miércoles, 19 de febrero de 2014

Leer en sueños

Los libros entran en mis sueños. Sueño que leo y al hacerlo continúo las historias cuyo final aún desconozco. Veo las palabras escritas, recorro las líneas y paso las páginas de papel denso, mate y algo amarillento, un poco rugoso al tacto, con esa aspereza propia de la tinta. Leo y descubro cosas nuevas, distintas a las que había leído despierta. No obstante es el mismo libro, aunque el texto sea diferente. En los sueños todo puede ser muchas cosas a la vez y los libros son sueños sobre papel.

Hay noches que escribo y leo. Leo algo de dentro de mi cabeza y mi mano copia las letras sobre una hoja suelta. Es tan vívido que es real, las ideas me bullen y escribo sin parar, sin detenerme a pensar, sin esforzarme por recordar. Dejo que todo fluya al plasmarlo en el papel. A la mañana siguiente no queda nada, no hay ninguna hoja y he olvidado lo que he escrito, pero sé que lo he leído, aunque no exista un objeto que coincida con mi libro. Sólo su huella perdura, como el regusto que te hace cerrar los ojos al terminar uno de esos libros que te hacen soñar. No sé si, en algún momento, lograré evocar mi sueño.

1 comentario:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenos días; curiosa esa conexión entre sueño, lectura y escritura. Lo mío ya lo expresó muy bien José Ignacio Lapido en una de las últimas canciones que compuso para 091: no logro recordar jamás cómo acaban los sueños. Bueno, la mayoría de las veces, ni cómo acaban, ni cómo empiezan. En fin...

Un abrazo y buena jornada.