viernes, 27 de septiembre de 2013

Hallazgos

Me gusta investigar tiendas. Salir a pasear, sin ninguna idea preconcebida, y mirar. Miro las calles, la arquitectura de sus edificios, sus ventanas, sus balcones y sus árboles (me encantan los árboles, me hipnotizan, me hacen soñar). Por supuesto me paro en cada escaparate, entro a estudiar las perchas y hasta compruebo el efecto de sus prendas. Soy una investigadora de lo más concienzuda.

Mis investigaciones son peligrosas, me hacen encontrar cosas que no estaba buscando, algunas de ellas verdaderos hallazgos. Cuando esto sucede no soy ningún ejemplo de resistencia, soy incapaz de dejarlo escapar. No siempre son para mí, en ocasiones el hallazgo es justo aquello que sé que otro quería, sin dar con ello.

Si he de escoger mi mejor hallazgo ese sería sin duda el vestido de novia de hermanita. Mi intención estaba muy lejos de ir a la busca y captura de semejante prenda, conozco demasiado bien a hermanita como para interferir en sus decisiones sin ser consultada. El caso es que los hados estaban aburridos y no se les ocurrió mejor idea que plantar delante de mis narices el vestido perfecto para ella y esperar el desarrollo de los acontecimientos. Lugar: Callejón de Jorge Juan. Momento: salida de Jocomomola. Localización: colgado en el escaparate de la tienda de enfrente, de nombre Cortana, a la que jamás había entrado (fuera de presupuesto).

Entré para verlo en directo. Estaba diseñado para hermanita, sin duda. Indagué los detalles con la vendedora, cuyo fuerte no era la amabilidad. No sé si "Cortana" hace alusión a cortante, pero no me extrañaría.  No me dejé amilanar, en eso de hacerme la sueca cuando algo me interesa no tengo rival. Insistí en mis preguntas y obtuve mis respuestas. Salí, encendí el móvil (no sólo lo llevaba encima sino que le quedaban pilas, los hados cuando se empeñan tienen todo en cuenta) y llamé a hermanita.

Tal y como me esperaba no obtuve una reacción muy entusiasta a mis pesquisas. Sin embargo, si me encabezono no hay nada que me haga desistir y, a pesar de ser tildada de entrometida, la convencí para que se citase para una prueba, que posteriormente negocié con la atenta encargada de la tienda. Esa tarde agoté todos mis recursos diplomáticos.

Tras la compra del velo de hermanísima, en la que mi función consistió en esperar en el coche mientras la Señora y ella investigaban las tiendas, me juré que jamás volvería a cometer el mismo error. Las compras de novia no eran lo mío. No obstante, en esta ocasión no podía perderme el evento. Confieso que, de entrada, me hacía más ilusión a mí que a la protagonista. Eso duró hasta que vio el vestido. Yo tenía razón: le encantó. Era un vestido de color marfil, con un aire hippy chic que recordaba a una túnica de una diosa griega (y hermanita lucía en el papel a las mil maravillas). Le encajaba como un guante. Se envolvía alrededor del cuerpo con un ligero drapeado que realzaba cada curva y su caída estilizaba aún más su figura. La única decisión que debía tomar era si lo prefería en gasa, crêpe de seda o satén.

3 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenas noches; buf, tiendas... Si la situación económica del comercio dependiera del interés por las mismas de gente como yo, te puedo asegurar que su ruina sería de las negras, negras, negras. Es algo superior a mí, a los diez minutos de estar en alguna, o viendo escaparates de varias, me entra urticaria, o algo similar. En fin, ya se sabe, gustos, colores, y tal y tal...

Un abrazo y buen fin de semana.

Yo misma dijo...

Yo quiero foto del maravilloso vestido! Por favor, por favor,

elvis dijo...

La verdad es que fue mi salvación, y la de un par de amigas mías que también recurrieron a Cortana en busca de un traje sencillo, moderno, cómodo y que sirve para una novia!

Al igual que a Grumpy las compras de novia me superaron. Decir en una tienda de novias que no quieres ir de princesa y que lo que quieres es un vestido que se te reconozca que eres la novia por el color, resulta tan incomprensible que no te hacen caso y te hacen probarte cosas que no tienen nada que ver con lo que les estás pidiendo. Fui con la señora a dos tiendas antes de probarme este, y la verdad es que nos habíamos conformado con uno bastante soso, pero que, a base de complementos podíamos sacar del paso.

La llamada de grumpy llegó cuando estábamos en Cádiz haciendo papeleos para la boda, y al oír Jorge Juan solo podía imaginar que se iría seguro de presupuesto. POr suerte no era así, grumpy me llamó con todos los deberes hechos: una cita para prueba, un precio más que asequible y un vestido que llevaba mi nombre.

Pensé en teñirlo para poder ponermelo en más ocasiones, pero nunca he sido capaz.... así me parece tan bonito!

Gracias!