sábado, 14 de enero de 2012

The Saturday Post: EL TITO LOCO

Si alguien es capaz de llevar a cabo cualquier idea disparatada que se le cruce por la cabeza, y además encontrarle la lógica a esta, ese es Billete, como le llama su hija. No sólo hizo pasar, transitoriamente, a su hija por su hijo para realizar sus deseos, ya os contaré la historia, sino que cualquier anécdota que empiece por ¿sabéis la última del Billete? es garantía de carcajadas.

La mayoría de los pacientes que pasan por el hospital se limitan a recibir un tratamiento médico. La experiencia de mi tío incluye mucho más. Tuvo que ser operado. Por supuesto, la familia en pleno se presentó allí para infundirle ánimos al convaleciente. Eso supone unas 20 personas en la habitación y otras tantas entre el pasillo y la sala de espera. Hasta los gitanos desaparecen superados por el número.

Después de pasar la tarde entretenido con unos y otros, y transcurrida la hora de visitas, una osada enfermera se armó de valor y se animó a echarles (no son violentos pero la cantidad impone). El pobre enfermo se quedó, al fin, solo. Decidió que ¿qué mejor que aprovechar esa inusitada paz para salir a fumarse un cigarrito? Encontró una puerta en la que se leía "Salida de Emergencia" con una nota en la que se rogaba no fuese empleada en otro tipo de usos. Por supuesto que a esa clase de solicitudes nadie les hace caso y él no iba a ser menos. ¡Si aún iba a estar más tranquilo! Si podía evitarlo ¿para qué iba él a recorrerse todo el pasillo con el suero y la sonda urinaria? Con una salida tan a mano ¿cómo no aprovecharla?

Sin pensárselo dos veces, abrió y salió. Escuchó cómo la puerta se cerraba detrás de él con un click de bloqueo. No se inmutó, ya encontraría la entrada. Cervantes dijo que "cuando una puerta se cierra, otra se abre" y ¡sería por puertas en el hospital! Pero los hados no le fueron favorables y, una vez entregado al vicio del tabaco, se puso a lloviznar. El agradable sirimiri se convirtió en una auténtica ducha en cuestión de segundos. Aquel contratiempo le alteró. Decidió llamar a los cristales de la salida bloqueada para pedirle a un alma caritativa, de esas que peregrinan perdidas por las galerías, que le abriese y poder así refugiarse del aguacero. Su gozo en un pozo: a esas horas los pasillos estaban desiertos. En vez de aplicar la solución de Cervantes, se fue al refranero, en concreto al dicho popular de: "cuando se cierra una puerta, se abre una ventana". Su mala fortuna quiso que las ventanas en cuestión perteneciesen a la hospitalización de Psiquiatría. Todos los locos respondieron a su saludo con grandes aspavientos y, además de aprovechar para pedirle con gestos un cigarro a través de los cristales cerrados, le señalaban entusiasmados al tiempo que exclamaban: "¡Mira ese! ¡Se ha escapado!". Ni que decir tiene que aquel comentario puso en alerta máxima a la planta: ¡UNA FUGA! Sonaron las alarmas y salieron a buscarle dos celadores armados con una camisa de fuerza y acompañados por dos guardias de seguridad. Encontraron a mi tío en pijama, mojado, sondado, con una vía y su correspondiente palo de suero, y un cigarro culpable en la mano. Ante el panorama se puso a agitar los brazos como un poseso y a gritar mientras se señalaba el lugar de la cirugía: ¡qué no estoy loco! ¡qué sólo me han operado de la próstata!

