martes, 18 de noviembre de 2025

Gestionando el 7 (por hermanita)



El 17 de noviembre es un día en el que los recuerdos se agolpan, son recuerdos agridulces de momentos alegres y llenos de vida que quedaron atrás, pero que siempre están presentes, porque aferrarse a lo bueno hace que lo triste se sobrelleve de otra manera y uno no se quede debajo de las mantas, hecho un guiñapo, hasta que  pase. La vida sigue y trae rutina y obligaciones, pero también alegría y esperanza. La página queda ahí, sin terminar de pasar, y mientras se escriben otras nuevas, como estas palabras de hermanita. 

 Llevaba semanas garabateando ideas y pensamientos preparándome para la inminente llegada de este día, el 17 y el año 7. En estos meses, en los que se nos remueven los fantasmas y las sombras de ese día trágico y tirano, siempre parece que los números adquieren un valor emocional que trasciende su concepción numérica. Este año le toca al 7. 

El 7 siempre ha sido mi número favorito. El número de El Buitre o de Raúl… no sé por qué pero siempre me ha gustado. El 7 era una nota relativamente buena en el colegio, con un siete sabías que estabas en el notable, era más que aceptable. 

7 fue, también, el primer cumpleaños que celebró Jaime sin Jorge. Recuerdo que me daba pavor imaginarme solo cómo sería ese día, así que fui a hablar con Jaime y le expliqué que, como iba a ser el primer cumpleaños sin papá, lo mismo ese día estábamos tristes, y que no pasaba nada. Me miró con sus ojos grandes y nunca olvidaré su respuesta, me dijo, “yo creo que ese día no mamá”. Me sonreí, si alguien iba a disfrutar de su cumpleaños estaba claro que iba a ser él, hijo de la vid y nieto del sarmiento, y con la suficiente ingenuidad y alegría como para compensar una ausencia tan grande como esa. Realmente lo disfrutó, y todos fuimos capaces de disfrutarlo con él, aunque en mi caso con una pena enorme de no poder compartir con su padre ese paso más en la vida de nuestro pequeño. Ese vacío sé que es cruelmente irreversible. 

7 años de ausencia… parecen tantos y tan pocos a la vez. Es tremendo pensar que Jaime ha pasado ya más años de vida sin su padre de los que ha compartido con él, sin hablar de mi pequeña. Es cierto que lo tenemos muy presente y recordamos tantos momentos vividos, que a veces parece que no ha pasado casi el tiempo, pero también sé que hay muchos momentos por vivir en los que esa figura será irremplazable. La ausencia este año del abuelo Paco parece que lo pone aún más de manifiesto, porque una de las personas que te sirven de apoyo y de consuelo en este día gris, no está tampoco presente para compartir ese dolor o tristeza. La soledad o la sensación de pérdida es mayor cuando te falta uno de esos apoyos. 

Y tratando de buscar la luz en un día como hoy, me quedo con algo que me dijo mi querida amiga del alma, que perdió a su madre con 4 años y pasó casi a ser una hija adoptada en mi familia.  Me comentó que si alguien le diera a elegir ir marcha atrás en el tiempo y haber podido crecer con su madre, que no sabría qué habría elegido, porque las personas que había conocido, sus hijos, quizá no existirían en ese otro escenario, y, a pesar de lo mucho que había echado de menos a su madre en muchos momentos, no arriesgaba perder lo que tenía. 

Y por muy duro que parezca, ese deseo es algo que me da mucha fuerza también para seguir luchando, convencida también de que es el deseo que Jorge tendría para todos, que en esta vida 2.0 que nos ha venido impuesta su ausencia pese menos que los momentos buenos que podamos construir. Siempre va a estar presente, no tengo ninguna duda de que no se pierde ni una fiesta, pero no querría estarlo desde el dolor sino desde el recuerdo de su vitalidad y fuerza.

viernes, 10 de mayo de 2024

Años de experiencia

La Señora no abandona el blog a la hora de felicitar el cumpleaños, con mención especial en esta ocasión al trabajo con mis pacientes de HHT y el reconocimiento como Centro de Experiencia en esta enfermedad. Después de leer el texto, es más que probable que el arquitecto del instituto de mi abuelo y el del hospital fuesen a la misma escuela.

 La felicitación de este año es felicitación doble, pues aparte de cumplir un añito más hay que celebrar ese reconocimiento de vuestro hospital como centro de tratamiento de la Telangiectasia hemorrágica etc por parte de la Comunidad de Madrid, lo que en román paladino viene a ser que por lo menos para esta comunidad hay conocimiento de tus muchas horas  dedicadas a los "Rendus" y del interés para mejorar sus condiciones de vida. 

   
   No ha sido tarea fácil conseguir de la administración este estatus de centro de referencia para esta enfermedad rara,a pesar del esfuerzo realizado por ti y a pesar los intentos de la Asociación de los enfermos de Rendu Osler. La búsqueda de personas que pudieran concienciarse del problema y que tuvieran alguna mano en las instituciones médicas o políticas -lo que tu abuelo Paco llamaba "dar con la tecla"- era una parte necesaria de tu trabajo, para que de este modo los enfermos tuvieran un acceso más fácil a los tratamientos en tu hospital.

 Cuando hablábamos de esa dificultad, recordaba situaciones de algún modo similares que a tu abuelo se le presentaban cuando él  y yo compartimos instituto, el Gregorio Marañón en el Barrio del Pilar. Él como Secretario tenía que resolver un montón de problemas estructurales para que el centro funcionara, pues aunque era un edificio totalmente nuevo, tenía una instalación eléctrica de lo más deficiente, así que la luz se apagaba por sobrecarga en cualquier momento y más por las noches en clases del nocturno; los accesos eran imposibles los días de lluvia, el tejado tenía goteras......, por cualquier parte que lo miraras aquello era una chapuza  y su idea era que al menos lo básico funcionara bien y se pudiera dar clase. Se necesitaba dinero. La "tecla" para conseguirlo estaba en la Delegación y había que dorarle la píldora a una administrativa algo prepotente y bastante insoportable, Blanca, que era la que manejaba los hilos de la distribución económica. Para tu abuelo era cuestión imposible lo de dorar la píldora, así que él y el Director, Rafael catedrático de Historia, se iban a la Delegación a hablar con Blanca, que de pronto en palabras de Rafael se convertía en Blanquita, tan simpática, tan mona..... con lo bien que le sentaba aquella blusita, con lo etc, etc. Rafael era de la provincia de Cádiz y todas esas lisonjas dichas con acento gaditano hasta resultaban creíbles, así que cuando Blanca estaba a tiro, tu abuelo sacaba su lista de peticiones y se volvían al instituto con la misión requetecumplida. 

