Afortunadamente, de un modo u otro, ya sea directa o indirectamente, la información sobre los eventos que merecen la pena me suele llegar (y si no lo hace no me entero, la lástima es cuando lo descubro a posteriori). En este caso se lo debo a una de mis amigas. Me comentó recientemente que pensaba ir a visitar la Exposición de la Fundación Juan March, a la que le tengo especial cariño porque estaba al lado de nuestra antigua casa y solía pasearme por sus salas con relativa frecuencia. Me interesé por ello y me apunté. Finalmente su plan se pospuso pero yo seguí con el mío. Tras visitar la página web, y en vista de todo lo que abarca, opté por intentar la visita guiada. He llegado con tiempo, he visitado la exposición por mi cuenta, me he apuntado a repetirla con la guía y, finalmente, eso he hecho (al tiempo que tomaba apuntes como una desesperada, con un boli que sólo escribía a ratos, para dejarlos aquí para el que le apetezca ir y no pueda hacerlo con guía). Además he podido relacionar paseos anteriores con la explicaciones, lo que ha sido un aliciente.
El nombre de la Isla del Tesoro hace referencia a que el Arte de las Islas Británicas es aún bastante desconocido. En esta exhibición pretenden subsanar este fallo y hacen un recorrido desde el S XVI hasta la época contemporánea, con un especial énfasis en sus artistas y en los géneros más representativos. La exposición se divide en siete amplios periodos.
La primera sala, "Destrucción y Reforma", abarca desde el año 1520 hasta el 1620. Es la era de los Tudor, cuya monarquía absolutista se esfuerza por sacar a Inglaterra de la oscuridad de la Edad Media. Uno de los medios de los que se valen para lograr su objetivo es el arte, con el que además pretenden divulgar una imagen poderosa de la dinastía. No hay que olvidar que Enrique VIII, para casarse con Ana Bolena rompe con la católica iglesia de Roma que no le permitía separarse de su esposa, Catalina de Aragón. Inglaterra se convierte con ello en un refugio para los artistas protestantes europeos que huyen de la persecución religiosa Europea. Entre ellos se encuentra Holbein, que es el que se encarga de introducir el Renacimiento en la atrasada Inglaterra. Al mismo tiempo la Reforma también influye en la temática de los cuadros: lo religioso queda proscrito (y de hecho se destruyen obras ya existente), lo mitológico no tiene tirón y se recurre al retrato. Holbein muestra su maestría en ese género con retratos fieles al modelo, con contornos nítidos y un dominio del óleo que se muestra en la transparencia de la piel. Son esos retratos los que darán origen a la tradición de las miniaturas. En el retrato isabelino se presta gran atención a los detalles de los vestidos, que indican la clase social del individuo, ya que sólo a los nobles les está permitido lucir sedas, terciopelos, brocados y perlas. Los contornos son precisos, aunque las formas carecen de volúmenes y los fondos son neutros.
El segundo periodo corresponde a "La Revolución del Barroco". El rey es Carlos I, un Estuardo, hijo de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (e hijo de María Estuardo, al que dio a luz, acosada por sus enemigos, en una diminuta habitación del Castillo de Edinburgh en el que se había visto obligada a refugiarse). La figura clave es Anthony van Dyck, afincado en Londres en 1632, que lleva a Inglaterra una pintura más sofisticada, con aires a Tiziano. El retrato, como el que se exhibe de la reina Henrieta María de Francia, esposa de Carlos I, es más teatral y dramático: la figura no está de frente sino ligeramente girada, el rostro es más expresivo y los ojos miran al espectador, los colores son fríos con un gran énfasis en la luz. En estas obras se refleja la cultura cortesana de la época y se incorporan los paisajes al fondo de las mismas.
En el S. XVIII Londres se ha convertido en la ciudad más grande del mundo y su gran actividad económica, a nivel mundial, se traduce en una intensa vida cultural. Entramos en la tercera sección de la exposición: "Sociedad y Sátira". Una obra de Canaletto revela cómo se produce este cambio. Con su característico estilo arquitectónico muestra el Gran Paseo de los famosos Jardines Vauxhall, en los que se centraba parte de la vida social y cultural tanto diurna como nocturna. El paseo está flanqueado por edificios en los que los artistas ingleses del momento organizan exposiciones para dar a conocer su obra (un modo alternativo de difundirla). La escuela pictórica inglesa adquiere relevancia propia. En 1798 se funda la Royal Academy de Londres, siendo Joshua Reynolds su primer presidente.

