miércoles, 6 de abril de 2016

Las dunas del tiempo


La música es la luz de la luna en la lúgubre noche de la vida. Jean Paul Friedrich Richter.

Las dunas avanzan sobre las ruinas. La fina arena, el viento y el tiempo ocultan los restos de una civilización. La naturaleza no necesita luchar para recuperar lo que siempre ha sido suyo. Son sus testigos el mar y el cielo. Se han derrumbado las piedras para volver a la tierra. Tan solo se yerguen las columnas de los templos, se levantan orgullosas, ancladas en el recuerdo de la fuerza de los dioses. Mientras ellas permanezcan, los señores del Olimpo no caerán en el olvido.

Hay un instante en el ocaso en el que el día se transforma en silencio y el silencio suena a música. Tecla a tecla, escalón a escalón, retumban los pasos sobre la escalera que desciende al fondo del océano. Cada ola abre por un instante las compuertas de la ciudad perdida. La luz incide sobre un palacio cubierto de coral. Las sombras se deslizan entre rocas de mármol. En el viento se oye el eco del tiempo. Como un espejismo, la ciudad hundida emerge... y desaparece. Es el último recuerdo de la leyenda sumergida.

6 comentarios:

joseme españoles dijo...

Hola Sol te quedó estupendo, muy intenso. Es como lo he vivido yo. Un microrelat que muestra todo un mundo que desapareció. Un abrazo

Chelo dijo...

Precioso. Me ha encantado l de que el día se transforma en silencio y el silencio suena a música. Si el tiempo, tan bien 'regulado' en los relojes de arena, tiene océanos como en la película Drácula (donde se decía "he cruzado océanos de tiempo para encontrarte"), ¿cómo no va a tener dunas? ¡Fantástico título, Sol!
Un beso

Sol Elarien dijo...

Esa frase también es mi favorita, Chelo. Leí una vez que si una frase de un texto te gustaba mucho, había que quitarla, pero creo que en esta ocasión no es el caso, o por lo menos no tengo intención de hacerlo.
Muchas gracias por vuestros comentarios. Besos.

el tito Paco dijo...

Sigo en mi línea de máxima exigencia. Estupenda prosa, fíjate que hay muy pocos adjetivos, todos precisos. Texto lírico contenido en la concreción de los sustantivos. Ahora se trata de combinarlo con la experiencia de lo cotidiano: quizás un poquito de lectura de Cortázar te vendría bien en este momento, sugiero "Todos los fuegos el fuego". No está en casa, salvo que lo haya añadido la Señora. A la línea Steinbeck hay que añadirle un poquito de Henry James, ya sabes lo que pienso. Ayer, camino de la universidad, pensaba en lo poco que nos importa la novela española desde hace bastante tiempo y en el triste estado de nuestras letras, que tanto denunció Miguel García Posada. Hoy, cuando iba al parque a andar, recordando una reciente discusión en la UNAM, pensaba que el mundo hoy está mejor que cuando nací. Verlo de otra manera serían pensamientos viejunos y, como en "La venganza de don Mendo": "no me gusta, no me gusta". Otrosí, efectivamente, si una frase de uno le gusta a ese uno mucho, puede que sea una tentación preciosista de que hay que librarse. ¡Qué peligrosa es la autocomplacencia! No exageremos, nequid nimis [nada demasiado].

Sol Elarien dijo...

Lo he leído y me impactó, supongo que Cortazar tiene eso. Pondré una entrada especial en el blog con uno de sus cuentos, uno muy breve, seguro que te gusta. Besos.

Yo misma dijo...

Me enamora. Gracias.