   
En vuestro caso el procedimiento parece haber sido algo mejor, más profesional, afortunadamente. La dedicación de un día al año para las enfermedades raras ha propiciado que los políticos, al menos para ese día, se enteren de lo que en ese sentido se está haciendo en su entorno y de ese modo la Viceconsejera de Sanidad quedó muy bien impresionada por el trabajo que tú estás llevando a cabo. Me alegro. Ahora ya sois una Unidad reconocida. Es el momento de sacarle partido a lo conseguido. "Cuando los trabajos pasados se cuentan en prosperidades presentes, suele ser mayor el gusto que se recibe en contarlos, que fue el pesar que se recibió en sufrirlos." Ya lo que toca es aprovechar este presente y que sea por muchos años.. Felicidades. 

viernes, 17 de noviembre de 2023

Han pasado 5 años (por hermanita)

Ha pasado el tiempo, no he dejado ni un momento de pensar en los viejos sueños, en las noches de concierto en un bar…. 

Así comenzaba la canción que Amaral dedicó a las víctimas del 11M, una estrofa que ha resonado tantas veces en mi cabeza en estos últimos 5 años... tantas.

La nostalgia se apodera de mi inevitablemente. Son muchos recuerdos muy felices llenos de salidas, viajes, amigos y noches eternas en las que el futuro estaba cargado de ilusión. Era impensable que nada malo pudiera ocurrirnos, para mí era impensable tener otra vida. 

Este año, no sé por qué, me revuelven los 5 años como si el número tuviera un significado “especial”. Parece increíble que ya hayan pasado 5 años y que a la vez tan solo hayan pasado 5 años, porque la vida ha seguido como si nada, el mundo no se ha detenido como yo hubiera querido entonces y de pronto, me he dado cuenta, de que llevo 5 años tratando de aprender a vivir de nuevo, a veces con mejor resultado que otras, pero en cualquier caso avanzando más allá de la inercia.  

No sé dónde leí que el duelo dura 5 años. Desde luego quien lo escribió no ha vivido un duelo de verdad, porque dudo mucho que dentro de 3 días me vaya a levantar y la tristeza, la nostalgia o la soledad que siento muchas veces vayan a desaparecer. Por supuesto que he sido capaz de rehacer muchas partes de mi vida y he vuelto a vivir momentos felices, pero no soy la misma persona, llevo conmigo heridas que se abren aunque no quiera y que no puedo controlar como antes. Ese duelo, heridas, cicatrices, o como queramos llamarlas, no se van, nunca.  

aunque sí he pasado lo peor de esa canción, “esa madrugada, que parece nunca acaba” sigue sonando en mi cabeza muchas veces sin quererlo esa estrofa que te pone los pelos de punta y te llena los ojos de lágrimas “quédate conmigo, hasta que la luz se haga”, ese estribillo que tantas personas, tantas noches, hemos abrazado para dormir. 


Así, que pienso, que si 5 años me parece que no son nada, porque sigo echando muchísimo de menos a Jorge,  también han sido mucho, y los que mejor lo reflejan son los niños, y todos los cambios y cosas nuevas que me presentan cada día.  Ellos me llenan la vida de desafíos, algunas veces dudo de si estoy preparada para afrontarlos, pero su alegría y su ilusión me recuerdan que estamos aquí construyéndonos  una nueva vida que vamos viviendo (no sobreviviendo).  

Ya no tengo 20 años y no puedo pasarme las noches de concierto en un bar, y tengo muchas responsabilidades que no tenía entonces, pero ahí vamos, tratando de disfrutar de las oportunidades que la vida nos pone por delante, porque si hay algo que me han enseñado esas heridas es a no vivir a medias

miércoles, 10 de mayo de 2023

Libros y viajes (por la Señora)

Todos los años, la Señora me escribe su felicitación especial para el blog. Son entradas entrañables para el blog, más aún en este año en el que los recuerdos han sido algo a lo que aferrarse para no dejarse llevar por la pena, y que la alegría de todos los buenos momentos compartidos permanezca con el mismo espíritu y la belleza de siempre. Valorar cada momento, intentar hacer honor a  la bondad y a todas las enseñanzas positivas que siempre formarán parte de nuestra vida, hace que todos los que fueron un gran ejemplo sigan presentes en el día a día. 

Siempre que llega el Día del Libro empiezo a pensar en cuál puede ser el motivo que sirva de eje a mi felicitación por tu cumpleaños. Me lo tomo con tiempo. Este año tenía la particularidad de que la felicitación tenía que salir de este lado del Atlántico, un entorno en el que hacía mucho mucho tiempo que no me encontraba y al que me había traído como guía un librito de Steinbeck que han reeditado recientemente. Había retomado con esta adquisición una de las costumbres que más satisfacciones me han dado y nos han dado en nuestros viajes a tu padre, la tita Chani, el tito Anto y a mí. Los cuatro hemos compartido ratos estupendos por las distintas partes del mundo y en la mayor parte de las ocasiones había un libro en el trasfondo que nos hacía disfrutar de una forma mucho más intensa del sitio escogido.  Me viene a la memoria el día que pasamos en Bomarzo, recorriendo el indescriptible mundo producido por la imaginación del noble Orsini, con aquella naturaleza extraordinaria y aquellas formas oníricas, tan alejado de la serenidad de los distintos paisajes artísticos italianos. Era un mundo prodigioso que nos impresionó tanto como la novela que todos admirábamos. Otras veces no teníamos que irnos tan lejos, sino que el libro que el tito Anto llevaba sobre la Historia de los Papas nos iluminaba Roma de un modo especial y nos ponía rápidamente en la situación histórica precisa con detalles a los que las guías turísticas no suelen nunca llegar. Además esos detalles muchas veces se adobaban con un poco de chiste y picardía y era fácil imaginar, entre comentarios de cierta comicidad, al papa corriendo por el passeto, a los soldados de Carlos V en pleno saco y otras situaciones más o menos reales que caricaturizábamos en nuestras charlas. 

La pandemia cortó en seco esa actividad tan placentera de nuestros viajes. La reanudación -que por desgracia ya nunca podrá ser como antes- ha estado asociada a motivos de otra índole, aunque aporte también su buena parte de disfrute. 