Creo que no dejó de fumar. Desde entonces no ha vuelto a pedirme favores médicos, ni tan siquiera me llama cuando va a la revisión (dice que para no molestarme, así que aclaro que no me supone ningún tipo de molestia, todo lo contrario. Una cara familiar en medio de la consulta se agradece, aunque no pueda entretenerme demasiado).Sé que pretendía que no me enterase de su desventura. Menos mal que en nuestra familia la palabra "secreto" es un término efímero.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES!


viernes, 13 de enero de 2012

Tarta de manzana

Willcox-Smith
Me gusta la tarta de manzana, pero no todas las tartas de manzana, a muchas de ellas encuentro que les falta gracia. Mi favorita es la que hacían en la Pastelería Palacios, en la Plaza del Poniente en Valladolid (tras cambiar de dueños, que no de obrador ni de recetas, ahora se llama Pastelería Maro Vallés). La última que tomé de allí fue en la barbacoa de finales de Noviembre en casa de mi hermano, aprovechando que aún hacía un tiempo lo bastante agradable como para comer en su terraza. Mi madre había ido un par de días antes a visitar a unos amigos y todos sus hijos le hicimos el mismo encargo. No sólo se trajo la tarta sino que añadió una bandeja de pasteles, de nuestros favoritos, con lo que el hueco reservado en aquella celebración para el postre se quedó pequeño enseguida y hubo que esforzarse y apretar un poco el contenido gástrico (lo que se logra desabrochando disimuladamente algún botón del pantalón).

Mi cuñado (de hermanita) para contribuir al tema, se trajo unas manzanas del pueblo, cogidas de sus árboles. Pese a que su aspecto no es el más liso y bonito del mundo, su sabor es delicioso. Tienen esa combinación de dulce, jugoso y un punto ácido que es tan difícil de encontrar en las de las tiendas.

Aunque no las hacía con las manzanas de mi cuñado, y tampoco se acercaban a la excelencia de las de Maro Vallés, mis recetas de tarta de manzana gozaban de cierto éxito en mi entorno. Una de ellas la solía hacer de estudiante para llevarla en mi cumpleaños a clase y compartirla con mis amigas al terminar. Lógicamente, tras toda una mañana de tomar apuntes, el hambre apretaba y de aquella celebración no quedaban ni las migas.

La otra tarta, la Tarta Tatin, la descubrí una vez empezada la residencia. Es aún más fácil y cuando la hago vuela aún más rápido que la anterior. La llevé al hospital en mi primer año de residencia con motivo de mi cumpleaños y, los adjuntos, se dedicaron a hacer excursiones furtivas a la nevera de las enfermeras de planta para darle pequeños tientos. A base de probatinas, el pastel se esfumó, salvo por un trozo testimonial también llamado comunmente "de la verguenza". Repetí la receta en Nochebuena y hasta a House le gusto, y eso que no es goloso. Aquí van las dos recetas a escoger la que más se adapte a las preferencias de cada uno. Por cierto, ambas se pueden realizar también con pera, mezcla de manzana y pera y, la tatin, también se elabora con ruibarbo o con melocotón. La de Oriol Balaguer lleva tiempo mirándome desde el escaparate, en la esquina de Ortega y Gasset con General Pardiñas, aunque no me animo a comprarla, precisamente porque esta tarta no figura entre los postres favoritos del Dr. House.

Tatin de Oriol Balaguer
TARTA TATIN
Ingredientes
6 manzanas reinetas grandes cortadas en cuñas gruesas.
Zumo de un limón
Azúcar moreno (unas 4 ó 5 cucharadas soperas)
1 placa de hojaldre (también sirve masa quebrada)
Elaboración
Espolvorear unas 3 cucharadas de azúcar moreno sobre el fondo de un molde antiadherente para que, al cocer, haga caramelo y dé brillo a la superficie de la tarta. Si se quiere, se le puede añadir un par de cucharadas de ron o amaretto para aromatizarlo. Colocar una capa de trozos de manzana. Repartir el resto del azúcar sobre estas (también se puede espolvorear una pizca de canela, aunque sin abusar) y colocar por encima una segunda capa de manzanas.
Cocer a 180º unos 35-40 minutos.
Poner encima la placa de hojaldre cortada algo más grande que el molde, pincharla con un tenedor y cocer unos 10 minutos hasta que este dorada)
Dejar templar antes de desmoldar (al revés). Para ello, poner un plato sobre el hojaldre y darle la vuelta a la tarta. Voilà!


