martes, 28 de enero de 2014

Decálogo del profesor por Bertrand Russell

Aunque hoy sea Santo Tomás de Aquino, los siguientes consejos para profesores, a los que les he añadido a última hora un pequeño comentario personal, son de Bertrand Russell.

1. No estés completamente seguro de nada. Es sorprendente descubrir lo equivocado que se puede estar en temas de los que se estaba convencido. 

2. No consideres que merece la pena esconder evidencia porque lo evidente saldrá a la luz. En palabras del refranero: se caza antes a un mentiroso que a un cojo. 

3. Nunca intentes desmotivar el pensamiento, tendrás garantizado el éxito. Esto se debe a la ley del mínimo esfuerzo, pensar cuesta y si no hay razón para ello ¿por qué hacerlo?

4. Cuando encuentres oposición, incluso de tus hijos o tu pareja, trata de zanjarla con razones y no con autoridad, porque una victoria autoritaria es ilusoria. No vale el argumento "porque lo digo yo".

5. No sientas respeto por la autoridad de otros, siempre se encuentran autoridades contrarias. Entre unos y otros fórmate tu propio criterio con tus propios argumentos. 

6. No emplees el poder para suprimir opiniones que creas perniciosas, si lo haces las opiniones te suprimirán a ti. La represión nunca es una buena medida, suele provocar el efecto contrario al deseado. 

7. No temas parecer excéntrico, todas las opiniones actualmente aceptadas fueron excéntricas en algún momento. Mostrarse siempre de acuerdo con el resto no fomenta el desarrollo de una línea de pensamiento original. 

8. Complácete más en el disentir inteligente que en el asentir pasivo. Si valoras la inteligencia como se debe la primera implica un acuerdo más profundo que la última. Discrepar supone escuchar y sopesar la opinión del otro para ser capaz de rebatirla. 

9. Se escrupulósamente veraz, incluso si la verdad resulta inconveniente. Es aún más inconveniente cuando tratas de esconderla. La enseñanza se basa en el conocimiento y no en el engaño, recurrir a él es una bajeza que conduce al desprestigio. 

10. No envidies la felicidad de aquellos que viven en un paraíso de tontos porque sólo un tonto pensaría que eso es felicidad. Suena casi de perogrullo pero la verdadera felicidad radica en saber valorar las cosas y en ser capaz de mostrárselas a otros para compartirlas con ellos.

PS: Le agradezco a Titón su aportación en los comentarios que os añado a continuación:


Muy bueno el decálogo, pero ya que estamos me gustaría añadir un par de cosas de mi propia cosecha. Aunque mi experiencia en el campo de la docencia sea corta, intento basar mi trabajo diario en dos pilares fundamentales:

1º - Trabaja e innova siempre. Que las clases no sean repetitivas, busca material nuevo y crea el tuyo propio. No solo lo agradecerán tus alumnos, de ese modo se logra una buena salud laboral. Se evita caer en la rutina, causante inevitable del aburrimiento y del síndrome del profesor "quemado."

2º - Basa el método de enseñanza en crear la necesidad de aprender. Obligar no funciona ni crea hábitos duraderos. Por el contrario, si se crea la necesidad de leer, por ejemplo, tendremos un lector potencial que disfrutará con un libro en sus manos.

Pero como dice Don Manuel más arriba, los decálogos se quedan siempre cortos. Llegar a manejar y usar la verdadera esencia de cualquier pauta de este tipo conlleva muchísimo esfuerzo, dedicación y trabajo.

También hermanísima ha contribuido con un excelente consejo y un agradecimiento al que me sumo:

El tema afectivo siempre suele funcionar bastante bien. Es muy importante crear un vínculo con nuestros alumnos, que noten que los queremos y que las cosas que hacemos tienen un único objetivo: ayudarles a desarrollarse como seres humanos que viven sociedad. Si además conseguimos que aprendan a expresar lo que saben, que empaticen con compañeros y profes, que reconozcan que la equivocación es el primer paso hacia el conocimiento, que entender y saber son conceptos distintos y que ayudar a un compañero es explicarle lo que no sabe y no decírselo sin más, estaremos en otro nivel de la docencia.

En esta parte de mi docencia, estoy disfrutando con la experimentación de distintas metodologías, agrupamientos alternativos y el trabajo a distintos niveles para incluir en el aula a todos: desde el más torpecillo al más listo. No es tan difícil como se cree y da buenos resultados.