La suerte de que para este nuevo desplazamiento haya encontrado la obrita de Steinbeck me ha dado pie a retomar aquel hábito de la lectura relacionada con el sitio que se va visitar y  el punto de vista de este autor, por el que siento una gran admiración, pensaba que podía darme una visión más detallada y rica de los Estados Unidos. Lo que yo hasta ahora conocía de Steinbeck estaba asociado a la parte oeste, al mundo rural o costero de California donde él vivió por mucho tiempo. Sin embargo, en el libro que había adquirido, el autor inicia en el estado de Nueva York, a principios del otoño, un recorrido hacia la parte norte, camino de Canadá y luego las cataratas de Niágara; después seguirá más al oeste y al sur en su afán de conocer mejor un país como el suyo, tan sumamente grande. No se trata de contar el itinerario del premio Nobel (se lo concedieron un año o dos después de realizar su viaje), sino  de expresar mi gozo por encontrarme por escrito una experiencia que al leerla he sentido compartida en muchos de sus términos. Cuando estando en Canadá tu padre, tú y yo hicimos nuestro viaje hacia Massachusetts fue también a principios de otoño -solo que era de norte a sur- y la lectura del viaje de Steinbekc me trajo a la memoria detalles casi perdidos después de tantos años. Uno de ellos, muy curioso por su entronque con la actualidad, está relacionado con la imagen de Florida. Cuando estábamos en Montreal al llegar el mes de octubre comenzaba hacia Florida el éxodo de los pudientes que con capacidad económica suficiente podían invernar en alguna de sus costas y volver para mayo; pero como esto estaba al alcance de muy pocos, había gente que en febrero necesitaba perder de vista el invierno y se venía como fuera y el  poco tiempo que pudiera a Florida. Recuerdo que una profesora francesa, que trabajaba con tu padre, se hizo con su marido y dos niños tres días conduciendo para la ida, otros tres de vuelta  y estuvieron otros tres en alguna parte de este estado. (Disney en Orlando no existía entonces y he leído que ahora esa población "invernadora" se ha desplazado hacia Alabama porque Florida es muy caro). Ahora en Miami  creo que las cosas son muy distintas por la carestía de la vida, pero no deja de ser interesante pensar en el mundo idílico que esto fue no hace tanto tiempo.

Podría añadir muchos más ejemplos de este tipo aportaciones propiciadas por los libros, pero creo que esta entrada se quedaría algo coja si no pasara a otras más imaginativas y constantes: me refiero a los múltiples viajes  que desde sus páginas los libros nos proponen siempre. Tú los descubriste muy pronto y desde muy pequeña has viajado por ellos. Afortunadamente ahora he podido constatar que los dos pequeños ya también viajan a gusto y solos. Hasta ahora siempre que había venido, el ritual de irse a la cama los infantes iba acompañado de un ratito de lectura por parte de los mayores, sin embargo esta vez, cada uno con una obra acorde a su edad dedican con gusto un rato a su libro de lectura, del que incluso a veces te comentan y relacionan. Creo que te gustará conocer esta actitud de los niños y creo también que contribuirá a que disfrutes un poco más de tu cumpleaños. 

Para Sol. Muchas muchas felicidades.

domingo, 27 de noviembre de 2022

Oh Brave New World

Este año ha sido duro, la rabia ante esa horrible sensación de injusticia e impotencia asociada a la pérdida, al dolor propio y, peor aún, de otros, todavía pasa factura. Recuperar la felicidad, como dice hermanita en esta entrada-aniversario, supone rehacerse y enfrentarse a los cambios, coger fuerzas para forjar nuevas expectativas. No se olvida, pero sí se aprende a no bloquear el futuro por aferrarse al pasado. Esta es la entrada de recuerdos y esperanza de Elvis.

De nuevo llega esa fecha en el calendario que nos hace a todos retroceder en el tiempo y la pena reconquista terrenos que parecían dominados. Resulta increíble cómo pasan los años y llegan esos días y todo se remueve. La rutina, las actividades, el día a día que nos mantiene a todos en este mundo se camufla bajo la niebla del recuerdo de un momento, un segundo, en el que cambió la vida, mi vida.  

Cuando llega ese momento me gusta reflexionar, unir las ideas y entender mejor cómo me adapto en esta nueva vida que me voy construyendo poco a poco. Sin embargo, este año me ha costado mucho trabajo hacerlo. Han sido muchos cambios, algunos muy buenos, pero también ha venido la muerte de nuevo a romper a mi familia y la rabia, esa que tanto trabajo me costó sacar en la terapia, aparecía descontrolada tratando de rebelarse contra lo inevitable y mis reflexiones, lejos de lo que había sido este año para mí, estaban llenas de rencor.  

Y pensando en esas pérdidas recordé lo que me dijo mi querida tía Chani en mi cumpleaños, justo antes de cruzar el charco. “Esta distancia que pones ahora en tu vida no va a hacer que olvides, pero si te va a ayudar a rehacerte y a reconstruirte”, y, como era muy sabia, estaba en lo cierto. A pesar de las dificultades del cambio, los meses sin muebles, el nuevo colegio, la distancia con los amigos y familia, he podido recuperar muchos momentos de felicidad, una felicidad que ya no está basada solo en los recuerdos de lo que he vivido sino que, por primera vez, también en la expectativa de lo que puedo vivir.  

Este año me ha servido para darme cuenta de que mi pasado, que ha sido maravilloso, no es el final de mi vida, y no solo porque los niños hayan tirado de mi hacia delante (por suerte), sino porque he vuelto a vivir y disfrutar de momentos míos. A veces me parece increíble cómo mis emociones se pueden dividir completamente y sentir pena y vacío a la vez que ilusión. La mirada hacia atrás y la mirada hacia adelante se juntan en un precipicio, antes estaba en un lado, ahora estoy en el otro, no sé cómo ni cuándo lo he cruzado, y a veces tampoco sé crear los puentes para unirlos. Parecen dos vidas distintas, pero son dos partes de una misma que, poco a poco, espero se vayan integrando. 

Pienso en las palabras de Miranda en La Tempestad tras el naufragio “Oh brave new world that has such people in’t”, y me siento, como ella, descubriendo un nuevo mundo en el que me enfrento, desde cero, a cosas nuevas que no me había imaginado y lo hago, sorprendentemente, con su misma ingenuidad inexperta, a pesar de mi pasado. El mar, como a Miranda, me ha despertado de nuevo la curiosidad por seguir descubriendo lo que la vida ofrece, aunque a veces me frene el miedo al dolor, que ya sé que puede ser infinito.  

