Confieso que me gusta el número 13. Quizás sea una falsa impresión pero es una cifra que siempre ha tenido algún tipo de vínculo con mi vida. Para empezar 13 fueron los días que me adelanté al nacer con respecto a la fecha prevista. 13 es el número de pisos de la casa de mis padres y también de la mía, aunque eso es algo habitual en Madrid cuyos arquitectos, definitivamente, no son supersticiosos. 13 era el número que figuraba en la puerta del trastero e incluso mi número de empleado, que tengo desde hace 13 años, insiste en el 13. Mi apellido empieza por la letra que ocupa el puesto 13 del abecedario y ese ha sido también mi lugar correspondiente dentro de la lista de la clase del colegio en más de una ocasión. Independientemente de que exista o no una conexión, la sucesión de coincidencias no deja de resultar curiosa.
En homenaje al primer 13 de este año 13 he decidido escoger mis 13 posts favoritos aunque, para que sea más variado, los elegiré de diferentes secciones. Me conozco y sé que, si me concedo rienda suelta, la mayoría se incluirían dentro de mis arrebatos románticos. Es algo irremediable, si alguno aún no lo ha notado formo parte de la subespecie de románticos incorregibles. Aquí va mi lista con sus correspondientes enlaces.
1. El primero, mi favorito es, lógicamente: Lo mejor que me ha pasado. ¡En fin! Los que conocen a House me entienden.
2. Quizás sea una pequeña trampa pero como el anterior encaja en la sección de House, aún puedo seleccionar una entrada entre las de mis Arrebatos románticos. "La belleza de lo efímero" es mi preferida.
3. Entre los recuerdos me quedo con "Una jornada en la granja" y la casualidad del cuadro de Gianni Strino que tánto se parece a mi abuelo.
4. En las de cumpleaños me encanta la que me dedicó mi padre sobre El cariño.
6. De entre las entradas médicas me identifico especialmente con la de Reglas de sangre. La concentración de las cirugías, el alivio tras resolver una urgencia, tras salvar una complicación, es una sensación única entre la superación y el miedo difícil de describir.
7. Mi entrada más Grumpy es en la que doy rienda suelta a mis instintos sanguinarios no quirúrgicos. Creo que mi jefe debió de leerla y desde entonces procura saciar mis ansias dentro de la programación quirúrgica.
8. Un Desahogo en pleno estallido premenstrual: La tiranía de las hormonas. Real y traumático como la vida misma, aunque el mejor momento para preguntarle a la mujer si tiene uno de esos malos días en los que se combina el mal genio, el hambre, el dolor, la hinchazón y la incomodidad, no es precisamente en pleno apogeo hormonal. No todas las féminas tienen ni el aguante ni la autocrítica suficiente en esos instantes para aceptar críticas de buen grado.
9. En la sección de Arte, no sé si por tenerlo reciente, me quedo con mi completo paseo de van Dyck, Martín Rico y los cubistas de Telefónica con la maravillosa figura de Juan Gris. Es cierto que después he visitado más cosas: Gaughin (el pintor que se buscaba a sí mismo con el fin de desvelar el misterio de la felicidad en los rincones más remotos del mundo, y que nunca llegó a encontrarse), la casa de Alba en el edificio de Correos (con obras maravillosas a pesar de su pésima iluminación que las cubrían de reflejos que impedían mirarlas directamente de frente para poder apreciarlas), la magnífica muestra de Cartier (con sus impresionantes diamantes y en la que el dudoso gusto de algunas estrellas pone en evidencia que el dinero no compra la clase. Se excusarían en Navidad, si lo que se pretende es parecer una decoración propia de las fiestas, aunque había casos que no se salvaban ni siquiera en esa época). Repetí a Juan Gris y me gustó todavía más que la primera vez.
12. Si hablo de libros me cuesta escoger. Está el mago de las palabras, el genial Ray Bradbury y su Fahrenheit 451 que se refiere a libros prohibidos y de cómo los libros transforman la vida de las personas. Cualquier buen libro deja su huella en el lector, pasa a formar parte de él, le transporta a otro lugar, a otra época, e incluso le hace conocer un poco a su autor que ha dejado entre las páginas un trozo de sí mismo. He escrito recientemente sobre Erri de Luca. Sin duda sus palabras tienen ese poder.
