viernes, 31 de enero de 2014

Un árbol singular

Dos hileras de árboles montan guardia a ambos lados del camino. De toda la cadena de soldados sólo hay uno que resalta. Es un ejemplar distinto que destaca aunque se oculte entre el resto y procure, en vano, confundirse con ellos. Se mantiene a ras de la línea de formación, sin rezagarse ni sobresalir de lo trazado. A su nivel no hay ninguno como él, los suyos se han quedado atrás para formar otra serie, paralela y escondida, en segunda fila.

En primavera se espera siempre a asomar sus primeras hojas hasta que los demás casi han terminado de cubrir sus ramas y lucen con orgullo el esplendor del nuevo follaje. Sin embargo, a pesar de su paciencia, nada oculta la mancha oscura de su fronda que se recorta entre el regimiento. Las puntas de sus ramas estiradas caen sin fuerzas para elevarse. No quiere alzarse hasta tocar el cielo, sus hojas alargadas ansían apoyarse en el suelo a descansar. Suspira y el murmullo del grupo amortigua su voz, sólo él advierte que su susurro es diferente, como la música de un instrumento que vibra con la armonía del silencio y que nadie se detiene a escuchar. No comprende el deseo de volar de las hojas de sus compañeros. Lo ha probado y lo único que logra es que floten un instante en el viento, se agitan antes de soltarse y caer. ¿Es porque son pequeñas, ovaladas y les faltan alas? Los otros tienen hojas irregulares, amplias como mariposas con vértices que imitan las puntas de las estrellas.

En otoño se apresura a desvestirse con la esperanza de que su desnudez le asemeje más al resto. Sus finas ramas se deshilachan y envuelven la copa en una pelusa fina y despeinada como una flor gigante de diente de león que el aire amenaza con deshacer. Su corteza invernal es rugosa y oscura, un trazo que se funde en las sombras de la noche, un vacío negro entre troncos parcheados de un gris liso y blanquecino. Duerme y en sus sueños hasta la luna le delata. Su claridad recalca la palidez de los demás. La lluvia es su única aliada. Las gotas diluyen las imágenes, desdibujan las formas, el brillo de la humedad matiza los colores. El peso del agua hunde todas las hojas y agacha todas las ramas. Las voces se confunden en el agua. El engaño desaparece junto con la tempestad. El disfraz se seca y la verdad queda expuesta.

jueves, 30 de enero de 2014

Viaje de penitencia

- ¿Rezamos un rosario? - le preguntó la tita Mercedes a la Baronesa.
- ¿Otro?- se asustó el tito - ¿No sería mejor dejar descansar al Señor durante un rato? Al pobre le deben pitar los oídos.
- Nunca se reza lo suficiente - le contestó su mujer.
No tenía escapatoria, tendría que escuchar un nuevo rosario. Sin duda, en ese viaje llevaba acumulados méritos y rezos de sobra para ganarse el cielo.
El pobre tito no sabía que, en cierto modo, era el culpable de aquella situación. Había pisado un poco el acelerador, sólo un poco, lo suficiente como para valorar la capacidad de respuesta del coche. En ese instante sus tres pasajeras habían agarrado sus rosarios y comenzado sus oraciones. Cien kilómetros después, y tras otros tantos padrenuestros, los misterios ya no entrañaban nada misterioso para él. ¡Quería una tregua! Necesitaba un descanso.

- ¿No os apetece parar a tomar un cafecito? - propuso.
- Pues yo sí me tomaría unas hierbas - accedió la Baronesa.
Su hijo sonrió. La palabra de su madre era ley y sólo quedaba la cuestión de escoger un lugar en el que parar.
- En ese bar hay muchos camiones- le indicó su esposa. - Seguro que se come bien.

