Cuando tenía unos 11 años, mi tío Pepe compró un par de potros que instaló en la granja. Para ello, reconvirtió una de las naves de los antiguos gallineros, medio en ruinas, en establos. Aquellas naves soportaron estoicamente nuestros recorridos por sus tejados de uralita mientras jugábamos al escondite, a los Cinco y a los ángeles de Charlie y, sólo fallaron en una ocasión, en la que mi prima Sole terminó en el suelo de uno de ellos, vía a través del tejado y con el resultado de una pierna rota. Los ingleses lo llaman "accident prone" y, desde luego, de todos los primos era siempre a Sole a la que le tocaba la china de los percances. Ni que decir tiene que teníamos terminantemente prohibido subirnos a aquellos tejados. Pero la granja era muy grande y, precisamente, jugábamos a escondernos.
El caso es que cuando esa nave fue transformada en establo dejó de ser apta como territorio de juegos. Claro que, en sí, los propios caballos suponían bastante entretenimiento. Al principio no podían montarse, había que conformarse con mirarlos y verlos crecer. Luego hubo que domarlos y, mi tío, de albañil aficionado ascendió a domador amateur. Por supuesto, su siguiente y más que envidiado papel fue el de jinete. El problema es que, con veinte primos para hacernos la competencia a la hora de subirnos a los dos caballos, era necesario hacer méritos.
Por aquel entonces, gracias a mi natural "don de gentes", yo distaba mucho de ser la favorita de mi tío. En realidad distaba de ser la favorita de nadie. Ironías de la vida, gracias a mis habilidades médicas me he ganado ese puesto, aunque eso ocurrió tras curarle un absceso faríngeo el día anterior a la boda de su hija y, un vértigo posicional, tras el bautizo de su primer nieto. Está claro que los eventos familiares no son buenos para su salud. En Junio se casa su hijo, así que me llevaré el botiquín a la ceremonia. En mi primera intervención médica le hice tomarse un tratamiento bomba que, pese a no creer en la medicina moderna y sí en todas las tonterías sin base científica que, o bien le cuenta su madre o bien encuentra por Internet, cumplió sin rechistar. No tenía opción, estaba realmente mal. En el segundo caso no precisé recurrir a ninguna droga y supongo que eso me hizo ganar aún más puntos. Una sencilla maniobra de Epley obró el milagro. Pero eso sucedió muchos años después. En esos momentos, recién entrada la adolescencia, no había adquirido aún ese estatus privilegiado, ni tan siquiera parecía previsible que llegase a alcanzarlo. Aún así, me empeñé en aprender a montar y mi tío vio un filón en mi dedicación. Todas las mañanas de aquellas vacaciones me empleó en limpiar las cuadras de los caballos. No ordeno jamás mi habitación pero, con aquellas cuadras, me esmeraba a diario y me dedicaba a cargar carretillas de porquería, fregar el suelo y poner paja limpia sobre él. Además cortaba hierba fresca de la que les gustaba comer a los caballos y acarreaba cubos de agua tanto para la limpieza como para darles de beber.
Si alguien supone que con aquellas tareas me gané una plaza aventajada a la hora de subirme a la silla, está muy equivocado. El resto de mis primas, sin necesidad de tocar una escoba, pasaban por delante de mí con tan sólo hacer su aparición. Todas eran mucho más lucidas que yo, independientemente de mis granos, por lo que mi tío, al que le gusta bastante presumir, prefería sacarlas a ellas de paseo. Al menos yo me quedaba en la compañía fiel de mi libro. Eso sí, al día siguiente, esta cabezota regresaba a los establos para limpiarlos de arriba a abajo en busca de una nueva oportunidad de hacer prácticas de equitación.
Una vez empecé la residencia me apunté a un centro de hípica. Tras unas cuantas guardias me replanteé el asunto: las caras y la cabezas rotas, además de otros pocos huesos, que veía en la urgencia debidas a caídas del caballo consiguieron lo que no había logrado el tener que quitar porquería de los establos. Hace años que no monto pero eso no quiere decir que no esté dispuesta a hacerlo, aunque con menos afán que el que tenía en mis comienzos de amazona.
Mi tío tiene un nuevo caballo al que espero me deje subirme en alguna ocasión ¡FELIZ CUMPLEAÑOS TITO!
