domingo, 22 de abril de 2012

Fútbol

Ayer, al regresar de casa de mis padres tras ver el clásico Real Madrid-Barça, House me comentó que el famoso partido sería un buen motivo para un post. Estoy de acuerdo con él, sobre todo porque en mi familia el fútbol se vive con un entusiasmo no superado por ningún otro tipo de evento. Ni hermanísima ni yo somos futboleras, aunque sí madridistas (ese es el motivo por el que, aunque ayer el Madrid no jugara en casa, va en primer lugar a la hora de enunciarlo). ¿Cómo se puede pasar olímpicamente del fútbol y, al mismo tiempo, confesarse de un equipo? Para explicarlo habría que aplicar dos refranes: "la fuerza de la costumbre" sería uno y, "a la fuerza ahorcan", el otro. Nunca se nos ha cruzado por la cabeza la idea de no ser del Real Madrid, so pena de tener que buscarnos otra familia en la que vivir. Mi hermanita y mi hermano sí que han heredado ese rasgo.

Recuerdo las tardes de partido durante mi infancia. Sería imposible olvidarlas. Hermanísima y yo nos refugiábamos en nuestro dormitorio, sin molestar, mientras mis padres permanecían clavados en el sillón. Eso no significa que no nos enterásemos de cada una de las jugadas, porque el juego era comentado a dúo por ambos progenitores. Tampoco dormíamos, habría resultado imposible salvo que hubiésemos estado completamente sordas. Estoy segura de que el árbitro se enteraba perfectamente de cada uno de sus improperios. En el intermedio, una se relajaba en la cama, para despertar, sobresaltada, según daba comienzo el segundo tiempo. La taquicardia del susto tardaba, mínimo, 45 minutos en pasarse (media hora más si había prorroga).

Un día, siendo aún muy pequeña, e inocente, se me ocurrió entrar al salón a coger algo que me había dejado. En lugar de reptar por el suelo, que habría sido lo deseable, pasé por delante del televisor. Nunca se me olvidará el berrido de mi señor padre ante mi osadía. Casi me deja paralizada, aunque, afortunadamente, reaccioné lo suficiente como para quitarme rápidamente de en medio. Ni que decir tiene que no cogí lo que había ido a buscar y tampoco volví a cometer semejante transgresión. Si la casa se quemaba, o se inundaba, era mejor esperar a notificar la noticia una vez terminase el encuentro, o tener la iniciativa de llamar nosotras mismas a los bomberos.

Cualquier tipo de actividad era incompatible con aquel espectáculo. Si mi madre se ponía hacer punto (afición que le duró poco tiempo, posiblemente porque tan sólo llegó a tejer un jersey, lo que le ocupó varios meses), la celebración de los goles daba al traste con su avance, ya que las agujas se soltaban al levantar los brazos en señal de alegría  La lana, aún enganchada en sus dedos, al estirarse, deshacía los últimos progresos. Creo que el jersey lo terminó en verano, una vez acabada la Liga.

Cuando vinimos a Madrid, la cosa se tranquilizó. El motivo: mis padres iban al Bernabéu a ver a su equipo. Durante la época de Butragueño, Martín Vázquez, Pardeza (que le encantaba a mi amiga Nuri), llegué a ir al campo en alguna ocasión. El Madrid ganó todos los partidos a los que asistí y también la liga. Ni por esas conseguí aficionarme. Afortunadamente la mayoría de la población no es como yo y da gusto estar en el hospital cuando hay un partido importante: no acude nadie a Urgencias. Hasta las enfermedades se paralizan ante un encuentro mítico. Eso da una idea de la importancia de la patología habitual, que no puede esperar al resultado de una analítica pero sí al del marcador de un encuentro.

Hace poco, coincidí con el autocar del Real Madrid que volvía de un encuentro en Europa. Era hora punta, con lo que el atasco madrileño ya estaba servido. No es que no hubiese ningún policía para regularlo, todo lo contrario. Estaban todos, sin excepción, unos 12 furgones y el doble de motos, alrededor del autobús de los jugadores. Sin miramientos por el resto de los conductores, bloquearon todo un tramo de calle para ellos y dejaron la circulación aún peor de lo que estaban. Eran policías municipales, y siguieron su camino ajenos al entuerto que, ellos mismos, habían provocado. Comprendo que la mayoría fuesen aficionados y les hiciese ilusión acompañar a sus ídolos pero, aquello era exagerado. ¡Ni un dignatario lleva semejante escolta de un Servicio Público! Claro que, los días de partido, se toleran triples filas de aparcamiento en las inmediaciones del Estadio (por supuesto los policías están ocupados viendo el encuentro) y, tras las victorias más significativas, las fiestas de los hinchas son sólo comparables a las del Año Nuevo. 

Una curiosidad: la evolución del escudo del Real Madrid

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hala Madrid!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Yo ya se de quien me viene esta afición por el fútbol,jejejejejejejejej. Me encanto y disfrute como una enana viendo ganar ayer al Madrid en el nuevo campo de Barca (Camp MOU) jijijijijijijiji. Un besazo y lo dicho HALA MADRID!!!!!!!!!!!!!

Lalu

Elvira dijo...

Vamos Madrid! Menuda alegría! No pude mas que recordad a Raúl mandando callar a los cules! Besos

Pacuelo dijo...

Hermana, es Pardeza el que le gustaba a tu amiga, coinciden todas las letras, algo curioso, pero en otra disposición, por cierto, qué gusto más raro tenía Nuri.
Entonces, ¿ganó el Madrid ayer? Ni me enteré.
Besosss

Niágara dijo...

¡Corregido! Gracias. En mi opinión, por aquel entonces, estaba mejor Martín Vázquez. Tenía unos ojos muy bonitos.

Miguel Angel dijo...

Solo un apunte sobre logos:

http://thehappymixdj-music.blogspot.com.es/2009/02/evolucion-de-los-logotipos-corporativos.html

Le evolución de los logos más conocidos...