lunes, 12 de diciembre de 2011

Clarins

Hace unos días, al pasar por el stand de Clarins en el Corte Inglés, me paré al observar que habían sacado un nuevo producto de la fantástica línea (al menos en mi opinión) Lisse Minute. Me enteré recientemente de que el secreto de esta prebase, a diferencia de otras, radica en que no crea una película de silicona sobre el rostro, que al cabo del rato termina por convertirse en grumos, como les ocurre a las de L'Oreal y Bourjois. Mercadona ha sacado una que tengo que probar. La de Clarins lleva microperlas de acacia en su composición que son las que se encargan de atrapar la humedad natural de la piel para hincharse y ejercer su efecto "rellenador", al tiempo que evitan la deshidratación. Pregunté a la dependiente, que me informó de que el nuevo producto, además de tener el mismo precio y uso que el original, también era tratante, por lo que resultaba ideal para usarlo en zonas de líneas de expresión, como frente y surcos nasolabiales. De hecho su envase es un aplicador que permite distribuirlo, directamente, en el centro de la arruga.

Me comentó que Jorge Matamoros, el maquillador oficial de Clarins en el Corte Inglés, iba a estar precisamente esa semana en ese centro en concreto y que, si me apetecía, me podía apuntar a una sesión con él. Este tipo de eventos, además de resultar relajantes, son muy útiles a la hora de aprender trucos y técnicas y, dado que el Dr. House iba a estar de guardia y no iba a dejarle solo en casita abandonado a su suerte, no es que necesite de nadie, accedí encantada.

Así que mientras mi pobre marido sufría encerrado en el hospital, yo me dediqué un rato a probar productos de Clarins y a que me embellecieran con ellos. Aquí va la lista con mi opinión (y sin comisiones):

Tras limpiarme el rostro con su desmaquillador bifásico, que no es nada irritante, me aplicaron el Double Sérum Génération 6. Para ello simplemente hicieron una leve, y muy agradable, presión durante unos instantes con las palmas de las manos sobre las distintas zonas mientras el serum penetraba con el calor de estas. Me dejó la piel tersa y radiante y eso que, con el día que hacía y la contaminación, me la había notado más reseca de lo habitual. Sé que después pusieron una hidratante, que extendieron con brocha, pero olvidé apuntar cual.

Pasamos a la fase del maquillaje. Lo primero fue una base fijadora para el párpado superior, Eclat Minute Base Fixante Yeux, (que equivaldría al Stay don't Stray de Benefit que uso ahora). Tiene el efecto de absorber la grasa para evitar que se deslicen los colores fuera de su sitio y que se abotargue el párpado. Me enteré de que en el párpado superior conviene este tipo de efecto mientras que, en el inferior, hay que buscar la nutrición para controlar la sequedad y tratar las arrugas.

Llegó el turno del maquillaje: Instant Light. Pese a ser muy ligero unificó muy bien el tono sin resultar grasiento ni dar aspecto de máscara. Jorge insistió en su aplicación con brocha (plana y de pelo natural, que hay que lavar con champú una vez a la semana) para su mejor integración con la piel.

El siguiente paso fue el de aplicar una sombra. Como mi ojo es grande, le interesaba darle un efecto rasgado además de potenciar el brillo de la mirada. Utilizó un color en el que yo jamás habría pensado ¡marrón oscuro!, de la gama Nudes 02. Lo aplicó sobre todo el párpado móvil, sin cargarlo, para difuminarlo a continuación con un pincel (algo gordito para ser de ojos). Adquirió con ello un tono más visón que marrón, muy favorecedor. Con el lápiz 02 Brun, dibujó una línea muy fina en la zona medial de las pestañas superiores y la engrosó en triángulo desde la mitad hacia el ángulo externo. Después la difuminó ligeramente para mezclarla con la sobra.
Una vez maquillado el párpado, limpió la zona inferior del ojo antes de aplicar el corrector, con este truco evita que se ensucie por el polvillo de las sombras. Escogió el Instant Light Brush On Perfector, nutritivo, antiarrugas y con ácido hialurónico.  Puso bastante cantidad, de un tono similar a la piel, y la extendió muy bien con el pincel.
Para las cejas dibujó trazos discontinuos con el lápiz Soft Blonde 02, del mismo tono que el resto. La región del ángulo hacia la cola la dibujó por la zona superior para luego peinarlas y conseguir el efecto de elevar tanto la ceja como el ojo.
Imprescindible la máscara negra. Me puso la Wonder Definition que tiene un cepillo con una prolongación más fina en el extremo con la que atrapa las pestañas más cortas y finas del ángulo interno. Consigue alargar y separar las pestañas, sin hacer grumos y sin dejarlas rígidas. No la conocía y me pareció estupenda, y el diseño del pincel es genial.