"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que cada uno pueda encontrar la suya." El Principito.
martes, 15 de noviembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
Largos, larguísimos paseos
Una de las cosas que hacemos en vacaciones es pasear. En ocasiones, nuestras caminatas son algo más largas de lo que habíamos planeado inicialmente. Uno de aquellas excursiones memorables sucedió en nuestro viaje a Galicia. Aprovechando que en las proximidades de los equinoccios las mareas son más intensas, nos fuimos a Ribadeo para conocer la zona de la Mariña Lucense. El primer día nos lo tomamos con calma. Con el coche, nos fuimos hasta la playa de las Catedrales (foto) que es una auténtica maravilla. Recuerda mucho a Étretat, en la costa de Normandía, en la que estuve hace mucho tiempo y de cuyos blancos acantilados Monet tiene una serie de cuadros que me encantan. Una cosa está clara con respecto a ese genial pintor impresionista: sabía escoger los motivos de sus lienzos.
El segundo día decidimos dar una vuelta por la costa e ir paseando desde Ribadeo hasta Rinlo, un pueblo de pescadores supuestamente cercano. Lo de su proximidad descubrimos, cuando ya era tarde, que era muy relativa y comprendimos las miradas espantadas que nos habían echado en el hotel al comunicarles nuestras intenciones. Ese error en el cálculo de las distancias no es la primera vez que lo cometemos, pero ya contaré esa historia en otro momento. En realidad tardamos más de 2 horas en llegar (y ni del Dr. House ni yo caminamos despacio precisamente) bajo un hermoso cielo despejado que nos permitió disfrutar del precioso paisaje bajo un sol de justicia, al que el Dr. House es alérgico. Una vez llegamos al pueblo, nos informaron de que no había ningún medio de transporte para la vuelta, salvo nuestros doloridos pies. El hambre azuzaba e instigó nuestros pasos. Marchamos a ritmo de legionarios con lo que, si a la ida el trayecto nos había ocupado dos horas, en el regreso tardamos algo menos de 90 min.
Una vez de vuelta nos enteramos de que el FEVE, un tren de vía estrecha de la zona, sí que pasa por allí e, incluso, hace una parada cuando hay viajeros (lo que no debe ocurrir habitualmente). Así que, si alguna vez decidís ir de Ribadeo a Rinlo ya sabéis que hay más opciones además de la automoción. De hecho, los miércoles hasta hay un autobús (debido a que hay mercado en Ribadeo). Eso sí, el paisaje del paseo por la costa es muy bonito, aunque el pueblo de Rinlo, en sí, no sea nada del otro mundo.
sábado, 12 de noviembre de 2011
The Musical Saturday Evening Post: Raul Midon
El jueves por la noche estuvimos en un concierto del XXVIII Festival de Jazz de Madrid. Fue en el Teatro Conde Duque y el músico era Raul Midon. Su estilo se podría llamar jazz-pop, con el apellido de "del bueno". Crea sus canciones según su inspiración, sus gustos y su estado de ánimo del momento. Raul es ciego y sus gestos en el escenario recuerdan en ocasiones a Stevie Wonder, al igual que su talento. Sigue el ritmo con la cabeza, sin mover el tronco y las caderas como los videntes, que tienen más referencias. Supongo que esto se debe a la necesidad de mantener los pies firmemente anclados en el suelo y a dedicar las manos a la guitarra. No es problema, su deficit lo ha compensado con creces en forma de habilidad musical. Su manera de tocar la guitarra es impresionante, es capaz de hacer sonar ritmos diferentes con cada mano. Su voz tiene un timbre muy agradable, buen cuerpo, personalidad y un registro amplio. Su imitación del sonido de la trompeta con su boca es magistral. Y su música está llena de anécdotas que narra entretejidas con las canciones. Sus historias poseen un equilibrio entre cómico y dulce que consigue conquistar al público y transmitirle su entusiasmo. La música amansa a las fieras y Raul Midon las hace felices con la suya.
