¿Y como sigue House? me preguntan las titas. ¿Tan guapo, tan bueno y tan cariñoso como siempre? Se lo digo a House y se ríe, aunque sabe que comparto esa opinión, según él porque el amor me ciega, aunque se plantea si esa ceguera no depende de algún gen familiar.
Lo cierto es que pasan los años y House gana en porte y atractivo. Carisma nunca le ha faltado, y es un carisma que inspira confianza. Con él los pacientes se sienten seguros y también, en cierto modo, privilegiados, no es que haya pocos médicos como él, es que no hay nadie como él. ¿Perfecto? Se supone que nadie lo es, pero House se acerca mucho, al menos en los valores fundamentales, que son los que cuentan. Se esmera en superarse cada día, es buenísimo y sus principios son admirables, transmite una inmensa entereza, que buena falta me ha hecho. Es uno de esos seres maravillosos que contribuyen a convertir a una en mejor persona. Salvo a primera hora de la mañana, es sociable y cariñoso, y aún entonces me soporta cuando insisto en darle los buenos días, aunque tenga que recurrir a todo su autocontrol para no gruñirme. Tiene un sentido del humor afilado con el que se ríe incluso de sí mismo. No obstante es muy reservado, no le gusta alardear, y es más que posible que le abrume con este post (como cada año).
"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que cada uno pueda encontrar la suya." El Principito.
sábado, 27 de julio de 2019
viernes, 10 de mayo de 2019
Entrega
Cuando empiezan a alargarse los días y suele llegar el buen tiempo (aunque este invierno ya nos lo trajo por adelantado) se nos añade el aliciente de celebrar los cumpleaños de los más madrugadores. En esta familia ese primer cumpleaños es el diez de mayo y siguiendo una tradición que se inició para sustituir en la entrada de este blog a su creadora -que entonces se prodigaba a diario- puntualmente para esa fecha le he venido dedicando un articulillo que sirviera para agradecer sus muchos desvelos literarios y sobre todo sus más que desvelos médicos. Pero este año -¡ay, qué difícil!- desde aquel aciago 17 de noviembre estamos boca abajo y no había manera de darle forma a nada, ni siquiera a las anécdotas protagonizadas por el duende de Raquel o a la magia que ella misma es capaz de hacer cuando la limpia su tito Pacuelo. Por mucho que lo intentaba no conseguía ligar tres frases.
Cervantes, como siempre, parecía abrir el camino "El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas..." Pues sí, podía ser - pensé- hay que ponerse en situación... El recuerdo de mucha tardes en ese entorno idílico me llevó al Jardín Botánico, que ofrecía una imagen primaveral esplendorosa, llena de color junto a la entrada y luego más recogida por los paseos, con el goteo apenas audible de sus fuentecillas. Era de agradecer el sosiego que el ambiente producía, pero posiblemente porque algo fallaba en la quietud de espíritu, las musas lo encaminaban todo por derroteros bastante sombríos y no era por ahí por donde tenía que ir mi mensaje de felicitación.
Recordé entonces un pasaje del libro Catarsis, que salvo en la última frase encajaba perfectamente con esta situación: "El sufrimiento existe también para liberar amor, ese regalo desinteresado que hacemos con nuestro yo a otros, a los que sufren. De esta manera la medicina roza con lo que probablemente sea el sueño más poderoso de todo ser humano: el amor; amor que por regla general es un amor no correspondido".
Creo que eso es lo que muchos de esos pacientes han recibido y a lo que sí han querido corresponder.
Felicidades
domingo, 5 de mayo de 2019
Coraza
"Ocurren cosas que destrozan incluso los corazones más fuertes. Lo dejan a uno atónito y provocan un dolor que solo el tiempo es capaz de convertir en embotamiento. Después de un gran dolor hay un sentimiento solemne, los nervios se asientan ceremoniosos, como tumbas, el rígido corazón pregunta si fue él quien tanto aguantó ¿ayer o hace siglos? Los pies, mecánicos, recorren por la tierra, el aire, o la quimera un camino de bosque trazado al descuido, resignación de cuarzo, como una piedra." Catarsis. Andrzej Szczeklik.