Sección pómulos con Blush Prodigy, un colorete con dos matices, uno mate, para aplicar debajo de la zona externa del pómulo y desde allí extender con brocha gruesa y redondeada hacia arriba, para elevar los rasgos. El matiz más claro e irisado es para ponerlo, también bien extendido, en la "manzanita" de las mejillas al sonreír y lograr el efecto de "pellizco de abuela".

Los labios me los perfiló con el tono Praliné-08 y le indiqué el color que quería que me aplicase, el 700 Cedar Red, preciosísimo. Él se había decantado por uno más natural que iba a estropear su obra, lo que sería una pena, porque los colores claros me dan aspecto de enferma. Me comentó que no es frecuente encontrarse con mujeres que se atrevan con los tonos fuertes.

Lástima que no tuviese ningún evento en el que lucir mi aspecto, porque consiguió milagros. Supongo que ahora, con las Navidades, Jorge estará pululando entre los distintos centros del Corte Inglés y merece la pena preguntar en el stand de Clarins para regalarse una sesión, gratuita por otro lado, con él. Después de este post me van a contratar para su publicidad. Claro que tengo que enterarme de las sesiones en el resto de las marcas para aprender nuevos trucos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Médicos enfermos


¿Qué hace un médico cuando cae enfermo? Para empezar, ser mal paciente. La primera fase de "negación" no se acepta como falsa hasta que no es más que evidente que la febrícula y la debilidad no se deben tan sólo al cansancio. Al primer síntoma yo me tomo el primer antiinflamatorio para intentar frenar su evolución. El Dr. House no me pide una pastilla salvo que ya no resista más sin ella. Imagináos una casa con el Dr. Grumpy y el Dr. House arrastrando de su cuerpo a duras penas y, para más inri, ambos a la vez. Podría ser similar a la película de "la extraña pareja", pero no, estamos demasiado matados como para ser capaces de sacar el sarcasmo. Menos mal que, cuando esto ocurre, uno suele estar mejor que el otro, pero aún así, en la tarde de ayer no nos levantamos del sillón, ni tan siquiera a escribir un rato.

Estar enfermo es aburrido, no se puede leer demasiado porque cansa y, si sube la fiebre, es todavía peor. Una pasa de la sudada del calor a la tiritona del frío en cuanto se termina el efecto de los antitérmicos. Eso sin contar: la flojera, el dolor de cabeza, el mareo con estómago revuelto y el extra de irritabilidad. Afortunadamente me pongo enferma pocas veces, incluso menos que House. A los dos nos suele durar más bien poco. Ambos empezamos siempre con muy buenos propósitos la tarea de cuidar al otro, porque "el pobrecito, esta malo". Sin embargo, al cabo de unas horas recurrimos a arañar en el fondo de nuestras intenciones iniciales, en busca de algún resto de paciencia, con el que sobrellevar, sin alterarse, las ideas propias del experto paciente que tenemos entre manos.

Estoy convencida de que la mala leche tiene propiedades curativas. Sólo hay que ver que la gente que no se pone casi nunca enferma y, a la que por lo tanto no se piede de vista con facilidad, por muchas ganas que se tenga de ello, no es precisamente la más dulce. Es lógico, los bichos van a la miel y, si se equivocan, ya se dan ellos mismos buena prisa en salir del vinagre en el que han caído. No creo que haya estudios, pero si alguien los soportase como material de muestra, llegaría a la conclusión de que son individuos mucho más longevos que la media. ¡Qué ni las parcas los quieren de acompañantes!