Para los que no estuvisteis, nada mejor que comprobarlo con un vídeo:
viernes, 11 de noviembre de 2011
Taboulé
Una de mis múltiples primas me ha pedido la receta del Taboulé, que probó en una de las celebraciones familiares. La memoria gastronómica debe ser un rasgo hereditario o, de otro modo, sería imposible recordar la variedad de platos que forman parte de nuestras reuniones. El origen de esta receta está en mi época de residente. El peluquero del hospital que venía a la planta a afeitar a los pacientes, era natural de Irak. Muy aficionado a la cocina nos deleitaba en las guardias con sus habilidades culinarias: hummus, baba-ganug, pan de sarten y taboulé, entre otras. Tras comer en el hospital y con la cena en el horizonte, esas delicatessen eran más que bienvenidas. Esta ensalada es muy fácil de hacer, entra muy bien y, en las barbacoas de mi hermano, supone un gran acompañamiento para las delicias que salen de la parrilla.
TABOULÉ
INGREDIENTES
1 paquete de cous-cous (suelo usar el de Tipiak pero sirve cualquier otro de cocción fácil)
Agua
Zumo de limón
Aceite de oliva
Sal
Menta fresca
Perejil fresco
Pepino
Tomate
Pimiento verde
Cebolleta
ELABORACIÓN
Cocer el cous-cous según las instrucciones del paquete (en el de Tipiak suele usarse el mismo volumen de agua hirviendo que de sémola, hay que retirarlo del fuego, esperar 5 minutos, añadir una cucharada de aceite de oliva y disgregarlo con el tenedor).
Picar las verduras en cubitos pequeños.
Agregar el cous-cous templado.
Aliñar con un poco de aceite de oliva, el zumo de un par de limones, perejil y menta en abundancia (en realidad la base de esta ensalada es el perejil y no el cous-cous, por lo que se considera que debe llevar al menos tanto de uno como del otro) y sal al gusto.
Enfriar antes de servir.
Opcional: 1 cucharadita de comino molido.
Nota: Guardo las hierbas frescas en una bolsa en el congelador. Así se cristalizan, se conservan divinamente y mantienen todo su sabor: Para picarlas basta con estrujar la bolsa para pulverizar las hojas hechas cristal. Los tallos se fracturan y se pueden separar con facilidad. Al usarlas, simplemente se cogen con la ayuda de una cuchara para evitar que se peguen a los dedos.
TABOULÉ
INGREDIENTES
1 paquete de cous-cous (suelo usar el de Tipiak pero sirve cualquier otro de cocción fácil)
Agua
Zumo de limón
Aceite de oliva
Sal
Menta frescaPerejil fresco
Pepino
Tomate
Pimiento verde
Cebolleta
ELABORACIÓN
Cocer el cous-cous según las instrucciones del paquete (en el de Tipiak suele usarse el mismo volumen de agua hirviendo que de sémola, hay que retirarlo del fuego, esperar 5 minutos, añadir una cucharada de aceite de oliva y disgregarlo con el tenedor).
Picar las verduras en cubitos pequeños.
Agregar el cous-cous templado.
Aliñar con un poco de aceite de oliva, el zumo de un par de limones, perejil y menta en abundancia (en realidad la base de esta ensalada es el perejil y no el cous-cous, por lo que se considera que debe llevar al menos tanto de uno como del otro) y sal al gusto.
Enfriar antes de servir.
Opcional: 1 cucharadita de comino molido.
Nota: Guardo las hierbas frescas en una bolsa en el congelador. Así se cristalizan, se conservan divinamente y mantienen todo su sabor: Para picarlas basta con estrujar la bolsa para pulverizar las hojas hechas cristal. Los tallos se fracturan y se pueden separar con facilidad. Al usarlas, simplemente se cogen con la ayuda de una cuchara para evitar que se peguen a los dedos.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Aprender a conducirse
La L de Learning se ha traducido por la de Lelo y hay que intentar quitarse de encima al pobre aprendiz aunque, para eso, este termine casi en la cuneta.
El carril de la derecha de las autovías no se utiliza jamás. En la autoescuela insisten en ir por él, pero se queda para algunos camiones y para "L"s. Estos últimos, cuando se deshacen de la letra, también dejan de usarlo. Eso sí, uno puede ir pisando huevos por el carril central que, el que quiera adelantarlo, puede hacerlo por cualquiera de los dos lados (aunque el Código insista en que no debe usarse el de la derecha. ¡A lo mejor esta es la parte que todo el mundo malinterpreta!)
