sábado, 10 de agosto de 2013

Con amigas

Casi de un día para otro, mis amigas y yo cuadramos nuestros calendarios para disfrutar de una tarde juntas. No fue justo al día siguiente, que usamos para confirmar nuestra disposición, sino el de después. En un signo de madurez acorde a nuestra edad, decidimos comer en Riofrío. No obstante no llegamos a dar ese paso trascendental que nos convertiría en miembros del grupo de señoras, serias y respetables, que se reúnen regularmente en su cafetería. En la puerta me encontré con una de mis amigas y con un cartel de cerrado por vacaciones hasta el 2 de septiembre.

No teníamos intención de ayunar, así que dimos una vuelta por la zona para escoger otro lugar. Nos decantamos por Krachai, un restaurante tailandés que lucía con orgullo, sobre su puerta, las condecoraciones de los últimos años de la guía Michelín. Semejante recomendación había convencido a más gente, más rápida que nosotras. No sólo se nos habían adelantado sino que tenían invadido el salón, (a pesar de estar tan bien aprovechado que los comensales de las distintas mesas se daban codo con codo sin necesidad de estirarse). Nos llevaron al piso inferior, vacío y mucho más silencioso, lo que nos permitió deleitarnos con la música ratonera del hilo musical. El peor inconveniente es que olía ligeramente a cloaca, tufillo que forma parte de muchos rincones del hospital, especialmente de los vestuarios de quirófano. Ese aroma, aunque "familiar", no enriquece en absoluto el ambiente. Tampoco nos ahuyentó. O bien eran conscientes del problema, o simplemente les venía bien, el caso es que esperamos a la que faltaba abajo y comimos arriba. Nos propusieron subir cuando se liberó una mesa. El menú del día, de 13 euros, pintaba bien. Probamos un surtido de entrantes consistente en brocheta de pollo con salsa satay (de cacahuetes), rollito thai y saquito crujiente de mariscos. En los segundos optamos por tallarines de arroz con pollo, buey con curry rojo massaman y pollo picado con verduras y guindilla (más suave de lo que me esperaba). Estaba bastante bueno, mejor que Oam Thong y Thaidy, pero sin resultar excepcional y queda muy lejos de mi referencia en esa exótica cocina: el Thai Gardens. Cierto que el precio no es el mismo, y el Thai al parecer tampoco (no conozco el nuevo). No lo recomiendo para impresionar a una cita, arriba le falta intimidad y le sobra ruido, tiene mucho cristal expuesto en el que reverbera el sonido, y abajo necesitan un dispositivo que absorba olores.

Hacia el final de la comida se presentó el marido de una de mis amigas. Le invitamos a acompañarnos a un tour por la zona, pero nuestra propuesta no le tentó lo suficiente. Sus planes consistían en secuestrar a su esposa. Se salió con la suya. Así fue cómo ambos nos abandonaron... y de tres quedaron cuatro y de cuatro sólo dos... (parece una canción infantil)

Un paseo posprandial es siempre recomendable, aunque hacerlo de tienda en tienda puede agotar la tarjeta de crédito más que las piernas. Por casualidades del destino, justo enfrente del restaurante, sale la C/ Pelayo, un punto de partida perfecto. Pasamos por "Beautyque", una combinación de salón de manicura y pedicura decorado en un precioso estilo vintage (merece la pena verlo) que también vende ropa con ese mismo aire. Dimos también un repaso "Con la cabeza bien amueblada" a las perchas de las tienda-peluquería con ese nombre tan singular. Son muy agradables, te venden hasta el mobiliario si así lo deseas, tienen una atractiva selección de vestidos, preciosos zapatos y, tras ver el resultado de sus mechas californianas, casi me siento animada a probarlas (cotillead en su página que es curiosa y muy interesante).

Como no podía ser de otra manera, entramos en Qüin. Cada vez me gusta más. Es una tienda especial. El local, con sus paredes de ladrillo visto, sus percheros de forja y sus espejos algo antiguos, es muy bonito. El atelier le añade encanto, que se refleja en el trabajo que ponen en sus prendas, cuidado al detalle. Es tan original que cuenta con ropa exclusiva, de la que sólo hacen una muestra antes de resolver que es demasiado laboriosa como para repetirla. La selección de telas es impecable y todo luce estilo, con tejidos, corte y costura de calidad a precios asequibles. No nos limitamos a mirar, había cosas irresistibles que nos susurraban "pruébame, prúebame", a las que les prestamos la atención que pedían. (Se puede comprobar en la foto, sacada a traición por mi amiga).

Pasamos por el Outlet de Jepa en Gravina antes de comenzar el circuito de zapaterías de Augusto Figueroa. Subimos por Hortaleza, seguimos por Campoamor, con parada obligada en "Anatomía", con ese nombre no nos preciaríamos como médicos si no le hubiésemos dedicado un rato de estudio (interesante). De ahí a "Nac" en la esquina de Génova con Argensola. Su ropa me gusta mucho aunque sus precios no tanto. Rematamos la tarde en Ekseption, en Marques de la Ensenada con Bárbara de Braganza. Nos rendimos ante una blusa impresionante, creo que de Marc Jacobs, a la que nos resignamos a renunciar tras descubrir su precio en la etiqueta (gracias al 50% de descuento se quedaba en poco más de 700 euros, y no, no me sobra ningún cero). Una tarde muy completa, de puesta al día a nivel personal y en tendencias. El favorito de mi amiga: Qüin. 

2 comentarios:

Maria Jose Alvarez dijo...

...me sigue rondando la blusa y el pantalón de Qüin...MJ

Anónimo dijo...

La siguiente en las rebajas de enero MJ