Eso no significa que este tipo de "sanos" no vayan nunca al médico. Por el contrario, uno de sus pasatiempos favoritos para algunos de ellos es precisamente el de quemar la sangre del galeno. La mayoría de las veces hay que discutir con ellos hasta la saciedad, que a fin de cuentas es para lo que van, hasta "no convencerles" de que no tienen nada, y esquivar como se pueda el darles una nueva cita de revisión, en la que se empeñan. Se van de allí con una mezcla de satisfacción y disgusto. La primera porque ya tienen a alguien más al que incluir en sus críticas y, la segunda, porque no se han salido con la suya de conseguir la revisión. Claro que para eso les queda la baza del médico de cabecera, que hará todo lo que esté en su mano por quitárselo de encima.

viernes, 9 de diciembre de 2011

El calor de Diciembre

Las luces de Navidad ya están en las calles. Eso no significa, ni mucho menos, que me haya sentido impelida, cual posesa, a ir corriendo a contemplarlas. Aunque la decoración navideña es bonita, en ocasiones su exceso es un despropósito, mayor aún cuando hay vecindarios en los que colocan las bombillitas pero no las llegan a encender por motivos de presupuesto. El gasto eléctrico extra conlleva que luego, en un intento de compensarlo, si una sale a la M40 de noche, se encuentra con que aquello está más oscuro que la boca del lobo. Es cierto que no hay demasiada circulación a esas horas, salvo algún desafortunado médico de guardia al que espera un paciente indemorable.

Las luces me indican que sería conveniente adaptar mi guardarropa a la temporada. Pese a exceder habitualmente mi presupuesto dedicado a ropa, no puedo renovar todo mi vestuario en cada estación por lo que no me queda más remedio que resignarme a afrontar el cambio de armario. Quizás esperar a Diciembre para guardar las cosas de verano y sacar las de invierno puede dar la sensación de que soy calurosa y tolero bien el frío. Nada más lejos de la realidad. Soy una gran friolera pero también una gran perezosa. De sólo pensar en todo el trajín que supone esa tarea me entran más escalofríos que por la bajada de las temperaturas. En previsión, siempre dejo unas cuantas cosas de "entretiempo", suficientes como para vestir a una familia numerosa, con las que tirar en el interín.

El gran problema deriva de que me gusta la ropa y me gusta ir de compras. Esa resulta ser una combinación muy peligrosa. Con la frase de "esto es un fondo de armario", mi fondo actual no me permite ni asomarme al frente. Además de protegerme del frío, la exposición y colocación de todo lo guardado me conciencia de la exageración de prendas que poseo, sobre todo en relación al hueco donde debo encajarlas. Eso me sirve para controlar, lástima que sólo transitoriamente, mi compulsión de sustentar con mi economía la del pequeño comercio.  Claro que encuentro muchas trabas en el camino a mi curación: descuentos previos a la Navidad, tentaciones mientras busco regalos para la familia y ofertas especiales para clientes de los millones de tiendas en las que figuro como tal.

He logrado terminar con el armario de los "vestidos bonitos", como lo llama nuestra asistenta. Gracias a ella, la leonera de la "habitación para mis cosas" consigue, ocasionalmente, aparentar un mínimo de orden dentro de su caos. Está claro que hoy no es uno de esos días y, la pobre mujer, cuando asome la nariz por allí  va a tener que ser atendida por el Dr. House (esta menda habrá huido con la excusa del trabajo). Después, ambos se dedicaran a planear mi asesinato y hacerlo parecer un accidente. Si les descubren, una foto del cuarto en cuestión seguro que es considerada como prueba exculpatoria.

lunes, 5 de diciembre de 2011

DIVERXO

¡Al fin hemos comido en Diverxo! Conseguir mesa nos costó tres intentos y, en el último, lo logramos gracias a llamarles con un mes de antelación. Pese a ello nos faltó un pelo para perderla, debido a su política de confirmaciones. Afortunadamente aquel problema fue aclarado sin mayores repercusiones.

