, un compás, una melodía. Tiempo, música y vida comparten la misma esencia. La música es la huella que la vida deja a su paso, el eco de un movimiento, una vibración semejante a la de la aguja que recorre un surco sobre un disco. Cada suceso posee un ritmo, un estribillo, un verso, y estrofa a estrofa completan la sinfonía, una oscilación en el tiempo, épocas que confluyen y se separan, universos que se extienden en un vacío que no es tal.
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Puestos a dejarse llevar, sin cambiar de tema, nada como una cita de Ray Bradbury...

El gran reloj lunar era un molino, dijo. Registra todos los granos del Tiempo -los grandes granos de los siglos, y los pequeños de los años, y los diminutos de las horas y los minutos- y el reloj los pulveriza, suelta el Tiempo en silencio como un polen fino que el frío viento arrastra para cubrir con su polvo cada rincón de la ciudad. Las esporas de ese reloj se alojan en tu carne para arrugarla, para hacer crecer tus huesos hasta dimensiones monstruosas, para deformar tus pies hasta reventar tus zapatos. ¡Oh, cómo esa grandiosa máquina de la torre repartía el Tiempo en el viento! Ray Bradbury. 
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Y, por supuesto, no debe faltar la música... ¡Ella!


viernes, 10 de junio de 2016

Lágrimas de sirena

En la orilla hay lágrimas de mar, lágrimas que lloró el alba y que enjugaron las aguas con una esponja marina. Lamentos de luz que manan del canto de las sirenas, en un llanto de burbujas y un eco de brisa y agua. Cristales de sal, diamantes, arrancados de la sima de las profundidades.

En el fondo del abismo, Oceánida grita. No llora, nunca volverá a llorar; la bruja secó sus lágrimas, la engañó con sus palabras mientras guardaba su magia en la esfera de cristal.

Llora el agua que era libre al verse esclava en el seno globuloso de la esfera. Son sollozos prisioneros en los que aún late con fuerza un sol que se despereza. Una campana que guarda la esencia vital de Gaia y late al acariciarla con memorias olvidadas.

En el litoral hay cuerpos que ruedan entre las rocas. Son reflejos de azul cielo y mil destellos de aurora que se bañan o se secan al capricho de mareas; son reliquias encantadas, fragmentos de agua cautiva que, al luchar con su destino, flotaron hasta la orilla. Celdas de lágrimas muertas que navegaron a tierra como una flor marinera.

domingo, 5 de junio de 2016

Sombras de tinta

Sombras de tinta tejidas a la luz de una vela, líneas que tiemblan bajo la luz, trazos que vibran, avanzan, se alejan y se detienen. Curvas que bailan, giran, se estiran, se unen y se separan. Siluetas negras y sinuosas que se deslizan en un silencio que habla. Formas sugerentes, elegantes, rasgos que cobran vida sobre la página.

Hay sombras que envuelven los signos, figuras que respiran bajo el fuego. La cabeza inclinada se perfila en la pared con su halo de cabellos despeinados. La columna de antebrazo se levanta desde la mesa para sostener la frente. La otra mano se apoya, cerrada, sobre el papel. Es esa mano la que empuña la pluma como una lanza clavada en el corazón de una oscura roca; una lanza que sangra palabras que desgarran la superficie blanca. La tinta palpita al emerger de la punta. Se acelera bajo el calor de la llama. Fluye. Se derrama. Los borrones no interrumpen la escritura, la dotan de carácter... y hasta de alma.

Sopla el viento, la vela tiembla, las letras y las sombras quedan atrapadas en la red de oscuridad que anega el papel. Un muro invisible y opaco, como una nube de humo, invade toda la estancia. Todo se convierte en nada en el vacío de las tinieblas. Solo la luz restablecerá la vida cuando el fuego de la vela haga latir las palabras.

viernes, 3 de junio de 2016

El reloj del puerto

Al atardecer, apoyado en la barandilla del muelle, miro las manecillas del reloj del puerto, con su esfera blanca iluminada. Las agujas señalan que el día se acaba, aunque el cielo aún sea azul. Pienso en el paso del tiempo, noto la arena que se desliza entre los dedos, grano a grano, uno a uno con cada latido del minutero, alejándose en el pasado como el haz intermitente del faro en la superficie del océano.