13. Por último, el número 13, el misterioso número del Destino. Aquí dejo de nuevo esta obra maestra, un verdadero sueño:
El peso de la mariposa era el único libro que les quedaba en la librería del Corte Inglés de Erri de Luca. Miré la contraportada por hábito, me lo iba a llevar de todos modos, independientemente de su argumento. La trama narra la relación y el enfrentamiento entre un cazador furtivo y un rebeco singular, un animal criado con sus propias reglas, marcadas por el instinto de supervivencia, cuya infancia transcurre fuera de la manada tras la pérdida de su madre a manos de ese mismo cazador y, posteriormente, de su hermana entre las garras del águila y que acaba erigido rey de los rebecos, poderoso, orgulloso e invencible. En la historia el paso del tiempo crea un vínculo entre el animal y el cazador; ambos son seres solitarios, diferentes al resto, con un firme carácter forjado en la rocosa naturaleza de la montaña. El lenguaje tiene magia, cada página del libro contiene un fragmento de la agreste montaña. Se puede respirar el aire, oler la tormenta, sentir la libertad del cielo, el silencio de la noche, la fuerza implacable de la naturaleza, el cambio de las estaciones, el frío blanco de la nieve y el cuchillo del hielo. Es poesía de viento, de tiempo, de rocas, saltos y relámpagos. Es la influencia de la naturaleza en el hombre, su respeto ante la nobleza del rebeco. Es la belleza de la vida y el peso de su final. Una maravilla.
"La noche perfecciona la obra tosca que se empezó al despertar, con el cielo aún oscuro. La noche bisela, pasa la última mano de papel de lija fino al día hecho a mano." "El rey de los rebecos estaba vestido de viento. En la tempestad se dejaba envolver por las ráfagas, eran su capa. Su pelaje brillaba hinchado ante el estallido de los relámpagos, el rey cerraba los ojos y se dejaba abrazar por el aire desatado." "El sueño en el interior de los ojos es una mancha de tinta que se ensancha." "Era un día perfecto, de nítidos confines entre un tiempo caduco y otro desconocido."
Me encontré con este pequeño libro en mis zapatos de Reyes. Fue un regalo inesperado y ha resultado ser una maravillosa sorpresa. Llama la atención su sencillez, reflejo de la inocencia de su protagonista. Es una preciosidad. Cada palabra está perfectamente engarzada en su sitio, sin excesos, para crear esta joya. A través de su lenguaje poético, fluido y conciso, el lector se introduce en la vida del barrio napolitano de Montedidio. La historia está narrada con la ingenua naturalidad de un adolescente que deja atrás la infancia para empezar a ser adulto. Los personajes son corpóreos, entrañables, humanos. Las relaciones entre ellos evolucionan a lo largo de los párrafos sin necesidad de más explicaciones. Es un libro que se lee de un tirón y, al mismo tiempo, es una obra para recrearse en cada página. Posee frases con reflexiones maravillosas, reveladas de un modo sobrio, directo y muy sincero. Me gustó tanto que, según lo terminé, fui a comprarme otro del mismo autor.
Esta cita lo resume: "El bumerán procede del mar, tiene que volar, mientras hace crecer los músculos de un chaval que aún apesta a tinta de colegio, trabaja desde junio para un carpintero y escribe sobre su nueva vida con un lápiz en un rollo que le regaló el tipógrafo de Montedidio, un resto de bobina."
Mi madre y yo coincidimos en marcar la página 110; inolvidable: "Lo que siento no es nostalgia, sino presencia." "Sentir nostalgia no es echar de menos. Es tener una presencia, una visita." "Sí, de ese modo cada vez que eches de menos darás la bienvenida, acogerás"
AVISO: Este cuento responde a una pregunta y es sólo para niños, y adultos, que ya hayan planteado esa pregunta.
El cartero real dejó una nueva y pesada saca en la habitación que hacía las veces de buzón en el palacio de los Reyes Magos. En contra de su costumbre no la depositó sobre la mesa de trabajo de Sus Majestades. El motivo es que le resultó imposible entrar, por lo que se conformó con apoyarla en la entrada. La habitación estaba atestada: los papeles la habían invadido por completo. Folios, cuartillas y sobres se apilaban en columnas gruesas e irregulares que se alzaban hasta el techo. Por si estos no bastasen, las cajas se amontonaban en las esquinas y los vistosos envoltorios, preparados y etiquetados para cada regalo, aparecían repartidos por doquier, sin orden ni concierto. No quedaba más rincón libre que el correspondiente al hueco de las ventanas, y eso respondía tan sólo a la necesidad de luz, imprescindible para leer. Incluso la gigantesca mesa de los tres Reyes quedaba oculta bajo una inmensa montaña de hojas apelotonadas, dobladas o arrugadas. Agazapados en el ridículo espacio que quedaba detrás de ella, los Reyes se esforzaban en poner al día su correspondencia.