Y sigo escuchando a Jorge muchas veces en mi cabeza, que ha pasado de decirme enana, vamos a decirme enanavive. Y sé que eso es lo que querría para todos, no solo para mí y los niños, que sigamos viviendo y llenando nuestras vidas, creando nuevos recuerdos y disfrutando del presente cómo él siempre lo hizo.  

sábado, 14 de mayo de 2022

La belleza permanece

 La belleza, la alegría, el brillo de la mirada, los gestos compartidos con el tito, siempre llenos de amor, con esa complicidad y esa ternura; y su sonrisa, espontánea e inolvidable. 



«Oda a la inmortalidad»

Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
Que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la yerba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo…

En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la
muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.

1807

William Wordsworth

martes, 10 de mayo de 2022

Difícil tarea

Siempre me ha encantado el que mi cumpleaños casi coincidiese con el del tito Anto y la tita Chani, me hacía sentirme más cercana a ellos y por eso algo especial, como ellos. Este año el tito y yo nos hemos quedado sin nuestro tercero, el torbellino de alegría familiar y sus tartas especiales, las preferidas de cada uno, que preparaba por complacer al homenajeado, y a todos los demás. Con la tita, con sus ojos brillantes y su sonrisa, el ambiente se cargaba de entusiasmo, de planes y de actividad. Disfrutaba cada momento. Todos los recuerdos están impregnados de su energía inagotable, siempre tan positiva, sin perder el ánimo, pendiente cada momento de hacer feliz a todo el mundo. Ser feliz para hacer felices a los demás, dice el tito, y esa ha sido su vida y su mejor lección, como bien refleja la Señora en su felicitación de este año.

Cuando volví de Linares  a primeros de mayo es cuando me di cuenta de que estábamos a pocos días de tu cumpleaños  y que como suelo hacer todos los años cuando llegan estas fechas, tenía que ponerme a pensar en qué motivo podría ser apropiado  para  escribir y felicitarte, El problema era que estaba totalmente bloqueada y sin ánimo para escribir nada amable desde la pérdida de la tita Chani.  Pensaba y buscaba ideas, pero lo único que  encajaba en mi panorama interno eran unos versos extraídos  de  Cuadernos de Patología humana, un libro de poesía escrito por un médico mexicano, que resumían el día a día de vuestra profesión y de lo vivido por nuestra familia en Córdoba: 
                         (....) Diagnóstico.                                                                 Pronóstico.
                                 Tratamiento.
                                 En otros términos:
                                                      Destino.
 
Pensé entonces que como no encontraba la forma era el momento de dejarlo, que ya te felicitaría por teléfono y tú lo comprenderías, pero la imagen de la tita se me venía a la cabeza y me decía que de ninguna manera, que ella no puede ser la causa de esa decisión, que eso de que no sé qué decir lo puedo ir olvidando, que me ponga y ya veré como algo sale; por lo menos que te diga que todos te agradecemos lo que haces por la familia cada año para que nos sintamos mejor  y que si ella no ha salido del ictus no ha sido porque tus colegas de la UCI de Córdoba no se lo hayan tomado con todo el interés del mundo para sacarla adelante. Que recuerde  la advertencia de tu profesor, en la ceremonia final de carrera, de que  la Medicina no era una ciencia exacta y que esa inexactitud los buenos profesionales la suplís con esfuerzo, entrega, cariño, atención, cuidado, preparación, trabajo, pero que por desgracia en su caso no ha sido suficiente, mientras que tus enfermos de Rendu sí que se benefician de esos extras que le pones a tu profesión. Que después de una experiencia como la de los últimos meses tengo que insistir en ese agradecimiento por todo lo que te preocupas por nosotros.  
  .  
Sé que tiene toda la razón. Solo he tenido que retroceder un poco en el tiempo y la he sentido tan animosa como siempre, diciéndome en situaciones complicadas y como si fuera lo más normal del mundo, que hay que sobreponerse, - sí, sobreponerse-,  una palabra que ella practicaba y aconsejaba practicar cada vez que las cosas se torcían. (La pena es que en este caso se han torcido tanto que no se ha podido evitar lo inevitable).  Y en esta difícil tarea de sobreponernos estamos, ayudados de la memoria para mantener siempre su presencia y su carisma entre nosotros. 

Sintiendo su abrazo y su cariño te envío puntualmente estas líneas, como hubiera sido su deseo. A él nos unimos todos los que te queremos.para que tengas un muy feliz cumpleaños. 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Uniendo Pedazos

La entrada de hoy es de hermanita en un triste aniversario. 

Llevaba tiempo queriendo sentarme y obligarme a hacer ese paréntesis de reflexión que te impone la escritura. En los últimos meses he tenido que pisar de nuevo el acelerador de mi vida y los momentos de pausa son casi paradas en boxes para coger energía y seguir corriendo. Sin embargo, llega este día y viene la muerte a recordarme que ella es invencible. Que las heridas que ella hace no tienen cura y se abren cuando menos te lo esperas. 


La vida, la muerte o el destino se unieron un día para romper y acabar con la vida que tenía y dejarme solo pedazos que reconstruir. Algunos son pilares en mi vida, tan grandes e importantes que me han sujetado en momentos terribles. Otros son recuerdos que creía insignificantes y que ahora custodio como tesoros irremplazables, piezas de un pasado irrepetible que se convierte en eterno. Y pones los vídeos, revives las fotos o escuchas los mensajes tratando de recrear esos momentos en los que no sabías que eras tan feliz y dabas por hecho que sería para siempre, sin saber que siempre es un concepto relativo cuando toca con la vida.


Y van pasando los días, los meses y ahora incluso los años. Y echas la vista atrás y piensas que no has avanzado nada, que lo echas de menos tanto como ayer y que has vivido un mal sueño que te ha llevado hasta ahí, te parece mentira que haya podido pasarte y que hayas podido seguir adelante. 


Mi psicóloga decía que el duelo es un tablero lleno de cartas y que de vez en cuando se levanta una, otra…a veces la misma… que no hay fases ni reglas, es lo que cada uno viva. Yo he aprendido que no es algo lineal, que no hay una meta al final ni me espera nadie para decirme que lo he superado, he aprendido que eso no pasa, y que no quiero que pase porque el dolor y la soledad son parte de la pérdida de lo que he sido y de lo que soy.  


