sábado, 9 de julio de 2011

Stradivarias

Ayer estuvimos en la función de Stradivarias y lo pasamos estupendamente. Hay momentos en que están absolutamente Extraordinarias. Tienen página web: www.stradivarias.com en la que podéis ver un trailer de la función, además de comprar entradas a 12 euros, cuando en el Teatro valen 24.

Pese a salir de casa con 45 minutos por delante, nos tocó correr desde la salida de Metro hasta el Teatro. Llegamos justo a tiempo (se cerraron las puertas detrás de nosotros). Y eso que ni se nos ocurrió pensar en coger el coche y optamos por el Metro. Claro que no era directo y al tener que hacer transbordo la cosa se complica. Al bajarnos en Tribunal nos quedaban sólo 5 minutos para ir de ahí al Teatro en la C/ del Pez. Saltamos escaleras arriba para salir (creo que eran 4 tramos) y seguimos por Fuencarral, San Joaquín y la Corredera Baja de San Pablo, afortunadamente de bajada. Cuando al fin nos sentamos y cogimos aire, estábamos necesitados tanto del asiento como de la risoterapia del espectáculo. Esta última nos quitó la tensión y salimos de allí renovados.

A mi lado, afortunadamente con un asiento de por medio, se sentaba un enorme gordo que debía pensar que estaba en el sillón de su casa, porque extendió el brazo sobre el respaldo del asiento que teníamos vacío entre medias, de modo que si se me ocurría poner el brazo en el reposabrazos de ese lado, su mano me resultaba incómodamente próxima, a escasos cm de mi hombro. Es cierto que ni los sillones del patio de butacas, ni el teatro en sí, eran especialmente espaciosos, y como ya he dicho, el hombre tenía un volumen considerable, con lo que meter los brazos en el hueco que le correspondía era una tarea complicada. Claro que de ahí a repanchingarse como si tuviese derecho a un diván, hay un abismo. Invadía mi "esfera de espacio vital", por lo que decidí transformarla en algo sólido y palpable y coloqué mi bolso encima del ya mencionado reposabrazos. Al ser un bolso rígido, rectangular, copia de un modelo clásico de Carolina Herrera, cumplió a la perfección su función de barrera. Me permití el lujo de dejar las asas hacia su lado (a fin de cuentas era un hueco libre y tenía el mismo derecho a invadirlo que él), con lo que conseguí que retirase algo su brazo. Otra utilidad de los bolsos.

El espectáculo se parece al de Le Luthiers: cómico y basado en la música. Música e instrumentos forman parte de la puesta en escena, como un actor más. Se usan para seducir, destacar, poner orden, mandar, e incluso como compañeros de baile.

Además de tocar, cantan, pero sin abandonar su vena cómica. Lo hacen bien, con mucha gracia, y en ningún momento resultan ni horteras ni ridículas. Se complementan unas a otras, tienen mucha complicidad entre ellas y con el público. Se pasa el rato en un suspiro, al terminar no parece que hayan transcurrido dos horas y aún apetecerían otras dos.

Detrás de nosotros estaba sentado Federico Luppi. Es más bajito de lo que me imaginaba, en las películas siempre me resultaba alto. Como no hablamos con él, no os puedo contar mucho más.

Espero que si tenéis oportunidad, vayáis a verlas. Merece la pena y el humor siempre sienta bien.

1 comentario:

Torpedo dijo...

Solamente quería añadir que el espectáculo es muy entretenido, a ratos divertido y que efectivamente recuerda un poco a Les Leuthiers, pero sin la parte "verborreica" suya.