TARTA DE MANZANA CREMOSA
Ingredientes
4 manzanas Golden grandes + 2 de adorno
Medio vaso de harina
1 vaso de leche
Medio vaso de azúcar
1 cucharadita de levadura Royal
2 huevos

Elaboración
Reservar las dos manzanas de adorno y mezclar el resto de los ingredientes con la batidora.
Engrasar un molde y verter la mezcla en un molde antiadherente (o engrasado y espolvoreado de harina para evitar que se pegue).
Cortar las dos manzanas en láminas ( personalmente me gusta más cuando no son demasiado finas, me parece que gana en sabor) y colocarlas por encima con un diseño en círculos concéntricos de manera que los gajos se solapen ligeramente.
Horno a unos 190º (número 6) durante una media hora.
Untar con almíbar para darle brillo (la forma sencilla de hacerlo es mezclar un par de cucharadas de mermelada de melocotón, o miel, con la misma cantidad de agua, calentar al microondas un minuto, hasta que burbujee, y extender bien por encima de la tarta)
Opcional: Se le pueden añadir a la masa unas pasas remojadas en ron o cognac.

jueves, 12 de enero de 2012

¡Felicidades Capitán!



Mi primo "el capitán" reúne todas las cualidades de un oficial y un caballero y, lo que es mejor, no es un personaje de ficción. Es una gran persona, buena, inteligente, sensata, trabajadora, pacífica, paciente y tranquila. Además es buen conversador y sabe escuchar. Si todos los miembros de las Fuerzas Armadas fuesen como él, está claro que los conflictos tendrían más soluciones diplomáticas que estratégicas. Es una lástima que no sea así y que, incluso entre los "hombres de honor", a la hora de asignar puestos pasen por encima de él los recomendados por enchufe, que no tienen ni su valía ni sus puntos. Nuestro Capitán no se rinde y estudia para conseguir progresar y ganar nuevos méritos.

Hace unos meses tuvo que realizar una misión de paz en el Líbano. Antes de su marcha organizamos una pequeña "primada" sorpresa en Linares. El plan gozó de una gran acogida y nos apuntamos casi 50 personas. Se hizo necesario reservar en los Orzaez, un salón de celebraciones, amplio y con buena cocina.

Su querida esposa se encargó de mantenerle entretenido toda la mañana. Se trataba de evitar por todos los medios que se encontrase, accidentalmente, con los que habíamos bajado de Madrid, para no despertar sus sospechas. Mi prima se esforzó a conciencia y consiguió no concederle ni un sólo momento de respiro, ni de libertad. Al pobre inocente le resultó imposible hacer nada por su cuenta.  La verdad sea dicha, incluso acabó algo rebotadillo con el apretado programa. Para más inri, la excusa de la reunión en los Orzaez era un vino que daba el abuelo de su mujer, lo que no le resultaba un compromiso demasiado apetecible. Acudió casi a rastras, para cumplir con el trámite y dar carpetazo a la ajetreada mañana.

Cuando llegaron, ya estábamos todos allí. Aunque habíamos quedado a las dos y media, la mayoría se presentó a las 3 menos dos minutos porque, tal y cómo ocurrió, contaban con que hasta las tres (pasadas) no aparecería el homenajeado. Aún no me explico cómo no se encontraron con los más rezagados en la misma puerta. Pese a gritar ¡SORPRESA! a pleno pulmón a su entrada, el Capitán nos miró incrédulo sin terminar de procesar qué demonios hacíamos todos allí. Creo que ni nos oyó, y tardó unos instantes en asumir la situación. A partir de allí, vino la avalancha de besos y abrazos, aunque no nos entretuvimos demasiado que nuestros estómagos también empezaban a opinar. Nos pusimos tibios, para no perder las buenas costumbres, con un millón de aperitivos y, cuando ya no podíamos más, hicimos hueco para el plato principal y, por supuesto, el imperdonable y variado postre. Una vez saciados se sucedieron los regalos, discursos (no sólo del homenajeado, que alguno más decidió aprovechar la oportunidad para soltar su pequeña, y no tan pequeña, charla), brindis, café, tertulia.