Decía Serrat que “son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón en un papel, en un cajón.”  


Eso es lo que me ha dejado la muerte invencible, los pedazos de mi pasado en los que me apoyo para seguir adelante, aunque me “hagan llorar cuando nadie me ve”. Y tengo que aprender a encajar las piezas que llegan nuevas con las que tenía, y muchas veces me dan rabia o me hacen darme cuenta de que no las he elegido yo, pero ahí están buscando su sitio, y a veces hasta consiguen hacerme reír y se acoplan, sin darme cuenta, en mi vida.


lunes, 10 de mayo de 2021

Un recorrido complicado

Aquí está la clásica felicitación de la Señora por mi cumple:

Entre la felicitación del año pasado en plena pandemia y la felicitación de este año en plena vacunación han pasado doce meses que se podrían calificar por lo menos de difíciles, sobre todo para los que desempeñáis algún tipo de trabajo y en menor medida para los que estamos jubilados; pues todos hemos tenido que habituarnos a vivir de otra manera, no siempre fácil, por el peligro de contagio. 

Restricciones de movilidad, cierre perimetral o aforo restringido son algunos conceptos que reflejan el recorte que desde la administración se impuso a la actividad diaria y que obligaba a un aislamiento necesario de los demás. Esta lejanía obligada te protegía del Covid pero provocaba un fuerte desgaste anímico. En mi caso supuso no salir en un tiempo y luego poder dar algunos paseítos por el entorno, poca cosa esto último, pero mucho mejor que lo anterior. Para sobrellevar esas restricciones, Elvira y los niños en cuanto pudieron se vinieron a vivir a la urbanización, de modo que todo les resultara más llevadero y los pequeños tuvieran la posibilidad de salir y jugar al aire libre. Claro que no todo el mundo estaba en condiciones de hacer algo parecido, pero como  la capacidad de adaptación de los seres humanos es mayor de lo que uno pueda pensar, de forma más o menos consciente, buscamos otros modos de estar en contacto y de no sentirnos lejos.  Así los aperitivos del domingo en Tres Cantos se vieron sustituidos por visitas mañaneras, por encuentros en algún parque (en los momentos de confinamiento extremo, como el día de tu cumpleaños el año pasado) o por los pollos asados del tito Pacuelo, que o bien él nos traía a las distintas casas o bien en los momentos de cierta apertura nos los tomábamos en  su terraza. Durante meses para ver a Carmen me tuve que conectar a los videos de sus clases (y así de paso aprendía inglés), pues no estaban permitidos los desplazamientos; desde entonces ha quedado como costumbre su llamada telefónica todas las mañanas camino del colegio, en la que me pone al día de las distintas peripecias de sus alumnos, algunas para enmarcar.

Pero esto ha sido muy largo, mucho más de lo que se nos decía en un principio y la sensación de desgaste se fue acrecentando sobre todo en las fases más agudas de la pandemia. Se notaba mucho ese desgaste en los últimos meses del año, aunque como la Navidad siempre ayuda, en este caso trajo más que nunca un rayo de esperanza. Afortunadamente, a las reuniones familiares, con aforo limitado pero siempre proclives al optimismo, se les añadía la llegada casi inminente de la vacuna, el único remedio posible contra el virus.

Sin embargo,  como en el circo,  esto ha sido el más difícil todavía: a principios de año la nevada de Filomena nos recluyó sin paliativos en la casa durante dos semanas, pues además de contraer el virus te podías romper cualquier hueso según estaba la calle de escurridiza y de ese modo la implantación de la vacuna se retrasaba otro tiempo más. Menos mal que la presencia cercana de los pequeños me permitía incrementar mi actividad  y pasar las tardes abajo con ellos mientras jugaban; otras veces compartía tiempo con Elvira y  aprovechábamos  para pasear y charlar por la explanada. Pero quizá lo más variado y divertido  solía llegar los viernes, cuando los chiquillos se venían a dormir y cenar con el tito Pacuelo: hacían peleíllas y jugaban a todo lo que se les ocurría hasta que se ponían como motos y había que parar porque luego no había quien los acostara. Para mí ese rato era más reconfortante que una película de los hermanos Marx.

Fue en febrero cuando por fin el panorama empezó a clarear. Entonces la vacuna se convirtió en un hecho real (con buen criterio y para tranquilidad de muchos las primeras que llegaron fueron para el personal sanitario) por lo que podría decirse que hubo casi un paralelismo entre la extensión de la vacuna y los primeros brotes de la primavera. Parecía una señal inmejorable. Y fue por esos días, en una de esas tardes de viernes, cuando Raquel, boca arriba sobre la cama del cuarto del pasillo, con la cabeza cerca de la ventana, me llama y me dice: -Abuela, mira qué cielo tan bonito. No estaba la tarde con uno de esos atardeceres deslumbrantes y luminosos tan frecuentes en Madrid allá por Gredos, sino que las nubes tapaban la línea del horizonte y el gris se imponía a la luminosidad  propia del momento. Me acerco adonde ella estaba y sobre nuestras cabezas descubro lo que ella veía:  un enorme  piélago de nubes cuyas blandas siluetas quedaban recortadas por la luz naranja del atardecer oculta en el fondo, y que en otro plano se proyectaba hacia nosotras. Producía un contraste  gris y rosáceo de una belleza espectacular   

Me quedé tan sorprendida......

¿Quizá era una metáfora? Era todo tan hermoso.....  Ojalá, pensé.

Termino este recorrido con la gente en la calle celebrando a todo trapo el final del estado de alarma.

En el recuerdo de tus atardeceres veraniegos y con el deseo de un cumpleaños muy muy feliz

viernes, 19 de marzo de 2021

Potingues

Hermanísima no necesita comprarse cremas, le paso todas las que no tolera mi piel sensible, a ella nunca le dan problemas. En mi adolescencia, con mi acné de paella, la piel sensible era una tortura, los tratamientos de acné me irritaban y me salían aún más granos, en un círculo vicioso y doloroso. Probé de todo, y aunque los dermatólogos no lo recomiendan, una de las cosas que mejor me ha ido siempre para bajar la inflamación de los comedones es la pasta de aspirina: nada más simple que humedecer una aspirina hasta convertirla en una pasta, ponerla encima del grano inflamado y dejar que seque el mejunje antes de retirarlo (ya sea sacudiendo el polvillo o con agua). 

