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martes, 18 de noviembre de 2025

Gestionando el 7 (por hermanita)



El 17 de noviembre es un día en el que los recuerdos se agolpan, son recuerdos agridulces de momentos alegres y llenos de vida que quedaron atrás, pero que siempre están presentes, porque aferrarse a lo bueno hace que lo triste se sobrelleve de otra manera y uno no se quede debajo de las mantas, hecho un guiñapo, hasta que  pase. La vida sigue y trae rutina y obligaciones, pero también alegría y esperanza. La página queda ahí, sin terminar de pasar, y mientras se escriben otras nuevas, como estas palabras de hermanita. 

 Llevaba semanas garabateando ideas y pensamientos preparándome para la inminente llegada de este día, el 17 y el año 7. En estos meses, en los que se nos remueven los fantasmas y las sombras de ese día trágico y tirano, siempre parece que los números adquieren un valor emocional que trasciende su concepción numérica. Este año le toca al 7. 

El 7 siempre ha sido mi número favorito. El número de El Buitre o de Raúl… no sé por qué pero siempre me ha gustado. El 7 era una nota relativamente buena en el colegio, con un siete sabías que estabas en el notable, era más que aceptable. 

7 fue, también, el primer cumpleaños que celebró Jaime sin Jorge. Recuerdo que me daba pavor imaginarme solo cómo sería ese día, así que fui a hablar con Jaime y le expliqué que, como iba a ser el primer cumpleaños sin papá, lo mismo ese día estábamos tristes, y que no pasaba nada. Me miró con sus ojos grandes y nunca olvidaré su respuesta, me dijo, “yo creo que ese día no mamá”. Me sonreí, si alguien iba a disfrutar de su cumpleaños estaba claro que iba a ser él, hijo de la vid y nieto del sarmiento, y con la suficiente ingenuidad y alegría como para compensar una ausencia tan grande como esa. Realmente lo disfrutó, y todos fuimos capaces de disfrutarlo con él, aunque en mi caso con una pena enorme de no poder compartir con su padre ese paso más en la vida de nuestro pequeño. Ese vacío sé que es cruelmente irreversible. 

7 años de ausencia… parecen tantos y tan pocos a la vez. Es tremendo pensar que Jaime ha pasado ya más años de vida sin su padre de los que ha compartido con él, sin hablar de mi pequeña. Es cierto que lo tenemos muy presente y recordamos tantos momentos vividos, que a veces parece que no ha pasado casi el tiempo, pero también sé que hay muchos momentos por vivir en los que esa figura será irremplazable. La ausencia este año del abuelo Paco parece que lo pone aún más de manifiesto, porque una de las personas que te sirven de apoyo y de consuelo en este día gris, no está tampoco presente para compartir ese dolor o tristeza. La soledad o la sensación de pérdida es mayor cuando te falta uno de esos apoyos. 

Y tratando de buscar la luz en un día como hoy, me quedo con algo que me dijo mi querida amiga del alma, que perdió a su madre con 4 años y pasó casi a ser una hija adoptada en mi familia.  Me comentó que si alguien le diera a elegir ir marcha atrás en el tiempo y haber podido crecer con su madre, que no sabría qué habría elegido, porque las personas que había conocido, sus hijos, quizá no existirían en ese otro escenario, y, a pesar de lo mucho que había echado de menos a su madre en muchos momentos, no arriesgaba perder lo que tenía. 

Y por muy duro que parezca, ese deseo es algo que me da mucha fuerza también para seguir luchando, convencida también de que es el deseo que Jorge tendría para todos, que en esta vida 2.0 que nos ha venido impuesta su ausencia pese menos que los momentos buenos que podamos construir. Siempre va a estar presente, no tengo ninguna duda de que no se pierde ni una fiesta, pero no querría estarlo desde el dolor sino desde el recuerdo de su vitalidad y fuerza.

viernes, 27 de enero de 2017

YE

Por fin escribo. No es que no tenga temas sobre los que hablar, es una de las ventajas de tener un blog variado, que todo lo que se me ocurra cabe. En este caso voy a aprovechar una salida del hospital para contar una tarde de ocio, comidas y tiendas.

Quedar con amigos no siempre es fácil, y mucho menos si son médicos: hay que cuadrar guardias, cirugías que se pueden alargar, sesiones, congresos y vida personal. A pesar de las listas de espera, un médico te ve antes como paciente que como amigo, por eso conviene aprovechar el día en que las constelaciones se muestran favorables. Esta vez lo conseguimos sin demasiado esfuerzo y sin imprevistos de última hora, que como dice una de mis amigas, nunca hay que cantar victoria hasta que estamos todas sentadas a la mesa.

Después de una mañana de consulta lo primero es reponer fuerzas. La comida japonesa es siempre apetecible, no solo es bonita sino también variada, y nos gustaba a las tres implicadas en el plan del día. Para empezar nuestra reunión escogimos el restaurante de Ayala, 67 (Ayala-Japón). Tras echarle un vistazo rápido a la carta, que a las tres y media de la tarde las tripas no admiten mucha demora, nos decantamos por el menú degustación: una ensalada, unos rollitos fritos de verdura, un poco de sashimi, otro poco de sushi en versiones nigiri (sobre monte de arroz) y maki (rollito), un tartar de salmón, otro de atún con soja y trufa, una muestra de teriyaki de toro y unos dimsums al vapor saciaron con creces nuestro apetito. Tras un té, con su sobremesa, y un retoque de pintalabios en el baño, estábamos listas para pasear por el barrio.

Una de mis amigas había descubierto una tienda de tocados artesanos, YE, en General Diaz Porlier 32, que le apetecía visitar. Después de contemplar el escaparate, no lo dudamos, aquellas preciosidades había que verlas de cerca. Llamamos al timbre para que nos abrieran, la dueña, de nombre Yulia Eremina, suele estar en el taller de abajo, trabajando en sus diseños entre cliente y cliente.

Dentro todavía había más preciosidades, tantas que no sabíamos por dónde empezar, quizá nos emocionamos más de la cuenta y entre las tres no sé si quedó algún sombrero sin probar. Su creadora nos explicó algunos detalles y nos ayudó a colocarnos los tocados de la manera más adecuada y favorecedora. Se notaba que disfruta con su trabajo, a cualquier otro le habríamos vuelto loco, pero ella compartía nuestro entusiasmo.

Si lo hubiese sabido, quizá esa mañana me habría peinado con más esmero. Había salido de casa con la cabeza aún algo húmeda, que terminó de secarse en el coche, y todo mi estilismo consistía en un semirrecogido, por supuesto sin peine, con unas pinzas para quitar el pelo de la cara y que no me molestase a la hora de explorar a los pacientes. Sin embargo, los tocados eran tan bonitos que lucían incluso así. El estilo que mejor se adaptaba a una de mis amigas era el más puro bohemio-francés, las boinas estaban hechas para ella, otra de mis amigas, más clásica, se llevó un gorro rojo que habría sido la envidia de Caperucita, no solo era bonito y favorecedor, sino muy versátil, se podía girar en todas las posiciones y cada ángulo era diferente. En cuanto a mí, confirmé algo que siempre he sospechado: mi cara es vintage, mis rasgos se corresponden más con la época de los años 40 y 50 que con la actual, y con los tocados inspirados en esos años, con redecilla incluida, parecía una extra de una película de los años dorados de Hollywood (lo podéis comprobar en la foto, ¿verdad que es un sombrero maravilloso?).

lunes, 4 de enero de 2016

Presentación de 33 desnudos en bata.

Amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario. Antonio Machado.

El Catedrático llegó a Madrid el 12 de diciembre, el 16 tenía que encargarse de presentar el libro de María Pasquín, "33 desnudos en bata". La autora, para relajarse en los días previos, había huido a Cuba y desde allí le había mandado el libro a su presentador. Por desgracia el archivo se quedó enganchado en algún punto de la red cubana, solo hay que leer a Padura para comprender que esa estrategia tenía muchas posibilidades de fallar, y no alcanzó su destino. El catedrático, que desconocía el envío, permaneció a la espera, sin decir nada.

El 15 de diciembre, por la tarde, recibo una llamada desesperada de mi amiga. Toda la relajación cubana se había ido al garete en unos segundos.
-¡Tu padre no ha recibido el libro! Sin leerlo no puede presentarlo. ¿Qué hacemos?
-Mándamelo a mí y yo se lo hago llegar y le digo que al menos se lea los capítulos más representativos.