Por el carril de la izquierda suelen viajar los aspirantes a Fórmula 1. Estos se han olvidado del concepto de "distancia de seguridad". Si el límite de velocidad marca 100 y vas a 105, adelantando al de 70 del carril central, se pegan a tu culo y desatan toda una feria de luces en tu honor.
En las glorietas cualquiera de los que esté en ella tiene la prioridad. Eso, aunque esta tenga dos carriles y, para salirse a la derecha desde el carril de la izquierda, el que vaya por fuera tenga que pegar un frenazo para no llevarse por delante al figura que se le cruza. ¿No piensan en que molestarían menos si alguna vez usaran el carril debido o, en caso de que no puedan seguir su camino sin provocarle un infarto a los demás, no les pasaría nada por dar una vueltecita más a la rotonda?
Cuando uno se compra un coche "de alta gama", también obtiene con él un nuevo código de circulación. De repente, entra en un selecto grupo con unos privilegios que el resto del mundo desconoce y eso, pese a que sus miembros se esfuerzan lo indecible por recalcarlos. Pueden pararse donde les plazca, algo así como los taxistas. Con un coche caro se admiten dobles filas, carril bus, esquinas, "aquí me va bien", "voy a pararme para que me vea Menganito y presumir de bólido". Hay que comprobar que todo funciona correctamente, gastarse una pasta y no poner a prueba los atributos sería del género tonto. Lo primero es el velocímetro. Si se pegan al culo del resto del mundo es sólo por comprobar los frenos. Queda, por supuesto, deslumbrar con la potencia de los faros al resto de los conductores. Si encima es un 4x4, se impone la ley del más fuerte. Lógico, a ver si no dónde aparcan al mastodonte cuando se da la coyuntura de que sea imposible dejarlo en segunda fila. Eso sí, cuando se juntan un Cayenne con un Q7, el espectáculo de su lucha por el puesto de macho alfa es digno de contemplarse, aunque al volante vayan dos mamás con la idea de recoger a los niños del cole (con derecho a parking en la puerta, por descontado). No sé cómo se las apañan en el parking del Mercadona, en el que las plazas están hechas para Smarts.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
DÍA DE LA ALMUDENA
Hoy es el santo de una de mis amigas de toda la vida. Una de esas amistades de chicas en las que la otra es prácticamente tu alter ego. Allá donde ella fuese también iba yo y viceversa. Rotábamos juntas en el mismo grupo y nos separaban habitualmente por apellido en los exámenes. Si por azar nos asignaban asientos contiguos, procurábamos poner en común alguno de los temas que dominásemos menos y, pese a plasmar ambas el mismo contendido, indefectiblemente ella obtenía mejor calificación en la pregunta en cuestión. Este hecho tiene una explicación lógica. Tan sólo hay que ponerse en el pellejo del encargado de leer y corregir los ejercicios. Almu tiene una letra no sólo muy bonita sino también ordenada, limpia y clara, con lo que el profesor empleaba muchísimo menos esfuerzo para entender todo lo escrito que cuando le llegaba el turno de ocuparse de mi caligrafía de médico en estado de ansiedad.
Un par de veranos incluso nos fuimos de vacaciones juntas. Con su hermano, mi hermanísima y mi prima Paloma nos fuimos a los Alpes. Era un viaje organizado con jornadas trazadas de antemano. En lo referente a la intendencia, saltaron chispas ocasionales entre el afán doméstico de mi hermanísima y el de planificación de mi amiga. El resto nos avenimos a sus decisiones sin intervenir, no fuese a salpicarnos algo de su acaloramiento. En esas vacaciones estuve en Ginebra por primera vez, aunque solo dispusimos de dos horas escasas para recorrerla. Aquella visita relámpago me dejó un recuerdo más que difuso en la memoria, al igual que de el resto de los lugares que vimos con la lengua fuera. Pese a los inevitables roces de la convivencia y a las fugaces excursiones fue una experiencia inolvidable.Otra de aquellas escapadas fue el famoso viaje a Escocia con amigas. Aquel en el que, antes de partir, estas me rogaron encarecidamente que me contuviese con el equipaje. Gracias a eso, y al de la agencia de alquiler de coches, ellas dispusieron de suficiente espacio para el suyo. La maleta de Almudena, la misma que en los Alpes, era la más grande y también la más pesada. Con el maletero lleno a reventar exploramos el país de punta a punta siguiendo al dedillo el programa diseñado por Almu, que había hecho el esfuerzo de estudiarse la guía del Trotamundos de cabo a rabo, con apuntes incluidos. Las demás, en nuestra feliz ignorancia, íbamos dispuestas a aventurarnos en lo desconocido. El caso es que ella tenía muy claro el itinerario a seguir y el horario a cumplir, independientemente del estado de las infames carreteras escocesas (si es que se merecen ese nombre). Lo único que ocasionó algún cambio de planes fueron los diminutos mosquitos de la zona, "midgets", que se agrupaban en nubes y, pese a su minúsculo tamaño, mordían de tal modo que parecían tábanos.