Llegamos un poco antes de la hora que nos habían dado, que no era la misma que pedí pero no me dejaron opción en el tema (supuse que lo hacían para coordinar el servicio con el número de mesas atendidas a la vez y los platos a preparar en cocina). Si es esa la razón, no me quiero ni imaginar qué habría sido de nosotros si hubiésemos reservado cuando pretendíamos, ni que decir tiene que aún tienen mucho que mejorar en ese aspecto. Debimos de ser los primeros en aparecer, de ese turno, así que pudimos escoger entre tres mesas (y a partir de ahí esperar a que se presentaran los de las otras dos). Nos sentaron y nos avisaron muy amablemente que nos atenderían en cuanto les fuese posible. Había una caterva de camareros, así que si Miss Corn quiere hacer algo a ese nivel va a tener que contar con la colaboración de toda la familia. Aún así, tras probar sus tulipas, estoy convencida de que conseguirá sin problemas las 3 estrellas Michelín (Diverxo ha conseguido la segunda recientemente). 

Nos preguntaron por las bebidas: una cerveza japonesa para House y agua del tiempo para mí. Con éstas nos trajeron un cubo lleno de vainas de soja con una salsa de ají amarillo para tomar de aperitivo. El ají estaba buenísimo, con bastante ajo y un picante no muy intenso pero acumulativo, que llegó a hacer sudar ligeramente al Dr. House. No sé si su idea era la de que matásemos el hambre a base de soja, pero no compartíamos sus planes, así que tomamos unas cuantas piezas y esperamos un rato más, mientras valorábamos el local (foto). Es muy luminoso, acristalado en tres de sus lados por grandes ventanales rodeados por un jardín. Los techos son altos y las mesas están separadas entre sí, aunque se puede oír al camarero al comentar la composición de cada plato a los de al lado. La sensación de amplitud, sin ser completamente íntima, es adecuada. La acústica deja que desear, con tanto cristal y tan poco material para absorber ecos, lo que no lo convierte en el lugar ideal en el que coincidir con grupos grandes y ruidosos. No era el caso y estuvimos muy a gusto. El suelo es infame, apto tan sólo para una pista de patinaje. A punto estuve de terminar con mis tacones en el suelo de camino al lavabo.

Interior de Diverxo
Las opciones de menú eran tres: Menú Expresxo (entrante, 4 platos salados y 2 postres), menú Extenxo (entrante, 6 platos salados y 2 postres) y menú  Diverxo (entrante, 8 platos salados y 2 postres). Nos fuimos a la opción intermedia para no salir como un botijo. A posteriori decidimos que habríamos podido con el completo sin esfuerzo. Todo estaba buenísimo, lástima que las raciones eran de un par de bocados cada una, algunas de tres, con lo cual, contando con este margen, el cálculo sería: 3 bocados de entrante+20 de salado+6 de postre=29 bocados (y no eran de la contundencia de las albóndiguillas de mi abuela). La otra pega es que hubo que distribuirlos en un periodo de tres horas, por lo que prácticamente nos dio tiempo a hacer la digestión entre un bocado y otro. Así que, el resultado final de la división es de 10 bocados por hora. Ni siquiera Fletcher, "el gran masticador", era capaz de comer tan despacio. ¡Menos mal que tienen casi más camareros que clientes!, si no llega a ser así habríamos tenido que unir la comida a la cena.

El Sumiller, encantador, nos ayudó a escoger un vino. Le explicamos lo que nos gusta: con cuerpo pero sin ser basto, afrutado y complejo al tiempo. Para el estilo de comida nos recomendó un vino de Jumilla "Clio" (añada 2009, bodegas el Nido). Todo un acierto: delicioso y ligero pero sin ser agua. 