Sin fijarse demasiado en el local, su marido enfiló el coche hacia el aparcamiento. Como correspondía a un caballero de alcurnia, ayudó a las damas a bajarse y les ofreció su brazo. Los cuatro se encaminaron hacia la puerta y entraron en la sala. No había mucha luz pero sí abundancia de sofás y reservados. Resultaba muy agradable. Enseguida corrió una mujer a recibirles.
- ¡Qué amables!- comentó la Baronesa al resto - no hacía falta que nos atendiesen tan deprisa, la pobre está sin respiración y eso sin contar que apenas le ha dado tiempo a vestirse del todo.
- Buenas tardes - les saludó la muchacha con gesto interrogativo.
- Buenas tardes - respondió el tito. - ¿Tienen infusiones de hierbas?
La cara de la camarera se transformó en un poema.
- ¿Infusiones de hierba?- repitió.
- Sí, nos valen unas simples manzanillas - aclaró la tita.
La joven se inclinó sobre el tito y bajó la voz.
- Discúlpeme- dijo - pero creo que no se han dado cuenta de dónde están.

El tito miró a su alrededor y prestó atención a los detalles. Se percató entonces de la luz roja sobre la puerta y de las cortinas en los reservados, también de la pequeña pista de baile con una barra en el centro.
- Cati, Cati - susurró - ¡vámonos! que esto es un puticlub.
Cati abrió unos ojos como platos y, en su precipitación, casi empujó a la Baronesa hacia la puerta.
- No me encuentro bien - se excusó. - Necesito un poco de aire. Creo que es mejor que salgamos y reemprendamos el viaje.
La tita y la abuela se miraron extrañadas, sin comprender aquellas prisas. Lo cierto es que no cabía discusión posible, su chófer ya estaba fuera y les sostenía la puerta. Subieron al coche y, al arrancar, comenzaron un nuevo rosario. El tito se conformó, y hasta rezó un padrenuestro. Esta vez le iba a costar ganarse de nuevo el cielo.

miércoles, 29 de enero de 2014

Un guardarropa de cuento


A los autores de cuentos clásicos les habría venido muy bien disponer de un asesor de moda o, simplemente, ser mujeres. Sus protagonistas tienen algo en común: durante una fase de la historia su aspecto es el de auténticas zarrapastrosas. De ello se deduce que los conocimientos tanto de moda como de la psique femenina no eran el fuerte de los escritores, aunque en lo referente a imaginación a la hora de idear disfraces no tenían parangón. Seguro que triunfaban en Halloween.

A la pobre Cenicienta la cubren de cenizas de los pies a la cabeza. Supongo que semejante aspecto disuadió a su hada madrina de presentarse antes. No estaba segura de si, la que se suponía era su ahijada, había sido intercambiada por una cría de bruja llena de mugre y de canas. Hasta que los ratones, más puestos en tendencias que el autor, no le cosieron un bonito vestido a la chica, el hada no salió de dudas. Para entonces había perdido mucho tiempo y, con las prisas, actuó precipitadamente. ¿En qué estaba pensando, si es que pensaba en algo, cuando calzó sus pies con unos zapatos de cristal? ¡y con tacón! ¿Es que no se le ocurrió ningún calzado más propicio para asistir a un baile? No me extraña que a medianoche la protagonista huyese y abandonase por las escaleras el maldito escarpín (el otro le iba más justo y no consiguió quitárselo).

La Bella Durmiente debió de sufrir lo indecible acostada, sin moverse, durante nada menos que cien años, en su vestido de época. Salvo que, al igual que a Aquiles, la hubiesen bañado al nacer en el río Estigia lo normal es que la narcoléptica princesita se despertase con el cuerpo lleno de llagas. Corsés, ballenas, enaguas y miriñaques nos aseguran que no era tan delicada como la princesa del guisante, que no pudo conciliar el sueño por culpa de un guisante escondido debajo de veinte colchones y veinte edredones (aunque dudo que nadie se arriesgase a dormirse encaramado a semejante torre). A esa tierna criatura le soltaron tal aguacero encima que de su vestido sólo sabemos que quedó hecho un pingajo.

