miércoles, 16 de julio de 2014

Amanecer gaditano

Amanece. El mar duerme, las olas lo mecen. El océano sueña y, entre sueños, la luna lo abraza con su estela de plata. El alba avanza para acariciar el agua. El mar se encoge, se acurruca entre los pliegues de un edredón de niebla y espuma.

El sol asoma su rostro sobre el embozo del agua. El viento suspira, el mar se riza. Sol y luna, prendidos sobre mar y bruma, se funden por un momento en el esplendor de un beso. Nace el fuego de la unión de aquel abrazo. La tímida noche, que oculta secretos en sus tinieblas y guarda tras las estrellas promesas eternas, se sonroja. Encendido, bajo un manto reluciente, el mar aún duerme.

En silencio la luz se abre camino. La aurora se desliza de puntillas, se acerca despacio a la orilla. El sol se estira y un bostezo de marea baña la arena. Se levanta la neblina y el horizonte se aclara. Cuando los rayos la alcanzan, se hunde la luna en el agua. Las sombras se acortan y un mundo de formas se retrae bajo las rocas. El mar ruge, ya no queda oscuridad en la que refugiarse. 

4 comentarios:

María José Rodrigo Hernández dijo...

Eso, la de los rosados dedos, como la vio Homero. Qué bien la describes, con su gama de cromatismos y ese muestrario de sentimientos que nos toca el alma contemplando cada amanecer. Un beso.

María José Rodrigo Hernández dijo...

Perdón, mi corrector se empeña en dejarme en ridículo constantemene. Me odia porque le llevo amenazando un tiempo con desconectarlo y si no lo he hecho no es por misericordia, sino porque no sé cómo. No es Eso, sino Eos.

Anónimo dijo...

Que bonito escribes, acabo de volver del Palmar y me ha entrado la nostalgia

Anónimo dijo...

No sé porque pone anónimo. Soy Sara Ocaña un abrazo