martes, 12 de noviembre de 2013

Consejos de escritura

Escribir es adictivo y, al igual que en los juegos uno desea superarse para pasar de nivel, lo mismo sucede con la escritura. No obstante es difícil hacerse con un manual de instrucciones claro, práctico y conciso. En mi caso disfruto del gran privilegio de contar con padres lingüistas. Sus correcciones son un lujo y he querido reunirlas en una entrada. No pretendo convertirlas en las Tablas de la Ley, para eso ya existe la Biblia, sino que tan sólo espero que a alguien le sirvan de ayuda.

- Usar bien la puntuación, entre lo más básico está el no separar el sujeto de su verbo por medio de una coma. Cuanto más compleja sea una frase, más difícil será puntuarla.

- Las frases cortas contribuyen a hacer más legible y comprensible el texto. Evitan embrollar el lenguaje y ayudan a mantener el ritmo. Empezar a escribir, y querer hacerlo a base de discursos enrevesados, es garantía de acabar mal.

- No abusar de los gerundios. Son palabras largas, muy sonoras y llaman la atención sobre ellas. Los pasajes quedan poco naturales, sobre todo si se repiten varios en un mismo párrafo. No todas las formas verbales "ing" del inglés se corresponden con gerundios en español.

- Los adjetivos son descriptivos y por lo tanto hay que usarlos, son necesarios. Sin embargo no conviene abusar, no todos los nombres precisan de un adjetivo al lado. Tampoco se recomienda recurrir con demasiada frecuencia a la construcción de adjetivo antes del nombre so pena de convertir su efecto poético en recargado.

- Riqueza de vocabulario. El diccionario es muy amplio, los sinónimos están para no repetirse.

- Buscar el término que mejor se ajuste a lo que se desea expresar. Es algo que cuesta porque muchas veces el vocablo en cuestión se queda en la punta de la lengua sin querer salir. Hay que sacarlo de ahí. Si persiste el atasco es mejor seguir y regresar después a ese punto. Es fácil que aparezca en medio del sueño lo que obligará al escritor a levantarse para apuntarlo.

- Huir de palabras altisonantes. La elegancia está en la sencillez, no hay que presumir de erudito, antes hay que demostrar que se sabe escribir bien. Causa mejor impresión un texto cercano y bien escrito que uno tan culto, o afectado, que pocos comprendan. Si al leer una frase alguna palabra resuena más que el resto (como que chirría o simplemente retumba en la cabeza), debe omitirse o sustituirse.

- Según Stephen King los adverbios restan fuerza a la descripción. Parecen añadir matices al verbo pero le quitan protagonismo a su acción. No significa que no haya que emplearlos, pero pocos y bajo control. Es posible que exista otro verbo cuya acción incluya el matiz del adverbio.

- Hay escritores que leen sus diálogos en voz alta para comprobar si suenan reales o falsos. Si un diálogo es ágil no hay que interrumpirlo con descripciones de los interlocutores, para eso hay que aprovechar las pausas que hagan en la conversación y el ritmo de la misma. Flaubert no sólo leía sus diálogos sino todos sus escritos en voz alta para escuchar su musicalidad y comprobar si tenía armonía.

- No dar por bueno algo al terminar de escribirlo. No publicarlo sin revisarlo al día siguiente. Si es posible que alguien lo lea antes, aún mejor.

- Leer. Descubrir qué tienen los clásicos que los hace inmortales, estudiar la técnica de otros, aprender el modo de crear personajes tridimensionales con dos pinceladas, fijarse en el uso del tiempo, en su transcurso y sentar las bases del propio criterio.

4 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenos días; nunca está de más recordarlos, dado que todos ellos son sabios y certeros, pero, a título personal, no te los puedo 'comprar' en su totalidad, hay vicios de los que me resisto a desprenderme: soy de los que reivindica la adjetivación a mogollón y la subordinada eterna (aunque me conste que tanto la adjetivación moderada como la frase corta no solo tienen buena prensa, sino que suelen causar bastante mejor efecto). En todo caso, me los guardo para el día que me dé por depurarme (que vete tú a saber...).

Un abrazo y buen día.

Anónimo dijo...

Gracias por tus consejos, Sol.

Un abrazo,

Sofía

José Miguel Díaz dijo...

Grumpy este post va directo a "favoritos".
Muchas gracias y un besazo

el tito Paco dijo...

Una cosa más y una anécdota:
Hay que leer en voz alta lo que uno escribe, preferiblemente unas horas después. Por regla general, cuando terminamos de escribir nos sentimos muy contentos. Pensamos que es por lo bien que nos ha quedado y, normalmente, es sólo porque ya hemos terminado. Unas horas quitan presión y añaden claridad de juicio (siempre limitada cuando se trata de los escritos propios).
La anécdota es de Borges.
Un día recibió a un joven escritor, que recurría a su ayuda y consejos. Borges leyó alguna de sus cosas y le dijo que siguiera escribiendo. Nada más.
El muchacho le insistió en busca de la inexistente receta que convierte un texto banal en un texto inmortal. No tuvo éxito, sólo que siguiera escribiendo.
Decepcionado, se disponía a marcharse y, al abrir la puerta, oyó la voz del maestro:
- Y cada vez que vaya a escribir un adjetivo, llámeme por teléfono.