viernes, 17 de agosto de 2012

¡FELICIDADES TITA LI!

"Baby Sitter" Norman Rockwell
Cuando nací, mis padres vivían en Canadá y la tita Li contaba con sólo 13 años. Aún estudiaba en el colegio y se pensó que sería una buena idea que la pequeña de mis tías aprendiese francés y que, para ello, cursase un año en Montréal.

Por supuesto, además de estudiante, le tocó hacer de niñera. Ella fue una de las primeras personas en sufrir mi exceso de entusiasmo. Aunque yo sólo tenía unos meses, cuando se acercaba la hora de su regreso a casa, me invadía la expectación y prestaba atención a cualquier sonido. En el mismo instante en el que oía la llave en la cerradura, tomaba impulso con mi tacataca y, propulsándome en zig-zag como con un coche de choque, me lanzaba contra las paredes del pasillo hasta llegar a la puerta para colocarme delante de ella. Conseguía ser más rápida que mi tía en terminar de abrirla, y la pobre se encontraba con que, mi alegre recibimiento, le impedía entrar en casa. "Quita, quita, déjame pasar", me pedía a través de la rendija. Yo mientras tanto demostraba mi felicidad con todo tipo de gorgoritos infantiles y trataba de acercarme a mi adorada tita, con lo que sólo conseguía obstaculizar más su paso.

Una vez que lograba entrar en casa, pese a la oposición paterna de "a la niña no hay que cogerla", me hacía todo tipo de carantoñas y juegos, a las que yo le respondía con la misma adoración que un cachorrillo. Por desgracia, mi comportamiento animal no se limitaba tan sólo a mis recibimientos, ni a mis gorjeos ante sus mimos. Mi tita era "mía" y, como tal, debía recalcarlo. Un bebé de apenas 6 meses poco puede hacer para defender su propiedad, así que empleaba el mismo truco que el resto de la fauna a la hora de marcar su territorio. Cuando me tenía que cambiar los pañales y me dejaba sobre su cama, yo aprovechaba cualquier momento de descuido, para rodar hasta salirme de la toalla, y hacer pis sobre la colcha. Los graciosos aspavientos de mi tía no contribuían a que sintiese que debía enmendar esta práctica, así que mi pobre tía evitaba tener que utilizar su propia cama cuando se ocupaba de la limpieza del bebé.

"Retrato de un niño" de Nicolai Tonitza
Por las tardes me sacaba a pasear pese al frío canadiense. Me enfundaba en un mono polar de color amarillo claro, con patucos, manoplas y una capucha con orejas y un ribete blanco de peluche. Me hacía un hueco en la nieve y, una vez dentro,  movía mis bracitos para dibujar en ella la silueta de un ángel. Al subir al calorcito de casa me preparaba el baño. Mi madre me había comprado una silla para colocar dentro de la bañera y sentarme en ella sin riesgo a caerme. Allí me sentaba y me dedicaba a chapotear con mis patitos y mis muñecos de goma hasta dejar a mi pobre tía tan chorreando como si se hubiese metido conmigo en el agua. Por las noches dormía con ella en la habitación. Al parecer me encantaba cuando movía los pies debajo de las sabanas. Ese relieve en la superficie de la cama, que aparecía y desaparecía, me hacía partirme de risa en la cuna. Algo de aquello debió de quedarse grabado en mi subconsciente porque todavía me hace gracia esa tontería infantil (ante la sorpresa de House, que también acaba por reírse, aunque sea por contagio).

De vuelta a la patria, hermanísima hizo su aparición estelar. Resultó ser aún más efusiva que yo, aunque ella rápidamente se empezó a valer de la palabra hablada (y desde entonces no se ha callado). La tita con su novio de entonces (y actual marido) nos sacaba a pasear y nos llevaba a comer caracoles. En Linares son de pequeño tamaño y los preparan cocidos en un sabroso caldo sazonado con pimienta, un toque de guindilla y abundante hierbabuena. Los bichos se sacan de su concha con la ayuda de un alfiler y hermanísima daba buena cuenta de ellos despidiéndose de cada uno con la frase de "¡pispás, caracol!". A la vuelta del paseo, le contaba los detalles de la tarde a mis abuelos y, por supuesto, incluía entre ellos el que el tito la llevase en brazos cuando se cansaba. Como consecuencia del chivatazo de su sobrina bocazas que, ya entonces, era incapaz de recordar que "el novio" era un secreto, mi pobre tía recibía una buena regañina. Pese a ello, seguía sacándonos a tomar caracoles.

"Mother's Day" Katie Berggren
Con sus hijos y, ahora, con sus dos pequeños nietos, es igual de dulce y divertida que durante mi infancia. Ambos adoran a su abuela Li y nunca quieren separarse de ella. Conserva siempre la calma y nunca pierde la sonrisa. Posee esa rara cualidad de saber estar en cualquier parte y resultar encantadora para todos los presentes sin excepción. Tiene magia.

¡MUCHAS FELICIDADES TITA LI!

7 comentarios:

Señora dijo...