- ¡Esto es imposible!- se rindió Melchor. – En todos los siglos de mi larga vida nunca me he encontrado con semejante saturación de mensajes.
- ¡No desesperes! – le animó Baltasar, cuyo optimismo le hacía inasequible al desaliento – Ya sabes que aunque la cosa se complique, siempre logramos salir adelante.
Gaspar estudió la situación desde un punto de vista práctico: eran tres magos y disponían de tres camellos mágicos, ni más ni menos. Ni con trescientas caravanas de animales lograrían transportar la mitad de los regalos solicitados ese año.
- No sólo nos afecta a nosotros – indicó. – Está el problema de los animales. Dudo mucho que puedan acarrear todos los paquetes y menos aún en tan sólo una noche.
- No había tenido en cuenta ese aspecto del problema, – confesó Baltasar. – ¡Pobres bichos! Está claro que semejante carga acabaría con ellos. ¿No podríamos encontrar ayuda?
Melchor se quedó pensativo. Era el más anciano de los tres y hasta la llegada de los otros se había encargado él sólo del reparto de presentes. Al principio era más sencillo, no se concentraba todo en un único día, sino que se entregaba una ofrenda especial una vez en la vida de cada individuo. El momento escogido era el del nacimiento de éste. Luego, con motivo de la Natividad Divina todo había cambiado. ¿Cómo dejar pasar una fecha tan señalada sin celebrarla de algún modo? Había sido entonces cuando había encontrado a sus compañeros y juntos habían decidido convertir ese día en una época especial para el resto de los tiempos.
Sin embargo el mundo crecía, y lo hacía de un modo imparable. Las comunicaciones lo universalizaban todo y el trabajo se multiplicaba. Su labor cada vez resultaba más difícil. Afortunadamente surgieron nuevas figuras: San Nicolás se ofreció a ocuparse de parte de la tarea y, para no cruzarse en el viaje, decidió distribuir los regalos en Nochebuena. Últimamente también andaba saturado ya que, al igual que a ellos, le llegaban misivas desde las regiones más remotas del globo, lugares que antes formaban parte del territorio de los Tres Reyes, y viceversa. En algunos países algunas brujas buenas otorgaban dones al finalizar el año, e incluso había regiones en las que contaban con la ayuda de un modesto buhonero que transportaba ilusiones en su fardo.
Gaspar suspiró y cogió una nueva carta. Más les valía apresurarse o ni siquiera iban a terminar de clasificar el correo. Leyó:
“Querido Gaspar:
Este año quiero pedirte un deseo. Aunque procuro portarme bien no siempre lo consigo y me gustaría hacer que mis padres se sintieran tan orgullosos de mí como yo lo estoy de ellos. Son muy buenos, siempre están de buen humor y ayudan a todo el mundo. Son los mejores padres que existen y deseo parecerme a ellos para demostrarles cuánto les quiero. Muchas gracias y besos para los tres: Enrique”
- ¡Mirad qué carta tan bonita! ¡Ojalá hubiese muchas como ésta! – les comentó a sus compañeros al tiempo que la leía en voz alta.
- Creo que esos padres ya tienen motivos para estar orgullosos de su hijo – dedujo Melchor.
Baltasar sonrió. Se le había ocurrido una idea.
- Creo que ya sé como solucionar nuestro problema.
- ¿Cómo?- se asombraron sus compañeros.
- Seguro que hay muchos padres como esos. ¡Debemos pedirles ayuda!
Los otros dos se miraron y asintieron. ¡Por supuesto! ¡Qué gran idea! ¿Cómo no lo habían pensado antes? ¿Quién estaría más dispuesto a satisfacer los caprichos de sus hijos que sus propios padres?
- ¿Y si no tienen padres? – preguntó Gaspar con tristeza.
- En ese caso lo ideal sería que hubiese alguien que supliese esa función, pero si no sucediese así, siempre podemos ocuparnos personalmente de esos casos – explicó Baltasar sin perder su ánimo característico.
- No puedo estar más de acuerdo – declaró Gaspar.
- Lo primero es contactar con ellos – decidió Melchor.
- Eso es muy fácil: tenemos todas las direcciones en los sobres de sus hijos. Sólo necesitamos enviarles a ellos las cartas con una nota de auxilio – sugirió Gaspar.