El menú consitió en:
Entrante: Mejillón tigre, un clásico del sitio por lo que he leído, sobre lecho balsámico. Venía en un cuenco en el que, sobre un fondo de salsa de balsámico de Módena, que quizás debiera de haber sido más sutil porque llegaba a predominar sobre el marisco, se apoyaba un mejillón de roca cubierto con bechamel ligera y espolvoreado en la superficie con polvillo de pan rallado. 

Una hora de reloj después de llegar, y veinte minutos tras el saciante mejillón, se decidieron a dar paso a los platos salados. La razón de esta demora se debió a que en la mesa de al lado habían pedido el menú Diverxo por lo que, para sincronizar nuestro servicio con el suyo, nos hicieron esperar el turno intercalado de diferencia. Me pareció de pésimo gusto e intolerable en un dos estrellas. Quizás, si se hubiese tratado de otra mesa no nos habríamos enterado de la jugada pero, de este modo, resultó más que evidente. 

Muertecicos de hambre recibimos con las bocas abiertas los siguientes bocados:  
Espectacular ventresca de bonito ahumada con mini dim-sum de huevo frito (de codorniz) con alioli negro y una salsa agridulce con un toque picante. Excepcional, me recordó a la exquisita anguila ahumada que tiene últimamente César en el Antojo. Es también excelente y no desmerece frente a la ventresca. 
Dim-sum de setas, cremoso y muy suave, con una fina lámina de cecina muy jugosa.
Mi favorito incuestionable: Dim sum de capón sobre obleas, con un par de trocitos de carabinero sobre un fondo de crema de marisco con un toque de azafrán. 
Como plato sorprendente, el de la foto de la cabecera del post: gamba frita al revés (se vierte el aceite a 200º sobre la gamba), con soja, yusu (cítrico chino) y mayonesa caliente. 
Cochinillo a la pekinesa, en dos partes: 
- La primera era una lámina crujiente y muy fina de corteza. ¡Increíble!, no sé cómo habían conseguido algo así: textura de galleta y sabor a cochinillo. Sobre ésta había: un bizcocho-espuma de sésamo, ligerísimo, unas huevas de trucha y unos dados de pepino con salsa hoisin de cerezas. 
-La segunda consistía en una albóndiga de picada de secreto ibérico (lo llamaban hamburguesa, debía de parecerles grande porque se tomaba en dos bocados). Estaba cocinada al vapor con un final de plancha. La presentaban en una hoja de corazón de lechuga y un poco de hierbabuena para envolverla en la verdura y comerla con las manos tras mojarla en un bol de caldo asiático suave (con vinagre de arroz, pimentón y orégano). 
El plato final era un estofado de buey con grasa de buey sin grasa y espuma de tamarindo. Para prepararlo sólo se utiliza el fondo del estofado, la carne se asa unas 14 horas a baja temperatura para que quede jugosa y suelte la grasa. Luego se mezcla 1 minuto en el wok. La espuma de tamarindo se realiza con sifón y la combinación le aporta un contraste muy logrado. Estaba muy rica pero no se acercaba, ni de lejos, al rabo de toro, deshuesado y cremoso por dentro y con una corteza de crujiente rebozado por fuera, con el que nos deleitó Pablo hace tiempo, cuando era el chef del Azabara. 

Los postres eran muy bonitos de presentación aunque, a la hora de la verdad, no le llegaban a los de Los Sentidos de Linares ni a la suela del zapato. 
El primero venía debajo de una preciosa cúpula de cristal. Al levantarla aparecían dos nubes cilíndricas de violeta y haba tonka, cubiertas con "vapor" de algodón de azúcar del mismo sabor y acompañadas por media nuez de pecan partida en dos y un ojal de helado. 
El segundo se trataba de un bombón de chocolate negro, pasado de dulzor, protegido por  una hoja de gelatina de té verde. Por desgracia llevaba fruta de la pasión, que aborrezco. No sólo es que no me guste sino que además, es tan reconocible y tiene un aroma tan intenso, que me mata el sabor de lo que la lleve. El bombón de chocolate y haba tonka de César en el Antojo está más logrado, con la ventaja de que sabes de antemano lo que es y puedes pedirle que no te ponga fruta de la pasión, que también la lleva aunque nunca cuando me lo prepara para mí.

