lunes, 11 de abril de 2016

Pequeñas batallas y grandes satisfacciones

Hace unos meses, otro médico me preguntó qué me había impulsado a tratar a los pacientes de Rendu-Osler. La verdad es que hay muchos motivos para hacerlo y no se me ocurre ninguno que justifique no hacerlo. Dentro de ese ninguno se incluyen el miedo y el ahorrarse complicaciones, sinceramente no me parecen razones que un médico pueda esgrimir para no esforzarse ante un enfermo. Los pacientes no escogen sus enfermedades. Si los enfermos no tienen opción, los médicos, cuya finalidad es atenderles, tampoco deberían tenerla. ¿Que el Rendu-Osler es una enfermedad genética, que no se cura y que con la edad empeora y se complica cada vez más? Cierto, pero eso no significa que no haya que intentar mejorar la calidad de vida de los pacientes. Al final el médico nunca gana la guerra pero sí consigue vencer algunas batallas. La medicina tiene sus límites, pero la ciencia no habría avanzado si nadie hubiese intentado ir más allá, hasta donde se consideraba imposible. En este caso no se trata de ir más allá sino de seguir caminos trazados por otros.

No niego que, en algún momento, no haya que echarle valor torero al asunto y atacar sin pensárselo demasiado (las comeduras de cabeza vienen después, y dan muchas, muchísimas vueltas). Sin embargo esto no es nada nuevo para ningún cirujano que ha de tomar decisiones en el momento y atenerse a ellas porque, de actuar de otro modo, se bloquearía. Quizá una hemorragia sea más estresante en la consulta que en el quirófano aunque, en plena crisis, el lugar pasa a formar parte del escenario. El paciente está despierto y consciente y el médico debe mantener su sangre y su cabeza frías en todo momento, sin dar muestras de nerviosismo o inseguridad; el enfermo ya está lo bastante asustado como para notar que el doctor, en el que confía, comparte su temor. No, definitivamente ese tipo de conocimiento no le hace ninguna falta. Esas veces no hay tiempo para pensar, se actúa por impulso, casi por instinto. A posteriori uno se da cuenta de todo lo que podría haber hecho mejor, o de lo que no ha hecho.

Después de leer lo anterior supongo que aún es más difícil comprender el porqué, qué es lo que arrastra a alguien, además del sentido del deber, a meterse en esos berenjenales. Sin embargo, aunque la medicina está llena de riesgos y sinsabores, también es muy satisfactoria. Una de esas grandes satisfacciones la recibí hace unos días, cuando me llegó un mensaje de la Asociación HHT para agradecerme mi labor. No me lo esperaba y me hizo mucha ilusión, me sentí emocionada, abrumada y muy feliz. Llamé al presidente y muchos considerarían nuestra conversación de lo más peculiar. Primero hablamos de los trámites para conseguir la pomada nasal con propanolol que, tras presentar un protocolo y pasar por la comisión, ya está disponible en la farmacia hospitalaria. Luego, a raíz de que quería mandarme un detalle, me comentó que era de Jaén, y eso fue como descubrir a un miembro perdido de la familia (con la puesta al día correspondiente). Esta tarde me han llegado unas botellas de aceite de "Puerta de las Villas" con una pinta buenísima. Un detallazo.

15 comentarios:

el tito Paco dijo...

Aunque tú te lo tomes con naturalidad (y haces muy bien), los demás nos sentimos muy orgullosos.

Sol Elarien dijo...

Gracias papá. No sé si algunas cosas no te las cuentan en la carrera para no asustarte antes de tiempo o porque solo se aprenden con el tiempo y el trato.
Muchos besos.

mjordmor dijo...

Valiente!!!

Yo misma dijo...

¡Qué gusto da comprobar que quedan personas agradecidas, sobre todo en estos casos en que el agradecimiento es tan merecido!

Sol Elarien dijo...

Cualquier muestra de cariño y confianza de los pacientes es motivo de orgullo, significa mucho.
No soy valiente, hay cosas que forman parte de la profesión y no es algo que me ocurra a mí sino a cualquier médico, lo de la lucha contra la enfermedad no es solo un término figurado, y la peor parte de esa lucha recae en el enfermo. Hay que apoyarle y darle ánimos, no dejar que se hunda.
Besos.

Carmen dijo...

Quizás los adjetivos sean: responsable y consecuente. Sé que eres ambas cosas y me alegro de que otros también lo vean. Tu cabezonería natural también ayuda bastante en casos como este. Mi enhorabuena ¡Ya sabes que siempre estoy orgullosa de ti!

Anónimo dijo...

Todos estamos felices y orgullosos de ti...como médico y como persona...y quizás no te lo decimos lo suficiente... Te quiero, prima.
Sole.

señora dijo...

Ya te comuniqué personalmente mi satisfacción por ese reconocimiento que me parece tan merecido por la dificultad del asunto. Que además la cosa quede asociada a las raíces de una parte de la familia es otro detalle que me produce gran alegría. Enhorabuena por tu decisión y tu ánimo.

Chelo dijo...

Mi más sincera enhorabuena, Sol. Me ha gustado mucho que compartas esa noticia.
Por lo demás, te alabo ese comentario sobre que los pacientes no escogen sus enfermedades, lo que muestra que, además de todo lo que te han dicho anteriormente, haces uso de la empatía en tu profesión, cosa que yo creo que es muy importante.
Un beso muy grande.

Estrella Amaranto dijo...

También me sumo a todas las personas y amigos que te felicitan por tu gran valor y sentido solidario y humano.
Personalmente te puedo comentar como anécdota, que cuando me operaron a vida o muerte hace ya casi cuatro años, pues no pude por menos que organizar una comida que llevé yo misma al hospital para celebrar con el equipo de enfermeras de esa planta donde estuve ingresada bastante tiempo y que me habían estado cuidando con tanta profesionalidad y vocación. Mi mejor tratamiento fue verlas felices y charlando en ese espacio de tiempo que entre distintos turnos entraban y salían para comer lo que se me ocurrió llevarles.

Un abrazo

Sol Elarien dijo...

No me considero una persona especialmente empática aunque, como me conozco, procuro controlarme (aunque hay gente que no te lo pone nada fácil y a veces no lo consigo, también tengo mis días y en esos es mejor echarme de comer aparte).
Esos detalles que los pacientes preparan con cariño para el personal sanitario se agradecen enormemente, y aún más cuando, una vez de alta, y con pocas ganas de pisar un hospital, se acercan a saludar. Seguro que les hizo mucha ilusión verte ya recuperada y tan contenta con el trato que te habían dado.
Muchos besos.

ELVIRA dijo...

Cuánto me alegro, por tu reconocimiento y por tus pacientes, que a pesar de su enfermedad han tenido la suerte de dar con una profesional como tú. Besos

BIENVENIDO MUÑOZ dijo...

Es muy dificil encontrar personas que empaticen personal y profesionalmente con un colectivo como el de HHT. No, no es fácil. El gran cariño, profesionalidad, cercanía y seguridad que regalas a los pacientes no es algo fortuito ni pasión de un día. Quien te conoce bien cuenta que has sido así siempre. Tanta generosidad, cariño y valentía, que menos que un pequeño gesto de reconocimiento y nuestro agradecimiento eterno.

Bienve.

Elena Vinagre Parra dijo...

Enhorabuena y gracias por hacer lo que parece imposible una realidad. Un beso muy fuerte.
Elena.

Sol Elarien dijo...

Querida Elena: Un abrazo para todos y espero que todo siga bien.