- ¡Pues empecemos! ¿Qué tal si les mandamos la primera carta a los padres de Enrique? Seguro que ellos pueden cumplir su deseo.
“Queridos padres de Enrique:
Somos los Tres Reyes Magos de Oriente y necesitamos su ayuda o este año no podremos concluir nuestra tarea. La carta de su hijo nos ha dado la idea de escribirles directamente para explicarles nuestra apurada situación. Él les admira tanto que lo único que desea es parecerse a Uds y lograr que se sientan orgullosos de él. Por su mensaje sabemos que son las personas más idóneas para convertir su sueño en realidad. ¿Lo harían? ¿Se ocuparían de realizar sus deseos en nuestro lugar?
Muchas gracias y Felices Fiestas de SSMM Melchor, Gaspar y Baltasar.“
Durante todo el día los Reyes se entregaron con entusiasmo a la escritura de aquellos mensajes hasta completar el último. Impacientes, los enviaron todos aquella misma noche ¿Qué sucedería?
Al día siguiente el Cartero Real regresó de su viaje cargado de sacas. La vacía habitación se llenó de nuevo a reventar. Los reyes contemplaron todas aquellas cartas con una combinación de respeto, recelo y esperanza antes de atreverse a abrir los sobres. Rasgaron el primero con dedos temblorosos y el alivio se reflejó en sus caras. Más tranquilos pasaron al segundo. Suspiraron. Rápidamente cogieron el tercero, el cuarto, el quinto… Siguieron y siguieron, uno tras otro, sin detenerse ni un instante. Leían casi sin respirar. Al terminar, una sonrisa iluminaba sus felices rostros. La respuesta había sido unánime: “Estimadas Majestades: Gracias por regalarnos ilusión. Nos sentimos dichosos, y muy honrados, ante la perspectiva de que nos consideren sus pajes. ¡Es emocionante! Cuenten con nuestra más entusiasta colaboración. Con todo cariño: Los padres”.
El día que a los Reyes Magos se les ocurrió la brillante idea de llevarle regalos al Niño del pesebre y luego, para más inri, extendieron esa práctica al resto de los infantes del mundo, no tenían ni la más remota idea de la que iban a montar. Si el Niño se hubiese parecido en algo a hermanísima, seguro que ni se les habría ocurrido repetirlo.
El trajín de Año Nuevo, en el que "Santa Hermanísima" se encarga de comprar y preparar toda la cena para su familia política (para luego llevarla a casa de su suegrísima y que les sea más cómodo al resto), no tiene ni punto de comparación con la inquietud que precede a los Reyes. Lo más sensato es permanecer alejado. Por supuesto, desde que empezaron las vacaciones ha comprobado diversas recetas de roscones, con y sin gluten, para determinar cual es el más le gusta. Doy fe de que deben de estar todos riquísimos porque duran tan poco que nunca me llega ni una miga (es el precio que hay que pagar por quitarse de en medio). La mañana del día 5 se la pasa haciendo planes para que no se le escape ningún detalle y, después de comer, se prepara con antelación suficiente (dos horas mínimo) para la Cabalgata. Pese a la nieve y el hielo, hermanísima ocupará la primera línea, y arrastrará con ella a sobrinísima y ciclón, que tratarán de moderar el entusiasmo de su madre en la lucha por los caramelos. Supongo que el que nadie nos llevase nunca durante nuestra infancia a una cabalgata (¡Gracias!) le provocó un trauma que ahora paga con las chiquillas que deben disfrutar a cualquier precio (chichones, congelación, aglomeración) del mágico paso de las carrozas.
Al terminar la cabalgata da comienzo la noche, que sigue siempre idéntico protocolo, establecido gracias a su reiteración año tras año. La última vez que la pase con ella fue la de antes de su boda. Ella tenía 24 años y yo 25. No tuve la previsión suficiente de ponerme guardia ese día. Una vez ambas fuera de la casa materna me he guardado mucho de repetir la experiencia. De hecho en mis primeras navidades con House ambos huimos a San Francisco (aunque él aún no sabía de qué escapaba).
La cena es en realidad merienda-cena y debe hacerse a buena hora para que así todos nos podamos acostar pronto y a los Reyes les dé tiempo a visitar nuestra casa sin problemas. Estoy convencida de que debemos estar los primeros de su lista, no creo que haya ningún otro hogar en el mundo en el que se apaguen antes las luces (y tengo en cuenta las diferencias horarias terrestres). Pese a ser invierno estoy casi segura de que aún queda algún rayo de sol. Da igual, comienza el ritual:
9 de la noche. Llega hermanísima con los primeros signos de alteración: ¡Grumpy vamos! ¡Es hora de acostarse!