En resumen: comida deliciosa con muchísimo tiempo para disfrutarla, espera entre platos inaceptable para un dos estrellas Michelín, relación cantidad-calidad-precio infame, nivel de elaboración similar al de Marcelo de Santiago (en el que la coordinación del servicio era incomparablemente mejor), postres superados por César en el Antojo (que no cuenta con tanta parafernalia técnica) y por los Sentidos en Linares (en este último lo increíble es la gran relación cantidad-calidad-precio). Amabilidad y talento culinario indiscutible, aunque sin llegar a la magia de Juan Pablo Jiménez que, aunque nos alegremos de que ahora viva feliz y tranquilo, no podemos evitar echar de menos los buenos tiempos en que le teníamos a mano en Cirilo y Azabara.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Malos principios y, espero, buen final de semana


Tras una semana hospitalaria tremenda, con una guardia algo peor que regular el miércoles, atasco de dos horas el jueves con mañana de consulta duplicada, llegó el esperado viernes. Los gitanos no quieren buenos principios, así que espero que eso indique que el fin de semana va a compensar el trajín de los otros días.

Para comenzar, ayer estuvimos cenando en casa del amigo que, hace años, nos regaló el destrozado felpudo al que debe su nombre el blog. Se casó recientemente en segundas nupcias y sólo conocíamos a su nueva esposa del mismo día de la boda. Resultó ser un encanto y con la cabeza en su sitio. Esta última cualidad, por desgracia, no es aplicable a la anterior, claro que los inteligentes aprenden de sus errores y nuestro amigo ha hecho honor a esta máxima. Su nueva esposa aventaja a la primera por unas cuantas decenas de puntos de CI. Aunque muchas veces la inteligencia y la sensatez no vayan de la mano, sí que lo hacían en este caso y, dadas las circunstancias de su entorno, un apoyo extra de cordura le viene muy bien a su marido. También hizo gala de un genial sentido del humor algo sarcástico. Es patóloga y, en sus propias palabra, su especialidad tiene el aliciente de que le ahorra tener que soportar a los pacientes ya que, o bien están muertos o en pedacitos. Siempre me ha gustado la histología, tiene también una parte quirúrgica, aunque se trate de autopsias, y ese argumento en relación al trato con los pacientes es como para planteársela si en algún momento decido cambiar de rama. El inconveniente es que, en ese caso, no convendría ser el "médico de la familia".

Conocimos a su pequeño, tierno y, supuestamente, guerrero bebé, que no hizo honor a su fama durante nuestra visita, sino que comió y durmió, como debe ser. Nos enseñaron su nueva casa, amplia, acogedora, con techos altísimos y domótica. En el dormitorio tenían una lámina de Flaming June de Frederic Leighton, que me gustó tanto que decidí ponerla de ilustración de este post.

Nos encargábamos de llevar el vino, un Rioja, Castillo de Cuzcurrita Reserva, delicioso y que voló (el tamaño de las copas de "reglamento" también influyó en esto, aunque yo sólo me tomé una porque tenía que conducir, pero creo que la dosis equivalía a algo más). También habíamos quedado en llevar el postre. Hace tiempo que me apetecía probar la Tarta Tatin de Oriol Balaguer y me pareció que la ocasión se prestaba a ello. Me acerqué por la tarde a su pastelería, en la esquina de Ortega y Gasset con General Pardiñas, para descubrir, con horror, que se les había agotado. Ir con un plan y que este no sea realizable me dejó algo descolocada y me costó decidir por qué cambiarlo. Escogí una caja pequeña de pasteles, no quedaban de las medianas, y unas nubes de chocolate que me miraron (y que estaban de muerte).
Ya que andaba por la zona del Bº de Salamanca, aproveché para darme una vuelta por el evento de Michal Negrin.  Me enteré de que probablente vuelva a organizar otro para el 4 de Enero. Como siempre, tenía cosas preciosísimas. Continué el paseo hasta llegar a Just One Outlet, en Velazquez 13, y echar un ojo a su venta especial con descuentos del 70-80%, que termina hoy mismo. De ahí a De Sybaris (chaflán Alcalá con Príncipe de Vergara) a por el "Producto de la Semana" un PX buenísimo. De paso, le compré al pobre y sufrido House una botella del escasísimo brandy de Ximénez-Spinola, su favorito, ya que, tras lidiar con la exclusiva bodega, acababan de reponer existencias y había que aprovechar la coyuntura.

