jueves, 11 de octubre de 2012

AJÍ DE POLLO

Comedor hospitalario. Entrada triunfal de la R1 a la hora de la comida en su primera guardia.
"¿Qué hay hoy de menú?"- pregunto mientras cojo una bandeja.
"Pollo"- me contesta alguien desde fuera del comedor.
¿Cómo lo sabrá? No ha podido verlo desde su posición. El menú debe de figurar en algún lado y no lo he visto. Es lo que dicen: el que no sabe es como el que no ve.
Me acerco a la zona de servicio y compruebo que, efectivamente, la voz de detrás de mí ha acertado. Me sirven un trozo de pollo asado con unas hojas de lechuga. Escojo una manzana para el postre (la alternativa es otra manzana). Lo pruebo. No está del todo mal, no comprendo por qué se queja todo el mundo.
Hora de la cena del mismo día:
"¿Qué hay de cena?"
"Pollo hervido o pescado en salsa verde" (en realidad es más bien translucida y lo verde son guisantes arrugados que flotan en ella).
He comido pollo, así que, pese a lo poco apetecible de su aspecto, optó por el pescado. Me llama la atención que nadie, salvo otro R1 despistado al que veo pasar poco después, escoge esa opción. Me miran con pena mientras me llevo un trozo a la boca. Se han equivocado, definitivamente eso no es pescado. Es más, estoy segura de que ese bicho, sea lo que sea, nunca ha estado en el océano. Dudo que ni tan siquiera pertenezca al reino animal. Por la textura yo diría que no es otra cosa más que un trozo tieso y correoso de papel de lija remojado en un caldo frío. Muchas guardias después averiguo que el bicho se cocina por la mañana y se marina en la insípida salsa desde entonces. Comprendo que nadie más caiga en la trampa. Voy a por dos manzanas para el postre.
Al día siguiente tengo curso de doctorado. Me tengo que quedar a comer de nuevo.
"¿Cuál es el menú de hoy?"
"Pollo en pepitoria."
"¿Otra vez pollo?" - me sorprendo.
Me miran. Acabo de demostrar que soy nueva en esto.
"El de ayer era asado"- me explican. 
¡Qué remedio! Las manzanas también son las mismas. Me llevo el pollo a la boca. Si voy a tener que degustar esta ave en sus distintos guisos, de momento prefiero el asado. Tras el curso me voy a casa.
"¿Queda algo de la comida de hoy para la cena?" - pregunto desfallecida al llegar.
- "Ha sobrado un poco de arroz con pollo" - me contesta la Señora.
Suspiro resignada. Me tomo el arroz y dejo en el tupper los trozos de pollo.
Vivo en el hospital durante la residencia. De hecho duermo en él muchas noches, mejor dicho no duermo porque estoy de guardia y me paso la noche luchando por acostarme y conciliar el sueño. El busca siempre vence y cada vez que cierro los ojos me arrastra con su llamada a la Urgencia, a la planta, al quirófano... Todos los insomnes de Madrid acuden al hospital. Algunos juerguistas hasta lo confunden con un After hours.

Entro en una monótona rutina gastronómica: la de comer pollo. Para variar, pruebo a cenar hamburguesa. Saboreo la carne picada con su salsa durante la cena y el sabor continúa sin parar a lo largo de toda  la noche. A la mañana siguiente descubro que aún continúa asentada en mi estómago. Es la hora del desayuno: el infame café de quirófano lava un poco el sabor de la hamburguesa, pero es algo transitorio. A media mañana su recuerdo me invade, no precisamente con añoranza. En otra ocasión tomo tallarines pegados con salsa "cabronara" (la grafía es la correcta para denominar ese mejunje). En su segunda aparición se me revuelven las tripas con sólo ver la bandeja. Escojo pollo de nuevo, es lo más seguro: pollo asado, en filetes (que en realidad son de pavo), hervido, en pepitoria... Con los restos a veces hacen croquetas que caen con todo su harinoso peso en el estómago hasta socavar en él una úlcera de croquetas de pollo. Manzana y más manzana en los postres que a veces mezclo con el pollo y la lechuga viuda para convertir el plato en una ensalada. A veces se cuela alguna naranja entre las omnipresentes manzanas.

No como pollo en casa. A hermanita le pirra y la Señora le pone un cuarto en el horno con su cebollita y su limón. Sin embargo, se apiada de mí y me evita el ave. Seguro que cualquier otra cosa que me prepare no la tomo habitualmente, incluso suspiro por una tortilla francesa hecha con huevo de verdad. 

La receta de hoy es de pollo y proviene de una enfermera del hospital. Claro que la residencia la terminé hace años y éste es un guiso que nunca sirvieron en el comedor.

AJÍ DE POLLO

Ingredientes
Aproximadamente para 4 personas.

1 pollo en trozos o 4 muslos, 4 contra muslos o 4 pechugas (al gusto al consumidor).
1 hoja de laurel.
4 ó 6 ajos ya pelados.
1 cebolla grande picada.
1 Ají amarillo fresco o si es pasta de ají aproximadamente 6 cucharadas.
4 ó 6 rebanadas de pan mojadas en leche aproximadamente 150cc 0 200 cc
Un puñado de nueces picadas.
1 bote aceitunas negras sin hueso

Acompañamiento: Patatas cocidas cortadas en rodajas o arroz blanco.

Elaboración
Se pone la carne en una cazuela junto con la hoja laurel y agua suficiente como para cubrir las piezas de carne (aproximadamente 1,5 litros). Cocer durante 35 ó 45 minutos.

Se retira el pollo y se guarda la mitad del caldo. Se deshilacha la carne, tanto si tiene hueso como si son las pechugas. Se reserva.

Nancy Noel
Pochamos la cebolla en un chorrito de aceite hasta que esta pierda la"soberbia". Se añaden los ajos picaditos o bien machados, el ají (también muy bien picadito o las 6 cucharadas si es en pasta), por último agregar las nueces picadas.

Remover para que no se pegue. Por último, añadir las rebanadas de pan mojadas en la leche. Poner entonces la mitad del caldo reservado y rectificar de sal. Darle un hervor a fuego lento para que la salsa se ligue. Si no quedase bien amarilla se puede utilizar cúrcuma para darle color ( hay quien usa colorante de paella pero es más sabrosa esta opción).

Se sirve acompañada de patatas cocidas o arroz blanco. Se adorna con rodajas de huevo cocido y aceitunas negras.

1 comentario:

Apicius dijo...

Muy interesante el preámbulo y la receta en si.
Saludos