viernes, 18 de julio de 2014

Psiquiatras

Hay dos clases de psiquiatras, no hay que ser Einstein para percatarse de las diferencias entre ambos grupos, no son sutiles. Sin caracterizarme la perspicacia, mi trato con ellos al principio de la residencia me bastó para darme cuenta.

Por desgracia ese trato fue mayor del que nunca hubiera deseado. Confieso que no sirvo para esa especialidad, de intentarlo habría sufrido una crisis de todos y cada uno de los males de los pacientes el primer día. Sin embargo no todas las enfermedades de los psicóticos son mentales y en esa época tuvimos ingresada una paciente claramente más psiquiátrica que quirúrgica. Su ubicación en nuestro servicio estaba motivado por un problema de nula colaboración, uno de los rasgos de su personalidad, que complicaba el manejo de su cirugía y hacía casi inviable el alta. Tampoco podíamos remitirla a un centro de crónicos, no la querían en ninguno. Era de temperamento violento y tenía a todo el personal aterrado, y me incluyo en este grupo. A su habitación convenía entrar escoltada y armada con algún tipo de protección, una silla solía cumplir la función de escudo. No era recomendable soltar las defensas hasta cerciorarse de que la enferma no tenía al alcance de la mano nada que le sirviese de arma arrojadiza, incluso la misma silla valía para ser lanzada, por lo que había que tener la precaución de abandonar los objetos lejos de su posición, y por desgracia de la propia. En su presencia nadie debía despistarse ni una fracción de segundo o corría el riesgo de precisar atención en urgencias. En más de una ocasión así fue.

Los psiquiatras la visitaban a diario en un intento infructuoso de ajustarle la medicación. Eso me permitió conocerles y, pese a mi habitual despiste, percatarme de las peculiaridades de algunos. Concluí que se dividían en dos grupos: los absolutamente cuerdos y, el extremo opuesto, los prácticamente locos, casi indistinguibles de sus pacientes. Cierto que a nuestra enferma le daba lo mismo que le tratase uno u otro, no atendía más que a las voces de su cabeza.

¿En qué se diferencian unos y otros? La distinción es evidente. Los cuerdos son razonables, sensatos y coherentes, su equilibrio y su serenidad alcanzan niveles inimaginables, virtudes que destacan aún más frente a sus pacientes. Hay que tener la cabeza muy bien centrada para no trastornarse en medio de semejante ambiente laboral. Los otros son excéntricos, parten de una base tan singular que poco más se puede alterar sin considerarse patológica, estoy convencida de que escogieron la profesión no sólo por afinidad sino por necesidad. Tienen el don de descolocarte, no sé si además eso se considera como una forma de terapia, si te aclaras con ellos es o bien porque estás muy sano, o porque quizá compartas con ellos su idiosincrasia. Tratas en vano de seguir el flujo de su pensamiento y te pierdes en la maraña de su hilo conductor. Si persigues sus gestos y movimientos con la mirada, corres el riesgo de marearte, no son capaces de permanecer quietos, en un punto fijo, ni una fracción de segundo.

Si los psiquiatras del segundo grupo no parten de una naturaleza particular, la otra teoría, más preocupante, es que todo se pega, hasta los delirios. En ese caso hay que andarse con ojo y, por si acaso, tener echado el otro ojo a uno de esos psiquiatras del primer grupo. El hospital, y no sólo el hospital, está lleno de neuróticos y cualquier momento de debilidad puede afectar a una víctima susceptible. Sólo me falta empezar a dar saltos por la consulta para que mis pacientes confirmen sus teorías de que mis prisas son achacables a que no ando muy bien de la cabeza cuando, en realidad, si no mantuviese ese ritmo, me sería imposible hacer todo lo que pretendo sin multiplicarme (cosa que, salvo en las películas, aún nadie ha logrado).

3 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenos días; pues no me podía llegar a imaginar que hubiera dos tipos de siquiatras tan definidos y contrastados. Prevenido quedo, especialmente en lo que se refiere a los del segundo bloque (por si llegara a toparme con alguno, que mejor no...).

Un abrazo y buen fin de semana.

María José Rodrigo Hernández dijo...

Y luego están los Gládux… ;)

Yo misma dijo...

Una especialidad muy difícil y delicada. Está muy bien saber esta clasificación por si necesitamos sus servicios poder decidir (si estamos en condiciones) cual nos viene mejor :). Buenas noches y besos