Hasta ahí suena fácil, pero era demasiado pronto para echar las campanas al vuelo. Me encontré con el contratiempo de que, como es habitual, ninguno de mis progenitores estaba en casa. Tampoco llevaban el móvil, el del catedrático no daba señal y la Señora no cogía el suyo, perdido en las inmensidades insonorizadas de su bolso. Me puse a leer como una desesperada. En caso de necesidad, le daría pistas a mi padre.
Finalmente localicé a la Señora y le expuse el problema.
-No te preocupes que yo me encargo.
¡Uff! ¡Qué alivio! Podíamos estar tranquilas, si ella se encargaba, la presentación sería un éxito. Llamé a María.
-Todo está arreglado.

El Catedrático llegó tarde y dispuesto a descansar, volvía de presentar otro libro, en este caso de Jorge Urrutia. El pobre abandonó sus planes y se entregó a la tarea que tenía por delante, nada menos que 368 páginas. Se acostó cuando ya no podía sostener la cabeza. Dejó la lectura a las 2 de la madrugada para retomarla a las 8 del día siguiente. A mediodía tenía una comida que, de paso, le serviría para reponer fuerzas y glucemia. A las 7 y media de la tarde cerró el libro, lo había terminado.

A las 20:30 todos le esperábamos en el café, sin saber qué había ocurrido. Era la hora de la presentación y no llegaba. Encendí el móvil (¡menos mal que lo había cogido!).
-¿Dónde estás?
-Cerca, en la plaza. Acabo de preguntar, no encontraba el sitio.
Después de la proeza, no me extrañaba, seguro que tenía la cabeza saturada.
-Está al fondo, con un neón rosa. Salgo a buscarte.

Casi puntualmente, la presentación dio comienzo. El local estaba abarrotado. María siempre ha tenido un gran tirón, todas sus celebraciones son un éxito, además de multitudinarias. Esta no era una excepción.

El catedrático comenzó. No solo había leído la novela completa sino que la había analizado en condiciones (de un modo profesional en el que mis pistas no le habrían servido de mucho). Cuando le dije que escribiría una reseña, me dejó sus notas para transcribirlas (van en cursiva). La cita que abre esta entrada la escogió él para su disertación.

La primera pregunta es, como es lógico, la más básica:
¿Qué es este libro? ¿Novela o serie de cuentos? 
Estructuralmente, que no en el contenido, se asemeja a la novela picaresca,  capítulos independientes entre sí pero con un nexo común, en este caso el Centro de Salud. Aquí más vale recalcar que el contenido no tiene nada en común con las novelas picarescas.
Con respecto al tema:
¿Es un libro de sociología? ¿de viajes? ¿de costumbres? 
Hay algo de todo. 
Así es. Cada relato es distinto, al igual que cada vida es diferente. Cambian los médicos, los pacientes, las enfermedades y el ambiente. En el libro cambian las voces que narran las historias, hay referencias a épocas pasadas y observaciones basadas en la experiencia.
En realidad este libro es una "confesión general"... y cuando uno se confiesa, desnuda su alma, deja entrever más allá de lo que cuentan las palabras.
Una confesión general incluye: 
-Hª familiar y biografía (el primer capítulo es autobiográfico).
-Hª social y del entorno.
-Retrato de la sociedad (hecho a base de historias de pacientes).
-Queja por las cosas que los demás hacemos mal (aunque también reconoce puntos propios a mejorar)
-Revisión de vida (de la experiencia y de lo que uno aprende cada día)
-Buenos propósitos (algo fundamental en la Medicina, donde la primera premisa del juramento hipocrático es Primun non nocere)
No es raro que una confesión general de este calibre se asocie a una duda existencial. Pero ni todo está perdido, ni todo es blanco o negro. Hay un párrafo en el libro que, precisamente, hace referencia a esto: "Al enfrentarte a un problema, se puede optar por la visión "esto o aquello" o abordarlo mediante "ambas cosas". "Ambas cosas" proviene de una visión del mundo que ve la abundancia... aprender a vivir con las contradicciones de la vida. Si abordas un problema desde la opción "esto o aquello" quedas atrapado en un lugar y si lo encajas en "ambas cosas", se abren puertas.
En el hilo de la vida de esta confesión hay luz al final, la luz de la capacidad humana en la verdad y la justicia. Cuando la literatura se suma a ellas, al final se gana, como en una película de Frank Capra. 

lunes, 18 de mayo de 2015

Celebración maquillada


I was wise enough never to grow up, while fooling people into believing I had. Margaret Mead.

En una de nuestras últimas reuniones, mi amiga del cole me comentó que deseaba aprender algunos trucos de maquillaje. En esa ocasión habíamos quedado para comer en el Barrio de Salamanca. Es cierto que por esa zona no faltan centros de estética y era fácil contentarla, una tarde de cuidados en la que otros hacen el trabajo de ponerte guapa mientras tú te relajas siempre es de lo más apetecible. Sin embargo mi amiga tan solo aspiraba a una clase de iniciación y el plan de sesión de belleza y compra de cosméticos por esos lares presentaba un pequeño inconveniente: el precio.
- Mejor quedamos un día que House esté de guardia, comemos en un sitio chulo y luego te vienes a casa y experimentamos.
Ese plan sonaba tan atractivo como el anterior, incluso más divertido. Mi amiga accedió encantada. El prescindir del pobre House, y sacrificarle a padecer una guardia, no era porque pretendiera ocultarle información, sino por puro sentido práctico. Para ensayar pinturas de guerra no conviene andar cerca de ningún sioux y menos si éste no muestra afición a las plumas ni a los mejunjes. Mi chamán no fuma la pipa de la paz y, a pesar de ello, cuando se le provoca, es capaz de lanzar mensajes de humo por las orejas. Llegado el caso no se necesita un traductor para entenderlos, alejarse un poco es lo mejor para no quemarse.

En un mediodía de calor infernal, en la semana postcumpleaños, nos fuimos a comer a Fishka, un ruso al lado del auditorio. A 38 grados en la calle no habían tenido mejor idea que abrir el ventanal para ¿ventilar? el local. No entraba ni una brizna de aire pero sí todo tipo de pólenes de mayo. La comida estaba deliciosa, a pesar de los sudores y los estornudos. Repusimos líquidos con dos litros de agua. El postre, un flan de queso con tierra granulada de chocolate y merengue de cítricos, nos compensó por aquella sauna. ¿Otra ventaja? Nos ahorramos la fase de abrir los poros para la limpieza de cutis.

Unos algodones empapados en agua micelar remataron la fase de limpieza. Empezaba la preparación de la piel, lo que se traduce en aplicar una crema en rostro y contorno de ojos que evita que el maquillaje se deposite en las grietas y marque las arrugas. Mi amiga es más morena que yo, lo que no es difícil, así que escogí productos acorde a su piel para no convertirla en un fantasma. Afortunadamente cuento con un arsenal de muestras en casa, suficientes para dar, tomar y regalar (hermanísima suele ser la principal beneficiada de mis ataques de desprendimiento). En este país las muestras no se hacen con las aspiraciones a palidez de las japonesas en mente y, gracias a eso, disponía de una amplia variedad de tonalidades a escoger (aunque personalmente ninguna me valga).

Empezamos por un corrector asalmonado que compré por error porque descubrí, a posteriori, que para mí resultaba demasiado oscuro. Sin embargo es un color perfecto para cuando las ojeras tiran a oliváceas, las contrarresta. Esos correctores intensos no son para usarse solos, necesitan matizarse con correctores-maquillaje, de un tono similar a la piel, que además sirven para cubrir manchas.

En esta fase, o ya al final, se puede corregir la nariz. Lo más interesante es afinar el dorso, las narices finas son mucho más discretas, aunque sean grandes, que las anchas. Para ello hay que trazar una línea con un lápiz marrón medio que siga el arco de las cejas y se continúe por la línea de medio perfil del dorso de la nariz. Se repite en el otro lado. Luego se difumina hacia los laterales para que no se vean los trazos. En la zona central se marca una raya muy fina, vertical, con un pincel y un corrector claro. Por supuesto también se difumina.

