"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que cada uno pueda encontrar la suya." El Principito.
sábado, 11 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
Gracias
Lo ideal es celebrar cada día, sin embargo, metidos en rutina, eso es algo que se olvida y el calendario avanza sin que nos demos cuenta y sin recordar ningún momento especial. Afortunadamente hay días en que esto no es así, sino que se esperan con toda la ilusión y la impaciencia de la anticipación. Los cumpleaños, al igual que las Navidades y las vacaciones, entran en esa categoría de festividades señaladas. Son días diferentes, que se alargan en ambos sentidos del tiempo y contagian el antes y el después que los rodea. Se convierten en toda una época que no se desea que acabe, que se estira todo lo que da de sí, hasta que se agota por si sola.
Los preliminares comenzaron el lunes, justo después del día de la madre, empezaba la semana del cumpleaños y había que hacer algo, aunque fuese un detalle, para marcarlo. Al lunes le siguió un martes tranquilo, para preparar el miércoles que se prolongó hasta el jueves.Ese día, al salir de trabajar todos me felicitaron por adelantado, porque no me iban a ver por el hospital en el cumpleaños, debería ser festivo sin necesidad de solicitarlo. Una vez en casa me encontré con un mensaje de mi madre con una entrada entrañable para colgar en el blog. House me felicitó pasada la medianoche. Esta mañana me desvelé temprano y a primera hora ya tenía correo y enseguida aparecieron las primeras felicitaciones en los comentarios del blog. Me había pedido el día libre y House me sorprendió al levantarse y confesarme que había hecho lo mismo para pasarlo conmigo. Hemos paseado, visitado exposiciones, comprado la tarta, comido marisco, soplado las velas y brindado con el champán de los zares. Ha seguido un poco de descanso, con un rato de siesta, que luego esta noche tenemos cena. Seguiremos con festejos durante el fin de semana, pero ahí no se termina, que aún me quedan unas cuantas reuniones con mis amigas.
¡Soy feliz, es una sensación estupenda que desearía que todo el mundo tuviera! Gracias a todos por vuestras cariñosas felicitaciones. Ánimo, muchos besos y un gran abrazo.
Los preliminares comenzaron el lunes, justo después del día de la madre, empezaba la semana del cumpleaños y había que hacer algo, aunque fuese un detalle, para marcarlo. Al lunes le siguió un martes tranquilo, para preparar el miércoles que se prolongó hasta el jueves.Ese día, al salir de trabajar todos me felicitaron por adelantado, porque no me iban a ver por el hospital en el cumpleaños, debería ser festivo sin necesidad de solicitarlo. Una vez en casa me encontré con un mensaje de mi madre con una entrada entrañable para colgar en el blog. House me felicitó pasada la medianoche. Esta mañana me desvelé temprano y a primera hora ya tenía correo y enseguida aparecieron las primeras felicitaciones en los comentarios del blog. Me había pedido el día libre y House me sorprendió al levantarse y confesarme que había hecho lo mismo para pasarlo conmigo. Hemos paseado, visitado exposiciones, comprado la tarta, comido marisco, soplado las velas y brindado con el champán de los zares. Ha seguido un poco de descanso, con un rato de siesta, que luego esta noche tenemos cena. Seguiremos con festejos durante el fin de semana, pero ahí no se termina, que aún me quedan unas cuantas reuniones con mis amigas.
¡Soy feliz, es una sensación estupenda que desearía que todo el mundo tuviera! Gracias a todos por vuestras cariñosas felicitaciones. Ánimo, muchos besos y un gran abrazo.
Primera primavera (por la Señora)
Esta entrada me la ha dedicado la Señora por mi cumpleaños. ¿Verdad que es una manera genial de empezar el día? ¡Gracias mamá!
PRIMERA PRIMAVERA (por la Señora)
PRIMERA PRIMAVERA (por la Señora)
A lo largo de la vida hay acontecimientos que se quedan grabados en la memoria y que con frecuencia periódica vuelven a ella de modo nítido e imborrable: es lo que les suele ocurrir a muchas madres con los detalles que rodearon el nacimiento de un hijo. Aunque todo discurriera con normalidad o por el contrario presentara alguna peculiaridad especial, el carácter tan propio de la situación hace que una evoque, especialmente en los cumpleaños, aquellas pequeñas cosas que acompañaron la llegada al mundo de esa nueva vida.