Supongo que el acné y la piel sensible despertaron mi interés por la dermatología, un interés más personal que profesional. Dado mi trabajo, no está de más tener nociones de otras especialidades, en medicina todo tiene relación y la piel está en casi todas partes. No sé si por esas nociones, y por toda la información de internet, asumo que todo el mundo tiene un conocimiento básico sobre el cuidado de la piel, pero solo tengo que echar la vista atrás y recordar lo qué sabía en mi adolescencia para darme cuenta de mi error. Hermanísima me ha hecho ser consciente:

- Esto se pone por la mañana y esto otro por la noche- le explico tras contarme que lo hacía al revés.- Hay productos que se degradan por la luz. 

- El protector solar va encima del hidratante, es el último paso antes del maquillaje, se supone que crea una película para proteger la piel del sol y el resto va debajo.

-¿Y esto otro? ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Y esto?...- me pregunta hermanísima, perdida en un sinfín de muestras (mea culpa).

En fin, mejor escribo un post

El primer paso del cuidado básico de la piel es la limpieza. El limpiador no va a estar mucho tiempo en contacto con nuestra piel, por lo que no se necesita un producto caro que luego se van a llevar las tuberías. Si se tiene acné va bien uno con ácido salicílico, en el resto algo suave que no deje la piel como un pergamino, NADA DE JABÓN, el pH es muy agresivo. Si se usa agua micelar, hay que aclararla. Los dermatólogos recomiendan mucho el limpiador de CeraVe, personalmente me gusta el paño de microfibra que solo necesita agua templada y se lleva todo con apoyarla en la piel. 

Tras la limpieza y con la piel ligeramente húmeda, se usan los activos, habitualmente el serum , aunque también se incluyen productos antiacné (sin retinoides por la mañana y con por la noche), antioxidantes y tratamiento de la pigmentación (aquí irían la vitamina C, que tiene ambas funciones, por la mañana, y los derivados de la vitamina A, o sea retinoides, por la noche). 

Después de los activos, se puede aplicar una capa de ácido hialurónico que sella esos activos y los vuelve más potentes. Hay que tener cuidado cuando lo que hay debajo pueda ser irritante, como los retinoles, en ese caso es mejor dejar el hialurónico de lado. 

Sobre el hialurónico se pone una crema hidratante, más o menos ligera según el tipo de piel. Sin la hidratante encima, el hialurónico puede extraer agua de la piel y resecarla, así que no hay que olvidarse de la hidratante. Las hidratantes suelen contener ceramidas, que restauran la función barrera de la piel, ácidos grasos y otros emolientes como urea (en porcentaje menor al 10%, si no es exfoliante e irrita), alantoína...

Durante el día, no hay que olvidar el protector solar, FUNDAMENTAL, los que tienen pigmento también protegen de la luz visible y la luz azul de los ordenadores (aunque es mínima comparada con la solar). Esta luz visible también se ha visto que daña la piel. La cantidad es importante, más o menos el tamaño de una moneda, hay que cubrir bien la piel, no se trata de maquillarla sino de protegerla, si se pone menos, el índice de protección se reduce (también se reduce por el uso de aceites).

Esta sería la rutina básica, a veces la crema hidratante ya viene con activos y se pueden unir esos pasos en uno, o el protector solar es hidratante y también funciona como paso conjunto. 

Ahora, la pregunta sería cuales son los principios activos y como combinarlos. El tema tiene su ciencia, cuando vienen mezclados en un producto, el laboratorio se ha encargado de estabilizarlos en la fórmula, cuando se juega a los boticarios en el baño, hay que tener en cuenta varios factores. 

La vitamina C, cuando viene como ácido ascórbico (y también el etil-ascórbico, más estable, menos irritante y con mejor absorción), es un ácido, y se inestabiliza a pH más altos y con la luz. Es antioxidante, antimanchas y estimula la síntesis de colágeno, pero puede ser irritante y es difícil de combinar porque se neutraliza y neutraliza activos con pH más neutro o básico, como retinoides y niacinamida, con el uso combinado con otros ácidos los vuelve más irritantes, como los exfoliantes químicos o el azelaico. Una vez abierto, se recomienda usar en 3 meses, si se oxida y se vuelve marrón, deja de ser eficaz. Hay derivados más estables a pH más combinables, aunque no está claro si son igual de potentes. Combina bien con otros antioxidantes. Skynceuticals tiene una fórmula con ferúlico más estable y combinable, aunque también carísima. Un truco es poner la vitamina C al levantarse, a los 15 minutos ya se ha absorbido y se puede limpiar la cara con una toalla húmeda y poner otros activos (por ej. niacinamida en caso de acné). The Ordinary tiene el Etyl-ascorbic acid a un precio más que razonable.

La niacinamida es calmante y ayuda al acné y al tratamiento de las manchas. En este caso más no es mejor, se recomienda al 5% porque si no es irritante. Se puede usar antes o después que otros activos, es indiferente. Salvo con ácido ascórbico o etil-ascórbico, se puede combinar con casi todo. Está presente en muchas cremas hidratantes. 

El retinol, ADEMÁS DEL PROTECTOR SOLAR, es la molécula antiedad por excelencia, y es el tratamiento de elección en el acné. Se presenta con distintas moléculas desde el retinil que se transforma en retinol y de ahí en retinaldehido y luego en retinoico que es la molécula activa. Para el acné, el adapaleno, un derivado del retinoico, se tolera mucho mejor. El retinoico es de prescripción médica en muchos países pero en España es barato y se compra en farmacia con el nombre de Retirides, por supuesto hay que empezar con dosis de 0.025 y a días alternos o cada 3 días, se puede tardar meses en poder aumentar a 0.05 y años en llegar a 0.1% (o nunca). El efecto antiedad depende de la constancia, no de la concentración que se use, así que lo importante es usarlo e insistir durante años. Se inactiva con la luz solar por lo que debe ponerse solo de noche. El Retinaldehido de Avene es excelente y se tolera mejor que el retinoico. Hay una versión para el contorno de ojos, más suave. Todos los retinoles están CONTRAINDICADOS en el embarazo.

Las noches que no se use retinol, se puede usar un exfoliante químico (no uno de partículas que además de arañar la piel, dañan el medio ambiente). En este grupo están el ácido glicólico, el láctico (más suave), el mandélico (todos estos hidrosolubles por lo que no se recomienda su uso con aceites), el salicílico (que al ser liposoluble penetra más en profundidad en el poro y se recomienda en acné). Si la piel es sensible, dejarlos actuar un rato y luego retirar e hidratar. Cantabria labs tiene un producto combinado de Retinol y Glicólico, excelente antiedad para el que lo tolere (no es mi caso), con el nombre de Retincare. 