Según los eventos, las necesidades y las preferencias de cada uno, se puede optar por una hidratante con color, una BB o CC cream, o un maquillaje más o menos cubriente en la misma gama que la piel, al menos si no se pretende salir con una máscara digna del carnaval de Venecia. La manera de extenderlo va en gustos: dedo, pincel, esponja... Lo que sí que es fundamental es aplicar una capa ligera de polvos, sueltos o compactos, para fijarlo todo y apagar brillos. Conviene retirar el exceso con una brocha. No hay que olvidarse nunca del cuello. También hay que empolvar la zona de los ojos para que no se corra el corrector y, de paso, salpicar algo de polvo sobre las pestañas que contribuirá a su volumen.

Levantar las pestañas con un rizador agranda y levanta la mirada. No es una maniobra traumática y el efecto se nota incluso sin maquillar. Últimamente descubrí el "delineado invisible" que no consiste más que en dibujar una línea muy fina, con un lápiz de ojos negro, resistente al agua, a ras del borde interno de las pestañas superiores, no por toda la línea de agua sino solo a ras. El ojo se abre, se enmarca y las pestañas parecen mucho más largas. La gran ventaja es que la mirada no gana dureza, como sucede con la raya tradicional en el párpado.

Siempre defiendo que una capa de máscara es uno de los mayores aliados de la mujer, aunque algunas tienen la suerte de contar con pestañas fuertes, densas, largas y oscuras de manera natural. Si no es el caso, la máscara subsana ese problema sin dificultad. No se precisa demasiada técnica aunque sí hay algunos trucos:
- Si se desea más volumen, aplicar un poco de polvo (del rostro) con un pincel pequeño, en la base de las pestañas (no en la punta porque se formarían grumos) y luego aplicar el rimel. No hacer esto tampoco con las nuevas máscaras con microfibras porque se apelmazarían con los polvos.
- Si se quiere dar una segunda capa, conviene esperar a que la anterior se seque, con unos 30 segundos basta y sobra. Se puede repetir el empolvado anterior si se desea.

El color de la sombra se puede coordinar con el color de la ropa, lo que da más juego que si se ajusta al del iris. Un toque claro en el centro del párpado dará luminosidad a la mirada. Otro, debajo del vértice del arco de la ceja, la levantará. También va bien aplicar un poco en la sien para que el rostro gane luz. Cuidado con los marrones, en exceso avejentan, lo ideal es combinarlos con dorados, cobrizos y rosas.

No hay que olvidarse de perfilar los labios, el contorno se pierde con la edad con lo que el marcarlo contribuye a la juventud del rostro. Suele ser mejor delinear por fuera, unos labios carnosos son más atractivos que unos finos. Hay que tener cuidado en los extremos para que la línea no supere la comisura. Se debe usar un tono carne, sobre todo si el pintalabios es un simple brillo, o del mismo tono que la barra, en cuyo caso conviene no limitarse a los bordes sino rellenar todo el labio con trazos verticales. Nunca usar un perfilador marrón oscuro, como si fuese un tatuaje, no solo resulta de lo más falso sino que en algunos casos incluso produce un efecto indeseable semejante al de un bigote.

jueves, 23 de abril de 2015

Mis libros

Día del Libro. Todos los meses debería haber al menos un día para festejar la lectura. Un libro y un trozo de pastel motivaría a los más peques a leer, y a los golosos algo menos peques es posible que también. Mis libros se han juntado para celebrarlo y, como ya son unos pocos, quieren pasarlo bien. Una reunión de brujas, trols, duendes, hadas, personajes navideños, sirenas y unos cuantos animalitos no parece un mal plan. ¿Quién se apunta? 

PALOMA

Es un hecho, no por muchos conocido, que las brujas nacen de los cuervos. Así empieza Paloma, un cuento de brujas que no dan miedo, una historia de colores cambiados con mucho hollín. Su protagonista es Marla, una anciana hechicera que ha alcanzado (y superado con creces) la edad de pasar el testigo. Debido a su vejez, Marla se equivoca de nido al buscar sustituta. La elegida no tarda en ser consciente del error de su madre adoptiva. No obstante prefiere no aclarar el asunto, no desea ser descubierta y perder así los privilegios de su nueva vida con la bruja. ¿Qué mejor que los guisos de la anciana para saciar su voraz apetito? Poco dispuesta a sufrir, se las ingenia para mantener el engaño. Sin embargo, cuando llega el momento ineludible de la verdad, la impostora acaba condenada "a la sombra". Allí descubre que no se encuentra sola. A pesar de la compañía su nueva situación no es en absoluto envidiable y pergeña un plan, a su gusto, para escapar.

Paloma fue finalista del Premio Lazarillo en 2012. No es que el galardón haya servido para que ningún editor se interesara en la historia, pero eso no quita que, para mí, sea motivo de orgullo. Gracias por todos los comentarios en la página de amazon y también a las excelentes críticas literarias que le escribieron los hijos de mis amigas. 


Esta historia es la continuación de Paloma. La tranquila vida en la cabaña de Marla, Orión y Paloma se ve interrumpida cuando la gemelísima de Marla, Merle, anuncia su visita. No se precisa una bola de cristal para saber que sus intenciones no son buenas, nunca lo son. ¿Qué pueden hacer una bruja blanca, que no sabe controlar su magia, y una bruja negra, sin la suya, contra el miembro más pérfido del aquelarre. ¿Huir? ¿Esconderse? ¿Practicar la magia, a pesar de los riesgos que eso implica, hasta aprender a manejarla? ¿Refugiarse en la ciencia? Según pasan los días y crece la tensión de la espera, la situación no mejora, aunque aparecen nuevos aliados a su causa. ¿Qué sucederá cuando Merle descubra lo anómalo de su situación? ¿Lograran evitar la hecatombe? El futuro se torna negro... 

El hijo de un amigo de House me envió un dibujo precioso, y graciosísimo, después de leer la historia con su padre. En él mostraba la cabaña y a todos los personajes (escobas incluidas). Me encantó. 


Entre la Mitología del Mar existe una antiquísima leyenda que afirma que, cuando un humano atrapa a una sirena, ésta queda ligada al mundo del mortal y debe abandonar el Océano.
Lo que casi nadie sabe es que , solo cuando la sirena así lo elige, puede ser retenida. El precio de su decisión será el de renunciar al Mar para siempre y, con él, a su memoria. Sus recuerdos se perderán en la inmensidad. Jamás habrá vuelta atrás. El Océano la repudiará: encriptará sus enigmas en un lenguaje desconocido, le arrancará los secretos contenidos en el brillo de sus escamas y le ocultará sus misterios. A cambio, su sombra se hará corpórea, la espuma y la sal se cubrirán de una piel fina e inalterable y sus nuevos cabellos atraparán la fuerza de las corrientes y la luz del día, o de la noche. Para la sirena la eternidad se transformará en un extraño sentimiento: el amor. Por él sacrificará su libertad y su inmortalidad, para unir, de forma irrevocable, su nueva vida a la de su amado.

Hermanísima trasnocha últimamente más de la cuenta porque está enganchada a la historia. Soñar despierta con la ayuda de un libro no es un mal sustituto de otro tipo de sueños. 


Según la tradición los trols viven de noche y, durante el día, duermen en grutas excavadas en las montañas porque no soportan la luz. Su leyenda también afirma que, si no se refugian, los trols se convierten en piedra al amanecer, con el primer rayo de sol. Como casi todas las leyendas ésta posee una base de verdad, aunque cubierta por un grueso barniz de fabulación. ¿Qué es cierto y qué no lo es? Es difícil de saber si no se es un trol pero, en este caso, aunque no se me pueda considerar un ejemplar típico, es lo que soy.

Me llamo Sig. Ya he dicho que soy un trol, aunque debo matizar que no soy un trol a la usanza. Nací de una roca, al igual que el resto de mis congéneres, pero mi nacimiento se complicó. En mi caso la tierra tembló pero la montaña no me condujo a través de una vía hacia sus entrañas, sino que la energía me expulsó hacia el exterior. Volé por los aires, sin sembrar la destrucción a mi paso. Tampoco me deshice al chocar contra la tierra porque caí en el interior de una poza. No me golpeé contra el suelo y nada aplastó mi cabeza, ni mucho menos mi cerebro...

Gracias a Sergio mi Trol ya tiene su primer comentario en amazon. Me alegro de que mi personaje le resultase tan entrañable como a mí. 


Shhh, no despertéis a Flora 
¿Flora? 
Flora es la voz del valle, el origen de este lugar. Muchos creen que es una leyenda pero todo aquello sucedió en realidad. 
¿Qué es lo que ocurrió? 
Quizás sea un poco largo: hay brujas, duendes y hadas, hechizos y ciudades encantadas, pociones mágicas e incluso trols, pero, si de verdad os interesa, os contaré su historia. 
"Hace mucho tiempo, perdido entre las montañas,  no lejos de aquí, existió un lugar llamado Valaín (...) Nuestra historia comenzó el fatídico día en el que apareció en el valle una malvada bruja..."