Me tocó llevar el volante, no sé por qué el resto decidió que lo de conducir por el lado contrario de la carretera debía de dárseme bien, aunque la verdad es que no había carriles y la única diferencia era la posición del conductor. Almu tomó el mando y a todas nos pareció perfecto no tener que ocuparnos de nada más que de seguir sus instrucciones. Mientras ella daba las indicaciones, las demás nos relajábamos y disfrutábamos del paisaje, excepto cuando nos encontrábamos con algún coche de frente por aquellos estrechos caminos. Ni que decir tiene que nos lo pasamos como los indios.
¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES ALMU!
martes, 8 de noviembre de 2011
Correctores ¿Cuál, cuánto, cómo, cuándo y dónde?
En vista del éxito del post de maquillaje, he decidido añadir una serie de consejos sobre el uso de los correctores. Es fácil perderse ya que la gama de estos productos, tanto en lo referente a colores como a texturas, es muy amplia. La idea fundamental es que se trata de camuflar defectos e imperfecciones. Su misma función implica que hay que evitar a toda costa que se note por lo que debe quedar bien difuminado con el resto del maquillaje. Además de para tapar, también se puede usar para iluminar y realzar los rasgos. Esto se consigue con juegos de claro-oscuro.
Para mi gusto queda más natural si se realizan las correcciones tras la hidratante y antes de aplicar el maquillaje, sobre todo si la corrección es evidente, con tonos verdosos o azulados, o el producto es denso. Si lo que se pretende iluminar, me gusta más ponerlo sobre el maquillaje. En este último caso el color de ambos productos estará en la misma gama, siendo el corrector un punto más claro. En ambas situaciones hay que evitar que quede a roales.
Las texturas más pastosas serán necesarias cuando el defecto es más llamativo. Me gustan mucho los de Kryolan, una marca que fabrica maquillaje para teatro y que compro en Lovel, en la C/ Libertad,3 (y, de paso, me doy una vuelta por los muestrarios de zapatos de la C/ Augusto Figueroa). Son más compactas por lo que hay que comprobar que queden bien fundidas con el maquillaje. Conviene siempre terminar con una capa de polvos para unificarlos y obtener un resultado perfecto.
Las texturas en crema se pueden mezclar antes de su aplicación con el maquillaje y quedan así muy naturales. En pieles maduras tienen la ventaja de que no marcan de más las arrugas al no se depositarse en sus pliegues. Para evitar este problema va muy bien la crema Lisse Minute de Clarins (que ya comenté).
Los que vienen en versión pluma o pincel son muy ligeros, se pueden llevar en el bolso y no precisan combinarlas con maquillaje si el tono es similar al de la piel.
Muy natural también es el "Stay don't Stray" de Benefit que, aunque sea una base para correctores y sombras, si tan sólo se precisa un poco de uniformidad, se puede usar sin nada más.
Los lápices (en tiendas de productos de peluquería se encuentran por 2 ó 3 euros) tienen varias funciones:
- Cubrir defectos puntuales (lápiz del mismo tono que la piel) como por ej. pequeños capilares.
- Rellenar las cejas (el lápiz debe ser un tono más claro que la ceja en sí). La técnica para dibujarlas debe ser a base de puntos discontinuos, una línea resultará artificial y se notará. Benefit tiene un corrector de cejas con pincel y dos tonos que se pueden mezclar entre sí, según se quiera más o menos oscuro. Es cómodo, fácil de usar y el efecto es natural. Un lápiz bien aplicado, también.
