lunes, 27 de enero de 2014

Sueños extraños

¿Sueñas en blanco y negro o en color? La primera vez que oí esa pregunta me sorprendió. Daba por sentado que todos compartíamos la manera de soñar. Hay noches que sueño en blanco y negro pero la mayoría de mis sueños son en color. ¿Habéis soñado alguna vez que camináis por una ciudad desierta? Cuando era pequeña solía tener ese sueño. Es un sueño en blanco y negro, de calles de aceras grises y paredes de bloques de piedra también gris. Es de día pero el cielo está cubierto de nubes y la luz es blanquecina. No hay lluvia, nada se mueve. A través de los escaparates no se ve a nadie, la ciudad está muerta, sin más vida que la mía. Recorro calles conocidas y me adentro en otras desconocidas, todas vacías. No estoy asustada, sólo desconcertada. Entiendo lo que pasa, sé que estoy sola y paseo mientras cavilo, sin saber qué hacer.

Mi otro sueño en blanco y negro es el de la lluvia. Es una cortina de agua que no me deja ver nada. Sé que son lágrimas, las lágrimas de una tristeza inmensa, desoladora. Llorar a mares no alivia la pena, sólo la aquieta, supongo que por agotamiento. Es un sueño del que aún me queda congoja al despertar.

Mi pregunta sería: ¿cómo prefieres soñar? Prefiero los sueños en color, aunque resulten extraños, como ir sin zapatos, por la calle o por el hospital. A pesar de los cientos de pares en el armario, ese día los he olvidado. Mantengo la ridícula esperanza de que nadie se dé cuenta, eso sí, no paro de zascandilear, descalza por los pasillos, ni un momento. Siempre tengo que ir a algún lado. Otro sueño que me agobia es el de no lograr andar, lo intento y las piernas se me doblan y tengo que avanzar con las manos y de rodillas, no me rindo y sigo. Como el conejo de Alicia pretendo llegar deprisa a algún lado y se me hace tarde.

Mis pesadillas son en color. Me persiguen y huyo, puede que vuele aunque para volar doy brazadas, como si nadara en el aire. Parece fácil, natural y real. También es vívida la sensación de que me agarran o la que me despierta sobresaltada porque noto algo maligno que se acerca a mi cuello. Sólo me duermo de nuevo si subo las sábanas hasta la nuca y me las coloco a modo de collar para que me protejan. Esos son sueños de oscuridad, las amenazas son sombras que surgen de las tinieblas. Son sueños negros pincelados de marrón, morado y rojo, muy distintos a mis primeros terrores infantiles, de cuando sólo tenía dos años, y que no he olvidado: mi habitación había desaparecido, no había paredes ni suelo y mi cama flotaba, perdida en el universo, mientras las estrellas se desplazaban a mi alrededor. Si abría los ojos, las estrellas no se iban, seguían allí.

1 comentario:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenos días; no sabes cómo envidio a la gente que, como tú, recuerda con viveza y cierta precisión lo que sueña. En mi caso, y salvo casos muy excepcionales, no recuerdo nada. Nada de nada. En fin...

Un abrazo y buena semana.