lunes, 14 de julio de 2014

Vacío

It was not the feeling of completeness I so needed, but the feeling of not being empty. Jonathan Safran Foer 

Con frecuencia, al enterarnos de una mala noticia, nos quedamos fríos, se forma un hueco en nuestro interior, un hueco tan hondo, tan inmenso, que nos absorbe como un agujero negro y hace que nos sintamos vacíos. No es que no reaccionemos, es que sencillamente carecemos de capacidad de reacción. No es que nos suene increíble, es que es inconcebible. Se trata de algo que no puede ser, que no queremos que sea, que no deseamos saber y que, sin embargo, tenemos que saber para cerciorarnos de que no se trata de un error. Y sí, después de oírlo de nuevo, sigue siendo imposible.

¿Cómo actuar ante lo imposible?  Por mucho que nos esforcemos no llegamos a imaginárnoslo, es un hecho que se ha bloqueado sin procesar. No obstante, mientras seamos incapaces de razonar al respecto, no lo comprenderemos ni, por supuesto, lo asumiremos. No se puede aceptar, pero tampoco negar, somos conscientes de estar al borde de un abismo del que no vemos el fondo. ¿Preguntar? No es tan sencillo. ¿Cómo se pregunta sobre algo doloroso para todas las partes? Cada pregunta es clavar el dedo en la llaga, en la propia y en la ajena. Da tanto miedo que paraliza. Sin embargo una cosa está clara: de algún modo tenemos que tender un puente en ese vacío. ¿Con qué fuerzas? Con frecuencia no son otras que las de la desesperación trastocada en esperanza.

3 comentarios:

María José Rodrigo Hernández dijo...

Hola, Sol. El tema que tratas hoy es complicado. Yo conozco ese quedarse frío por experiencia propia y te puedo asegurar que por nada del mundo querría volver a sentirlo. El cerebro sabe muy bien cómo actuar para que no se desencadene una ruptura total con la realidad por inasumible. Creo que ese sentimiento de desorientación y vacío, de desconexión, es muy útil y muy bueno en un momento dado. A menudo pensamos que hay que comprenderlo todo, saberlo todo, y yo creo que no es así. Hay muchas cosas que nunca se pueden llegar a entender y preguntarse su porqué es ponerse a dar vueltas en una rueda que no lleva a ninguna parte. La desorientación pasa, sin pasar por la comprensión, sino por la constatación de que, tras cualquier cosa, por traumática que nos parezca, se puede seguir adelante. Un abrazo fuerte.

Sol Elarien dijo...

Sabía que lo entenderías. Muchos besos.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenas tardes; por suerte, y hasta la fecha (tocaremos madera...), jamás me ví en tal tesitura: los palos que me dio la vida (pocos, medidos y dentro de lo razonable) vinieron siempre a través de un proceso que me permitió asimilarlos más o menos armónicamente. Pero no por ello dejo de entender de lo que hablas y ser consciente, a través de la experiencia de otros con quienes la viví, cuán duro es asimilar ciertos golpes y cómo se resiste la razón a asumirlos. La vida misma, vaya...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.