A la misma estirpe invulnerable que la Bella Durmiente pertenecía la cuidadora de gansos, cuya rebeldía la llevó a rechazar las presiones de la moda. Seguro que su armadura de juncos la protegía de los ataques de sus animales. Es la única justificación razonable de su indumentaria. No eran prendas ni bonitas, ni cómodas, ni favorecedoras. ¿Quién sabe? Quizá sólo pretendiese ser original para llamar la atención. ¡A fe que lo consiguió! y, dado el final del cuento, con mucho éxito.

Con Piel de Asno se excedieron. ¿Bajo los efectos de qué sustancia concibieron un borrico que cagase monedas de oro? ¿No había una manera más refinada de acuñar dinero en ese reino? En cuanto se les pasó el delirio los mismos autores fueron conscientes de la magnitud de aquel disparate y optaron por poner fin a la existencia del bicho. Aún no debían andar muy finos porque eso de sacrificar al pobre animal (¿qué culpa tenía de haber nacido?) a manos de la princesa no se ajusta al talante de la dulce damisela. En su desvarío la llevaron a exhibir aquella piel a modo de abrigo, para colmo sin curtir. Ignoraban que ninguna mujer que se precie, por muy desesperada que esté, se cubriría con semejante atuendo.

Los escritores no sólo desconocían la moda y la mente femenina, tampoco daban la talla en lo referente a la alta costura masculina. El mejor ejemplo de cómo sacarle partido a la falta de ideas se muestra en el traje nuevo del Emperador. El autor no encontró nada suntuoso que ponerle, lógicamente no le valían los harapos habituales o le habría dotado de un guardarropa bien surtido. La decisión final fue salomónica: ni lo uno, ni lo otro. Se acepta que la naturaleza es sabia y nunca se equivoca y, no obstante, pocos se atreven a exhibirla al desnudo. Tras esta reflexión la deducción lógica sería: ¿qué mejor traje que la propia piel? Y disponían nada menos que de un emperador para encarnar al embajador de esta corriente. Para vergüenza de su abanderado, el plan no funcionó. El monarca nada pudo hacer frente al decoro impuesto por Adán y Eva en el Primer Libro.

martes, 28 de enero de 2014

Decálogo del profesor por Bertrand Russell

Aunque hoy sea Santo Tomás de Aquino, los siguientes consejos para profesores, a los que les he añadido a última hora un pequeño comentario personal, son de Bertrand Russell.

1. No estés completamente seguro de nada. Es sorprendente descubrir lo equivocado que se puede estar en temas de los que se estaba convencido. 

2. No consideres que merece la pena esconder evidencia porque lo evidente saldrá a la luz. En palabras del refranero: se caza antes a un mentiroso que a un cojo. 

3. Nunca intentes desmotivar el pensamiento, tendrás garantizado el éxito. Esto se debe a la ley del mínimo esfuerzo, pensar cuesta y si no hay razón para ello ¿por qué hacerlo?

4. Cuando encuentres oposición, incluso de tus hijos o tu pareja, trata de zanjarla con razones y no con autoridad, porque una victoria autoritaria es ilusoria. No vale el argumento "porque lo digo yo".

5. No sientas respeto por la autoridad de otros, siempre se encuentran autoridades contrarias. Entre unos y otros fórmate tu propio criterio con tus propios argumentos. 

6. No emplees el poder para suprimir opiniones que creas perniciosas, si lo haces las opiniones te suprimirán a ti. La represión nunca es una buena medida, suele provocar el efecto contrario al deseado. 

7. No temas parecer excéntrico, todas las opiniones actualmente aceptadas fueron excéntricas en algún momento. Mostrarse siempre de acuerdo con el resto no fomenta el desarrollo de una línea de pensamiento original. 

8. Complácete más en el disentir inteligente que en el asentir pasivo. Si valoras la inteligencia como se debe la primera implica un acuerdo más profundo que la última. Discrepar supone escuchar y sopesar la opinión del otro para ser capaz de rebatirla. 