Mientras pienso, la luz se transforma en crepúsculo y, sin darme cuenta, el día se va. Las sombras se alargan en el ocaso hasta fundirse con la noche. Quedan restos de claridad. Noches blancas, las llaman, aunque apenas duran nada y el mundo es azul y plata. La oscuridad es pálida y brilla, las tinieblas se refugian en el marco de las puertas, se esconden tras las ventanas. El aire son susurros que no rompen el silencio. Los instantes son más lentos.

Escucho el mar y, en su respiración, oigo el rumor de los sueños, de los míos, de los ajenos, de los ecos de los que fueron. Cierro los ojos y veo regresar las formas de esos ecos: figuras enlazadas en un vals sin final, miradas perdidas en un resquicio de esperanza. Siento el soplo de la eternidad en la brisa, intangible y liviano, pero siempre presente. ¿Será así la eternidad? ¿Un día que no se acaba, una noche que no es noche, un momento en un reloj del norte?

sábado, 28 de mayo de 2016

En la arena

No regresarán mis huellas, prefieren quedarse en la arena. Desean sentir en los dedos las caricias de la orilla, quieren saber qué es ser libres, poder caminar descalzas, y dejar atrás el tiempo en que fueron prisioneras del suelo gris de la acera.

Mis huellas ya no son mías, abandonaron mi cuerpo para marcharse al océano. Desean hundirse en el barro, excavar una oquedad en la profundidad de la orilla desde donde desafiar la fuerza del oleaje. No estarán en la playa cuando vuelva a buscarlas, se habrán disuelto en el agua, fundidas junto a la tierra, al ascender la marea. 

Puedo saber dónde andan, aún noto su cosquilleo y oigo su llamada en sueños. Corren junto a la tormenta, persiguen a las gaviotas y cabalgan sobre olas. Se zambullen en la bruma para jugar con las sombras que se esconden en las rocas. Caminan en pos del sol y, al llegar al horizonte, danzan hasta consumirse en el fuego del ocaso. Duermen bajo las estrellas y se internan en la espuma del reflejo de la luna. 

lunes, 23 de mayo de 2016

El árbol cortado

Nací de una semilla enterrada, unido a la tierra que me dio vida y que también sería el nicho en el que un día moriría. 

El transcurso de los años grabó en mi interior sus ciclos. Me expolió el hermoso otoño después de teñirme de oro, soñé con el frío de invierno bajo una manta de hielo, me atavió la primavera con verdes hojas y yemas, y me refugié en mi sombra de los veranos de fuego.

Con mi raíz he hoyado las firmes rocas del suelo. He resistido los vientos que me arrancaban las hojas al ansiar quebrar mis ramas. He acariciado el cielo. He sido el hogar de pájaros que levantaban sus nidos en la trama de mi copa. Al extender mi follaje, he ofrecido cobijo a furiosas tempestades y un lecho fresco y mullido para dar reposo al sol. 

Lo último fue el dolor, el quejido de mi tronco bajo los golpes del hacha del hombre que me cortó.

Soy el vestigio de un bosque que ya no existe, recuerdos enterrados bajo un muñón y unas raíces.

sábado, 14 de mayo de 2016

Estalactitas de tiempo

¿Piensas que soy tan solo una roca? No te equivoques, fíjate bien, es mucho más complicado que lo que ves. ¿Quieres acariciarme? Notarás bajo tus manos el tacto rugoso de mis estalactitas. Ven, te haré un hueco entre mis oquedades, para que puedas acoplar allí tus dedos. Deslízate hacia abajo, continúa hacia los lados, como si pretendieras modelarme de nuevo. ¿Sientes cada recoveco?

Descansa, ve con calma. Es un proceso lento, puedes preguntarle al agua si dudas de mi palabra, fue ella la que disolvió la cal de mi gruta, y lo hizo gota a gota. ¿Con paciencia? No, el universo no sabe qué es eso, para él todo se reduce a una cuestión de tiempo. Yo misma no soy más que una huella del tiempo. ¿Tiempo? Sí, aunque quizá ni eso exista, o quizá sea lo único que siempre ha existido. ¿Y el resto? Forma parte del tiempo. ¿Cómo? De un modo similar al que empleó para crear las estalactitas que ves ahora; fue el tiempo el que condensó la materia y formó el gas de las estrellas. ¿Y su origen? Esa es la pregunta para la que nadie tiene respuesta, yo no al menos. No sé cuál fue el principio, ni siquiera si existió en algún momento, tal vez no hubiera un principio y no haya nada más que un bucle infinito, un inmenso bucle de tiempo, regido por sus propias leyes, que controla el resto. Es difícil concebir un mundo así, sin un eje en el que remontarse, aunque ¿qué puede explicar que mañana nada sea igual?... ¿Nada? Nada salvo el mismo tiempo.

viernes, 6 de mayo de 2016

Infinito

Dibujo con mi dedo el trazado del universo. Cuento uno a uno los astros y, con el roce de mi mano, los enciendo, o los apago, bruño la luz de sus rayos, o soplo para desterrar una mota de polvo estelar.

