lunes, 30 de junio de 2014

Las vicisitudes de Paloma

La primera aventura de Paloma sucedió mientras la escribía. Es cierto que, en su origen, los personajes poseían rasgos en común con algunos miembros de mi familia, y que en mi familia nadie se caracteriza por su docilidad. Si el pájaro toma sus propias decisiones en el cuento, ¿por qué no iba a hacer lo mismo en mi cabeza? Tanto ella como Marla tomaron las riendas de la historia y tuve que conformarme con seguirlas. Orión apareció tan de improviso en el papel como en mi mente. Ser el último en llegar no le restó personalidad, él tampoco estaba dispuesto a dejarse manipular. A veces creo que la única frase que me dejaron poner en la historia fue la primera, en un guiño a Jane Austen y su "It is a fact universally acknowledge..."

La Señora fue la primera en leer Paloma. En cuestiones lingüísticas en la familia no hay enchufes y el papel de madre no le impidió ser profesional y señalarme todos los fallos. Corregí gerundios, acentos, construcciones y comas por primera vez, y por segunda, e incluso una tercera. Desde entonces he perdido la cuenta de las veces que he leído el libro pero en cada una de ellas han surgido cambios y siempre, en algún momento, me he llevado las manos a la cabeza al leer alguna frase. ¿Cómo se me había escapado ESO?

Perseguí a mis hermanos, primos y compañeros con las páginas del libro. Incluso mi abuela lo leyó, en la residencia no tenía escapatoria, y le gustó tanto que nunca entendió que no lo publicasen. Todos me dijeron que les había encantado, hasta alguno de los hijos de mis amigas se engancharon y lo devoraron en una tarde. Uno incluso me escribió su crítica y la única pega que le encontró es que le faltaban ilustraciones. Con semejante respaldo, y todo mi optimismo, me presenté al Premio Barco de Vapor... Meses después el barquito navegó, pero sin Paloma a bordo.

No me rendí. Mi libro estaba bien. Escribí a editoriales y lo envíe a las que me contestaron. Si a los tres meses no había obtenido respuesta, ya sabía cual era, aunque algunas avisaban que podían tardar hasta seis. Fue entonces cuando me presenté al Premio Lazarillo 2012.

Me llamaron de una de las editoriales. Estaban interesados. Me adjuntaron las condiciones. La verdad es que no apostaban demasiado por la obra. Editaban 100 ejemplares que debían venderse el día de la presentación. Los que no se vendiesen tendría que comprarlos yo. Por aquel entonces cien no me parecieron tantos (inocente). Ahora me alegro de que Paloma estuviese pendiente del Lazarillo, lo que me impedía aceptar hasta saber el fallo. Vender libros no es nada fácil. A pesar del blog, de mi familia y las redes sociales mis ventas ascienden a 35 ejemplares. ¿Cómo llegar hasta cien?

No gané el Lazarillo, me quedé a las puertas. Fuimos tres los seleccionados pero sólo podía ganar uno. Aún así pensé que el acta del concurso me abriría alguna ventana. ¡Ilusa! Eso sí, me llamaron de nuevo desde la primera editorial, con las mismas condiciones. Tenía esperanzas de que alguien las mejorase, no parecía tan difícil, y les rechacé definitivamente.

Revisé de nuevo el manuscrito. Después del tiempo transcurrido fui consciente de muchos fallos. Lo leyeron más amigos. El libro siempre encontraba buena acogida entre ellos, lástima que ninguno fuese editor. Le tenía tanto cariño a la historia y sobre todo a sus protagonistas que quería que descubriesen el mundo. Es una sensación difícil de explicar, se trata de algo expansivo que incluso es posible lo motive el orgullo de ser su autora.

House me avisó del concurso de amazon Kindle. Al menos el libro vería la luz, mucha o poca no podía adivinarlo. Le puse la preciosa portada que le había diseñado mi primo Juan y lo anuncié a los cuatro vientos. Sólo me ha faltado dar la noticia en el telediario.

5 comentarios:

el tito Paco dijo...

