miércoles, 9 de julio de 2014

El juego

Lu se escondió en el armario con la intención de darle un buen susto a su hermana. Se lo merecía tras la bronca que se había ganado por su culpa. ¡Llorona, acusica! La pequeña estaba furiosa ante la injusticia sufrida. ¡Encima de que le había hecho el favor de jugar con ella y sus muñecas! Siempre cedía y se avenía a sus deseos y también siempre, al final, la castigaban. No entendía qué tipo de diversión encontraba Ro en aquellas cursiladas. Ya estaba escarmentada de ocasiones anteriores y, por eso, esta vez le había impuesto la condición de idear ella la trama del juego. Como siempre Ro quería una historia de nobles, palacios y princesas. ¡Qué poca imaginación! Aún así se había esmerado por darle gusto. Definitivamente el juego se había beneficiado de su intervención, a pesar de que nadie se lo había agradecido y al final había terminado con el acostumbrado rapapolvo. ¿Sería capaz de convencer a Ro para repetirlo? ¡Viva la Revolución Francesa! pensó con una sonrisa al recordar a Barbie decapitada en su papel de María Antonieta. Los gritos de su hermana contribuyeron a dar veracidad a la escena. ¡Había sido una interpretación perfecta!

¡Cuánto tardaba! Seguro que trataba de reparar la muñeca mientras mamá la consolaba con alguna golosina. ¿Cuándo aparecería? ¡Podría darse prisa alguna vez en la vida! ¡Qué pesada! Se cansaba de esperar, era aburrido y además se sentía agobiada allí dentro, enterrada entre los abrigos y jerséis de lana. El calor la amodorraba. Entornaría los párpados un segundo para descansar los ojos y que dejaran de pesarle. En un instante se quedó dormida. Sus ronquidos, poco femeninos, retumbaron en el interior de su escondite. Entre sueños de monstruos peludos y rugidos de fieras de pesadilla que la perseguían para ejecutarla en la guillotina, la puerta se abrió. "¡Uh!", gritó Ro. Lu salió despavorida de la habitación.

1 comentario:

María José Rodrigo Hernández dijo...

Me ha recordado a las Crónicas de Narnia, El león, la bruja y el armario. Es que los armarios siempre dan mucho juego, recuerdo el olor que tenía el de mi abuela, a ternura y caricias de sus manos. Precioso.
Un beso.