Sé que el infinito es un trayecto sin principio ni final, mas si hablamos de aventuras, no hay desánimo que valga, su impulso es irresistible. La curiosidad me vence y empuja mi marcha.

Descubro un punto, y me pierdo. Vago por el universo sin ceder al desaliento; un punto del infinito no ha de ser distinto al resto.

No sé qué haré cuando acabe mi escapada. Confío en que, llegado el momento, no me costará trazar el camino de regreso.

miércoles, 6 de abril de 2016

Las dunas del tiempo


La música es la luz de la luna en la lúgubre noche de la vida. Jean Paul Friedrich Richter.

Las dunas avanzan sobre las ruinas. La fina arena, el viento y el tiempo ocultan los restos de una civilización. La naturaleza no necesita luchar para recuperar lo que siempre ha sido suyo. Son sus testigos el mar y el cielo. Se han derrumbado las piedras para volver a la tierra. Tan solo se yerguen las columnas de los templos, se levantan orgullosas, ancladas en el recuerdo de la fuerza de los dioses. Mientras ellas permanezcan, los señores del Olimpo no caerán en el olvido.

Hay un instante en el ocaso en el que el día se transforma en silencio y el silencio suena a música. Tecla a tecla, escalón a escalón, retumban los pasos sobre la escalera que desciende al fondo del océano. Cada ola abre por un instante las compuertas de la ciudad perdida. La luz incide sobre un palacio cubierto de coral. Las sombras se deslizan entre rocas de mármol. En el viento se oye el eco del tiempo. Como un espejismo, la ciudad hundida emerge... y desaparece. Es el último recuerdo de la leyenda sumergida.

domingo, 27 de marzo de 2016

Niña Sol

Camino aferrada a un rayo de sol, cayó un día entre mis manos, quedó enganchado a mi dedo y fui incapaz de soltarlo. Prometí cuidar de su estrella y no separarme de ella. Mi deber es protegerla, evitar que un día se pierda.

Mi rayo es débil al amanecer, se resiste a despejarse y no son pocas las mañanas que me cuesta levantarle. Ya cerca del mediodía le entran ganas de subir y tira con todas sus fuerzas para alejarse de mí. No lo puedo permitir.

Noto las sombras que acechan, empeñadas en cegar el haz de su luz vibrante. Se encogen, se alargan... como si no pasara nada, pero conozco su juego y he aprendido a engañarlas. Me escondo junto a mi rayo, dejo que giren y bailen y, cuando sé que están cansadas, dejo a mi estrella que salga.

Amansamos las tormentas y, una vez el cielo en calma, barnizamos la acuarela que ha humedecido la tierra. Despertamos los reflejos que duermen en el océano e iluminamos las gotas salpicadas por las olas.

A la hora de acostarse, la acompaño al horizonte, donde hay un baño de espuma hecho de nubes y brumas. El aire de la noche nos arrulla y la luna nos acuna. Me acurruco con mi rayo y me duermo entre su abrazo.

lunes, 27 de julio de 2015

Espacios de silencio

Hay tonadas que enhebran los silencios. Mario Benedetti. 

El ruido invade todo, aturde a sus víctimas, se mete en su cabeza y satura todos los huecos. No deja ni un resquicio para que se expandan las ideas. El ruido se agolpa y relega los pensamientos a lo más hondo de la mente, los oprime hasta sepultarlos en la confusión del caos, en la maraña de un laberinto sin salida.

Me gusta el silencio. Me gusta la sensación de espacio que genera. En medio del silencio los márgenes se borran, se extienden más allá de las paredes de la habitación o de los límites del horizonte. El silencio se difumina en los confines, se funde en ellos para expandirlos, los dilata para llevarlos más allá, y un poco más, y más, hasta que al final se desvanecen y todo acaba convertido en espacio.