La Señora se pone una coraza ante las dificultades. Es una coraza que la sostiene, no solo a ella, sino que usa esa fuerza para apoyar a otros. No importan cuanta sea la carga, tiene que resistir. Solo los que la conocen a fondo, y se fijan, pueden ver cuando la armadura se resquebraja y se entrevé entre las grietas el cansancio y la debilidad. Dice que las fuerzas no son las mismas ahora que con 40 o 50 años, pero no solo es cuestión de edad, sino de autoexigencia, y es que la Señora es así y no va a cambiar, lo único que se puede hacer es colaborar, dejar el egoísmo y la pereza aparcados para que no cargue con todo. El agotamiento no la derrumba, tiene que mantenerse en pie para quien la necesite, antepone las necesidades de los demás a las propias.
No es una protección hecha solo de entereza y de superación, de enfrentarse sola a las dificultades, al desengaño y la enfermedad; es un refugio firme y resistente, arraigado en una inmensa generosidad y amor. La Señora no es expresiva en ese amor, no son besos, abrazos y otras muestras habituales de cariño su manera de manifestarlo, sino que son sus actos; no solo se sabe que se cuenta con ella, sino que está ahí y organiza las cosas con la idea de que todo sea más fácil, sin entrometerse ni ofenderse. Racionaliza sus emociones y se esfuerza en comprender las reacciones de los demás. Por duro que sea el momento y por frágil que sea la coraza, es el sostén de la familia.
La Señora se pone una coraza ante las dificultades. Es una coraza que la sostiene, no solo a ella, sino que usa esa fuerza para apoyar a otros. No importan cuanta sea la carga, tiene que resistir. Solo los que la conocen a fondo, y se fijan, pueden ver cuando la armadura se resquebraja y se entrevé entre las grietas el cansancio y la debilidad. Dice que las fuerzas no son las mismas ahora que con 40 o 50 años, pero no solo es cuestión de edad, sino de autoexigencia, y es que la Señora es así y no va a cambiar, lo único que se puede hacer es colaborar, dejar el egoísmo y la pereza aparcados para que no cargue con todo. El agotamiento no la derrumba, tiene que mantenerse en pie para quien la necesite, antepone las necesidades de los demás a las propias.
No es una protección hecha solo de entereza y de superación, de enfrentarse sola a las dificultades, al desengaño y la enfermedad; es un refugio firme y resistente, arraigado en una inmensa generosidad y amor. La Señora no es expresiva en ese amor, no son besos, abrazos y otras muestras habituales de cariño su manera de manifestarlo, sino que son sus actos; no solo se sabe que se cuenta con ella, sino que está ahí y organiza las cosas con la idea de que todo sea más fácil, sin entrometerse ni ofenderse. Racionaliza sus emociones y se esfuerza en comprender las reacciones de los demás. Por duro que sea el momento y por frágil que sea la coraza, es el sostén de la familia.
viernes, 15 de febrero de 2019
La fuente
En la fuente, el tiempo fluye en regueros de agua sobre las esferas doradas. Gota a gota resbala por la superficie helada de metal bruñido. En su interior resuena el eco del silencio, de los recuerdos, de un pasado de piedra y fuego. Añora sentirse volcán, la temible furia de quebrarse y estallar antes de derramarse en lava. Aún puede oír los últimos ruidos de su unión a la tierra, el tañido aciago del pico al arrancarlo de las entrañas de la mina. El frío del agua apagó el ardor de la fragua y acalló el dolor de los golpes finales sobre el yunque.
Siente frío, echa de menos el calor profundo de la montaña. Tras su veta corría una corriente de bulliciosas burbujas pletóricas de gases. A veces incluso sentía el cosquilleo de las piedras al chocar contra el fondo. El viento se colaba por la apertura de la ladera por donde escapaba un chorro de vapor junto a un torrente de agua. La montaña temblaba al borde de la cascada y las rocas crujían en su caída. Sabía que algún día, las grietas se abrirían hasta horadar el corazón de la sierra y entonces la pendiente se desplomaría junto a la cascada en un magma de tierra, fuego y agua.