Después de aquello nos fuimos a un pub a tomar unas copas para continuar con la sobremesa hasta pasadas las 8 de la tarde. Estuvimos relativamente "solos", en esa soledad que pueden tener 30 personas de la misma familia (ya que no todos se apuntaron a la continuación).

Aquella estancia en el Líbano es, en cierto modo, responsable de la existencia de este blog. A su vuelta, el capitán me pidió que siguiese escribiéndole porque mis divagaciones le entretenían. No toda la culpa es suya sino que, debido el aumento de mi lista de corresponsales habituales y, dado que  ninguno parecía dispuesto a prescindir de mis crónicas, finalmente pasé a hacer posts en lugar de emails.

Esperemos que no tenga que volver a alejarse tanto que le echamos mucho de menos en esos cuatro meses.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES CAPITÁN!

miércoles, 11 de enero de 2012

Los muestrarios de Augusto Figueroa

No hay mejor lugar para acabar como un niño con zapatos nuevos que la C/ Augusto Figueroa, en Chueca. Además de los muestrarios (con un 30-40% de descuento en plena temporada) también disponen de números, aunque no resultan tan económicos. En rebajas, tanto unos como otros marcan precios mínimos. Hay que escoger entre todas las tiendas o se echa encima la hora del cierre y aún no se ha pasado de la mitad de la calle.

El pasado verano, cuando una chica inglesa, encantadora, que había sido mi paciente mientras vivió aquí, vino de visita a Madrid junto con sus amigas, les hice de cicerone y las llevé a pasear por la zona. Comimos en Divina la Cocina y a lo largo de la tarde de una caluroso día de Agosto, nos dedicamos a probarnos zapatos como posesas. Ahí comprobamos que las compras son una buena terapia para combatir los efectos cansinos del sol. Sin sentir ningún tipo de agotamiento, al menos hasta las 20:30, hora en la que cerraban las tiendas y nos quedamos sin aliciente para resistir el bajón, recorrimos todos y cada uno de los comercios que encontramos a nuestro paso. En lo que se refiere a zapatos, un resumen de mis lugares favoritos, según se baja desde Hortaleza hacia Barquillo, sería el siguiente:

•  Zapatería Pirámide: Hortaleza, 62 (esquina a Augusto Figueroa, con entrada por ambas calles): Muchos, muchísimos zapatos, con estanterías en las paredes y en el centro de la sala y surtido de hombre y mujer. Hay ofertas, absolutamente tiradas de precio, de 2x1. Muchos modelos muy cómodos, con diseños para todos los días con algún detalle. Las 3 Bs por excelencia: bueno, bonito y barato.

• Rue San Honoré- Augusto Figueroa, 21. Fachada inconfundible: muy clásica, modernista y pintada de un precioso tono rojo. Cuentan con el muestrario de Guess (alucinante) y de Audley (comodísimos, originales y con estilo, pese a que muchas veces parecen ser conceptos reñidos). Los restos de temporadas anteriores están siempre rebajadísimos. Son, además, encantadores y atentos, sin agobiar. Tienen otra tienda en Hortaleza 66, Novo San Honoré, casi, casi, según se dobla la esquina.
• Enfrente, en el nº 14, está Ámbar. Pertenece a los mismos dueños que St Honoré pero las marcas son diferentes. Tampoco conviene perdérsela. 