Miro el reloj. Compruebo que no se ha parado. ¡¿Ya?!- pregunto - ¿No es aún muy temprano? (no aprendo, soy una auténtica ilusa)
- ¿Temprano? ¡Si ya es de noche!
Si ella lo dice. Afortunadamente no vivimos en el Norte de Europa o me veo en la cama a las 3 de la tarde.
Intento hacerme la remolona, pero no me sirve de nada.
- Aún no he puesto los zapatos - me excuso.
- Ya lo he hecho yo por ti (además me los ha limpiado y abrillantado para que los Reyes los vean en todo su esplendor)
¡Qué remedio! A las 9 y media ya estamos en la cama. Procuro leer un poco.
- Grumpy, apaga la luz, si la ven los Reyes pensarán que estamos despiertas.
Obedezco.
A las 10.
- Grumpy, no me puedo dormir.
¿Y le extraña?
- ¿Y si no vienen los Reyes? ¿Me traerán lo que he pedido?
La miro. Efectivamente, tiene 24 años y fecha de boda. ¿Cómo es posible?
- No te preocupes. Ya verás como vienen (por la cuenta que les trae, pobres de ellos si faltasen a alguna cita. Veo a hermanísima en Oriente dispuesta a exigirles explicaciones)
Hermanísima da vueltas y más vueltas hasta que empieza a hablar. No es que pretenda mantener una conversación, simplemente se ha dormido y habla en sueños. Cuando afirmo que no calla ni debajo de agua es con razón.
Medianoche. Estoy dormida y siento que alguien me sacude. ¡Ya empezamos!
- Grumpy, creo que oigo ruidos ¿serán los Reyes?
Gruño, es lo que corresponde. Me doy la vuelta y hago como que no me he enterado.
Las dos de la mañana. Hermanísima está sentada en mi cama.
- ¡Grumpy, grumpy! ¡Despierta!
- ¿Qué hora es?
- Las dos.
- ¡Es demasiado pronto! Los Reyes se enfadarán si les descubres. Vuelve a la cama.
Las cuatro.
- Grumpy, ya son las cuatro. ¿Te vienes a ver si ya han venido los Reyes?
- No me apetece.
No importa. A esas horas hermanísima no resiste más y va ella sola al salón.
4 y media.
- ¡Grumpy! Los Reyes ya han venido.
- Qué alegría - mi tono indica otra cosa
- ¡Hay un montón de regalos!
Estoy perdida. Ahora me los va a enumerar uno por uno. No sólo los suyos. También me ha hecho el favor de abrir los míos, los de hermanita y en ocasiones hasta los de la Señora (si no ha podido adivinar el contenido del paquete por el tacto). Efectivamente me los cuenta, aunque no presto atención.
- ¿No quieres venir a verlos?
- Ahora mismo, no (¿soy demasiado seca?).
6 de la mañana, con suerte pueden ser las 6 y media.
- ¡Grumpy, levántate! (ya no tengo opción) ¡vamos a ver tus regalos!
- ¡Si ya los has visto!
- ¡Pero quiero que los veas tú!
¡En fin! Me levanto. Total, desde las 9 y media me ha dado tiempo a dormir un montón de horas, aunque también creo que he tenido guardias mejores. Vamos juntas al salón.
- ¡Mira cuántas bolsas! ¡Abre éste, abre éste!
No me tengo que molestar, ella escoge los paquetes, me los pasa, me los quita, los abre, los admira ¡y son mis regalos! Los disfruta tanto que me dan ganas de que se los quede. Me arrastra a cotillear también los regalos del resto (en su caso por segunda vez). Tras años de entrenamiento, hermanísima es una especialista en levantar el celo del envoltorio y pegarlo de nuevo sin que se note.
Se nos pasa una hora de encendido entusiasmo, no precisamente silencioso al final (posiblemente tampoco al principio). Oímos a mi madre levantarse.
- ¡Mamá! ¡Ya han venido los Reyes! ¡Mira qué de regalos! Tienes unas cosas preciosas.
La Señora aún tiene algo de sueño pegado (y eso que ella no comparte el dormitorio con hermanísima, sino con el catedrático, cuyo comportamiento dudo que se parezca mínimamente al de su hijísima). Sueño o no sueño no le queda más remedio que admirar los regalos (aunque al igual que en mi caso tampoco tiene que meter baza, hermanísima se basta y sobra para alabarlo todo).