Me encontraba al lado de mi heladería favorita, Alboraya, en la C/ Alcalá. Aunque la temperatura exterior no pasaba de los 10º pensé que un poco de helado haría buena compañía a las nubes. Dicho y hecho. Compré una tarrina grande para llevar, con la mitad de yogur y la otra mitad de chocolate, mis dos sabores favoritos. El helado de chocolate de Alboraya es, para mi gusto, el mejor que he tomado en ningún lado, y puedo afirmar que tengo muestra con la que comparar. El de yogur sigo opinando que es mejor el de Vespri, de Florencia, pero dado que no me pilla muy a mano, en Madrid esta es, indudablemente, la  mejor alternativa. No voy a negar que House me miró dubitativo cuando llegué a casa con el helado, pero el brandy contribuyó a calmar sus recelos.

El famoso felpudo (ahora borrado)
Aunque me desorienté por el camino, y eso pese a las pacientes indicaciones de mi señor esposo, conseguimos encontrar finalmente el sitio a nuestra hora y, además, el helado no se derritió (doy fe de que el embalaje de corcho aguanta sin problemas y sin afectar a su textura cremosa). Tras ocuparse de los niños, ver la casa, encargar la comida de especialidades indias y esperar por ella, cenamos a las 23 h (de tentempié nos tomamos una de las nubes, espectaculares). Al final hicimos un poco de sobremesa con el helado, que resultó un gran acierto. Mientras charlábamos atacamos la tarrina sin contemplaciones y en varias arremetidas. Poco más se puede pedir para empezar el fin de semana: cirugía por la mañana, paseo de compras por mi barrio favorito, deliciosa cena con un vino excelente para brindar en buena compañía (y con el que dormir como una bendita), plan de salida de comida para hoy y semana corta de puente (aunque con trabajo entremedias) en perspectiva. Casi no parezco ni Grumpy.

viernes, 2 de diciembre de 2011

ROSQUILLOS DE LA ABUELA


Aunque esta receta también tiene su origen en Canena, los rosquillos no los tomábamos allí sino en la granja. Nos los hacía mi abuela materna y estaban deliciosos. Afortunadamente es una receta que rinde mucho y salían un millón de tiernos rosquillos, los justos y necesarios para alimentar a toda la troupe de primos y tíos. Si no se estaba al tanto, con el buen saque de estos últimos, una podía no llegar ni a las migas. Era buena idea interrumpir la lectura, principal causa de distracción en mi caso, para pulular por la cocina y vigilar los progresos en su elaboración. Si se abusaba de esta táctica se corría el riesgo de, o bien terminar castigada sin probarlos, o bien que la enganchasen a una para realizar faenas domésticas. ¡Menos mal que también se  podía espiar desde el patio y, en caso de ser detectada, se disponía de una buena vía de escape! Pese a la cantidad, nunca podían estropearse ni endurecerse ya que desaparecían ese mismo día. No los he probado tan buenos como estos en ninguna otra parte. Son un poco engorrosos pero merecen la pena.

ROSQUILLOS DE CANENA (de la abuela y la tita Carmen)

INGREDIENTES
Por cada huevo:
Zumo de media naranja
Ralladura de limón
1 cucharadita de canela molida
1 sobre doble de gaseosa (a ellas les gusta las de la marca "El Tigre", que los deja muy huecos, tiernos y evita que la masa quede apelmazada)
4 cucharadas hondas  de aceite desahumado con cáscara de limón (enfriado)
1 pizca de sal
2 cucharadas de leche
3 cucharadas de azúcar con colmo.

