viernes, 23 de noviembre de 2012

En el pellejo... de una patata


Soy pequeña, redonda y estoy enterrada. La tierra a mi alrededor es rugosa y seca, y a través de ella noto pasos que se hunden y terrones apelmazados que se agrupan y me empujan.
Siento algo que tira de mí con fuerza. ¡Me han enganchado! Por favor ¡no me arranquen tan bruscamente! ¡Tengan un poco de cuidado, que no me voy a resistir! Ya salgo. ¡Uff, qué frío hace aquí fuera! La luz me ciega, pero dura poco. Me lanzan sin contemplaciones a un cesto. Allí estamos muchas. Guardamos silencio sin saber qué harán con nosotras.

Nos alzamos por los aires y caemos en un contenedor mucho mayor. Rodamos de un lado a otro. Es divertido. Nos sorprende un ruido intenso y sentimos como nuestro nuevo hogar se mueve. Damos saltos arriba y abajo con cada bache. ¡Ay! ¡Qué golpe! ¡Vaya un patatón el que me ha caído encima! ¡Ni siquiera se disculpa! Opto por retirarme del área de peligro y me refugio en una esquina.

Nos detenemos. El mundo se inclina y resbalamos cuesta abajo. Rodamos unas sobre otras. ¡Horror! ¡El patatón de nuevo! ¡Ayayay! Parece que él y su pandilla la han tomado conmigo.
Me sacan de allí. ¡Gracias! Estoy sobre un suelo que avanza. El ruido es insoportable. Caigo al vacío y, al igual que en un circo, una red me detiene. ¡Estoy atrapada!  Junto a mí hay otras como yo. ¿Seremos hermanas de mata? Saludo, pero mis compañeras no me responden. ¡Qué estiradas!

¡Cuánto jaleo! ¡Qué ambiente! Nos cogen y nos dejan de nuevo en el estante. En una de esas, aprovecho para colocarme en primera línea y lucirme. Me siento bonita. ¡Funciona! Un ojo me mira, nos agarra y nos agita. Nos mete en una bolsa y nos saca de allí. Siento curiosidad e inquietud ¿Qué nos sucederá ahora?

El agua tibia resbala sobre mí y se lleva los restos de polvo que aún tenía pegados. ¡Ya era hora! Mi vestido es marrón y sigue sucio a pesar del lavado. Está pegado a mi carne. Me desnudan sin pudor. Una vez supero la vergüenza inicial disfruto de las caricias de la fina lámina de metal que me exfolia. La toilette es completa. Incluso me curan ese callo tan molesto que se me clavaba hacia dentro.

Oigo el agua que hierve a borbotones. Me colocan en una curiosa bañera y el vapor me envuelve. Me relajo en esa sauna que disuelve mis durezas. Me siento tierna e hidratada, apetecible y jugosa. Me untan con aceite para nutrirme cuando salgo de allí. Una sartén. Hace calor. Me bronceo. ¡Ahora sí que estoy realmente seductora con este tono dorado!

Entro en una pequeña gruta. Me dan un masaje húmedo con unas piedras de marfil blancas. Me deshago casi por completo. Está oscuro. Caigo con propulsión. Siento algo ácido pero enseguida paso a través de un tubo. He quedado reducida a unas simples moléculas desperdigadas. Una corriente nos arrastra. Viajamos. Algunas nos abandonan por el camino. Son muchas las que se dejan llevar por una atracción, casi incontenible, provocada por los músculos rojos y fibrosos, tan fuertes y poderosos. Me resisto a su encanto.  ¡Demasiado pronto! Quiero descubrir más cosas. Finalmente, casi en solitario, llego a una zona llena de sonidos, imágenes, cuentos,  ideas y recuerdos. ¡He encontrado mi lugar! Mi periplo ha terminado.


La curiosa patata se quedó fascinada
 con las nóvelas de aventuras de Verne
PULPO CON PATATAS

Congelar un pulpo (de entre 1.5-2 kg de peso) al menos durante 24 horas. Descongelar antes de cocinar.
Poner el agua a hervir con una hoja de laurel y una cebolla. Sumergir el pulpo 3 veces antes de dejarlo cocer.
A los 25 minutos (si el pulpo es más grande necesitará más tiempo de cocción) añadir las patatas enteras y peladas y dejarlas otros 25 minutos hasta que estén hechas.
Sacar las patatas y taparlas para que se mantengan enteras, firmes y cremosas.
Pochar una cebolla. Añadirle una pizca de pimentón, sin dejar que se queme para que no amargue.
Poner el sofrito en una fuente de barro. Repartir las patatas, el pulpo partido y un pimiento rojo asado en trozos. Añadir un par de cucharones del caldo de cocer el pulpo.
Asar en el horno a unos 190º durante 15 minutos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Increible los periplos de una patata.

Ciertamente no nos paramos a pensar en los más débiles.

Cuanta imaginación y cuanta verdad.

Un beso Esperanza

cuca dijo...

Que pena de patata, he pasado de leer la receta por no saber por lo que pasó la pobre

Anónimo dijo...

Delicioso relato, es la patata que mejor hemos saboreado. Y&G

billete dijo...

QUE BUENO! DIGNO DE UN GUION PARA UNA PELICULA O UN MONOLOGO DE BUENAFUENTE.
EL TOMATE TAMBIEN DEBERIA TENER UN ESPACIO.
QUE TRISTE ESTÁ EL TOMATE, QUE ESTÁ TRANQUILO EN LA MATA Y VIENE UN TIO ASAURA, Y LO CORTA PARA METERLO EN UNA LATA

Apicius dijo...

Un articulo muy entrañable, lo he twitteado y puesto en FB y Google+
Que pase un buen día a pesar del gobierno.
Saludos