Qué atrae a la gente de un libro ha sido siempre un misterio para mí. Incluso ahora, cuando veo los resultados de su difusión en academia.edu, donde todo es gratis, es decir, no influye el factor precio, sigo sorprendiéndome. Si a mí me gusta más éste que aquél y soy el que, se supone, mejor los conoce, ¿por qué la gente prefiere el segundo y no el primero? A veces, además, por goleada.
Una de las cosas que influye, estoy seguro, es el título. Quizás "La bruja y Paloma" o "Cómo se hace una bruja" hubieran tenido más gancho, o quizás no. En mi campo, he comprobado que títulos como "Aproximación" o "Guía" venden mucho más que sin esas palabras.
También me parece que depende de lo que el público ha decidido que uno es. Si te sitúan en el campo de la teoría, despídete de vender libros de creación, a menos que tengas una enorme plataforma de lanzamiento: dóciles propagandistas colocados en lugares estratégicos de difusión.
Paloma con su título inocente y que no explica nada de su contenido, compite con miles de libros. Como estrategia, conviene pone muchas reseñas en Amazon y ver qué repercusión tienen. La mía parece que tuvo alguna, pequeñita, claro; pero soy autor de unas once en Amazon y hay gente que escribe miles: reseña hasta su cepillo de dientes (literal).
No sé si alguna vez se vendió el buen paño en el arca; pero ahora no es así. Tampoco la gente es muy partidaria de gastarse unos céntimos cuando tiene tantas cosas gratis por internet. Y, reconozcámoslo, a la hora de leer, hay muchos libros buenísimos gratis (y muchos más malísimos, claro).
Probablemente a finales del siglo II J.C. (la fecha es muy dudosa) un poeta latino norteafricano, Terentianus Maurus, escribió: Pro captu lectoris habent sua fata libelli, o sea, la suerte de los libros depende de la capacidad de sus lectores. Versión libre: "Agárrate a la brocha, que quito la escalera".
Paloma es un buen libro, compite con miles de buenos libros. Hay que seguir escribiendo y esperando que los lectores sean capaces de elegir un libro nuestro. Lo tienen peor los que, además, dependen de ello para comer.

el tito Paco dijo...

Aclaro, porque no lo digo en el texto: me refería, al principio, a mis propios libros y su suerte. De ahí lo de conocerlos tan bien, se supone.

Comas dijo...

Totalmente de acuerdo con tío Paco, perdón por la familiaridad, yo animo, a la escritora para que no se rinda. Es buena, muy buena. Pero entrar, en el mundo de las editoriales, en mi caso de las galerías de arte, trae una sola satisfacción, que te elijan, y muchas decepciones y desilusiones. Tres galerías, tres alegrías y muchos sinsabores. Quizá la cuestión es, ¿hasta que punto estamos dispuestos a vender, no las obras, sino ¿nuestra alma a las diablesas, sean galerías o sean editoriales?...

Elvis dijo...

Al igual que este blog, creo que Paloma fue un libro que surgió de la imaginación y del deseo de contar una historia, sin pretensiones ni objetivos públicos. Sin embargo, cuando uno se siente orgulloso de lo que ha hecho y cree que ese trabajo puede contribuir y mejorar (o amenizar) la vida de los que le rodean, surge el deseo de compartirlo con un círculo de amistades y familia que se va haciendo cada vez mayor, hasta querer hacerlo público.
Creo que la frustración de la autora está más en la pequeña implicación de las personas del primer círculo que en la falta de expansión de este, aunque no creo que el problema sea realmente de implicación, sino pura dejadez.

Cuando las cosas son tan sencillas y económicas parece que el esfuerzo, al ser tan pequeño, es innecesario. A veces, sin embargo, ese pequeño esfuerzo es el que más satisfacción genera.

María José Rodrigo Hernández dijo...

Yo solo puedo decir que pasé unos ratos muy agradables siendo testigo de los avances de Paloma en el mundo de la magia. La magia, ese ingrediente fundamental que tienen todos tus escritos, con brujas o sin ellas. Un abrazo muy fuerte y todo mi apoyo.