La redacción original de sobrinísima está en una adenda al final del libro. Difícil decir si el proyecto le hace más ilusión a ella o a mí. 



"Nicole se despertó emocionada. ¡Por fin había llegado el invierno, su estación preferida, la que esperaba con impaciencia desde la primavera! No le importaba que el sol no apareciese durante todo el día y que en su lugar los reflejos azulados de la nieve trasformasen el paisaje en un mundo de ensueño. Ese mundo misterioso se desvanecería junto al invierno, cuando la nieve se derritiese bajo los rayos del sol. Sin embargo, lo que más le gustaba a Nicole de ese primer día no era el escenario casi onírico, ni el frío tonificante que traspasaba la protección acolchada de su anorak y sus botas. Aquella mañana era especial porque, justo después de desayunar, llegaría el momento de acompañar al abuelo a sacar el Trineo de su escondite secreto." 

En el Polo Norte se ultima la Navidad. El Gran Trineo sale de su escondite cuando un deshielo intempestivo interrumpe su viaje e impide que alcance el taller de los duendes. Nicole, el Trineo y la Navidad están en peligro. ¿Se salvarán?

¡Por fin uno de mis cuentos consiguió intrigar al Catedrático! Fue mejor que ganar un premio. Por supuesto, la dedicatoria es para él. 

¡Feliz día de libro y espero que todos los días merezcan ese nombre!

jueves, 12 de febrero de 2015

Con mi amiga

Recojo a mi amiga del cole a la salida de su hospital. El plan es puesta al día con comida y paseo de compras. Conduzco hacia el Barrio de Salamanca. Por el camino me cuenta sus últimas vicisitudes como enfermera de quirófano. En las cirugías lo único programado es el parte. A partir de ahí, lo que suceda, es imprevisible. Lo único cierto es que se corre un gran riesgo de sufrir aventuras y desventuras. No hay que buscarlas, surgen, son ineludibles, forman parte inherente del trabajo en quirófano y hay que solucionarlas al momento. No es posible despistarse. La realidad te reclama en cualquier momento.

En hospitalización las cosas son muy distintas, allí generalmente los enfermos no se desmandan, permanecen en sus puestos para recibir la medicación pautada. Las enfermeras se organizan el trabajo y es raro que esa organización se vaya al traste. Ocurre en ocasiones, pero es algo incidental. Sin embargo, en el quirófano, es lo habitual. Mi amiga ha trabajado muchos años en planta y el cambio al quirófano le ha supuesto más sorpresas de las que se imaginaba.

Aparco el coche en Velázquez. A la salida del parking está "El Lateral", he oído hablar de este sitio pero nunca he estado. ¿Probamos? propongo. Entramos. Está hasta los topes, hay incluso lista de espera. Pensamos en dar la vuelta, son casi las tres y media y lo que apetece es comer. El maitre nos asegura que las mesas están pagando. Hacemos tiempo en la barra. Vemos salir un pincho de tortilla, no sé si es por la hora pero la pinta es irresistible. No nos resistimos. Pedimos uno para saborear la espera. Está tan bueno como aparenta.

La carta son raciones, pinchos y ensaladas. Ya en la mesa compartimos un surtido. No está mal pero es mejorable, los pinchos calientes vienen fríos. La ensalada está rica. Lo mejor, sin duda: la tortilla: tierna, cremosa, con cebolla y patata que se deshace en la boca y el huevo sabroso y poco cuajado. Es el único motivo por el que merecerá la pena volver.

Voy concienciada. Sé que salir de compras por el Barrio de Salamanca es garantía de no regresar con las manos vacías. Empezamos con Rimini, en Lagasca. No les quedan rebajas, se las han llevado todas a la tienda de Claudio Coello, 3, al lado del Retiro. A cambio, la ropa de primavera está de oferta, a 29 euros o menos. ¡Qué tentación!

Siguiente parada: El Atelier, en Claudio Coello. Confieso que se trata de un pecado premeditado: telas vaporosas, colores suaves, bordados... Lo poco que les queda de invierno está al 70%. Lo de temporada no tiene descuento pero es precioso. Es un placer mirarlo y aún más vérselo puesto. Probarse vestidos maravillosos es como convertirse por un instante en la princesa de Piel de asno cuando se viste a escondidas con sus vestidos de sol y de luna. Puro narcisismo.

Seguimos por Claudio Coello hacia Goya. Las tiendecitas se alinean una tras otra pero chispea y no nos detenemos demasiado a investigar. Nos dirigimos a Lagasca 27, allí las prendas se aprietan en los percheros y los descuentos sobre los descuentos. Descubrimos un par de vestidos, a la vez clásicos y originales, de La Compagnia Italiana. Perfectos de estilo y precio, uno para cada una.

Hace siglos que no me paso por Divina, en Jorge Juan. Sería un feo no hacerles una visita, estamos al lado. Aquí no se trata de escoger sino de descartar. Hay una blusa irrepudiable, a juego con el nombre de la tienda. También es cierto que la divinidad reclama un tributo.

De camino al coche nos llama el escaparate de Leonce, en Velázquez. ¿Por qué no investigar? Llegado un punto: de perdidos, al río. Benditas rebajas, sin ellas me habría ahogado.

Me acuerdo del pobre House se ha pasado la tarde solo en casa, sin mi compañía. Para resarcirle del disgusto, compro la cena en Mallorca y añado unas torrijas de postre que, al parecer, también ha empezado esa temporada.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Proyección

Se define proyección como el "mecanismo de defensa a través del cual el individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo atribuyendo incorrectamente a los demás, sentimientos, impulsos o pensamientos propios, que le resultan inaceptables o que le generan negación." En resumen: consiste en asignar a los demás los defectos propios.

El mal pensado es así porque no puede evitar ser desconfiado por naturaleza, él mismo es un intrigante y espera lo mismo del resto. Sin embargo, aunque a veces uno se convierta en víctima de alguna de sus injustas acusaciones es mejor no contraatacar. Comparto lo que dice una de mis mejores amigas: no tenemos que iluminar al que le gusta ir por la vida con gafas oscuras. No hay mayor placer, al final del día, que haber sido fiel a uno mismo.

Cuando se toma una decisión es importante tener en cuenta que nunca se satisfará a todo el mundo. Hagas lo que hagas y cómo lo hagas siempre habrá alguien descontento. Te criticaran, te reprenderán, encontrarás quien te querrá guiar en la dirección correcta o el que pretenderá corregirte y hacer que cambies tu forma de actuar. Algunos te malinterpretarán e incluso te abrirán los ojos y desvelarán la intención oculta tras tus actos, y que tú hasta ese momento, pobre ingenua, desconocías. Tal revelación conlleva un disgusto aunque el motivo no es porque no se te haya ocurrido a ti aprovecharte de la situación, cuando era tan sencillo hacerlo, ni tampoco porque te hayan pillado en falta, sino porque descubres la opinión de otros sobre ti y la idea de que te crean culpable de semejante maquinación supone una sorpresa muy desagradable y una gran decepción.

De la desilusión se aprende. Solemos tomar como modelos a aquellos que admiramos y, tras superar el desengaño, lo que se refuerza es la propia independencia. Se ve claro lo que se puede esperar, se sabe que no se puede contar con ese apoyo. No obstante, no por una acusación injusta se cambia de proceder si se está convencido de lo que se hace. Así sólo actúan los borregos, los que por entrar dentro del rebaño son capaces de relegar sus ideales.

Por supuesto sé que así no llegaré lejos, aunque eso es relativo, depende del concepto de cada uno de llegar lejos. La vida es corta y hay que procurar ser feliz y disfrutarla y, por supuesto, compartir esa felicidad. Al que le moleste le recomiendo que siga el consejo de mi amiga y mire para otro lado. ¡Hay mucha más gente para criticar!

lunes, 27 de octubre de 2014

Doña Luz

How many of you have had a teacher at any level of your education who made you more excited to be alive, prouder to be alive, than you had previously believed possible? Kurt Vonnegut

Recuerdo con cariño, y mucha nostalgia, los cuatro años de Valladolid: la casa, el parque, las amiguitas de enfrente, Manoli, el camino bajo los soportales de las calles y de la plaza Mayor y la escuela. Dejar aquello y mudarnos a Madrid nos supuso todo un trauma, que se agudizó tras la violenta acogida por parte de nuestros nuevos vecinos de la "urba". También nos afectó el cambio de colegio, cuya dinámica poco tenía que ver con la que estábamos acostumbradas. Al menos las compañeras sí que nos recibieron con los brazos abiertos.

