martes, 13 de agosto de 2013

La corte celestial

Un paciente me ha asignado una plaza dentro de la corte celestial. Según su apreciación soy un ángel. Tengo dudas sobre si su percepción es sólo un efecto onírico tras la anestesia a la que había sido sometido hacía tres días.  Antes de saber de mi carácter angelical me vi obligada a echarle una bronca de campeonato la mañana siguiente a su cirugía. El motivo estaba justificado: romper las reglas y fumar en la habitación. Se reformó tras el rapapolvo y no sólo no lo volvió a hacer sino que se convirtió en un paciente ejemplar. La verdad es que el hombre es muy gracioso, tiene incluso algo entrañable y, a pesar de su falta, me dio pena regañarle. Incluso yo estaba sorprendida de que en un tema como el tabaco, en el que no me caracterizo por mi tolerancia, tuviese que simular un enfado para reprenderle. No obstante, al darle el alta, las palabras textuales con las que se despidió fueron: "Es Ud. un ángel" (salvo su esposa no había nadie más presente, así que deduje que me las dirigía a mí). Me gustó tanto que creo que hasta me elevé ligeramente del suelo (como muestra de mis nuevas facultades).

Si hay Doctores dioses, que se adoran a sí mismos de tal modo que no requieren devotos, es lógico que también haya ángeles en las filas de los facultativos, aunque no correspondan al Olimpo sino a un reino diferente. Me temo que tampoco pertenezco a ese reino. No creo que existan ángeles tan patosos como yo, que tropiecen y caigan continuamente. Puede que aún no me haya ganado mis alas, si acaso sólo una pluma, y mi torpeza sea debida a que aún me las he de apañar con una escoba que, por desgracia, no sé usar (o me ahorraría muchos atascos).

Si hay dioses y ángeles también debería de haber diosas y, efectivamente, las hay, aunque su origen no tiene nada en común con el de los dioses. A diferencia de estos no es diosa quien quiere sino quien puede, y eso es gracias a compartir rasgos con la mismísima Venus. Recuerdo un paciente durante la residencia que, tras acudir a urgencias, decidió que el hospital le ofrecía oportunidades mucho más interesantes a la hora de ligar que la discoteca (dada su franqueza estoy convencida de que, independientemente del sitio, jamás se comía una rosca). No sé si regresó el resto de las noches del fin de semana para tentar su suerte pero habría recibido más atenciones si se hubiese tratado de un caso clínico interesante, y no digamos si susceptible de publicación. Quizás en psiquiatría le habrían aceptado con placer, pero asumo que los enfermos de esa planta no eran el tipo de compañía que le interesaba (o quizás sí, dado que una de las psiquiatras formaba parte del elenco de diosas).

No es el único ejemplo. En otra de mis guardias hubo un residente que, al describirle a la dermatóloga de guardia, le faltó tiempo para ir a buscarla. ¿Para qué llamarla si podía consultárselo personalmente? Entre los detalles de la descripción se había omitido el hecho de que estuviese felizmente casada.

Al igual que con los ángeles, sólo me han confundido una vez con una diosa (y es halagador, aunque se trate de un error). En aquella ocasión la culpa fue de la distancia y de mi pelo. El adorador de turno abandonó su puesto y corrió hacia mí como alma que lleva el diablo. Al alcanzarme exclamó decepcionado "¡Ah! ¡Si eres tú!" No me sentí ninguneada por ello, efectivamente era yo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

cuando se recupere una inerconsulta en oftalmologia creo que no le vendria mal.....la diosa que llevo dentro . jijiji.

Anónimo dijo...

Si es la dermatóloga que yo creo, su estado civil era accesorio como demostró sobradamente a lo largo de su gloriosa estancia en cierto Hospital...

Maria Jose Alvarez dijo...

Os recomiendo el libro Las diosas de cada mujer de Jean Shinoda Bolen. Impresionante lo que llevamos dentro...sí estamos en la categoría de diosas...pero hay que querer estar...
http://api.ning.com/files/hCVmli1YB3AKY317Ky1NOHELT0If-0w4QImJRv*-AEP8V-ppgKB0Z9xOAFQto85ArlkYEU6b2sHP7dP96kTC2kzDI9zF9M*i/LasDiosasdeCadaMujer.pdf