En la fuente, el agua es una caricia, un velo transparente que ensordece un mundo diferente. Su movimiento incesante apenas lo protege del brillo de la luz y del aliento del aire. Espera, no sabe lo que el destino le depara, nunca imaginó un hogar lejos de su montaña. Quizá, algún día, el agua de la fuente emule la fuerza del géiser y devuelva las esferas a la tierra. Mientras espera ese momento, el tiempo se desliza en su reloj de trazos de agua sobre las esferas doradas.
Siente frío, echa de menos el calor profundo de la montaña. Tras su veta corría una corriente de bulliciosas burbujas pletóricas de gases. A veces incluso sentía el cosquilleo de las piedras al chocar contra el fondo. El viento se colaba por la apertura de la ladera por donde escapaba un chorro de vapor junto a un torrente de agua. La montaña temblaba al borde de la cascada y las rocas crujían en su caída. Sabía que algún día, las grietas se abrirían hasta horadar el corazón de la sierra y entonces la pendiente se desplomaría junto a la cascada en un magma de tierra, fuego y agua.
En la fuente, el agua es una caricia, un velo transparente que ensordece un mundo diferente. Su movimiento incesante apenas lo protege del brillo de la luz y del aliento del aire. Espera, no sabe lo que el destino le depara, nunca imaginó un hogar lejos de su montaña. Quizá, algún día, el agua de la fuente emule la fuerza del géiser y devuelva las esferas a la tierra. Mientras espera ese momento, el tiempo se desliza en su reloj de trazos de agua sobre las esferas doradas.
sábado, 17 de noviembre de 2018
Derretir el hielo
Te conviertes en hielo. Sientes un frío inmenso, todo es desolación, pero estás atrapada en ello. No razonas, no notas tu cuerpo. El aire es diferente, está ahí, como siempre, pero todo ha cambiado. No es diáfano, sino denso, y te ahoga. ¿Respiras? Apenas. Estás bloqueada, no eres tú, no eres nada. Hay una herida que atraviesa el mundo, aunque aún no sientes el dolor, solo el frío. Estás vacía.
Algo en tu cabeza te dice que reacciones. Necesitas sujetarte a algo sólido para empezar a hacer algo. Sola no puedes. Un abrazo, aunque el hielo sigue así. Al teléfono no puedes más que repetir las palabras que invaden tu mente, debes contarlo y no sabes cómo. Al hablar vas a herir a otros, pero tienen que saberlo. No te lo crees, no, no es posible. ¿Cómo vas entonces a decirlo? No hay palabras suaves, ni de consuelo. ¡Ojalá se pudiera dar marcha atrás en el tiempo! Sí, solo una fracción de segundo, un simple instante.
Se pierde, no existe, sin embargo los recuerdos se agolpan, salen entre lágrimas. Dicen que no hay que reprimir el llanto, pero ¿qué hacer cuando la congoja te abruma y te sientes expuesta, débil y aún más impotente? Las lágrimas arden, a veces calman, y otras veces se desbordan sin control, vencen tus defensas y no deseas que te vean, ya hay suficiente tristeza. Te alejas y te resguardas en unos brazos, alguien te hace de escudo y reconstruyes tu armadura. El hielo sigue ahí, ha hecho un nudo profundo que te atenaza, deseas hundirlo al fondo, rodearlo con roca. Buscas la fuerza a tu alrededor y te apoyas, te agarras a ella para salir a flote, necesitas recuperar tus cimientos, ocuparte de algo, no pensar en ti, solo ayudar, servir de apoyo. No sabes cómo, pero tampoco sabes qué más hacer, e intentarlo te protege. Tratar de ser útil te empuja a recuperarte, notas que ese calor que das funde parte del témpano que llevas dentro; no obstante nada como los abrazos, sentir el amor que te rodea y el cariño que acaba con ese hielo que te atrapa en su soledad y su tristeza. Regresan los momentos en que no te lo crees, son insistentes, pero te obligas a ver la realidad. Es una pesadilla, y sin embargo no es un sueño, los sueños son un refugio, el olvido, una vida paralela.