Cuando tengo que pensar en una maestra llena de virtudes, pienso en Doña Luz. Me considero afortunada por haber disfrutado de las enseñanzas y del cariño de muchos de mis profesores. Sin embargo ser valorada por los maestros suele estar reñido con la popularidad estudiantil. A mi favor estaba el hecho de vivir en mi mundo y el de ser muy, muy despistada, lo que me evitaba enterarme de comentarios y me ahorraba disgustos. Lo cierto es que no me interesaba demasiado la opinión de todo el mundo, sólo la de la gente a la que apreciaba. Incluso rodeada de todo ese afecto docente, mi modelo de perfección era Doña Luz.

Me gustaba el colegio, quizá haya quien me considere por ello un bicho raro pero no era el único caso. Supongo que parte del motivo es que el colegio de Valladolid era un lugar especial. Recuerdo todos los años como buenos, desde mi entrada en 2º, curso en el que llegué nueva a una clase en la que todas se conocían desde párvulos y en la que me integré sin problemas, o eso creo, y los 4 años que transcurrieron allí hasta que nos mudamos a Madrid al terminar 5º. Hermanísima corrió peor suerte con sus profesoras. El primer curso gozó de la docencia de "la guapa", una profesora interina que al final de la primera semana había cambiado de sobrenombre y hasta había dejado de resultar atractiva para convertirse en "la bruja del lunar azul". No es que hermanísima fuese una víctima inocente del rigor pedagógico, la disciplina nunca ha sido su punto fuerte y era fácil encontrársela en el pasillo, castigada, de forma regular. Nadie comprendía que al entrar en clase la chiquilla aún no había soltado su extraordinaria tasa de palabras diarias y que la pobre criatura necesitaba desfogarse para no explotar. Las cosas no mejoraron para ella cuando en los siguientes cursos se encontró con una tutora que resultó ser una bruja casi de verdad, por años y por aspecto. A la mujer no se le ocurrió un plan mejor para controlar a sus infantes los viernes por la tarde que ponerles a rezar el Via Crucis. Tanto hermanísima como su amiga del alma terminaban las oraciones semanales camino del despacho de la directora.

Mi experiencia fue diferente. En mi clase éramos varias, y no todas con fama de empollonas, las que nos despedíamos con tristeza al llegar las vacaciones, conscientes de que echaríamos de menos la escuela. Me costaba separarme de mis amigas, pero también de mis profesoras, y esperaba impaciente que llegase Septiembre para empezar un nuevo curso. Durante las vacaciones mi impaciencia disminuía algo, aunque siempre me hacía ilusión volver.

Doña Luz, además de mi profesora durante 5º de EGB, el último curso que estudié en Valladolid, era la madre de mi mejor amiga. Madre e hija gozaban de popularidad en todo el colegio. Dª Luz era guapa, dulce, nunca se alteraba y se mostraba paciente y encantadora con todo el mundo. Su interés en nuestra educación iba más allá del programa escolar: pretendía convertirnos en buenas personas, que aprendiésemos a pensar y a relacionar temas de distintas materias de manera que consiguiésemos extraer conclusiones de la relación. Suena complicado pero con ella no lo era, al contrario, con ese método captaba nuestra atención y economizábamos esfuerzo y trabajo, a pesar de ir más allá en el temario. Me di cuenta de todo lo que había aprendido con ella cuando descubrí lo que era vivir de las rentas durante los cursos posteriores.

domingo, 5 de octubre de 2014

Nany

Uno de los mejores cumplidos que le podía dedicar mi abuela a alguien era la frase: "tiene brillico". Hermanísima recuerda de Nany los ojos y el porte, yo recuerdo siempre el brillo. Me parecía que brillaba tanto que eclipsaba al resto de los que estábamos en la habitación, no es que los apagase, simplemente ella destacaba sin necesidad de hacer nada.

Una persona así deja huella, es imposible no fijarse en ella. No era el alma de la fiesta sino que era dulce y muy tranquila, nunca perdía la compostura. Es cierto que tampoco tenía nunca prisa. Cuando la Señora quedaba a comer con sus amigas de toda la vida, cosa que hacen con regularidad, sabían que les tocaba esperarla. El cuánto era una gran incógnita. Un día se presento casi una hora tarde cuando el resto ya tenía el rostro desencajado por la espera y el hambre de ver pasar platos de comida para otros, con ganas de morder hasta el camarero. Al llegar estaba reluciente. Con su habitual sonrisa les explicó que había ido a la peluquería y que allí, la peluquera, incapaz de resistirse al encanto de su piel, blanca y transparente, le había propuesto un tratamiento facial, algo breve para no retrasarla. Nany se dejó hacer y la otra se emocionó tanto con su trabajo que los minutos se sumaron a las horas. Había sido una experiencia maravillosa, muy relajante. Lástima que sus amigas no hubiesen estado allí con ella para compartirla. 

En las vacaciones esperaba con ilusión el día en el que venían a la granja con sus dos hijos. Los chiquillos habían heredado la piel blanca de su madre y sus ojos grandes y clarísimos. Me parecían preciosos. Los dos niños se prestaban sin reparos a nuestros juegos y correrías. Es posible que Nany hubiese perdido su habitual serenidad si hubiese visto a sus hijos subidos a los tejados de uralita o entre las ruinas llenas de óxido, ratas y porquería de las naves. De lo único que se libraban era de vestirse con los disfraces polvorientos de los arcones. Claro que ella conocía la granja desde pequeña cuando sus padres le permitían ir donde fuera siempre que fuera con la Señora. Mi madre tenía fama de responsable y había conseguido ganarse la confianza de aquellos padres, un logro digno de mérito. Eso le permitió a Nany conocer las distintas fiestas de los alrededores, que eso de encerrarse en casa a hacer labores no es un rasgo propio de la Señora, sólo es fácil pillarla recién levantada, y suele madrugar. 

Ahora que se ha ido y descansa tranquila, el recuerdo de Nany también brilla.

domingo, 6 de julio de 2014

Amistad

Pienso que si he aprendido algo sobre la amistad es a seguir, mantenerse conectado, luchar por ellos y dejarles luchar por ti. No alejarse, no distraerse, no estar demasiado ocupado o cansado y no considerarlos como algo seguro. Los amigos son parte del pegamento que mantiene unidas la vida y la fe. Son una fuerza poderosa. Jon Katz.
I think if I’ve learned anything about friendship, it’s to hang in, stay connected, fight for them, and let them fight for you. Don’t walk away, don’t be distracted, don’t be too busy or tired, don’t take them for granted. Friends are part of the glue that holds life and faith together. Powerful stuff. – Jon Katz

Hay una pertinencia y una belleza única en la vida que puede compartirse de un modo abierto, bajo el sol y el viento, con otro ser humano que cree en los mismos principios básicos. Sylvia Plath.
There is a unique rightness and beauty to life which can be shared in openness, in wind and sunlight, with a fellow human being who believes in the same basic principles. Sylvia Plath.

La gente buena no es aquella que carece de defectos, los valientes no son los que no sienten miedo, los generosos no son los que nunca sufren de egoísmo. La gente extraordinaria no es extraordinaria porque sean invulnerables a inclinaciones inconscientes. Son extraordinarios porque eligen hacer algo al respecto. Shankar Vedantam. 
Good people are not those who lack flaws, the brave are not those who feel no fear, and the generous are not those who never feel selfish. Extraordinary people are not extraordinary because they are invulnerable to unconscious biases. They are extraordinary because they choose to do something about it. Shankar Vedantam.



martes, 8 de abril de 2014

El arte del vino

Hace unos días me apunté a una cata de vinos muy original. Se trataba de maridar arte y vino. Me gustan las dos cosas así que el plan me sonó muy bien.

La idea surgió a raíz de la exposición de Javier Comas en Café di Vino. Primero Javier nos dio las pistas, en forma de comentario sobre sus obras. Habló de su estrecha relación con las Canarias de la que había surgido "Atlántico" con sus matices turquesas, sus arenas blancas y sus rocas volcánicas. Explicó como la niebla en los árboles desnudos de un invierno interminable le había evocado la sencillez del arte chino para su serie de "Árboles". Nos contó como el azul oscuro del "Egeo" le había sacado del laberinto en el que se encontraba atrapado.