El silencio no es la nada, no es el desamparo del vacío sino la órbita infinita en la que se encuentra todo. Es el origen, la conjunción de los tiempos, la dimensión en la que coexisten eternidad y vida. En el silencio el mundo permanece latente. Igual que en un sueño, la mente se adapta al flujo lento de la quietud, solo el aire oscila con la cadencia de su respiración y el espacio abierto permanece en calma, como un océano inmenso sin nada que lo altere.

viernes, 20 de febrero de 2015

Se busca nube rosa

There is something in me maybe someday to be written; now it is folded, and folded, and folded, like a note in school. Sharon Olds

Mi nube rosa es una nube de aurora escondida en el amanecer y que, lentamente, se deshace y se eleva hasta desaparecer. Es una corona alrededor del sol que se asoma, sin querer, al abrirse el cielo en un día encapotado y forma un halo brillante que el cuerpo de la estrella apenas deja entrever. Es una nube que crece sobre el resto, al atardecer, hasta inundar el cielo del crepúsculo, o forma un arcoiris que se disuelve bajo la lluvia de las tormentas vespertinas para, al día siguiente, nacer, rosada y casi dorada, con el sol de la mañana.

De vez en cuando mi nube se escapa sin mí y, aunque espero su regreso, siento que  se aleja y la echo de menos. Quisiera alcanzarla. ¿Alguien sabe cómo atraparla?

sábado, 14 de febrero de 2015

El camino de las sirenas

Hubo un tiempo en que la luna aún no existía. La noche cubría el mundo con una oscuridad tan densa que el brillo de las estrellas apenas podía romperla. Al ponerse el sol, el mar se transformaba en un abismo de negrura del que escapaban las sirenas guiadas por la luz tenue de las estrellas. A veces, un astro fugaz caía al océano y las sirenas lo perseguían para colgarlo de nuevo en el cielo antes de que se apagara en el agua. Sin embargo, nunca lo encontraban.

Noche tras noche las sirenas presenciaban impotentes la desaparición de las estrellas. El día en el que se hundiese la última de ellas, se verían atrapadas en las profundidades de un reino de tinieblas. Sin su guía estarían perdidas. Antes de que ese momento llegara, debían hallar la manera de preservarlas.

Una noche tejieron una red de nubes y la extendieron sobre la superficie del agua. La red detendría la caída de las estrellas que se quedarían retenidas en ellas. Sin embargo, eran tan pequeñas que se perdían entre la niebla.

Otra noche las sirenas recogieron uno a uno los reflejos de los luceros sobre el mar y los reunieron en el rincón más recóndito del océano. Crearon un lago de luz con los infinitos destellos. Junto a él, esperaron hasta el amanecer, a que el primer rayo de sol iluminase la neblina. Cuando la bruma se tiñó de blanco, llamaron al viento para que alzara las olas. Se izaron sobre las crestas de espuma y, con cuidado, tiraron del velo de niebla hasta condensarla en una esfera. En el interior guardaron el brillo de las estrellas. Para evitar que la bruma se disolviera, sellaron la esfera con nácar, simulando una perla.

Al caer la noche, cuando las sirenas remontaron la oscuridad del abismo, arrastraron con ellas la inmensa perla. En el lugar en el que el cielo y el mar se funden, surgió la luna. El cielo reconoció en su interior la luz de las estrellas y reclamó para sí la esfera. Sin embargo, la luna no quiso separarse por completo de su lugar de origen y derramó su reflejo sobre el océano. Esa senda hecha de luna, es el camino de las sirenas.

viernes, 30 de enero de 2015

El espejo del agua

Perhaps the truth depends on a walk around the lake. Wallace Stevens

Sólo el cristal de un espejo en el suelo me separa del cielo. La espuma de las olas me salpica y el agua, al retirarse, descubre el reflejo de las nubes al otro lado de la arena. Avanzo y mis pies se hunden en las entrañas húmedas de la tierra sin conseguir, ni por un momento, atravesar la lámina que divide la realidad y su reflejo.

Mi sombra se cuela en medio, sin pretenderlo. El agua la roza mas no la moja y, aunque el aire se esfuerce en ello, tampoco la agita el viento. Sólo se estira y se acorta con el transcurso del tiempo. Las nubes se la llevan, no sé adonde, y cuando el sol la devuelve a mi lado, nunca me cuenta dónde ha estado. En silencio, entre mis dos cuerpos, flota en el ángulo del espejo, junto a la imagen del cielo.

jueves, 1 de enero de 2015

El placer del vino

Brota por el cuello una cascada color rubí. Seducidos los labios se acercan. La nariz se satura, la boca se inunda y una ola de placer se desliza por la lengua. Al final los ojos se cierran, la boca sonríe y la mente recuerda.

