martes, 25 de febrero de 2014

En los brazos de Platón por Lavanda

No sé si habréis curioseado por la lista de blogs que figuran a pie de página. Entre los últimos que he añadido se encuentra uno con un nombre muy sugerente "Risas de caracola". Su autora es Lavanda y es una escritora que, personalmente, me encanta. Es muy versátil, igual escribe una reflexión que un cuento, un relato cómico u otro más trágico. Tiene el don de convertir las palabras en imágenes. Le pedí que me dejara publicar la siguiente entrada en mi blog. Espero que la disfrutéis. 


En los brazos de Platón

Las llamas de la chimenea se reflejan en la pantalla del televisor. Desde mi posición, oblicua al fuego y a su reflejo, puedo observar a ambos y comparar las diferencias. El fuego me transmite calor, incluso a varios metros  de distancia. De la pantalla solo sale frío. La luz, que del rectángulo de la chimenea surge nítida y saturada, aparece en su reflejo orlada por un nimbo borroso que hace que sus movimientos parezcan más lentos y atenúa la pureza de los naranjas y los amarillos, agrisándolos. El sonido seco que salta de los troncos consumidos por las llamas es silencio y ausencia sobre la superficie de la pantalla.

Sin embargo, al conocer el fuego y sus efectos, mi cerebro confiere al reflejo las mismas cualidades del elemento que lo propicia. Mi mente se engaña y me engaña. Mirando algo frío lo siento caliente. Observando una imagen plana, la invisto de existencia tridimensional y le otorgo el movimiento danzarín y aleatorio de las llamas. El crepitar de las cortezas al desprenderse y estallar en un  universo de chispas fugaces, lo asocia mi memoria inconsciente al reflejo inerte, que no es más que icono y representación.

Me pregunto cuánto hay de esto  en la percepción de los hechos que nos construyen el día a día y  en qué medida  la subjetividad, la redundancia y nuestra voluntad imaginativa colaboran en la construcción de algo que asumimos como real, teniendo a la vez la constancia de que lo que vemos es solo un mero reflejo de lo que es. Cuánto de verdad. Cuánto de ilusión. Cuánto de proyección de experiencias vividas que tergiversan y alienan, contaminándola de prejuicios y falacias que asumimos como verdades irrevocables, una realidad de la que solo poseemos una perspectiva parcial.

Me pregunto de qué manera mi cerebro  construye un ahora idealizado donde hace corresponder  todas las piezas que constituyen un todo preconfigurado a priori, deformándolas sin ningún rubor para que encajen en el hueco que delimita el deseo.

Después de analizar el reflejo vacuo de la pantalla, el silencio frío con que proyecta  en mi mirada las llamas de atrezzo,  de tocar su superficie con la yema de los dedos para comprobar la paradoja de esa sombra que se va configurando tras la entrada de la caverna, el impulso de darme la vuelta y encarar el fuego con todos los sentidos salta entre mis manos como un pez recién sacado del río. Porque, si la belleza ilusoria del reflejo me seduce, el fuego que la hace nacer hará que se disuelva mi existencia en la combustión amorosa de mil lenguas ávidas de poseerme.

2 comentarios:

Señora dijo...

Parece imposible. Tantos años y Platón sigue ahí y siempre aporta.

P.L. Salvador dijo...

Lavanda, en efecto, es una escritora muy especial. De ti no diré nada, que ya sabes lo que pienso.