Con esas pistas debíamos descubrir el porqué de cada vino seleccionado. Se trataba de una cata ciega en la que el gusto y el olfato debían actuar de guías.

El primer vino era blanco, sabroso, algo salado. Sabía a fino pero era una manzanilla (en concreto Borbón-Orleans). Aprendí que la diferencia entre Jérez y Manzanilla es que, aunque ambas son de uva Palomino, la segunda se produce en Sanlucar de Barrameda, a orillas del mar, y por eso es más salada. Es muy trabajosa de elaborar ya que requiere una cuidadosa crianza en barrica bajo velo de flor, la capa de levaduras naturales que cubre el vino para su fermentación biológica, de ahí su maridaje con el Egeo.

El segundo vino era un vino con cuerpo pero ni áspero ni  recio, con la densidad precisa, muy rico, con algo de madera y bastante sabor a fruta. Cuando descubrí que la uva era Tempranillo no me lo podía creer porque me supo muy distinto a los Riberas y los Riojas. Era un 13 Cántaros de Cigales, escogido para el evento por las nieblas vallisoletanas. Un vino muy económico y que me gustó mucho.

El tercer vino era un tinto diferente, más suave que el anterior pero sin resultar acuoso, tenía aromas de violeta, de pimienta y de miel y también algo de salinidad. Fue el favorito de muchos. Su DO supuso toda una sorpresa: el valle de la Orotava, al norte del Teide. Su nombre: 7 Fuentes.

Una vez catados los vinos y maridados con los cuadros había que comprobar qué tal casaban con algún alimento más sustancial. Mi conclusión final es que con unos tacos de queso Majorero componen una magnífica obra de arte (efímera pero muy satisfactoria).

martes, 5 de noviembre de 2013

Manolo Ariza

Mi visión de Manolo Ariza es infantil, son recuerdos de niña, de la época en la que le veíamos con cierta frecuencia. Llamaba la atención por su delgadez y, sobre todo, por su altura, más de dos metros que hacían que su cabeza chocara con los marcos de las puertas en cuanto se descuidaba un poco. A hermanísima y a mí nos gustaba ponernos a su lado y comprobar que sus piernas eran más largas que cualquiera de nosotras. Aunque fuera amigo de nuestros padres era un amigo distinto, lo incluíamos dentro de nuestros favoritos y formaba parte del reducido grupo de adultos que considerábamos especiales.

Esperábamos con ilusión sus visitas. Siempre tenía detalles, aunque no necesitaba regalos para conquistarnos, derrochaba sonrisa y encanto. Nos prestaba atención sin esforzarse aparentemente en ello, iba más allá de lo que dicta la cortesía con los hijos de los amigos y se entretenía en jugar con nosotras. Procurábamos secuestrarlo en cuanto se acercaba y más de una vez mis padres tuvieron que reclamarlo. Aquel rato se hacía tan corto que nos quedábamos con ganas de más.

Inspiraba confianza, con él no había distancias. Cuando estaba en casa nos costaba retirarnos a nuestra habitación, queríamos quedarnos con los mayores para enterarnos de lo que contara. Manolo era divertido sin intentar ser gracioso, cariñoso sin pegajo, tan simpático que le caía bien a todo el mundo y bueno como un pedazo de pan. Además era caballeroso y sabía estar. Un personaje gigante que dejó huella.

sábado, 10 de agosto de 2013

Con amigas

Casi de un día para otro, mis amigas y yo cuadramos nuestros calendarios para disfrutar de una tarde juntas. No fue justo al día siguiente, que usamos para confirmar nuestra disposición, sino el de después. En un signo de madurez acorde a nuestra edad, decidimos comer en Riofrío. No obstante no llegamos a dar ese paso trascendental que nos convertiría en miembros del grupo de señoras, serias y respetables, que se reúnen regularmente en su cafetería. En la puerta me encontré con una de mis amigas y con un cartel de cerrado por vacaciones hasta el 2 de septiembre.

No teníamos intención de ayunar, así que dimos una vuelta por la zona para escoger otro lugar. Nos decantamos por Krachai, un restaurante tailandés que lucía con orgullo, sobre su puerta, las condecoraciones de los últimos años de la guía Michelín. Semejante recomendación había convencido a más gente, más rápida que nosotras. No sólo se nos habían adelantado sino que tenían invadido el salón, (a pesar de estar tan bien aprovechado que los comensales de las distintas mesas se daban codo con codo sin necesidad de estirarse). Nos llevaron al piso inferior, vacío y mucho más silencioso, lo que nos permitió deleitarnos con la música ratonera del hilo musical. El peor inconveniente es que olía ligeramente a cloaca, tufillo que forma parte de muchos rincones del hospital, especialmente de los vestuarios de quirófano. Ese aroma, aunque "familiar", no enriquece en absoluto el ambiente. Tampoco nos ahuyentó. O bien eran conscientes del problema, o simplemente les venía bien, el caso es que esperamos a la que faltaba abajo y comimos arriba. Nos propusieron subir cuando se liberó una mesa. El menú del día, de 13 euros, pintaba bien. Probamos un surtido de entrantes consistente en brocheta de pollo con salsa satay (de cacahuetes), rollito thai y saquito crujiente de mariscos. En los segundos optamos por tallarines de arroz con pollo, buey con curry rojo massaman y pollo picado con verduras y guindilla (más suave de lo que me esperaba). Estaba bastante bueno, mejor que Oam Thong y Thaidy, pero sin resultar excepcional y queda muy lejos de mi referencia en esa exótica cocina: el Thai Gardens. Cierto que el precio no es el mismo, y el Thai al parecer tampoco (no conozco el nuevo). No lo recomiendo para impresionar a una cita, arriba le falta intimidad y le sobra ruido, tiene mucho cristal expuesto en el que reverbera el sonido, y abajo necesitan un dispositivo que absorba olores.

Hacia el final de la comida se presentó el marido de una de mis amigas. Le invitamos a acompañarnos a un tour por la zona, pero nuestra propuesta no le tentó lo suficiente. Sus planes consistían en secuestrar a su esposa. Se salió con la suya. Así fue cómo ambos nos abandonaron... y de tres quedaron cuatro y de cuatro sólo dos... (parece una canción infantil)

Un paseo posprandial es siempre recomendable, aunque hacerlo de tienda en tienda puede agotar la tarjeta de crédito más que las piernas. Por casualidades del destino, justo enfrente del restaurante, sale la C/ Pelayo, un punto de partida perfecto. Pasamos por "Beautyque", una combinación de salón de manicura y pedicura decorado en un precioso estilo vintage (merece la pena verlo) que también vende ropa con ese mismo aire. Dimos también un repaso "Con la cabeza bien amueblada" a las perchas de las tienda-peluquería con ese nombre tan singular. Son muy agradables, te venden hasta el mobiliario si así lo deseas, tienen una atractiva selección de vestidos, preciosos zapatos y, tras ver el resultado de sus mechas californianas, casi me siento animada a probarlas (cotillead en su página que es curiosa y muy interesante).

Como no podía ser de otra manera, entramos en Qüin. Cada vez me gusta más. Es una tienda especial. El local, con sus paredes de ladrillo visto, sus percheros de forja y sus espejos algo antiguos, es muy bonito. El atelier le añade encanto, que se refleja en el trabajo que ponen en sus prendas, cuidado al detalle. Es tan original que cuenta con ropa exclusiva, de la que sólo hacen una muestra antes de resolver que es demasiado laboriosa como para repetirla. La selección de telas es impecable y todo luce estilo, con tejidos, corte y costura de calidad a precios asequibles. No nos limitamos a mirar, había cosas irresistibles que nos susurraban "pruébame, prúebame", a las que les prestamos la atención que pedían. (Se puede comprobar en la foto, sacada a traición por mi amiga).