Esta vez, en el aniversario de Grumpy, estas vivencias se han iniciado mucho antes que otras veces, posiblemente porque la tardanza de esta primavera, ahora tan agradable, ha coincidido con la tardanza (allí habitual) de nuestra primera primavera canadiense. Cuando abril ha estado remoloneando con vientos fríos y temperaturas bajas y no digamos con las nieves de los primeros días de mayo, la sensación de hartazgo que se percibía en el ambiente era muy notable.
Sin embargo, puedo decir que esta impaciencia no era comparable con la que vivimos en nuestra experiencia allende los mares. Después de un invierno tremendamente nevado, duro y frío cualquier incauto espera que esa enorme costra helada empiece a desaparecer con la llegada de la primavera. Pero llega marzo y la costra crece con más nieve.
Luego viene abril y la temperatura apenas sube (¡Dios santo, aquí qué pasa!) A mediados más o menos, el sol es cuando empieza a tomar fuerza y las zonas de los jardines que pegan a las casas muestran algún verde de los bulbos plantados en otoño. ¡Por fin! También nos enteramos de que los ríos y lagos se van deshelando y que es bonito ver el agua (que no se ha visto en varios meses) con esas planchas de hielo flotando, así que allá que nos vamos. El fin de semana siguiente viajamos hacia el sur del río San Lorenzo, donde ya la vegetación se va vistiendo de hojas. Poco a poco distintos amarillos y verdes, en su mayoría claros y tiernos, vuelven a nuestra retina, con el aliciente añadido de que se notaba una templanza más propia de esas fechas, muy cercanas a mayo. Nunca mejor dicho que aquello iba tomando color.
Luego viene abril y la temperatura apenas sube (¡Dios santo, aquí qué pasa!) A mediados más o menos, el sol es cuando empieza a tomar fuerza y las zonas de los jardines que pegan a las casas muestran algún verde de los bulbos plantados en otoño. ¡Por fin! También nos enteramos de que los ríos y lagos se van deshelando y que es bonito ver el agua (que no se ha visto en varios meses) con esas planchas de hielo flotando, así que allá que nos vamos. El fin de semana siguiente viajamos hacia el sur del río San Lorenzo, donde ya la vegetación se va vistiendo de hojas. Poco a poco distintos amarillos y verdes, en su mayoría claros y tiernos, vuelven a nuestra retina, con el aliciente añadido de que se notaba una templanza más propia de esas fechas, muy cercanas a mayo. Nunca mejor dicho que aquello iba tomando color.
La etapa siguiente que urdió nuestro afán primaveral nos tenía que llevar a Ottawa para asuntos académicos y para ver los tulipanes, que florecían antes que en Montreal, solo que una nevada tardía nos hizo retrasar el viaje, así que lo pospusimos al ocho de mayo. Una vez allí nos tuvimos que conformar con una inmensidad de plantas todavía en capullo que dejaban entrever su variedad de colores por algunas grietecillas. Todavía era pronto. Pensamos que habría que volver a la semana siguiente. Pero la noche del nueve comenzaron los síntomas de que la llegada de Grumpy era inminente y el diez de madrugada la señorita se presentó en el mundo sin más dilación.
Por entonces, en aquellas latitudes la estancia mínima en el hospital por un parto era de unos ocho días y gracias a la lenta evolución de mis puntos, la mía se alargó a dos semanas. Desde la ventana de mi habitación observaba cómo de forma casi efervescente la primavera se hacía con el reducido espacio exterior para mí visible. Sabía que lo que había fuera había cambiado notablemente en aquellas dos semanas; mi situación interna también lo había hecho aunque, por desgracia, en sentido contrario. No sé si era el cambio hormonal (del que yo entonces no sabía nada) o los problemas de recuperación, lo cierto es que me veía atenazada por la responsabilidad y las dudas, convertida en una nulidad con mi pequeña al lado. Sin saber cómo me iba a bandear con ella, tocó emprender la vuelta a casa. Nada más iniciar el camino se me fueron descubriendo los jardines, los parterres y ventanas que, como si de un milagro de vida se tratara, mostraban toda la variedad posible del colorido de los tulipanes (es cierto que ya algo pasados) pero en una imagen tan exuberante y tan rica de amarillos, granates, naranjas, rosados o blancos que tiraron fuera de mí la melancolía y me contagiaron parte de la fuerza vital que en ese momento sentía perdida.