• Un poco más abajo, en el nº 18, Muestrario Mallorca, con un millón de zapatos por todas partes entre los que es difícil no encontrar ninguno que encaje con lo que se quiere, y a un precio mucho más que razonable. Entre sus marcas estrella: Pedro Miralles. 

• Lesac- Augusto Figueroa, 23. Zapatos y bolsos muy bonitos. También algo de ropa con un toque Hippijo.

• VIME- Augusto Figueroa, 31. Mi favorita junto con Rue St. Honoré. Entre otros, tienen el muestrario de Chie Mihara que son zapatos muy originales y supercómodos: tacón medio, con buen apoyo y horma amplia. Las botas son siempre preciosas, posiblemente de las más bonitas que se encuentren en Madrid.

• Barrats Outlet- Augusto Figueroa, 20. Sus botas no pesan nada. Tengo unas forradas de pelo, tremendamente calentitas, que además son comodísimas.

• Unisa- Augusto Figueroa, 35. Zapatos clásicos para todos los días. No me apasionan, creo que les falta algo, pero es indiscutible que resultan prácticos y discretos. 

Otra de las tiendas de zapatos que no me pierdo de la zona, aunque no corresponde a la categoría de muestrario ni está en Augusto Figueroa es "My Room" en la C/ Campoamor. Las ventajas sobre la competencia cercana es que tiene muy buen género, de buen diseño, a muy buenos precios. Tienen también algunas chaquetas de cuero que son una auténtica maravilla.

martes, 10 de enero de 2012

Entre Alonso Martinez y Chueca

Chueca es otro de los barrios donde conseguir ropa, complementos y zapatos de buena calidad y diseño. Me gusta pasear desde Alonso Martinez hacia la Plaza del Rey mientras me entretengo en mis tiendas favoritas.

En la plaza de Santa Bárbara hay un kiosko con libros de segunda mano que ojeo de vez en cuando, en función de mis planes del día. Una no sabe qué puede encontrarse y pierde fácilmente la noción del tiempo mientras curiosea los ejemplares.

Suelo coger la C/ Orellana. Allí está Cacao Sampaka donde me detengo a comprar cacao en polvo, tabletas de chocolate de Xoconusco y la Joya y Oporto LBV de Noval (uno de mis favoritos).

La esquina con Campoamor (foto) la conforma el edificio decorado con la original obra "Todo es Felicidá" de  Jack Babiloni  (magnífico concursante del programa de la 2 "Saber y Ganar") que, con su fondo blanco y sus dibujos de trazos en cuatro sencillos colores, transmite alegría y ganas de disfrutar la vida. En él está el la Boutique de Julio Reis que dispone de un amplio surtido de ropa clásica con diseño y de vestidos de fiesta. Es amplia, da gusto mirar sus ordenados percheros sin estrecheces ni agobios. Tienen muy buenas rebajas.

De ahí bajo por la C/ Campoamor hacia Barquillo. Lo primero es una tienda outlet, Jepa, con ropa algo más moderna que en Julio Reis. Entre sus marcas: Kenzo, Moschino, Dolce y Gabanna. Tienen sección de hombre y mujer.

En el nº5 está la zapatería "My Room", elegante, bonita y acogedora. Zapatos escogidos con gusto, preciosas botas, de piel de buena calidad, preocupados por la comodidad y a precios razonables. Tienen también un pequeño surtido de bisutería art decó muy interesante.

En el nº 3 se encuentra "Maldita Vanidad" una tienda diminuta pero cuya dueña, además de guapísima, es encantadora. Tanto la decoración como la selección de ropa es en su mayoría parisina, de líneas cómodas, buena caída, tejidos sueltos y favorecedores con algunos complementos y bisutería a tono.

De ahí me gusta seguir por la C/ Barquillo donde hago parada obligada en Kassen Zapata, tienda de complementos con bolsos, tocados (que diseñan y realizan ellos), bufandas, pañuelos, gorros y alguna prenda de ropa ocasional. Es el único sitio que conozco en Madrid donde venden las increíbles bufandas de Sophie Digard (foto). Sus propietarios escogen todo con mucho gusto y son muy atentos y cariñosos.