¿Me besas o brindamos?
¿Difícil escoger?
No entiendo por qué.
Bebe un sorbo mientras lo piensas. El vino aclara las ideas, no sé si el champán también.
No te rías.
Soy feliz. La cabeza me da vueltas.
Ummm, estás muy cerca.
¿Te molesta?
¿Qué pretendes?
¿Tú que crees?
Te veo las intenciones.
Sólo te ayudo a escoger.
¡Ah, se trata de eso!
¿Quizá quieres ambas cosas?
Sí, no...Tienes razón, el brindis sabe mejor si compartimos la copa.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lluvia

El día ha nacido gris, encapotado de nubes, un amanecer de oscuridad violácea que apaga la claridad del alba. La cortina de lluvia recubre el aire. Al fondo, el mundo es un borrón húmedo. El agua vela la luz y los colores se deslavan. ¿Se esfuman? No, sólo se resguardan.

Las gotas se deslizan en el viento. Antes de desprenderse se enganchan por última vez al cielo. Al soltarse, le arrancan una pieza que esconden en el interior de su esfera. Caen. A ratos vuelan, a ratos flotan. Se acercan deprisa al suelo. Rebotan sobre las hojas, se deslizan por las ramas y se cuelan por las grietas. Al chocar contra la tierra, se rompen en mil pedazos y el cielo que contenían se libera. Los añicos salpican el aire, algunos buscan dónde posarse para descansar y el paisaje reluce dormido bajo el barniz de humedad. Los charcos de espejo reflejan el azul del cielo.

Las nubes se abren y se alejan. Vacías, se tornan blancas, pequeñas, transparentes y ligeras. El viento las empuja y se las lleva. El sol se asoma y el aire resplandece con las chispas derramadas que la estrella reclama.

viernes, 24 de octubre de 2014

Soñar despierta

Me levanto antes de que suene el despertador, me encanta esa hora de antes del amanecer en el que el mundo todavía duerme y los ruidos no lo han sublevado. Es un momento para mí sola, para leer, escribir, pensar y aovillarme en mi enmimismamiento. Es temprano pero no me da pereza, empiezo el día con calma y, aunque no duermo, sueño despierta.

Hablo en sueños y una parte de mí se queda en ellos. Me gusta sentir que está ahí, que volverá mientras duermo. Si se acerca durante el día, recuerdo mi sueño aunque también, a veces, permanece lejos y busca otra noche para regresar y contarme un poco más.

Leo palabras recogidas en papel que dormitan en silencio mientras esperan transformarse de nuevo. Escribo sueños para soñar, y para que otros sueñen. Dormidos, despiertos, qué más da, el caso es soñar. Dejar que la mente se pierda por los senderos de la imaginación y descubra lo que se oculta en ellos. Diversión, romance, felicidad, nostalgia, fantasía, unos sueños aguardan, otros te envuelven y te atrapan, los hay efímeros como suspiros, imposibles de agarrar, y hay otros que dejan marca.

Vivimos mientras soñamos, una vida más, que, cuando emerge, domina la realidad. ¿Es la vida un sueño o sólo parte de él?

martes, 23 de septiembre de 2014

Noche de estrellas

I have loved the stars too fondly to be fearful of the night. Sarah Williams

Sopla un viento cargado de sueños que acunan el mundo. La noche es profunda y azul, un escenario de sombras y un telón de terciopelo que deja ver a lo lejos el fulgor de las estrellas. Se abre un cielo infinito en el que clavar la mirada y pedir un deseo. Surge un horizonte en el que perderse sin moverse. En medio de la quietud basta con parpadear para que el escenario cambie, al entornar los ojos la noche se desliza.

La oscuridad revela los misterios que la luz y el sonido disfrazan. Se oye el silencio que invita a susurrar secretos. Se despiertan emociones, pasiones y miedos. La soledad se palpa. Entre las manos simula el embozo de una sábana, suave y empolvada, que invita a tirar y a envolverse en la tela, a aovillarse en su interior, como un gusano de seda, para escuchar el murmullo de los propios pensamientos. La respiración se mece en la cuna de los sueños. Hasta el tiempo se adormece bajo su calma.