- Realzar el contorno del labio: perfilar sobre la piel, externamente al perfilador del mismo tono que el pintalabios. Creará una ilusión de carnosidad. El tono del lápiz tiene que ser un punto más claro que el maquillaje. También sirve un lápiz de silicona (había uno de Bourjois pero ahora sólo conozco el de Benefit). Ambos evitan que se noten las arruguitas de alrededor de la boca y que se corra el pintalabios.
- Ese mismo lápiz claro sirve para realzar la mirada. Aplicado a modo de raya en el interior de las pestañas inferiores, agranda el ojo. El resultado es mejor que con los lápices blancos que provocan que la esclera parezca gris y triste.
En cuanto a los colores a usar, lógicamente dependerá mucho del tono de piel y de lo que haya que esconder.
- Las pieles más claras se deben decantar por tonos amarillentos. Este color cubre las sombras violáceas o azuladas de las ojeras. Los tonos rosados, usados con discreción, ayudan a cubrir manchas marrones de hiperpigmentación y a disimular la apariencia de cansancio. En ese sentido Clinique tiene unos polvos sueltos rosas, muy translucidos, que aunque de entrada impongan un poco, aplicados con sutileza se limitan a proporcionar un aspecto fresco y luminoso.
- Las pieles más oscuras deben decantarse por tonos anaranjados (melocotón y salmón). Los tonos salmones en estas tienen la misma función que los rosados en los cutis pálidos. Los polvos de Clinique que he comentado sí que se pueden usar e incluso quedan mejor en estas que en pieles muy blancas.
Se pueden mezclar anaranjados y amarillentos. La proporción de uno y otro variará en función del tono base de piel, más amarillo en claras y más naranja en oscuras.
- Para las imperfecciones (granitos), tonos verdosos.
- Para las rojeces y lesiones vasculares, tonos azulados. Si la rojez no es muy intensa se pueden usar los correctores verdosos o, incluso, los amarillentos. Si es algo puntual, con un lápiz del mismo tono del maquillaje puede bastar.
- Para esconder rasgos, utilizar un tono más oscuro que el maquillaje en la zona a esconder (aletas nasales o caballete por ej.) o a esculpir (bajo los pómulos para realzarlos). También para dibujar la mandíbula y enmarcar la cara, con precaución para evitar efecto barba y con un toque claro en los dos ángulos.
- Para ILUMINAR, tonos beige (más o menos claros, siempre un tono menos que el maquillaje). Para la mirada conviene poner un punto encima y debajo del vértice de la ceja, así como en el lacrimal y en la unión de la órbita con la sien. Una tenue línea vertical en la frente y otra en la barbilla dan luz al rostro.
Si se quiere realzar la mirada pero sin sombras, simplemente aplicar un poco del mismo colorete de las mejillas en el surco del párpado.
Se supone que el punto de acupuntura para los ojos está en el montículo de la base del dedo índice. Un poco de presión en esa zona podría funcionar para mejorar las ojeras (esto no lo he probado, sólo lo he leído)
Espero que os haya resultado útil.
Para mi gusto queda más natural si se realizan las correcciones tras la hidratante y antes de aplicar el maquillaje, sobre todo si la corrección es evidente, con tonos verdosos o azulados, o el producto es denso. Si lo que se pretende iluminar, me gusta más ponerlo sobre el maquillaje. En este último caso el color de ambos productos estará en la misma gama, siendo el corrector un punto más claro. En ambas situaciones hay que evitar que quede a roales.
Las texturas más pastosas serán necesarias cuando el defecto es más llamativo. Me gustan mucho los de Kryolan, una marca que fabrica maquillaje para teatro y que compro en Lovel, en la C/ Libertad,3 (y, de paso, me doy una vuelta por los muestrarios de zapatos de la C/ Augusto Figueroa). Son más compactas por lo que hay que comprobar que queden bien fundidas con el maquillaje. Conviene siempre terminar con una capa de polvos para unificarlos y obtener un resultado perfecto.