Los péptidos son moléculas hidratantes que se supone contribuyen a la síntesis de colágeno y algunos tienen efecto botox (como la argirelina). Salvo con ácidos (exfoliantes y ascórbico) se pueden usar con cualquier otro activo. 

El ácido azelaico (Finacea en farmacias, además de estar en muchas cremas despigmentantes o acné) se puede combinar con casi todo salvo otros ácidos, como exfoliantes y vitamina C. 

La alfa-arbutina es una molécula despigmentante derivada de la hidroquinona pero más suave y sin los problemas de esta última (cuyo uso debe ser controlado por un dermatólogo). Además tiene la ventaja de que se puede combinar con todo. Los aceites, de los que hable hace tiempo, también combinan con todo, excepto protectores solares, y van especialmente bien con los retinoides. En caso de pigmentación, se deben evitar los que contengan ácidos grasos saturados. Se pondrían como último paso, su efecto es emoliente-hidratante. Cuando se necesite un oclusivo para proteger una zona, antes de poner un activo, o cuando se quiera potenciar, habría que recurrir a la vaselina. 

En resumen:

Acné: ácido salicílico/glicólico, azelaico, niacinamida y retinoides. También peroxido de benzoilo (no más del 5% por la irritación), antibióticos (tópicos y sistémicos) y por supuesto isotretinoina y espironolactona (un mineralocorticoide) sistémico. E

Antiedad: protector solar, retinoides, vitamina C, péptidos, exfoliantes.

Antimanchas: vitamina C, azelaico, niacinamida, exfoliantes, alfa-arbutina (además de ácido kojico, raíz de regaliz, hidroquinona...)

SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE: PROTECTOR SOLAR, en todos los casos. 


sábado, 21 de noviembre de 2020

Grumpy, la ladrona?


Salgo de la Vaguada y alguien dice: "¡Oiga, oiga!" con cierta insistencia. Me doy la vuelta y veo dos guardias de seguridad que se acercan a mí. 

-¿Ha estado en Nyx?- me preguntan.

-Sí, digo. 

-Pues han robado algunas cosas y la dependienta dice que ha sido Ud. 

No doy crédito. He entrado, he mirado y me he ido, un par de minutos como mucho. La dependienta estaba en la caja con otros clientes en el otro extremo de la tienda y si me ha visto ha sido porque me he despedido al salir (cuestión de educación). 

-Acompáñenos- me mandan. 

Pretenden que bajemos por unas escalerillas que dan a tierra de nadie, una rampa de la entrada al parking. Está oscuro. Me niego a ir por allí. El que lleven uniforme no significa que sean lo que parecen.

-Lo siento, prefiero ir por donde hay gente. 

Entramos. Cruzo el Corte Inglés flanqueada por los dos guardias. Es tal el bochorno que no veo, aunque procuro llevar la cabeza alta como si no fuese conmigo. Salimos al vestíbulo y me conducen a una puerta que ni sabía que existía. Bajamos unas escaleras. Me explican que otra compañera, una mujer, revisará mis cosas.

Me meten en un cuartucho y la mujer comprueba mi bolso y mi ropa. Lógicamente no hay nada. No sirvo para ladrona, ni por mi carácter ni por mi físico. El que piense que puedo robar algo y pasar desapercibida tiene muy poco pesquis, con el pelo rojo llamo mucho la atención, en casi todas las tiendas me recuerdan. Quizá ese haya sido el problema, que solo se acordaron de mí, aunque sea incapaz de robar un chupachups.


- ¿Y ahora?- pregunto.

- Tiene que esperar- me contestan- la dependienta estaba segura y viene la policía. 

Es surrealista. Me veo en el calabozo por culpa de la estupidez de la gente. No están haciendo su trabajo, no han mirado las cámaras ni nada. Simplemente se les ha cruzado el cable y yo pago el pato. Se me ocurre llamar a una de mis pacientes, su marido es policía y tengo mucha confianza con ellos. Le cuento lo que sucede. 

-No te preocupes. Te tomaran los datos y comprobaran los antecedentes y listo. No tienen donde agarrarse y no pueden retenerte por un hurto, tiene que ser por algo de más de 400 euros (siempre se aprende algo, aunque no vaya a aplicarlo).

Llega la policía. Otra vez me revisan, también una mujer. Esta vez me miran las botas, el sujetador incluso. En fin. No he cogido nada y no hay nada. Comprueban los datos, me piden el teléfono. Por fin soy libre. Estoy furiosa, pero también angustiada, no logro entenderlo. Decido ir a hablar con mi acusadora. 

En la tienda hay otro policía. Pido la hoja de reclamaciones y escribo lo sucedido. Cuando termino le pregunto a la dependienta por qué. Me explica que había repuesto unos lápices (hasta entonces no sabía qué era lo que supuestamente había robado) y que cuando había vuelto por allí, habían desaparecido. En ese momento había pasado el de seguridad que le había preguntado qué tal, y le había dicho "pues me acaban de robar". El de seguridad me había visto salir (sin fijarse en la pareja que salió también, no eran llamativos) y aunque la otra le dijo que no me había visto coger nada, el otro decidió apuntarse un tanto. Aprovecharía la oportunidad para quedar como un héroe. Montó la feria completa, sin cotejar nada. Al no confirmarse sus sospechas, y con la policía avisada, le echó la culpa de aquella certeza a la chica. El que la otra dijese que no había visto nada era un detalle sin importancia. ¿Mirar vídeos? ¿Para qué? El que yo siguiese tranquilamente mi paseo por el centro comercial también le debió parecer natural. Por supuesto, el toque de gracia de detenerme en plena calle iba a ser la puntilla para su estrella. 


La pobre dependienta se puso a llorar. Confieso que a mí me habría gustado poder hacerlo, liberar un poco de estrés. Sin embargo soy incapaz, las lágrimas me cuestan. De la indignación pasé a consolarla, a decirle que no se preocupara. Retiré la reclamación. Me dio pena, el liante había sido el otro, un estúpido con ínfulas que había abusado de su posición, y disfrutado con ello.