9. Se escrupulósamente veraz, incluso si la verdad resulta inconveniente. Es aún más inconveniente cuando tratas de esconderla. La enseñanza se basa en el conocimiento y no en el engaño, recurrir a él es una bajeza que conduce al desprestigio. 

10. No envidies la felicidad de aquellos que viven en un paraíso de tontos porque sólo un tonto pensaría que eso es felicidad. Suena casi de perogrullo pero la verdadera felicidad radica en saber valorar las cosas y en ser capaz de mostrárselas a otros para compartirlas con ellos.

PS: Le agradezco a Titón su aportación en los comentarios que os añado a continuación:


Muy bueno el decálogo, pero ya que estamos me gustaría añadir un par de cosas de mi propia cosecha. Aunque mi experiencia en el campo de la docencia sea corta, intento basar mi trabajo diario en dos pilares fundamentales:

1º - Trabaja e innova siempre. Que las clases no sean repetitivas, busca material nuevo y crea el tuyo propio. No solo lo agradecerán tus alumnos, de ese modo se logra una buena salud laboral. Se evita caer en la rutina, causante inevitable del aburrimiento y del síndrome del profesor "quemado."

2º - Basa el método de enseñanza en crear la necesidad de aprender. Obligar no funciona ni crea hábitos duraderos. Por el contrario, si se crea la necesidad de leer, por ejemplo, tendremos un lector potencial que disfrutará con un libro en sus manos.

Pero como dice Don Manuel más arriba, los decálogos se quedan siempre cortos. Llegar a manejar y usar la verdadera esencia de cualquier pauta de este tipo conlleva muchísimo esfuerzo, dedicación y trabajo.

También hermanísima ha contribuido con un excelente consejo y un agradecimiento al que me sumo:

El tema afectivo siempre suele funcionar bastante bien. Es muy importante crear un vínculo con nuestros alumnos, que noten que los queremos y que las cosas que hacemos tienen un único objetivo: ayudarles a desarrollarse como seres humanos que viven sociedad. Si además conseguimos que aprendan a expresar lo que saben, que empaticen con compañeros y profes, que reconozcan que la equivocación es el primer paso hacia el conocimiento, que entender y saber son conceptos distintos y que ayudar a un compañero es explicarle lo que no sabe y no decírselo sin más, estaremos en otro nivel de la docencia.

En esta parte de mi docencia, estoy disfrutando con la experimentación de distintas metodologías, agrupamientos alternativos y el trabajo a distintos niveles para incluir en el aula a todos: desde el más torpecillo al más listo. No es tan difícil como se cree y da buenos resultados.

Brindo por todos esos docentes que nos han abierto las puertas de la imaginación y del conocimiento y que con su ejemplo nos han enseñado a ser mejores personas. Nuestra familia ha dado muchos y hemos tenido la suerte y el privilegio de tener muchos más. Amiga de madre, desde aquí te hago este pequeño homenaje a ti también.

lunes, 27 de enero de 2014

Sueños extraños

¿Sueñas en blanco y negro o en color? La primera vez que oí esa pregunta me sorprendió. Daba por sentado que todos compartíamos la manera de soñar. Hay noches que sueño en blanco y negro pero la mayoría de mis sueños son en color. ¿Habéis soñado alguna vez que camináis por una ciudad desierta? Cuando era pequeña solía tener ese sueño. Es un sueño en blanco y negro, de calles de aceras grises y paredes de bloques de piedra también gris. Es de día pero el cielo está cubierto de nubes y la luz es blanquecina. No hay lluvia, nada se mueve. A través de los escaparates no se ve a nadie, la ciudad está muerta, sin más vida que la mía. Recorro calles conocidas y me adentro en otras desconocidas, todas vacías. No estoy asustada, sólo desconcertada. Entiendo lo que pasa, sé que estoy sola y paseo mientras cavilo, sin saber qué hacer.

