martes, 13 de noviembre de 2012

"Nervios, ¿quién dijo nervios? ¡Es terror!" por Javier Comas


Me interesaba conocer el proceso entre bastidores que conlleva el montaje de una exposición de la categoría de la de Javier Comas. Por eso recurrí al artista para que, ¿quién mejor que él?, describiese sus vivencias a las puertas de la inauguración el próximo día 19. A pesar de los nervios, de la falta de sueño y del agobiante trabajo, aquí está su testimonio. 

"Grumpy, me ha pedido que le describa como es el proceso previo a la inauguración de una exposición y la verdad es que, en cuanto te pones a pensar cómo es ese proceso, no se te viene nada a la cabeza. Bueno sí, esa frase que tu pareja nunca debe oír: “esta es la última que hago”, claro que siempre la piensas con la boca cerrada pero con un gran grito interior. Para mí, el proceso empieza un año antes: visitar las salas disponibles, presentar un proyecto atractivo (esto es lo más aburrido, ya que es meramente burocrático, trabajo administrativo y de impresión), decidir (no me gusta esto, no me gusta lo otro, no me gusta la paginación, no me gusta, no me gusta....) Claro que, antes de este trabajo de secretario, hay que tener preparada una colección que te convenza, cosa que suelo empezar a dibujar, mentalmente, entre 8 y 12 meses antes de exponerla. Es el caso de la colección “Fósiles del Planeta Gavín” que empezó a hervir en Abril y ha visto la luz en Octubre. Han sido solo 6 meses ¡todo un récord!

Bueno, tengo la obra, tengo la sala y queda un mes, por ejemplo, para inaugurar. Hay que enmarcar la obra. Esto es fácil, ya que siempre empleo el mismo marco para simplificar. Pero... ¿qué “paspartout” elijo? Resuelto esto viene la confección del título de la obra, aunque a veces el proceso es al revés, para este paso no hay método.

 Llega la fase del embalaje. ¡Es el reinado del caos! Más o menos con un mes de antelación abarroto nuestra casa de cajas de cartón plegadas, que luego servirán junto con el papel de bolitas, las cantoneras y el papel de embalaje para que la obra llegue entera a la sala.

Toca transportarlo todo. En un principio abusaba de mis amigos. Con el tiempo he terminado por contratar una furgoneta, que a veces pago yo y a veces paga la sala, aunque esto último cada vez menos frecuente. La excusa: ¡la crisis!

La preparación de las cartelas es uno de los trabajos no sólo más aburridos sino también más difíciles. Han de quedar legibles, elegantes y, por encima de todo, sin erratas que sugieran faltas de ortografía. Elegir la fuente, el color, el fondo, imprimirlas, cortarlas, pegarlas en el cartón pluma y, por último, cuando la obra esté colgada, colocarlas con mimo para que queden todas lo más simétricas posibles. Todo esto sucede unos días antes.

Entramos en la recta final, ¡por fin ha llegado la obra a la sala!

Comenzamos con el montaje. Como uno ya va aprendiendo, y valorándose, siempre exijo dos técnicos de montaje. Si el susodicho equipo es bueno, el montaje es una delicia, si es malo, mi estado mental y físico acaba más próximo a entrar en el cuarto de críticos de la urgencia que a inaugurar en dos días. El día previo lo ocupa el montaje de luces. A estas alturas ya llevo varios días con graves problemas intestinales que aquí no voy a describir...¿Dormir? ¿Qué es eso?, Afortunadamente, en esos días mis compañeros del HUFA, ya me están haciendo guardías para yo pueda dedicarme solo a mis hijos. Es como una especie de excedencia paternal.

¡Día D! Últimos retoques, dudas. La inquietud se transforma en angustia vital ¿Vendrá algún invitado esta tarde?

Es un sinvivir: la obra esta colgada, la sala iluminada, los primeros invitados entran y, a pesar de el apoyo de mi pareja, a pesar de los amigos e invitados, la soledad que me embarga es tan grande que es indescriptible.  Sucede lo mismo con el miedo, disimulado tras la sonrisa, que siento. Tú eres tu obra, en ella está reflejada toda tu alma. Estás indefenso y totalmente desnudo. Paréntesis de vacío absoluto. Espero que al menos el público sea benevolente. ¿Vender? Bueno eso está bien, pero vender es lo de menos. Los artistas somos seres débiles, exhibicionistas e inseguros, y necesitamos un abrazo, una palmada y un visto bueno para seguir adelante y, aunque la primera lectura de una mala critica sea descorazonadora, se aprende más de ella si es constructiva que de una sonrisa de compromiso.

Se va el público, se apagan las luces, cierran la sala y te preguntas ¿Y ahora qué?"

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Mancantao" incluidos retoques

Anónimo dijo...

Madre mia prima!! Tu es que sabes escribir de todo??..Vamos que pareces tú la artista!!.(que lo eres eh?)
Qué extrés y que bien queda reflejada la angustia...Ainsss voy a descansar un rato que parece que he pintado, enmarcado y colgado todos los cuadros en un rato ji jiji. Besos y Mucha suerte con la exposición.
Pal

Niágara dijo...

El autor del post no soy yo, sino el sufridor artista al que le queda menos de una semana para la inauguración. Ha aprovechado uno de sus ratos, supongo que de insomnio, para atender mi petición. Mil gracias y disfruta de tu obra, que te lo mereces.