jueves, 9 de mayo de 2013
Novios de infancia
El punto de vista masculino en este tipo de relaciones no lo descubrí por tanto de la mano de una pareja sino que lo aportó mi hermano. A falta de una, tuvo dos novias en preescolar, al parecer la tendencia del varón a la poligamia se manifiesta ya desde la infancia y es la sociedad la que la pule, con distinto grado de éxito en función de la cultura implicada (en algunas, ni siquiera lo intentan). La estrategia de conquista basada en agasajar a la pretendida también debe de formar parte de los genes y mi hermano formalizaba su cortejo con la ayuda de nuestras "barriguitas", muñecas que, por su reducido tamaño, eran fáciles de esconder y que, tras el fraternal acto de hurto, se convirtieron en la muestra de cariño que mi hermano ofreció a sus dos cortejadas.Hermanita llegó a mis 10 años. Tan rubia y sociable como hermanísima, hizo además gala de una seguridad aplastante en sí misma desde su más tierna infancia. Por supuesto, barrió en cuanto llegó al colegio. Su Romeo fue un pobre chiquillo de su curso al que rompió el corazón ya que, para su gran desconsuelo, no fue correspondido. Con cuatro años, hermanita le explicó telefónicamente, primero a él y después a su desesperada mamá, que era demasiado joven para tener novio. A esa edad tuvo su primera propuesta de matrimonio que, evidentemente, rechazó.
miércoles, 8 de mayo de 2013
El palacio entre la niebla
Mientras el interior se ilumina con la luz dorada de las hadas, se oye el eco del trajín en la cocina y la música de los violines del salón se escapa por los balcones para salir al jardín. Sólo la luna escucha el susurro de las voces y es testigo de promesas hechas con los ojos cerrados, bajo el aliento de un beso.
Salgo temprano, al amanecer. Mi primer cielo del día es de color violeta. La luz se aclara lentamente pero las formas son meras siluetas de sombra gris. En el monte aún reposa la niebla y entre ella se asoman los tejados del palacio de mi cuento. Las torres, recortadas a contraluz sobre el difuso horizonte, pertenecen a otro tiempo. Son restos del mundo invisible en el que nacen los sueños, que han quedado prendidos a la tierra entre la oscuridad y la niebla.
Noto su respiración serena y también puedo oír los pasos alegres de unos pies descalzos que caminan de puntillas para no despertar a nadie. El roce de un vestido de baile se arrastra tras esos pasos, y gira y gira a su alrededor. Aún suena la música, aún se siente el cosquilleo del abrazo, de la cabeza abandonada sobre el hombro, de las miradas enganchadas y del sabor inolvidable de los labios. Vuelan los minutos en un torbellino de emociones. La noche ha terminado y toca regresar, desaparecer de nuevo.
El bosque espera inquieto. Es tarde y el palacio debe recogerse antes de que salga el sol, antes de ser descubierto. Se hace el silencio. Surge la luz.
Me acerco. En el monte ya tan sólo se distinguen las copas redondeadas de los árboles, los picos triangulares de los abetos y las sombras, de líneas rectas, de los tejados y terrazas de las casas.
martes, 7 de mayo de 2013
Rosa de mar
Una pareja pasea por la cubierta de un barco. En sus ojos se lee su
romance. Él la enlaza por la cintura y ella sonríe y reclina la cabeza
sobre su brazo. En las manos sostiene un ramo de rosas blancas y su
aroma dulce contrasta con el de la sal del mar que salpica el aire.
Sus labios se rozan para robarle un beso al tiempo. El viento elige el instante en el que el reloj se detiene para robar una flor. La rosa pende inmóvil en el aire, prisionera de la fuerza que la empuja. En un impulso se agita, se suelta y escapa de aquel agarre. El ladrón la persigue, resopla y la flor rueda hasta caer por la popa. Se hunde un instante antes de salir a flote y perderse tras la quilla en un baile de remolinos. Libre al fin, se columpia sobre las olas como una mancha de luz blanca sobre el agua.
Al caer la noche el océano se transforma. En la oscuridad surgen sombras, el mar no sólo son olas. La flor flota en el centro bajo el foco de la luna. Las estrellas iluminan la espuma y revelan bajo ella el reflejo de las sirenas. Una figura se asoma, toma la rosa en sus manos y la acaricia con sus dedos de agua. Imprime sobre los pétalos un rastro de gotas de plata.
Con la flor enganchada en sus cabellos la sirena se sumerge. Nada por debajo del arrecife, más allá de la placa oceánica y cruza la entrada secreta a la sima en la que se encuentra el palacio. El abismo está apagado, reina el silencio profundo de un lugar dormido. En la oscuridad la sirena recorre las grutas vacías y el laberinto que conduce a los aposentos del mago real. Despierta al mago de su sueño y éste suspira resignado al contemplarla.