Las texturas en crema se pueden mezclar antes de su aplicación con el maquillaje y quedan así muy naturales. En pieles maduras tienen la ventaja de que no marcan de más las arrugas al no se depositarse en sus pliegues. Para evitar este problema va muy bien la crema Lisse Minute de Clarins (que ya comenté).
Los que vienen en versión pluma o pincel son muy ligeros, se pueden llevar en el bolso y no precisan combinarlas con maquillaje si el tono es similar al de la piel.
Muy natural también es el "Stay don't Stray" de Benefit que, aunque sea una base para correctores y sombras, si tan sólo se precisa un poco de uniformidad, se puede usar sin nada más.
Los lápices (en tiendas de productos de peluquería se encuentran por 2 ó 3 euros) tienen varias funciones:
- Cubrir defectos puntuales (lápiz del mismo tono que la piel) como por ej. pequeños capilares.
- Rellenar las cejas (el lápiz debe ser un tono más claro que la ceja en sí). La técnica para dibujarlas debe ser a base de puntos discontinuos, una línea resultará artificial y se notará. Benefit tiene un corrector de cejas con pincel y dos tonos que se pueden mezclar entre sí, según se quiera más o menos oscuro. Es cómodo, fácil de usar y el efecto es natural. Un lápiz bien aplicado, también.
- Realzar el contorno del labio: perfilar sobre la piel, externamente al perfilador del mismo tono que el pintalabios. Creará una ilusión de carnosidad. El tono del lápiz tiene que ser un punto más claro que el maquillaje. También sirve un lápiz de silicona (había uno de Bourjois pero ahora sólo conozco el de Benefit). Ambos evitan que se noten las arruguitas de alrededor de la boca y que se corra el pintalabios.
- Ese mismo lápiz claro sirve para realzar la mirada. Aplicado a modo de raya en el interior de las pestañas inferiores, agranda el ojo. El resultado es mejor que con los lápices blancos que provocan que la esclera parezca gris y triste.
En cuanto a los colores a usar, lógicamente dependerá mucho del tono de piel y de lo que haya que esconder.- Las pieles más claras se deben decantar por tonos amarillentos. Este color cubre las sombras violáceas o azuladas de las ojeras. Los tonos rosados, usados con discreción, ayudan a cubrir manchas marrones de hiperpigmentación y a disimular la apariencia de cansancio. En ese sentido Clinique tiene unos polvos sueltos rosas, muy translucidos, que aunque de entrada impongan un poco, aplicados con sutileza se limitan a proporcionar un aspecto fresco y luminoso.
- Las pieles más oscuras deben decantarse por tonos anaranjados (melocotón y salmón). Los tonos salmones en estas tienen la misma función que los rosados en los cutis pálidos. Los polvos de Clinique que he comentado sí que se pueden usar e incluso quedan mejor en estas que en pieles muy blancas.
Se pueden mezclar anaranjados y amarillentos. La proporción de uno y otro variará en función del tono base de piel, más amarillo en claras y más naranja en oscuras.
- Para las imperfecciones (granitos), tonos verdosos.
- Para las rojeces y lesiones vasculares, tonos azulados. Si la rojez no es muy intensa se pueden usar los correctores verdosos o, incluso, los amarillentos. Si es algo puntual, con un lápiz del mismo tono del maquillaje puede bastar.
- Para esconder rasgos, utilizar un tono más oscuro que el maquillaje en la zona a esconder (aletas nasales o caballete por ej.) o a esculpir (bajo los pómulos para realzarlos). También para dibujar la mandíbula y enmarcar la cara, con precaución para evitar efecto barba y con un toque claro en los dos ángulos.
- Para ILUMINAR, tonos beige (más o menos claros, siempre un tono menos que el maquillaje). Para la mirada conviene poner un punto encima y debajo del vértice de la ceja, así como en el lacrimal y en la unión de la órbita con la sien. Una tenue línea vertical en la frente y otra en la barbilla dan luz al rostro.
Si se quiere realzar la mirada pero sin sombras, simplemente aplicar un poco del mismo colorete de las mejillas en el surco del párpado.
Se supone que el punto de acupuntura para los ojos está en el montículo de la base del dedo índice. Un poco de presión en esa zona podría funcionar para mejorar las ojeras (esto no lo he probado, sólo lo he leído)
Espero que os haya resultado útil.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