Mi otro sueño en blanco y negro es el de la lluvia. Es una cortina de agua que no me deja ver nada. Sé que son lágrimas, las lágrimas de una tristeza inmensa, desoladora. Llorar a mares no alivia la pena, sólo la aquieta, supongo que por agotamiento. Es un sueño del que aún me queda congoja al despertar.

Mi pregunta sería: ¿cómo prefieres soñar? Prefiero los sueños en color, aunque resulten extraños, como ir sin zapatos, por la calle o por el hospital. A pesar de los cientos de pares en el armario, ese día los he olvidado. Mantengo la ridícula esperanza de que nadie se dé cuenta, eso sí, no paro de zascandilear, descalza por los pasillos, ni un momento. Siempre tengo que ir a algún lado. Otro sueño que me agobia es el de no lograr andar, lo intento y las piernas se me doblan y tengo que avanzar con las manos y de rodillas, no me rindo y sigo. Como el conejo de Alicia pretendo llegar deprisa a algún lado y se me hace tarde.

Mis pesadillas son en color. Me persiguen y huyo, puede que vuele aunque para volar doy brazadas, como si nadara en el aire. Parece fácil, natural y real. También es vívida la sensación de que me agarran o la que me despierta sobresaltada porque noto algo maligno que se acerca a mi cuello. Sólo me duermo de nuevo si subo las sábanas hasta la nuca y me las coloco a modo de collar para que me protejan. Esos son sueños de oscuridad, las amenazas son sombras que surgen de las tinieblas. Son sueños negros pincelados de marrón, morado y rojo, muy distintos a mis primeros terrores infantiles, de cuando sólo tenía dos años, y que no he olvidado: mi habitación había desaparecido, no había paredes ni suelo y mi cama flotaba, perdida en el universo, mientras las estrellas se desplazaban a mi alrededor. Si abría los ojos, las estrellas no se iban, seguían allí.

domingo, 26 de enero de 2014

La creatividad y la educación por Sir Ken Robinson

¿Os habéis planteado por qué la educación está diseñada así? ¿Qué es lo que hace que unas asignaturas se consideren más importantes que otras? ¿Qué tienen las matemáticas y la lengua que las convierta en superiores a las artes? ¿Cuál es la finalidad de la educación? ¿Cómo funcionan la mente y el cuerpo de un profesor universitario? La respuesta a esta pregunta, a partir del minuto 9:50, no tiene desperdicio. ¿Por qué es vergonzoso equivocarse si de errar se aprende? ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿Por qué un título ya no te abre las puertas

La siguiente charla me resultó no sólo interesante sino muy entretenida. Intercala anécdotas con un toque de humor entre la teoría que consiguen captar y mantener la atención del espectador.


Hermanísima expone su comentario desde el punto de vista del docente actual. Os añado su texto a la entrada para completarla:
Muy bueno. La verdad es que dice verdades como puños y muchas de ellas nos las planteamos los docentes todos los días. Totalmente de acuerdo con él en lo de la hiperactividad, la mayoría de esos niños que se diagnostican con TDH simplemente tienen dos buenos guantazos bien dados y una minoría tienen algún talento oculto. Por supuesto que alguno también estará medio loco y debería estar medicado con algo más que Rubifén.
El mundo va por caminos que nadie conoce y yo lo único que puedo ofrecer a mis alumnos es lo que tengo: les ofrezco la oportunidad de hacerles pensar de la forma más creativa y divertida que encuentro, lo que no he oído en ningún momento en la conferencia es qué es es lo que van a hacer los alumnos por su futuro porque si yo pongo todo de mi parte y ellos no ponen nada de la suya ¡Mal vamos!
No voy a entrar a mencionar a todos los responsables de este proceso: familia, sociedad, estado... que muchas veces se lavan las manos y nos dejan todo el trabajo a los docentes. Yo sólo puedo decir que en ésta, como en todas las profesiones, hay mucho inepto y que es de necios y de vagos dejar la educación de nuestros hijos en manos de unos pocos ¡Cuántas más personas intentemos hacerlo bien, más posibilidades tendremos de triunfar!