La Señora prepara el chocolate. Se pone la mesa. No sé para qué tantas prisas si hasta que no se hayan levantado todos y hermanísima haya sometido al resto al obligatorio ritual, y emitido su opinión sobre cada uno de los paquetes, no nos sentaremos a tomarnos el roscón, cosa que sucederá entre las 11 y las 12 de la mañana (somos una familia cool que hacemos brunch de roscón con chocolate). La merienda-cena fue a las 8, cuando me siento a la mesa tengo ganas de morder algo (¿por qué no empezar con hermanísima?)
PS: Sé por cuñadísimo que las cosas no han cambiado y que tanto él como sobrinísima y ciclón disfrutan lo mismo que yo durante la Noche de Reyes, que pasan todos juntos, en feliz reunión, en casa de mis padres. La Señora aún nos invita a que nos quedemos allí con ellos para que compartamos con ellos el espíritu de la celebración. El hermano sí que pica y comparte habitación con las sobrinas, que han heredado de su madre el entusiasmo y, por supuesto, el ritual (que además han perfeccionado para ejecutarlo en estéreo, aunque creo que mi sufrido hermano no valora esa mejora cómo se merece).
Una de las mejores cosas que tiene Madrid es su inmensa oferta cultural. Hay planes para todos los gustos y el único problema es enterarse de todos ellos y dar abasto para visitar todo lo interesante, porque no sólo se requiere el tiempo de la visita sino también el del desplazamiento, y eso, en esta ciudad, no es algo desdeñable.
Afortunadamente, de un modo u otro, ya sea directa o indirectamente, la información sobre los eventos que merecen la pena me suele llegar (y si no lo hace no me entero, la lástima es cuando lo descubro a posteriori). En este caso se lo debo a una de mis amigas. Me comentó recientemente que pensaba ir a visitar la Exposición de la Fundación Juan March, a la que le tengo especial cariño porque estaba al lado de nuestra antigua casa y solía pasearme por sus salas con relativa frecuencia. Me interesé por ello y me apunté. Finalmente su plan se pospuso pero yo seguí con el mío. Tras visitar la página web, y en vista de todo lo que abarca, opté por intentar la visita guiada. He llegado con tiempo, he visitado la exposición por mi cuenta, me he apuntado a repetirla con la guía y, finalmente, eso he hecho (al tiempo que tomaba apuntes como una desesperada, con un boli que sólo escribía a ratos, para dejarlos aquí para el que le apetezca ir y no pueda hacerlo con guía). Además he podido relacionar paseos anteriores con la explicaciones, lo que ha sido un aliciente.
El nombre de la Isla del Tesoro hace referencia a que el Arte de las Islas Británicas es aún bastante desconocido. En esta exhibición pretenden subsanar este fallo y hacen un recorrido desde el S XVI hasta la época contemporánea, con un especial énfasis en sus artistas y en los géneros más representativos. La exposición se divide en siete amplios periodos.
La primera sala, "Destrucción y Reforma", abarca desde el año 1520 hasta el 1620. Es la era de los Tudor, cuya monarquía absolutista se esfuerza por sacar a Inglaterra de la oscuridad de la Edad Media. Uno de los medios de los que se valen para lograr su objetivo es el arte, con el que además pretenden divulgar una imagen poderosa de la dinastía. No hay que olvidar que Enrique VIII, para casarse con Ana Bolena rompe con la católica iglesia de Roma que no le permitía separarse de su esposa, Catalina de Aragón. Inglaterra se convierte con ello en un refugio para los artistas protestantes europeos que huyen de la persecución religiosa Europea. Entre ellos se encuentra Holbein, que es el que se encarga de introducir el Renacimiento en la atrasada Inglaterra. Al mismo tiempo la Reforma también influye en la temática de los cuadros: lo religioso queda proscrito (y de hecho se destruyen obras ya existente), lo mitológico no tiene tirón y se recurre al retrato. Holbein muestra su maestría en ese género con retratos fieles al modelo, con contornos nítidos y un dominio del óleo que se muestra en la transparencia de la piel. Son esos retratos los que darán origen a la tradición de las miniaturas. En el retrato isabelino se presta gran atención a los detalles de los vestidos, que indican la clase social del individuo, ya que sólo a los nobles les está permitido lucir sedas, terciopelos, brocados y perlas. Los contornos son precisos, aunque las formas carecen de volúmenes y los fondos son neutros.