Dicen que hay que dejar pasar el tiempo, y aunque todo en el tiempo fluctúa, la ausencia está siempre ahí. A veces levantas la mirada esperando encontrártelo y no está, se te hace nudo en la garganta y vuelves a darte cuenta del hueco que queda en su lugar. Quisieras tener otra oportunidad para expresar aquello que nunca se dijo porque se daba por sobreentendido. Supongo el futuro permitirá ver que todos esos recuerdos son huellas felices de una existencia llena de vitalidad, de ilusión, de proyectos y de sonrisas, y aunque se acaben en un punto, no se borrará su impronta. Llegará el día en que la nostalgia se convierta en presencia, en una emoción profunda y agridulce que dolerá menos.
Algo en tu cabeza te dice que reacciones. Necesitas sujetarte a algo sólido para empezar a hacer algo. Sola no puedes. Un abrazo, aunque el hielo sigue así. Al teléfono no puedes más que repetir las palabras que invaden tu mente, debes contarlo y no sabes cómo. Al hablar vas a herir a otros, pero tienen que saberlo. No te lo crees, no, no es posible. ¿Cómo vas entonces a decirlo? No hay palabras suaves, ni de consuelo. ¡Ojalá se pudiera dar marcha atrás en el tiempo! Sí, solo una fracción de segundo, un simple instante.
Se pierde, no existe, sin embargo los recuerdos se agolpan, salen entre lágrimas. Dicen que no hay que reprimir el llanto, pero ¿qué hacer cuando la congoja te abruma y te sientes expuesta, débil y aún más impotente? Las lágrimas arden, a veces calman, y otras veces se desbordan sin control, vencen tus defensas y no deseas que te vean, ya hay suficiente tristeza. Te alejas y te resguardas en unos brazos, alguien te hace de escudo y reconstruyes tu armadura. El hielo sigue ahí, ha hecho un nudo profundo que te atenaza, deseas hundirlo al fondo, rodearlo con roca. Buscas la fuerza a tu alrededor y te apoyas, te agarras a ella para salir a flote, necesitas recuperar tus cimientos, ocuparte de algo, no pensar en ti, solo ayudar, servir de apoyo. No sabes cómo, pero tampoco sabes qué más hacer, e intentarlo te protege. Tratar de ser útil te empuja a recuperarte, notas que ese calor que das funde parte del témpano que llevas dentro; no obstante nada como los abrazos, sentir el amor que te rodea y el cariño que acaba con ese hielo que te atrapa en su soledad y su tristeza. Regresan los momentos en que no te lo crees, son insistentes, pero te obligas a ver la realidad. Es una pesadilla, y sin embargo no es un sueño, los sueños son un refugio, el olvido, una vida paralela.Dicen que hay que dejar pasar el tiempo, y aunque todo en el tiempo fluctúa, la ausencia está siempre ahí. A veces levantas la mirada esperando encontrártelo y no está, se te hace nudo en la garganta y vuelves a darte cuenta del hueco que queda en su lugar. Quisieras tener otra oportunidad para expresar aquello que nunca se dijo porque se daba por sobreentendido. Supongo el futuro permitirá ver que todos esos recuerdos son huellas felices de una existencia llena de vitalidad, de ilusión, de proyectos y de sonrisas, y aunque se acaben en un punto, no se borrará su impronta. Llegará el día en que la nostalgia se convierta en presencia, en una emoción profunda y agridulce que dolerá menos.
martes, 7 de agosto de 2018
Tolerancia
Mi madre es una joya, y no, no me ciega la pasión de hija, es íntegra, buena, generosa e inteligente, además de extremadamente independiente.
Una de las cosas que más admiro de la Señora es su capacidad para llevarse bien con todo el mundo, algo que consigue sin sacrificar ni un ápice de la fuerza de su personalidad. Defiende sus opiniones sin más problemas, el otro puede estar más o menos de acuerdo, pero no por ello se desencadena un altercado. Desde luego no he heredado de ella mi tendencia a meterme en líos sin buscarlos, ¿para qué? ya me encuentran por sí solos (a veces no sé muy bien cómo). Lo curioso es que la Señora no da la impresión de ser alguien con grandes dotes diplomáticas, entre otras cosas no suele haber negociación posible, supongo que simplemente se limita a exponer su punto de vista y es tan consistente que consigue que la gente lo vea así, como un punto de vista.