Harina (poco a poco, nada más la que admita pero sin que la masa se ponga dura)

ELABORACIÓN
Batir todos los ingredientes y añadir la harina progresivamente hasta que tome un poco de consistencia pero siga blanda la masa.
Engrasarse las manos con lo que haya sobrado del aceite desahumado.
Hacer unos roscos finos (luego crecen y si son muy gruesos no se esponjan bien ni se cuecen del todo por el centro)
Escurrir en papel absorbente
En caliente: pasarlos por azúcar.




2º RECETA DE ROSQUILLAS

Esta otra receta es similar y también sale bastante buena. Es de una compañera de trabajo de mi madre, de cuando yo aún era colegiala, así que también forma parte de la cultura "vintage".  Algo menos esponjosos que los de mi abuela, para el que le gusten las rosquillas un poco más crujientes. Es cuestión de probarlas para elegir entre ambas.


INGREDIENTES
1 huevo
Aprox 3/4 kg harina
Zumo de un limón y ralladura de medio
1 cucharadita de canela molida
1 cucharadita de bicarbonato
8 cucharadas hondas  de aceite desahumado con cáscara de limón (enfriado)
1 pizca de sal
1 taza de leche
8 cucharadas de azúcar con colmo.
ELABORACIÓN
Batir el huevo en una fuente honda. Añadir las 8 cucharadas de aceite y luego el azúcar y la leche. Se echa el limón y la ralladura, la canela, el bicarbonato y la sal.
Se va añadiendo la harina progresivamente según se remueve la mezcla, que se vaya incorporando bien hasta que no se pueda mover con la cuchara. Se amasa entonces con las manos hasta que tome consistencia, aunque no demasiada. La masa no debe quedarse dura. Es mejor tener que ponerse un poco de aceite desahumado en las manos para evitar que se pegue a los dedos y evitar que se queden secos y harinosos.
Hacer unos rosquillos finos (luego se hinchan al freírlos)
Freír en abundante aceite de oliva bien caliente. Sacar a papel absorbente.
Antes de que se enfríen, pasarlos por un plato con azúcar.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Arroz con carabineros de la tita Mercedes

El día del cumpleaños de la tita, aproveché mi visita sorpresa para sonsacarle algunas recetillas con las que rellenar, aún más, el blog. Ya sabía la de las albóndigas así que tenía que ir a por las croquetas (que aún no he conseguido) o alguno de los famosos arroces. Algún postre canenero podía ser interesante, y se animaron con los rosquillos además de su famoso arroz con carabineros. Se supone que las cantidades son como para 6 personas (en previsión de que estas tengan buen saque y vengan acompañadas).

ARROZ CON CARABINEROS
Ingredientes
Medio kg mejillones
Un cuarto de chirlas
Un cuarto de gambas
Medio kg de anillas de calamar (congelar y descongelar para que se ablanden)
1 carabinero por persona.
Dejar los moluscos dos horas en agua con sal para que suelten la arena.
Cocer al vapor los mejillones, y sacarlos de su concha, y las chirlas.
Darles un hervor a las gambas y apartarlas.
Colar el agua de cocer el marisco y tirar el final para evitar que se cuele algo de arena, y ponerle todos los mariscos ya limpios.

REFRITO
Pochar 2 pimientos verdes a trozos y1 cebolla picada. Añadir unas alcachofas y guisantes a gusto del cocinero y los comensales. Darles una vuelta a los calamares.
Poner un tomate picado y 2 hojas de laurel.
Machacar: ajo, perejil, azafrán y pimienta y aclarar el mortero con un chorro de vino blando.
Cocerlo todo junto.

Medir 1 VASO DE ARROZ por cada 3 personas (1 puñado por persona más uno extra por cada 3 ó 4). Por cada medida de arroz poner 2 y media de caldo caliente.
Aproximadamente a los 8-10 minutos de cocción, añadir los carabineros.
El arroz tarda unos 18 minutos en cocerse como media (oscila de 15 a 20 min en función del tipo)
En el último minuto poner un poco de pimiento morrón.
Dejar reposar unos 5 minutos tapado con un paño, con el fuego apagado.