El paisaje, que formaba parte del fondo de los retratos, gana autonomía y protagonismo. A él se dedica la cuarta sección: "Paisajes de la mente". Surgen dos corrientes artísticas: el Neoclasicismo y el Romanticismo. El máximo exponente del neoclasicismo es el francés Claudio de Lorena, cuyo imitador inglés es Richard Wilson. Pintan una naturaleza idealizada y perfecta, amable, y también inexistente, de luces armónicas y con restos de antiguas ruinas. Los románticos, en las figuras de Turner (que anticipa el impresionismo), Constable y John Martin, por el contrario, buscan el contacto directo con el aire libre. Constable concede gran importancia a las nubes a través de las cuales se filtra la luz que ilumina, separa, crea y define los distintos planos, al tiempo que representa con ella la divinidad invisible. En John Martin la naturaleza es grandiosa, con cielos inmensos e inabarcables y los humanos no son más que accidentes sin relevancia ni identidad dentro de la obra. La oposición hacia los academicistas continúa con artistas como James Barry y el espiritual William Blake.


"Modernidad y Tradición": En el S XX Gran Bretaña se une a la vanguardia del resto de Europa en su búsqueda por la abstracción, ya sea a través del color o de la geometría de las formas. Hay una atracción por lo industrial, el ferrocarril, la clase media. Surge una corriente inglesa propia, el Vorticismo, en la que se fusionan el cubismo de Picasso y Braque, con el futurismo de Marinetti. El comienzo de la 1ª Guerra Mundial le pone fin casi de cuajo, tras una breve vida de sólo 3 años, al enviar al frente a sus miembros. Unos van alistados y otros como pintores de guerra, en ambos casos la evolución de la pintura se interrumpe ya que la guerra concede poca libertad en los temas, en la experimentación y en el día a día. En el periodo de entreguerras la vanguardia florece y en 1933 surge Unit One, una miscelánea de artistas con estilos muy diferentes que se unen en su deseo de introducir en Gran Bretaña el arte moderno Europeo, en cualquiera de sus múltiples concepciones, tanto previas como posteriores a la Gran Guerra. En 1939, con la 2ª Guerra Mundial se truncan la labor del grupo y sus esperanzas.


En resumen una exposición preciosa, variada y muy didáctica. Merece la pena. Aunque las obras con las que he ilustrado el post no sean las más representativas, son las que más me han gustado (difícil escoger entre los prerrafaelitas: Dante Gabriel Rossetti, Burne-Jones, Frederick Leighton, John Everett Millais, uno de los fundadores de la Hermandad pero que luego se volcó en otros temas, y además, en la misma sección, Sargent, que no sólo bebe de fuentes impresionistas sino también velazquianas por lo que es mucho Sargent). Lo mejor es disfrutarlas todas y cada una de ellas en vivo y en directo.
Seguro que el vídeo de la exposición (que os dejo a continuación) os resulta más entretenido que toda mi disertación.
3 comentarios:
Gracias, tengo que subir varios días a Madrid, aprovecharé para verla. Tambien os sugiero , ya de paso la de Louise de Bourgeois en la Casa Encendida.
Tal vez vaya el 20, pero no lo tengo muy seguro, así que no me dará tiempo de visitar esta muestra, pero el paseo que he dado por su escrito se ve muy recomendable la visita.
Que pase buen día a pesar del gobierno.
Saludos
Excelente presentación, muchas gracias.
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