Otra de sus grandes cualidades, y algo que me parece muy difícil, es la de hacer lo correcto, incluso diría que más allá de lo correcto, eso que a otros les parecería casi un sacrificio. La Señora es alguien con quien siempre se puede contar, nunca escurre el bulto, aunque no esté en absoluto obligada a ello. Si lo siente como una responsabilidad, o piensa que es mejor así, buscará el momento de llevarlo a cabo, adaptará su agenda para compaginarlo con el resto de sus planes, sin procrastinarlo, sin pereza, sin pretextos. No es algo que se imponga, ni tampoco para quedar bien, lo hace por el gusto que de ese modo puede proporcionar a otros, en concreto al beneficiado por su acción, es puro altruismo, aunque ella intenta que no lo parezca. Tampoco le importa que sea alguien difícil de tratar, el mérito está en que no se olvida de esa gente que a uno le gustaría esquivar, y de hecho esquiva en lo posible, aunque evitarlo le genere un pequeño remordimiento.La Señora transmite firmeza, pero también equilibrio, es alguien que inspira seguridad y confianza, proporciona estabilidad y que nunca ha perdido el interés por aprender que sintió desde bien pequeña, cuando con diez años se fue ella solita a hacerse la matrícula del bachillerato. Ya entonces tenía las ideas muy claras.
The highest result of education is tolerance. Helen Keller
viernes, 27 de julio de 2018
Felicidad
Make your interests gradually wider and more impersonal, until bit by bit the walls of the ego recede, and your life becomes increasingly merged in the universal life. An individual human existence should be like a river — small at first, narrowly contained within its banks, and rushing passionately past rocks and over waterfalls. Gradually the river grows wider, the banks recede, the waters flow more quietly, and in the end, without any visible break, they become merged in the sea, and painlessly lose their individual being.The man who, in old age, can see his life in this way, will not suffer from the fear of death, since the things he cares for will continue. And if, with the decay of vitality, weariness increases, the thought of rest will not be unwelcome. I should wish to die while still at work, knowing that others will carry on what I can no longer do and content in the thought that what was possible has been done. Bertrand Russell.
¿Quién no aspira a ser feliz? No creo que haya nadie, en su sano juicio, ni tampoco ningún loco, que no lo desee. ¿En qué consiste ese sentimiento? Diría que se asemeja al amor, no en vano los enamorados son felices cuando están con el amado, es posible que ahí resida el secreto de la felicidad, en enamorarse del mundo y de la vida, con sus bondades y sus defectos. Al igual que en el cariño, no se trata de que lo que te rodea sea perfecto, sino en apreciar sus virtudes y aprender para convertirse en la mejor versión de uno mismo. Quizá eso sea más fácil cuando se está enamorado, en los momentos en que el amor rebosa e impregna todo, entonces el mundo es maravilloso.
La felicidad es compartir, tiene algo de expansivo que bulle por irradiarse y salir. Depende de uno, sí, pero también de los demás, aunque no de la manera que muchos piensan, no es por lo que te den, sino por lo que se puede aportar. No se logra a través del egoísmo, por esa vía la satisfacción es breve y efímera y a la larga deriva en frustración, quien la busca por ese camino se convierte en un infeliz, un eterno insatisfecho. Suena un poco a sermón, pero la felicidad depende de esmerarse en ser amable, hacer las cosas bien, sin buscar reconocimiento, tan solo por el pundonor de superarse y sentirse útil. En la felicidad no hay remordimientos.
La felicidad es alegría, ir por la vida con una sonrisa, mantener la ilusión, aunque a veces sea una ilusión algo ingenua, casi infantil. Al madurar, la felicidad va más allá y se convierte en una cuestión de valores, una guía de principios fundamentales, no es fácil ser feliz si se actúa de forma contraria a como uno cree que debe hacerlo, pero sin olvidar la tolerancia, respetar y no imponerse a los demás. Con frecuencia, hacer feliz al otro es la mayor fuente de felicidad.
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