- ¿Qué deseáis princesa? - pregunta somnoliento.
La sirena le muestra la rosa.
- ¿Podríais crear más flores como esta para prenderlas en los jardines del mar? - le ruega.
El mago estudia la flor. Admira su forma, la textura de seda empolvada de sus pétalos y la perfección de su engarce. ¿Será o no será capaz de emularla? Labra capas de nácar con vetas de coral. Su obra es delicada y hermosa, pero no es una rosa. La esculpe en espuma pero es tan frágil que las corrientes la barren y la deshacen. Finalmente, lanza un rayo que enciende la arena y la convierte tan bruscamente en cristal que, en su interior, se queda atrapado un fragmento de luna. El mago funde los pétalos uno a uno y los engasta entre sí con la sal que salpican las estrellas.
La nueva flor brilla como una mancha de luz blanca en medio del agua. En ese momento, el viento se la arrebata de las manos. Desengañado, el aire la suelta al instante. No es su rosa, le falta su aroma.
Sus labios se rozan para robarle un beso al tiempo. El viento elige el instante en el que el reloj se detiene para robar una flor. La rosa pende inmóvil en el aire, prisionera de la fuerza que la empuja. En un impulso se agita, se suelta y escapa de aquel agarre. El ladrón la persigue, resopla y la flor rueda hasta caer por la popa. Se hunde un instante antes de salir a flote y perderse tras la quilla en un baile de remolinos. Libre al fin, se columpia sobre las olas como una mancha de luz blanca sobre el agua.
Al caer la noche el océano se transforma. En la oscuridad surgen sombras, el mar no sólo son olas. La flor flota en el centro bajo el foco de la luna. Las estrellas iluminan la espuma y revelan bajo ella el reflejo de las sirenas. Una figura se asoma, toma la rosa en sus manos y la acaricia con sus dedos de agua. Imprime sobre los pétalos un rastro de gotas de plata.
Con la flor enganchada en sus cabellos la sirena se sumerge. Nada por debajo del arrecife, más allá de la placa oceánica y cruza la entrada secreta a la sima en la que se encuentra el palacio. El abismo está apagado, reina el silencio profundo de un lugar dormido. En la oscuridad la sirena recorre las grutas vacías y el laberinto que conduce a los aposentos del mago real. Despierta al mago de su sueño y éste suspira resignado al contemplarla.
- ¿Qué deseáis princesa? - pregunta somnoliento.
La sirena le muestra la rosa.
- ¿Podríais crear más flores como esta para prenderlas en los jardines del mar? - le ruega.
El mago estudia la flor. Admira su forma, la textura de seda empolvada de sus pétalos y la perfección de su engarce. ¿Será o no será capaz de emularla? Labra capas de nácar con vetas de coral. Su obra es delicada y hermosa, pero no es una rosa. La esculpe en espuma pero es tan frágil que las corrientes la barren y la deshacen. Finalmente, lanza un rayo que enciende la arena y la convierte tan bruscamente en cristal que, en su interior, se queda atrapado un fragmento de luna. El mago funde los pétalos uno a uno y los engasta entre sí con la sal que salpican las estrellas.
La nueva flor brilla como una mancha de luz blanca en medio del agua. En ese momento, el viento se la arrebata de las manos. Desengañado, el aire la suelta al instante. No es su rosa, le falta su aroma.
lunes, 6 de mayo de 2013
Princesas florero
Confieso que las revistas del corazón no figuran entre mi material de lectura habitual por lo que a lo mejor esta entrada no está muy documentada y es completamente errónea. Cuando hacía guardias de presencia física las leía ocasionalmente, ya que solía quedarse alguna por la planta. Eran revistas que se dejaban los pacientes, bien por antiguas o simplemente olvidadas tras el alta, y en algún rato perdido entre llamadas aprovechaba para ojearlas. Debido a que ya no me paso los días encerrada en el hospital estoy totalmente desconectada de la prensa rosa (y espero seguir así). Ahora me dan el horrendo móvil para llevármelo a casa, con lo que definitivamente he ganado calidad de vida. No las echo de menos, como tampoco lo hago con las guardias de presencia. Sólo veo alguna portada en el expositor de la gasolinera, mientras espero para pagar.