De ahí subo por la C/ San Marcos hasta la C/ Colmenares, en cuya esquina está el Restaurante de Divina la Cocina. Al lado, en el nº 13, está "Alvacío" una combinación de restaurante, comidas preparadas "al vacío" y tienda gourmet donde además imparten cursos de cocina. Según House tienen los mejores callos de todo Madrid.

En el nº 11 está otra de mis paradas obligatorias. Se trata de "Showroom" tienda outlet y de muestrario de Maliparmi, Day Birger et Mikelsen y muchas más que no recuerdo. Vestidos, faldas, vaqueros italianos, foulards, bolsos, algunos zapatos, punto de cashmere y seda, prendas de piel, ligeras y calentitas, abrigos y chaquetas. Tienen una pieza de cada modelo con grandes descuentos y con rebajas al final de temporada de hasta el 80% (ni en Zara se consiguen cosas más baratas y la calidad está a años luz).

En dirección a la Plaza de Chueca, por la  C/ Libertad 3 está Lovel, la tienda de maquillaje de Kryolan con correctores de todos los tonos, brochas y lápices a precios tirados.

La calle Augusto Figueroa se merece un post para ella sola con un recorrido por sus zapaterías. Imprescindibles VIME y San Honoré, aunque no hay que perderse el resto.

En la misma plaza de Chueca está el "L'habilleur" (actualización 2016: el nombre ha cambiado y ahora es "Barei" y cuenta con página web), en la esquina con Gravina. Es una tienda preciosa, con escaparates de madera (foto). Sin rebajas puede resultar algo cara pero, con descuentos, conviene echar un vistazo para buscar algo elegante y diferente, tanto para hombre como para mujer. En el sótano tienen prendas de estilo más sport, con prendas de punto que parecen deshacerse en la mano de puro suaves.

Al lado, en la C/ Gravina, está la tienda Outlet de Jepa. Es un buen lugar donde pararse a investigar. En el nº 25, más cerca de Barquillo, está el pequeño taller de "Arquitectura Humana", donde puedes escoger la tela y el modelo. Os dejo el enlace a su página web (tienen venta por Internet).

lunes, 9 de enero de 2012

"El Paraguas"


El Restaurante "El Paraguas" se situa en el nº 16 de la C/ Jorge Juan del Barrio de Salamanca de  Madrid (Tfno: 91 431 58 40). Es un restaurante asturiano en el que las recetas tradicionales de esa región son elaboradas a la perfección. La carta es amplísima: entradas con oricios, croquetas, zamburiñas, rollitos de carabineros, ensaladas entre las que se incluye la de bogavante, platos de verduras, variedades de arroces (para compartir), guisos que van desde las clásicas fabes a las suaves alcachofas con almejas, carnes como el tartar bravo vuelta y vuelta, el cochinillo confitado y el contundente rabo de toro y por supuesto, pescados, con el típico pixín al que le dan el punto justo de consistencia y jugosidad.

La entrada está decorada a modo de bodegón con fuentes de productos frescos y cazuelas colgadas de la barandilla de una escalera de madera. Si se baja, hay una barra en la que esperar mientras preparan la mesa. En nuestro caso, tardaron tan poco, que ni siquiera llegaron a ponernos una cerveza. Subimos y nos la tomamos cómodamente sentados, en las amplias habitaciones dispuestas de comedores. Los techos altos y los balcones a la calle contribuyen a crear un ambiente acogedor y luminoso. Los tonos crema de las paredes adornadas con sencillas molduras, la amplitud de la sala y de las mesas, van acorde con la ubicación señorial del local.