Brindo por todos esos docentes que nos han abierto las puertas de la imaginación y del conocimiento y que con su ejemplo nos han enseñado a ser mejores personas. Nuestra familia ha dado muchos y hemos tenido la suerte y el privilegio de tener muchos más. Amiga de madre, desde aquí te hago este pequeño homenaje a ti también.

6 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenos días; esto de los decálogos tiene lo que tiene, que es que, a fuerza de no querer/no poder extenderse en las argumentaciones, a veces resultan un poco crípticos, o, más comúnmente, priman lo ingenioso, el golpe de efecto, sobre la profundidad del análisis. De todos modos, a este de Russell que hoy expones, habría poco que objetarle (o, al menos, yo no le objetaría gran cosa...).

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

José Miguel Díaz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Miguel Díaz dijo...

Muy bueno el decálogo, pero ya que estamos me gustaría añadir un par de cosas de mi propia cosecha. Aunque mi experiencia en el campo de la docencia sea corta, intento basar mi trabajo diario en dos pilares fundamentales:
1º Trabaja e innova siempre. Que las clases no sean repetitivas, busca material nuevo y crea el tuyo propio. No solo lo agradecerán tus alumnos, de ese modo se logra una buena salud laborar. Se evita caer en la rutina, causante inevitable del aburrimiento y del síndrome del profesor "quemado."
2º Basa el método de enseñanza en crear la necesidad de aprender. Obligar no funciona ni crea hábitos duraderos. Por el contrario, si se crea la necesidad de leer, por ejemplo, tendremos un lector potencial que disfrutará con un libro en sus manos.
Pero como dice Don Manuel más arriba, los decálogos se quedan siempre cortos. Llegar a manejar y usar la verdadera esencia de cualquier pauta de este tipo, conlleva muchísimo esfuerzo, dedicación y trabajo.

Saludos
PD: Perdón de nuevo, no sé que pasa últimamente que publico los mensajes dobles. El anterior lo eliminé.

amigademadre dijo...

Para ser un decálogo del Profesor aparco a B. Russell y me quedo con el 2º pilar de Jose Miguel Diaz: "CREAR LA NECESIDAD DE APRENDER"
Meta casi imposible de alcanzar

Carmen dijo...

¡Totalmente de acuerdo con mi primo! La formación del profesorado y el compartir ideas y hacer terapia en cursos que merezcan la pena es algo muy positivo también. Aunque mi situación laboral aquí deja mucho que desear si que es cierto que la formación es muy buena y te pagan los cursos, viajes, convenciones...dietas, hotel y hasta al sustituto. A diferencia de muchos de los cursos que hacía en España, aquí son eminentemente prácticos y se va uno a su casa con un montón de ideas que está deseando poner en práctica cuanto antes.
El tema afectivo siempre suele funcionar bastante bien. Es muy importante crear un vínculo con nuestros alumnos, que noten que los queremos y que las cosas que hacemos tienen un único objetivo: ayudarles a desarrollarse como seres humanos que viven sociedad. Si además conseguimos que aprendan a expresar lo que saben, que empatizen con compañeros y profes, que reconozcan que la equivocación es el primer paso hacia el conocimiento, que entender y saber son conceptos distintos

Carmen dijo...

Y que ayudar a un compañero es explicarle lo que no sabe y no decírselo sin más, estaremos en otro nivel de la docencia. Este trabajo es muy duro pero se disfruta mucho, nunca te dejas de sorprender y nunca se para de aprender, es el trabajo menos monótono que existe.
En esta parte de mi docencia, estoy disfrutando con la experimentación de distintas metodologías, agrupamientos alternativos y el trabajo a distintos niveles para incluir en el aula a todos: desde el más torpecillo al más listo. No es tan difícil como se cree y da buenos resultados.
La única cosa con la que no puedo y que me es imposible manejar es la maldad humana, parece mentira que con 11 o 12 años pueda haber niños realmente malos. Es una pequeñísima minoría pero los hay aunque hay que mantener la esperanza porque la mayoría siguen siendo buenos.
Brindo por todos esos docentes que nos han abierto las puertas de la imaginación y del conocimiento y que con su ejemplo nos han enseñado a ser mejores personas. Nuestra familia ha dado muchos y hemos tenido la suerte y el privilegio de tener muchos más. Amiga de madre, desde aquí te hago este pequeño homenaje a tí también.