Pasamos por el Outlet de Jepa en Gravina antes de comenzar el circuito de zapaterías de Augusto Figueroa. Subimos por Hortaleza, seguimos por Campoamor, con parada obligada en "Anatomía", con ese nombre no nos preciaríamos como médicos si no le hubiésemos dedicado un rato de estudio (interesante). De ahí a "Nac" en la esquina de Génova con Argensola. Su ropa me gusta mucho aunque sus precios no tanto. Rematamos la tarde en Ekseption, en Marques de la Ensenada con Bárbara de Braganza. Nos rendimos ante una blusa impresionante, creo que de Marc Jacobs, a la que nos resignamos a renunciar tras descubrir su precio en la etiqueta (gracias al 50% de descuento se quedaba en poco más de 700 euros, y no, no me sobra ningún cero). Una tarde muy completa, de puesta al día a nivel personal y en tendencias. El favorito de mi amiga: Qüin. 

jueves, 8 de agosto de 2013

¿Quedamos?

La pregunta ¿quedamos?, referida a mis amigas médicos, supone una gran incógnita. Para resolverla es preciso solucionar una larga serie de ecuaciones de cuarto o quinto grado, integrarlas, derivarlas y, finalmente, pasarlas del plano teórico al práctico. Cuando parece que todo encaja, aparecen los factores de variabilidad, de distracción y de confusión. Hay que contar con guardias y cambios de guardias, con salientes de guardias infernales en los que apenas quedan fuerzas para recuperarse tumbada sobre el sillón, con jornadas quirúrgicas prolongadas en las que todos los elementos se alían en contra, con llegadas de visitas previstas e imprevistas, con viajes, con sesiones, cursos, congresos y reuniones y, al llegar la primavera, a todo ese cúmulo de elementos, hay que añadirles la dichosa alergia.

De las tres que, cuando es posible, solemos quedar, dos pasamos los meses de Mayo y Junio encerradas y evitamos pisar la calle en lo posible. La mera idea de salir a pasear nos hace llorar y estornudar. Recuerdo una barbacoa en Junio en la terraza de mi hermano en la que habría agradecido disponer de una mascarilla quirúrgica, o de un burka bien tupido en su defecto. El bolso se llena de kleenex, no vayan a faltar, y el inhalador se gana un lugar de honor y bien visible sobre la mesa. Peor aún es cuando descubrimos que el susodicho inhalador produce un raro efecto secundario, calambres musculares que simulan una tendinitis plantar, efecto del que desgraciadamente nos enteramos cuando le afecta a mi amiga y casi le impide caminar. Mejora al retirarlo, sí, aunque el dilema es escoger entre respirar o andar (y lo segundo no dura mucho sin lo primero).

Tras sobrevivir a esa fase nos planteamos de nuevo la pregunta. ¿Quedamos? Por supuesto, mientras tanto, ha llegado el verano y comienzan las vacaciones. Unos se van cuando otros vuelven y, al contar con menos gente, las guardias se acumulan. Es más complicado programar nuestra reunión que ajustar las guardias a los calendarios vacacionales, profesionales y familiares de los distintos miembros del servicio (lo sé de buena tinta porque me ocupo de ello). Tras varios intentos frustrados, y una larga cadena de emails, finalmente, lo que mejor funciona es recurrir a un arreglo para casos de emergencia (si es que somos médicos y atender la urgencia está integrada en nuestra psique). Un SOS un martes de "se acaban las rebajas, la semana próxima es puente y cierran muchas de las tiendecitas interesantes de Chueca  por vacaciones, ¿adelantamos nuestra cita a este jueves?" dispara las alarmas y los planes. Las vicisitudes de los meses previos no tienen precio a la hora de escribir un post, creo que con los detalles hasta darían para una novela. Pocos darían crédito a la anotación de "basada en hechos reales".

jueves, 18 de julio de 2013

Boda en Vitoria

Fecha: Sábado de Julio.
Papel del día: invitados de boda.

Aún no son las 8:00h pero llevo un buen rato despierta. Dejo a House acostado y bajo a tomar un tentempié en el desayuno bufé.  Mientras hago tiempo me doy un paseo, a la luz del día, por la Ciudad Vieja. Es pronto y hay poca gente por la calle. La temperatura a la sombra es fresca, no así al sol. Recorro las calles sin mirar el mapa. Me dejo llevar. Da igual por donde tire, la ciudad está llena de rincones preciosos. Primero una rosaleda. Doy con una iglesia gótica. Subo una cuesta y me topo con un palacio renacentista. Al su lado un parque que cruzo. Otro palacio y, alrededor, casas con los balcones adornados por geranios en flor. Una calle de arcos me lleva hasta la plaza de una iglesia con una torre octogonal, templaria, y un reloj de sol en la fachada. Escaleras de piedra que bajan. Me meto por un callejón y salgo a una plaza porticada. La recorro despacio y al otro lado descubro los árboles que rodean el Palacio de Correos. Callejeo hasta que considero que es hora de regresar.

Despierto a House a las 9:30, le acompaño a desayunar. La boda  es a las 12. Preguntamos en recepción las instrucciones para ir a la Ermita de San Prudencio de Armentia. Nos dicen que el camino es un agradable paseo de no más de 2 kilómetros y que se tarda unos 20 minutos. Son poco más de las 10h, nos sobra tiempo.

House, siempre caballeroso, me cede el primer turno del baño. Tras la ducha da comienzo la pelea con el pelo. Va a hacer calor así que el recogido es la mejor opción. Opto por un moño bajo y escondo las tropecientas horquillas necesarias para darle un aire natural sin que se deshaga. Tanta naturalidad no convence del todo a House. El maquillaje lo distribuyo a tientas, ya comenté que la luz dejaba mucho que desear. El vestido, de seda salvaje blanca bordado a modo de mantón con flores rojísimas, se llevará todas las miradas y serán menos evidentes los parchajos de color en mi cara. House, con su traje gris, está irresistible, como siempre.

Poco antes de las 11:30 estamos listos para realizar el agradable paseo que nos llevará a la ermita. Comenzamos con mucho brío, a pesar de ir calzados de boda. Declaro que mis zapatos de tacón son cómodos para caminar, lo que no sabía es que iba a ponerlos a prueba.

Vamos bien. Llegamos a un parque y, en lugar de bordearlo, decidimos cruzarlo. Craso error. Su forma es irregular y, como consecuencia, salimos por donde no es y nos desorientamos. Proseguimos por el Paseo de Fray Francisco de Vitoria, una zona preciosa bordeada por casas impresionantes entre las que se encuentra el palacio que alberga el Museo de Bellas Artes. Termina la calle y no vemos ningún cartel con el nombre de la siguiente del mapa. Preguntamos. Descubrimos que hemos hecho el último tramo en sentido contrario.

Regresamos sobre nuestros pasos y seguimos las indicaciones del buen hombre que nos ha reconducido. Pasamos el campo de fútbol, luego las piscinas, más allá un hotel. Los 20 minutos se convierten en 45, de lo que se deduce que los vascos caminan más rápido que nosotros. Es mediodía y el calor aprieta. Llegamos justo en el sí quiero. Nuestro estado es lamentable: acalorados, sudorosos y con los pies rotos (mi almohadilla plantar está escondida debajo de unas ampollas gigantes que no descubro hasta la noche). Aguantar de pie se convierte en una especie de tortura. Los novios irradian felicidad. Ella lleva un vestido romántico, sencillo, de gasa color marfil y con unas preciosas peinetas de nácar en el pelo que recuerdan a las sirenas.

Esperamos de pie la llegada del autocar que nos conduce al Palacio de Elorriaga, un hotel del siglo XVI. Sirven un aperitivo en jardín, también de pie. Sólo hay un sillón para una anciana y siento ganas de suplicar otro para mí. Me apoyo en una mesa para no cargar todo el peso sobre mis doloridos pies.

Para la comida pasamos a un salón y nos sentamos. Miro el menú y distribuyo mentalmente el hueco de mi estómago, tiene que caber todo. Lo han puesto difícil: tres entrantes (ensalada de langostinos, corte de foie y cigalas salteadas), un primer plato de pescado: lubina con boletus. Le sigue un sorbete de limón y menta antes de pasar a la carne, solomillo con patatas panadera (nos preguntan el punto de la carne y nos lo traen a nuestro gusto). Llegan los postres: dentro de un cubo de hielo de 10 cm de lado, sirven el granizado de mojito. Luego la tarta soufflé de chocolate negro con helado de naranja. Imposible dejarse nada, está todo buenísimo.

Tras tres horas de comida, salimos de nuevo al jardín sin sillas. Los novios bailan un vals que han ensayado y da comienzo el baile general. Compruebo que mis pies me duelen menos si bailo, debe de ser como lo de caminar por encima de brasas, se apoyan menos. Eso sí, tras un rato tengo que buscar dónde sentarme, aunque sea sobre el cesped.