El segundo periodo corresponde a "La Revolución del Barroco". El rey es Carlos I, un Estuardo, hijo de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (e hijo de María Estuardo, al que dio a luz, acosada por sus enemigos, en una diminuta habitación del Castillo de Edinburgh en el que se había visto obligada a refugiarse). La figura clave es Anthony van Dyck, afincado en Londres en 1632, que lleva a Inglaterra una pintura más sofisticada, con aires a Tiziano. El retrato, como el que se exhibe de la reina Henrieta María de Francia, esposa de Carlos I, es más teatral y dramático: la figura no está de frente sino ligeramente girada, el rostro es más expresivo y los ojos miran al espectador, los colores son fríos con un gran énfasis en la luz. En estas obras se refleja la cultura cortesana de la época y se incorporan los paisajes al fondo de las mismas.
En el S. XVIII Londres se ha convertido en la ciudad más grande del mundo y su gran actividad económica, a nivel mundial, se traduce en una intensa vida cultural. Entramos en la tercera sección de la exposición: "Sociedad y Sátira". Una obra de Canaletto revela cómo se produce este cambio. Con su característico estilo arquitectónico muestra el Gran Paseo de los famosos Jardines Vauxhall, en los que se centraba parte de la vida social y cultural tanto diurna como nocturna. El paseo está flanqueado por edificios en los que los artistas ingleses del momento organizan exposiciones para dar a conocer su obra (un modo alternativo de difundirla). La escuela pictórica inglesa adquiere relevancia propia. En 1798 se funda la Royal Academy de Londres, siendo Joshua Reynolds su primer presidente. En esta sala destacan los retratistas Gainsborough, Ramsay, el propio Reynolds, y Hoppner, que transforman el retrato fiel del Renacimiento en un retrato idealizado, ajustado a los cánones de belleza del momento. En contraposición a lo académico surge la Sátira. Sus miembros defienden que esas bonitas representaciones no se corresponden con el carácter inglés y las definen como afrancesadas. Relatan problemas sociales con ilustraciones y sus obras, llenas de sarcasmo, exhiben retratos caricaturescos y burlas de los males de la época: desde la gota de los ricos, por el consumo excesivo de vino y carne, hasta la famosa escalera de caracol de la Academia, tan estrecha y empinada que es causa directa de no pocos accidentes y que, además, era la razón por la que el obeso rey no podía asistir a las inauguraciones académicas, ya que era incapaz de trepar por ella.
El paisaje, que formaba parte del fondo de los retratos, gana autonomía y protagonismo. A él se dedica la cuarta sección: "Paisajes de la mente". Surgen dos corrientes artísticas: el Neoclasicismo y el Romanticismo. El máximo exponente del neoclasicismo es el francés Claudio de Lorena, cuyo imitador inglés es Richard Wilson. Pintan una naturaleza idealizada y perfecta, amable, y también inexistente, de luces armónicas y con restos de antiguas ruinas. Los románticos, en las figuras de Turner (que anticipa el impresionismo), Constable y John Martin, por el contrario, buscan el contacto directo con el aire libre. Constable concede gran importancia a las nubes a través de las cuales se filtra la luz que ilumina, separa, crea y define los distintos planos, al tiempo que representa con ella la divinidad invisible. En John Martin la naturaleza es grandiosa, con cielos inmensos e inabarcables y los humanos no son más que accidentes sin relevancia ni identidad dentro de la obra. La oposición hacia los academicistas continúa con artistas como James Barry y el espiritual William Blake.
En la era victoriana Inglaterra vive una época de esplendor que impulsa el avance del arte y la construcción de Museos. La Gran Exposición de 1851, celebrada en el magnífico Palacio de Cristal de Hyde Park, cuya estructura despertó no sólo la admiración, sino también el deseo de emularla entre los arquitectos del resto de Europa, se convirtió en el mejor escaparate de Inglaterra. Es la quinta fase de la exposición: "Realismo y Reacción". En 1848, también como oposición a los Neoclásicos, surgen la Hermandad de los Prerrafaelitas, con temas inspirados en leyendas artúricas, tragedias, romances y poemas medievales. Además de por los temas, su misteriosa pintura, entre el sueño y el cuento, se caracteriza por el uso de colores vivos y brillantes, típicos de los maestros italianos anteriores a Rafael, de ahí la denominación. Se recrean en la belleza y plasman cada objeto, independientemente del plano en el que se encuentre y de su relevancia dentro de la obra, con exhaustivo detalle.