De vuelta a casa leo que mi amigo policía venía en mi ayuda, da gusto tener amigos-pacientes así. Le llamo para que se dé la vuelta, le explico que ya está todo arreglado. Llego a casa hecha un manojo de nervios. Me tomo un Lexatín, de entrada algo ayuda pero después del primer sueño me paso la noche dándole vueltas al tema. Tengo que exorcizar demonios. Pongo una queja en La Vaguada y en Securitas, la empresa que tienen contratada al interfecto en cuestión. Me fuerzo a recorrer el centro porque aún me siento avergonzada. De vuelta a casa, me siento con fuerzas de contarlo, aunque apriete los dientes. 


lunes, 28 de septiembre de 2020

La vida es bella por sobrinísima

La siguiente reflexión es una entrada-comentario de sobrinísima a la entrada del aniversario de hermanita. Las sobrinas eran unas niñas en la boda, sobrinísima estaba mala, con fiebre, pero llena de ilusión por su papel, y su hermana nos deleitó con todo tipo de acrobacias en el escenario durante la celebración.

La vida es bella es una de mis películas preferidas, es una película inspiradora y que invita a la reflexión. Recuerdo que la primera vez que la vi fue en el instituto, en la asignatura de Religión, y en aquel momento la recibí de forma muy diferente a las veces posteriores. En un primer momento, a lo mejor debido a mi inocencia y desconcierto (no aceptaba el final de la película) me hacía pensar que el mal lograba vencer al bien. Sin embargo, con el tiempo, comprendí que ese no era el mensaje con el que la película pretende que el espectador se quede, es uno mucho mayor. Así, la lección más importante que extraje de esta película fue la de buscar la luz incluso en los momentos más duros y más oscuros de nuestra vida, porque si estamos dispuestos, la hay y la encontraremos. No fue hasta hace dos años, que comprendí la importancia y la realidad de este mensaje. 

Recuerdo casi a diario a mi tío y creo que tanto a él como a mi tía les va como anillo al dedo esta película (que además eligieron como banda sonora para el día de su boda). Para mi, ellos han encarnado la misma lección que la que nos muestra “La vida es bella”: han disfrutando de los momentos más felices de su vida usándolos como combustible para seguir adelante en los más difíciles. 

El día de la boda de mis tíos fue de los momentos  más felices para mi hermana y para mi, primero porque estábamos deseando que por fin se dieran el sí quiero y segundo porque nos eligieron como damas de honor, lo que nos hacía una inmensa ilusión. Tan pletóricas estábamos que hasta queríamos sentarnos con ellos en el banco en frente de todos, lo cual no fue posible y a pesar de nuestra decepción y nuestra quejas, tuvimos que sentarnos en otra parte, aunque eso no nos importó en comparación con el hecho de que finalmente se casaran. De aquel día también recuerdo preguntarle a mis tíos por qué no entraban en la Iglesia uno detrás del otro, y ellos respondieron que lo harían juntos, y así, juntos y de la mano han caminado y hecho todo  siempre, como un equipo perfectamente compenetrado, y estoy convencida de que siguen estándolo. 

Igual que en “La vida es bella”, mis tíos han vivido momentos más felices y otros difíciles,  han aprovechado al cien por cien los primeros y han afrontado juntos los segundos, empleando  la fuerza que los primeros les había proporcionado para seguir adelante. Este mensaje es el que observo que mi tía les enseña a mis primos día tras día, ellos recuerdan a su padre pensando en los mejores momentos que han pasado con él y siempre con una sonrisa, a pesar de echarle de menos a diario y de estar tristes por su ausencia. Yo personalmente trato de recordar esto los días más duros, cuando el sentimiento de aquella primera vez que vi La vida es bella en un aula de instituto, de rabia y desconcierto, me asolan y no me dejan ver la luz al final de túnel ni recordar a mi tío como él se merece.  Me quedo con los momentos más dichosos y divertidos con él, además de con su gran vitalidad, y sobre todo con su herencia: Jaime y Raquel.

domingo, 27 de septiembre de 2020

La vida es bella, por hermanita

La vida es bella. Es bella y fácil o difícil y dura, tiene de todo pero el instinto de supervivencia nos hace agarrarnos a lo que merece la pena. La vida es un viaje en el tiempo con momentos eternos e instantes que nos gustaría que nunca acabaran. En cualquier caso, las cosas malas nos enseñan a valorar las buenas y descubrimos reacciones que nunca habríamos imaginado, aunque en ocasiones seguir en la ignorancia no parece tan malo. El caso es que para su aniversario en solitario, hermanita ha escrito la entrada de hoy. 

 

Me resulta muy complicado elegir una película o una canción favorita. Mi estado de ánimo, el tiempo que lleve sin verla o escucharla… todo ello puede influir en inclinar la balanza hacía una u otra opción. Sin embargo, si tuviera que quedarme con una, solo una, creo que sería la Vida es Bella. 

 

La primera vez que la vi en el cine salí completamente desconcertada, obsesionada por encontrar alguna fórmula que hubiera permitido a ese maravilloso personaje salvarse del soldado alemán y reencontrase con su familia. Las siguientes veces la vi en Italia. Contagiada por la fascinación compatriota que la imaginación y simpatía que aquel fantástico director inspiraba, me fui enamorando de cada detalle de la película, de su positividad y humanidad, hasta terminar aceptando el final como el mejor de todos los posibles. 

 

Recuerdo verla con Jorge muchísimas veces. A los dos nos encantaba la gracia y elocuencia del proceso de conquistay llorábamos juntos al final. Era para ambos tan inspiradora que fue la única pieza musical que elegimos conscientemente como melodía de entrada en la ceremonia de nuestra boda. Era tan importante que pedimos a las dos intérpretes que tocaron ese día que la prepararan, porque no la tenían en su repertorio.  

 

Las últimas veces que la vimos juntos, sin embargo, yo no la vi entera. Ese momento de ruptura en el que la película pasa de comedia a drama se convirtió en un punto de inflexión para mí y generalmente me dormía o, si estaba sola, la apagaba. Para Jorge era algo desconcertante, puesto que realmente la segunda parte de la película, a pesar de la tristeza, heredaba el poso de amor y positividad sembrado en la primera mitad, manteniendo la atmósfera casi mágica. 

 

En muchos momentos de estos últimos meses he pensado en la película y en mi vida, en ese corte penetrante y en esa segunda mitad contra el que ingenuamente me rebelaba y que ahora me toca protagonizar. Este segundo aniversario que no puedo compartir con Jorge recuerdo esa melodía al entrar en el salón de Cádiz, la felicidad con la que vivimos ese día pienso en la estela de amor,viendo cómo continúa, sobre todo, a través de mis pequeños.