Cumple años la hermanita Li (por antonomasia) y en tal circunstacia quiero desearle mucha felicidad. Felicidad que ella es capaz de generar cada día para todos los que están a su alrededor, a base de trabajo, cariño, entrega, eficacia y generosidad. Pocas personas tienen el don de hacer tanto por su familia y por los demás como la hermana pequeña. Y además lo hace como si su actividad brotara de su ser: nunca le falta una sonrisa, nunca pierde el ánimo, nunca una queja de cansancio..........No sé de dónde saca tanta fuerza y me atrevo a aventurar que debe de ser el inmenso cariño de sus nietos lo que le carga las pilas.
Desde estas líneas le deseo lo mejor (y si puede ser, que en eso mejor quepan unos días de vacaciones).
Un fuerte abrazo lleno de felicidades.

Märkostren dijo...

Felicidades, aunque no seas la poseedora de todas las olivas de Jaén, te deseo mucha felicidad. Un fuerte abrazo.

Oscar dijo...

Querida Li,
Hoy, en un dia especial, quiero darte las gracias por toda la ayuda que nos brindas y por estar siempre dispuesta a hacernos la vida más fácil y mejor.
En todo momento te he considerado como una madre, preocupada por mis estudios, mis destinos, y por lo más importante: LA FAMILIA. Generosa, trabajadora, dulce y en buena forma, pues no todo el mundo puede decir que ha corrido una media maratón con su suegra, espero poder seguir aprendiendo de una persona modelo como la Abuela Li. Muchos besos y feliz cumpleaños.

José Miguel Díaz dijo...

Quiero matizar que realmente se escribe Lee, dado que en nuestra mas tierna infancia hizo gala del manejo magistral de un arma mortifera, la zapaboomerang, capaz de realizar parábolas increibles y hacer blanco incluso a objetivos que acababan de doblar la esquina del pasillo. Sin duda Grumpy, lo de "marcar la colcha" tuvo que servir de fuente de inspiración.
Mi comportamiento siempre ha sido intachable por tanto lo de la "zapaboomerang" lo sé de oidas...jejeje
Lo cierto, es que se podría decir que ha heredado el talante y paciencia de "La Baronesa" pero creo que en este caso,es justo decir que la heredera ha superado con creces esa cualidad.
Felicidades Garito¡¡¡¡Qué cumplas muchos más y un beso muy grande!!!
PD: ¡¡Qué suerte tienes, hoy recibiras un beso de Posti!!

Anónimo dijo...

Querida ManoLI:

Egoístamente te deseo que cumplas muchos años, y lo digo con egoísmo, por que te necesitamos (especialmente yo) todas las horas del día.

Treinta y seis años de convivencia dan para mucho, sobre todo, para convencerse de que eres una persona inigualable, derrochas cariño, todos te adoramos, especialmente tus nietos. Eres mi fuerza.

Por mucho que yo pueda agradecerte lo que has hecho por mi, no llegaría a pagar ni los intereses.

Feliz cumpleaños. TE quiero, JMD.

El tito Paco dijo...

En mi vida, la tita Li (o Lee, besos a Posti) se sitúa en un puesto entre hija y hermana, así que puedo hablar de ella con total objetividad, naturalmente. Grumpy ha contado su visión infantil (reconstruida, porque tenía pocos meses) en el Canadá, a la que puedo añadir su salida hacia la escuela en esos madrugones terribles, siempre precedida de calentar en el horno (no había microondas) un pastel de mermelada de arándanos que tenía las calorías suficientes para vencer la nieve más tenaz. Luego se subía en el típico autobús escolar norteamericano (son iguales en los dos países) y se dedicaba a su pasatiempo favorito: que todos sus compañeros cayeran rendidos a sus pies. En esta tarea de rompecorazones empleaba el truco infalible de la enseñanza de idiomas, mucho más atractiva en su contexto multilingüe. Así, consiguió, con tremendo mérito, que toda la clase aprendiera a darse golpes en la cabeza repitiendo "culo, culo". No calculaba que esta lección es la que explicaría por qué los políticos piensan con lo que piensan.
Pero en quien sus atractivos causaron estragos fue en Julio el vikingo, entonces en el inicio de su adolescencia. Para acabar de rematar la faena no se me ocurrió nada mejor que, un día que íbamos a Canena, decirle, al iniciarse una linde: "estas son las olivas de --Li". No me di cuenta de que ese predio no tenía otra nueva linde marcada, así que las posesiones oleofrutícolas se extendían sin fin. Corté como y donde pude; pero el efecto fue fulminante. En la próxima entrevista el muchacho aclaró inmediatamente que su interés era por la persona, que aunque tuviera todas las olivas del mundo, le daba igual. La pobre Li no entendía nada, ignorante como estaba de la posesión de tan colosal fortuna oleícola. Las cosas, me parece que por fortuna, quedaron ahí (y las olivas también, sin tanta fortuna, en este caso).
Lo que no quedó ahí fue la evolución de la interesada. He sido testigo privilegiado del desarrollo de uno de los pocos seres humanos por los que tengo todo el cariño del mundo y una admiración sin límites. Su última aparición pública (y utilizo un sustantivo que se aplica a los ángeles), elegantísima, sencilla y majestuosa, fue sensacional. Es la única vez que, en una boda, he visto a alguien simplemente perfecto.
Muchos besos y muchas felicidades, tita Li. Por muchos años.

Anónimo dijo...

Dicen que madre no hay más que una, pues yo tengo la suerte de haber encontrado otra madre. Siempre está ahí cuando la necesitas,te da consejos, te quiere, etc. y todo eso sin pedir nada a cambio. Muchas Felicidades Sra. Lee y que cumplas muchosssssssssssssssss más.


Besos de IDU.