A las 20h volvemos al centro de Vitoria para continuar el baile en un bar. Desde el autocar voy al hotel a cambiarme antes de dar un espectáculo y que se me salten las lágrimas del dolor. A duras penas contengo las ganas de descalzarme por el camino.

Regreso con las sandalias cómodas que me había llevado para patear la ciudad (menos mal), por supuesto también me cambio de vestido porque se dan de bofetadas con el de la boda. Cojo uno largo que las tape en lo posible. También tengo que cambiar de chal y me pongo el que había llevado como segunda opción. Camino un poco, mucho mejor.

Baile, baile y baile. Regresamos a medianoche como Cenicienta. Ahora el dolor de pies es compartido (al igual que el personaje del cuento habríamos agradecido perder algún zapato). House sufre más porque no se ha cambiado de calzado desde esa mañana. Competimos en la habitación para ver quién luce más ampollas. Sin grandes diferencias él tiene alguna más pero las mías son más grandes. Menos mal que en la camita no se notan. Caemos rendidos.
 Continuará 

domingo, 19 de mayo de 2013

Un héroe real

Parece un cuento pero es una historia real. Jesús, el héroe protagonista, es un amigo de la familia. El narrador invitado es mi tío Pepe. Aquí os dejo su relato:

Os quiero contar una pequeña historia sobre mi amigo Jesús, también corredor. Ambos hemos llevado una trayectoria deportiva casi idéntica, debutamos juntos tanto en la Media como en la Maratón y él acaba de ingresar en la categoría de veteranos A. 

Jesús trabaja en un Banco. El pasado sábado, un compañero de trabajo, aficionado a la caza, salió a dar una batida con su escopeta y su fiel acompañante canino. El paseo les llevó por la zona minera de Linares, una vía verde rodeada de olivares, con un paisaje salpicado de altísimas chimeneas de ladrillo en ruinas donde correr se convierte en algo delicioso. Tuvo tan mala fortuna que su perro cayó en un pozo de los que abundan por ese paraje. Es difícil que este tipo de accidentes le ocurran a una persona ( los pozos están vallados) pero un pequeño animal sí puede acabar dentro de uno.

El lunes por la mañana el hombre llegó muy afectado al trabajo y le contó lo sucedido a Jesús. Daba al perro como perdido sin remedio y se lamentaba del final tan trágico que había tenido el pobre animal. Jesús, entre cuyas múltiples aficiones se cuenta la Espeleología, convenció a su amigo de que aún podía continuar con vida y de que, al menos, deberían intentar algo. Quedaron después de comer para ir al lugar de los hechos.

Una vez en el pozo, tras inspeccionar el terreno y confirmar que, efectivamente, se trataba de un respiradero de mina de algo más de treinta metros de profundidad, averiguaron lo más importante: el perro seguía con vida. La adrenalina se apoderó de Jesús que ya no pensó en otra cosa que no fuese en rescatar al pobre animal. Como es un hombre responsable no se lanzó sin pensar sino que estudió la situación y le pidió ayuda a su compañero espeleólogo “Pope”. Se equiparon lo mejor que pudieron antes de ponerse manos a la obra. Con la ayuda de un todoterreno, al que acoplaron la cuerda, Jesús descendió hasta donde se encontraba el perro, lo acarició mientras revisaba su estado, que no era muy grave, y lo colocó en una bolsa para izarlo hasta la superficie. No os podéis imaginar la alegría en el reencuentro del can con su dueño. Jesús disfrutó de la subida con calma, relajado tras la tensión.

Ignoro si los perros creen en Dios pero de lo que sí que estoy seguro es que, desde ese momento, creen en Jesús, mi amigo, y por supuesto en “Pope”, que también tiene un gran merito en esta historia. Además de espeleólogo es un gran atleta y se ha decidido a correr. Ha debutado en la Media de Jaén y puedo aseguraros que el día que se decida a comer “espinacas” no hay quien le eche el guante.

Esa misma tarde, Jesús, Pope, Esteban y yo nos dimos una buena sesión de entrenamiento. Por cierto, No os perdáis la Media de Linares, yo he corrido las dos primeras ediciones y os garantizo que es de categoría. Al mismo tiempo podéis felicitar personalmente a Jesús, que la va a correr (espero que no se enfade mucho por haberos contado esta historia, otra de sus múltiples virtudes es que le gusta pasar desapercibido).

Saludos JMD.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Marina

El mar te conquista. Su encanto es siempre diferente y siempre irresistible. Es igual de hermoso cuando te invita a la calma que cuando descarga toda su violencia en una tormenta. Rebosa vitalidad. Es inabarcable, indomable. Seduce y fascina. No se ajusta a una frontera. Su curiosidad sin límites asciende en una marea incontenible, se desborda e invade la playa para luego recogerse y revelar, brevemente, algunas de sus maravillas sumergidas. En ocasiones su furia asusta... y asombra. Es en esos instantes en los que resulta más sobrecogedor cuando su hechizo se vuelve hipnótico. Respira, late, guarda secretos, es misterioso y susurra historias. El mar sueña, escucha a las estrellas, es un vacío oscuro, un abismo insondable o un camino de espuma que sirve de espejo a la luna.

Marina lleva el mar en sus ojos verde agua. En su mirada combina el encanto y la libertad del océano y deja entrever su brillante vitalidad, su ansia de independencia, su espíritu decidido, espontáneo e impulsivo, y su tormentosa rebeldía adolescente. Su cariño es luminoso, expansivo. Su sonrisa radiante. Posee una fuerza arrolladora que hace honor a su nombre y, al igual que el oleaje, con un simple abrazo, Marina te envuelve, te inunda y te conquista.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS MARINA!

sábado, 8 de diciembre de 2012

Carisma

Retrato de una Dama- Julio Romero de Torres
¿Dónde reside el secreto que induce al mundo a seguir incondicionalmente a determinadas personas? ¿Qué cualidad poseen estos que, vayan donde vayan, son inmediatamente aupados al centro social y se ven rodeados por toda una corte de seguidores espontáneos? ¿Cómo logran destacar entre la multitud?

Realmente no sé cual es la base del carisma. No lo poseo y, lógicamente, no me sirve de nada el análisis de mi personalidad para determinar sus fundamentos. Una cosa está clara: es algo innato, no se aprende ni se enseña. Forma parte de la naturaleza del afortunado. Tratar de forzarlo es garantía de fracaso. Es un don que facilita la vida de su dueño, al menos dentro de las posibilidades de asistencia de los que le rodean.

No todos presentan las mismas cualidades, aunque sí todos gozan de un encanto que les hace brillar. Algunos transmiten alegría con su mera presencia, irradian vitalidad. Su entusiasmo arrastra a los demás, sin resultar apabullante. Sin embargo, otros lo que poseen es una serenidad reconfortante y su calma es capaz de moderar situaciones de tensión. Su mirada conquista y su sonrisa es contagiosa. Algunos son extraordinariamente inteligentes, pero ese tampoco es un rasgo común a todos y son muchos los individuos inteligentes excluidos de este grupo, al menos en lo que se refiere a inteligencia académica.

¿Son siempre sociables? Pues la verdad es que en grados muy distintos. Los hay desde tremendamente expansivos, capaces de mover masas, a estrechamente selectivos, que sólo se rodean de un círculo muy íntimo al que el resto del mundo desea pertenecer. Saben acomodar su espacio vital al del resto, aunque es cierto que al resto no le importa compartir con ellos el aire que respiran, se sentirían privilegiados por ello. Tienen atractivo, aunque su belleza no resida en la perfección de sus rasgos o en su irresistible sensualidad (aunque de todo hay). ¿Es que acaso se sienten siempre seguros de sí mismos? Aunque en general eso parece, también son humanos y pueden hacer gala de inseguridades o de flaquezas en su carácter, pero eso no merma sus méritos sino que sirve para acercarlos más al resto de los desfavorecidos mortales. Es el séquito el que se siente cómodo y seguro ante su presencia. No avasallan, sus gestos no son bruscos ni excesivos, son invariablemente corteses, allá donde vayan siempre son deseados, y bien recibidos, y nunca jamás molestan.

¿Alguien sabe cómo lo consiguen? ¿Es acaso que el resto percibe que, pese a sus defectos, se encuentran cómodos en su pellejo y tienen recursos para salir siempre a  flote y, al igual que yo, desean descubrir el secreto para lograrlo? Sólo me queda pedir que el que lo sepa, que por favor lo comparta.

Para Ahiara