El servicio fue impecable en cada momento. No se demoraron en tomar nota como en otros sitios que se olvidan del comensal durante casi media hora, nos aconsejaron en lo que les preguntamos y también nos ayudaron a la elección del vino según nuestros gustos. Nos sugirieron un Malleoulus 2008 (Ribera del Duero) de bodegas Emilio Moro, tan bueno que tendremos que hacernos con algunas botellas para casa.




Los entrantes nos los trajeron directamente servidos en dos platos para compartir. Pedimos las zamburiñas gratinadas (la foto es de media ración, el fondo es sal verde para la presentación). Además de bonitas, estaban de muerte: suaves, cremosas. Una auténtica delicia. También nos repartieron los rollitos de carabineros, que son una versión mejorada de los rollitos asiáticos, con un poco de salsa de marisco de esas que no se perdonan, aunque no quede muy elegante lo de mojar pan.
En los segundos yo me decanté por las alcachofas guisadas con almejas y House se fue al Pixin a la Asturiana. El rape es su pescado favorito, y este reunía todos los requisitos: carne blanda, fresca y firme con una salsa ligera que no destacaba sobre el sabor del pescado ni lo convertía en algo pesado o indigesto. Mis alcachofas también estaban estupendas, todo corazón, sin incómodas fibras, y la almejas eran grandes y muy sabrosas. Aún así, me inclino por el pixin, que era realmente excelente.

Estaba todo tan bueno que  nos pareció un crimen irnos de allí sin probar los postres. ¡Ya cabría por algún hueco! Nos comentaron que la tarta fina de manzana goza de mucho éxito, aunque la guardaremos  para otra ocasión. House se decidió por las torrijas con crema de canela. El pan se deshacía en la boca, que no en el plato, y estaban cubiertas por una fina costra un poco tostada-caramelizada de azúcar con canela sobre un fondo de natillas. La canela no predominaba sobre el resto de los sabores y, eso, pese a la suavidad de las torrijas.


A mí me habían llamado las natillas con merengue tostado (foto). La crema tenía la consistencia perfecta y el merengue era muy ligero y sin exceso de dulzor. Estaban aún más ricas de lo que uno se imagina por la foto.

Junto con los cafés unas tejas finísimas, casi una red de caramelo tostado con láminas de almendra, tan crujientes y delicadas que se partían al tocarlas. Deliciosas.

En resumen, da gusto salir a comer y hacer eso, comer de verdad, y no degustar un precioso tentempié en dosis perceptible para extasiar a  las papilas gustativas pero insuficiente para calmar el centro del apetito hipotalámico. La presentación de los platos estaba tan cuidada como su elaboración y la atención y el dinamismo del servicio, intachable.  Repetiremos.





viernes, 6 de enero de 2012

Los Reyes en versión poética


TRES VIAJEROS PERDIDOS

La arena borra las huellas
de tres viajeros perdidos.
Se eleva en oscuras dunas,
para ocultar del camino,
la sombra escarchada
de un reducido vergel.
Exhaustos, desfallecidos,
sin dejarse vencer, luchan
por conquistar las colinas.
Caen rendidos en su cima,
al ceder el desierto bajo sus pies.

El hielo horada las grietas,
rompe la noche en chasquidos
de la roca al estallar.
Un nómada, al despertar,
descubre sobre el frío suelo
los cuerpos desvanecidos
de tres viajeros perdidos.
Tras humedecer sus labios
les arropa con sus mantos
y los instala en su lecho.
Los Reyes descansan,
y sueñan,
con hallar su guía,
entre las estrellas.

Un rayo de luz brillante
deslumbra en el horizonte.
¡Deprisa, deprisa!, exclaman,
ante la estela que huye.
Montados en sus camellos
galoparán en el viento
en persecución de un sueño:
cumplir su fugaz destino,
tras alcanzar el lucero,
que  sobre el cielo lo ha escrito.

Los tres viajeros perdidos,
honran,
en su eterna memoria,
el recuerdo gentil del nómada.
En homenaje, reparten,
presentes, a su linaje.