Aunque por regla general la prensa se ceba con sus víctimas, en otros casos transforman las historias en cursis novelas rosas en la que cualquier acto queda justificado y edulcorado, hasta que la evidencia palpable no permite tapar más los tejemanejes de estos privilegiados. Eso sucede con la realeza: cuentos que se hacen realidad, en los que sus protagonistas son felices y comen perdices. La verdadera conclusión que se saca al leerlos es que, en realidad, lo que son es tontos. Daría lo mismo que el título lo ostentase una persona o un muñeco. Lo que interesa es captar en una fotografía el gesto de complicidad entre los príncipes, o la manera de lucir el vestido de la princesa de turno, llámese Letizia, Catherine, Mary o Máxima.
No comparto lo que nos pretenden vender con la idea que estas miembros de la realeza sean los nuevos iconos de elegancia y estilo. A veces aciertan y otras muchas no, aunque lo que sí que está claro es que los modelos que lucen no son los más prácticos para ser usados en la rutina diaria. Eso sí, el peinado y el vestuario escogido para cada evento rellenan los titulares y ocupan las portadas de la siguiente tirada. Supongo que es una maniobra para mejorar su popularidad y disipar dudas sobre el posible arribismo de las mencionadas. Es una forma muy superficial de hacerlo, pero los lectores de panfletos, algunas revistas no merecen otro nombre, no se caracterizan por su profundidad de pensamiento. Es herencia de la "mítica" Lady Di, que a pesar de no haber hecho nunca gala de inteligencia, ni de un saber estar adecuado a su posición, sí que destacó a la hora de publicitarse, hasta que el excesivo interés despertado desembocó en tragedia. Es cierto que acertó a la hora de escoger causas de beneficencia, por las que parecía sentirse sinceramente interesada, y que fue su preocupación en este sentido lo que le hizo merecerse su popularidad y le otorgó el título de princesa del pueblo.
Aunque por regla general la prensa se ceba con sus víctimas, en otros casos transforman las historias en cursis novelas rosas en la que cualquier acto queda justificado y edulcorado, hasta que la evidencia palpable no permite tapar más los tejemanejes de estos privilegiados. Eso sucede con la realeza: cuentos que se hacen realidad, en los que sus protagonistas son felices y comen perdices. La verdadera conclusión que se saca al leerlos es que, en realidad, lo que son es tontos. Daría lo mismo que el título lo ostentase una persona o un muñeco. Lo que interesa es captar en una fotografía el gesto de complicidad entre los príncipes, o la manera de lucir el vestido de la princesa de turno, llámese Letizia, Catherine, Mary o Máxima.No comparto lo que nos pretenden vender con la idea que estas miembros de la realeza sean los nuevos iconos de elegancia y estilo. A veces aciertan y otras muchas no, aunque lo que sí que está claro es que los modelos que lucen no son los más prácticos para ser usados en la rutina diaria. Eso sí, el peinado y el vestuario escogido para cada evento rellenan los titulares y ocupan las portadas de la siguiente tirada. Supongo que es una maniobra para mejorar su popularidad y disipar dudas sobre el posible arribismo de las mencionadas. Es una forma muy superficial de hacerlo, pero los lectores de panfletos, algunas revistas no merecen otro nombre, no se caracterizan por su profundidad de pensamiento. Es herencia de la "mítica" Lady Di, que a pesar de no haber hecho nunca gala de inteligencia, ni de un saber estar adecuado a su posición, sí que destacó a la hora de publicitarse, hasta que el excesivo interés despertado desembocó en tragedia. Es cierto que acertó a la hora de escoger causas de beneficencia, por las que parecía sentirse sinceramente interesada, y que fue su preocupación en este sentido lo que le hizo merecerse su popularidad y le otorgó el título de princesa del pueblo.
El problema con las actuales "Cenicientas" es que se han olvidado de copiar esto último y se han quedado en meras imitadoras de su imagen. No comprenden que no se trata de representar un papel de una película de Disney, para eso ya existen los cuentos de dibujos animados, sino que tienen que convertirse en un personaje real, en todos los sentidos de la palabra, que sepa comportarse y no simplemente interpretar (claro que en la realeza de sangre no hay nadie que les sirva de ejemplo a seguir). Interesa su físico porque vende, cosa que el cerebro no hace, y estoy segura de que la mayoría lo tiene. Claro que su función de mayor importancia no recae en su rostro, en su cerebro ni en su moral, sino que depende de su útero ya que están destinadas a perpetuar la estirpe. Visto así, es incluso posible que la herencia endogámica de las casas reales se beneficie de la renovación genética por la combinación de sus genes de sangre azul con los plebeyos de estas decorativas figuras.
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