El genial pintor americano, John Singer Sargent, fue el encargado de llevar las técnicas impresionistas a Gran Bretaña. Junto con Sorolla se convirtió en uno de los retratistas más buscados del S. XIX. Su retrato de las hermanas Asher, según regresan de un baile, avala su merecida fama: la expresión de felicidad en sus rostros, su directa mirada, la naturalidad de su postura en la que queda patente el vínculo que las une, los trazos abocetados que reproducen a la perfección la textura y el brillo del raso blanco del vestido de una en contraste con la pincelada más densa y pareja de la pesada caída de los pliegues del terciopelo rojo de la otra. Una auténtica maravilla. Whistler, cuya obra Nocturno decora el fantástico e ilustrativo folleto de la exposición, muestra la influencia del paisaje impresionista francés en sus cuadros. Es un adelantado a su época, que incluso roza la abstracción. Su fin es el arte por el arte, la belleza por la belleza, y se vale de colores y luces para plasmar en el lienzo el efecto que desea. Establece un paralelismo entre música y pintura. Considera ambas como una armonía tonal, una de sonidos y otra de colores, y por eso sus obras poseen títulos como el de este Nocturno, válido tanto para una composición pictórica como musical.
"Modernidad y Tradición": En el S XX Gran Bretaña se une a la vanguardia del resto de Europa en su búsqueda por la abstracción, ya sea a través del color o de la geometría de las formas. Hay una atracción por lo industrial, el ferrocarril, la clase media. Surge una corriente inglesa propia, el Vorticismo, en la que se fusionan el cubismo de Picasso y Braque, con el futurismo de Marinetti. El comienzo de la 1ª Guerra Mundial le pone fin casi de cuajo, tras una breve vida de sólo 3 años, al enviar al frente a sus miembros. Unos van alistados y otros como pintores de guerra, en ambos casos la evolución de la pintura se interrumpe ya que la guerra concede poca libertad en los temas, en la experimentación y en el día a día. En el periodo de entreguerras la vanguardia florece y en 1933 surge Unit One, una miscelánea de artistas con estilos muy diferentes que se unen en su deseo de introducir en Gran Bretaña el arte moderno Europeo, en cualquiera de sus múltiples concepciones, tanto previas como posteriores a la Gran Guerra. En 1939, con la 2ª Guerra Mundial se truncan la labor del grupo y sus esperanzas.
La última sección de la exposición se titula: "Un mundo feliz". Ha terminado la 2ª Guerra Mundial. Las tendencias predominantes son el conceptualismo y el Pop-art, con la representación de un estado de bienestar, consumista y hedonista, del cual Hockney es su máximo exponente. El arte británico alcanza reconocimiento internacional. Como oposición a la abstracción y el minimalismo que domina al resto de los artistas, Auerbach, Bacon, Kitaj y Lucien Freud forman la Escuela de Londres y trabajan con el arte figurativo y la figura humana. Peter Blake lleva el collage al Pop-art, desde su portada de Sergeant Pepper para los Beatles, para la que tuvo que realizar un montaje previo a tamaño real con las 70 fotografías que componen el fondo, a su Muro del Amor: una preciosa y romántica selección de estampas, cromos y fotografías dignas del mejor San Valentín. El arte evoluciona hasta hacerse óptico, busca crear ilusiones cinéticas e incluso genera un leve mareo al hacer navegar al espectador sobre el juego plasmado en el lienzo. Es el Op Art, con el ejemplo de la impresionante Catarata de Bridget Riley en la que las líneas fluyen y ondulan al seguirlas (no se puede reproducir, hay que sentirlo en directo). Para terminar, es interesante bajar al sótano donde hay una gran escultura de pared en la que Thomas Cragg, en su Great Britain seen from the North de 1981, anuncia el cambio que está en marcha en Gran Bretaña.
En resumen una exposición preciosa, variada y muy didáctica. Merece la pena. Aunque las obras con las que he ilustrado el post no sean las más representativas, son las que más me han gustado (difícil escoger entre los prerrafaelitas: Dante Gabriel Rossetti, Burne-Jones, Frederick Leighton, John Everett Millais, uno de los fundadores de la Hermandad pero que luego se volcó en otros temas, y además, en la misma sección, Sargent, que no sólo bebe de fuentes impresionistas sino también velazquianas por lo que es mucho Sargent). Lo mejor es disfrutarlas todas y cada una de ellas en vivo y en directo.
Seguro que el vídeo de la exposición (que os dejo a continuación) os resulta más entretenido que toda mi disertación.