jueves, 17 de abril de 2014

Ley de vida

Existo pero no soy nada. Mi presencia marca el final. Hay quien me considera una bendición y, en ese caso, soy paz y descanso. Lo habitual es que la mayoría me tome por una maldición en la que soy la pérdida, la despedida definitiva, el miedo a lo desconocido. No obstante soy siempre la misma. Incluso cuando supongo un alivio, me recibe la tristeza. Sólo conozco las lágrimas, la nostalgia, la melancolía. No sé qué es la felicidad, la risa, ni la alegría. Sí el dolor y la locura. No sé qué es la vida, nunca me cruzo con ella, se escapa cuando aparezco, no se nos permite coincidir, a mi llegada sólo quedan vestigios de lo que fue. En su lugar siento el tacto del frío, el sabor granuloso del barro en mi boca y su olor en mi nariz. Noto el arañazo de las raíces, la densidad del silencio, la postración de los huesos al yacer en la tumba. Veo el cielo cubierto de nubes grises sobre el paisaje desnudo mientras oigo cómo se aleja el último suspiro.

Me culpan y no es culpa mía. Me temen a pesar de esperarme desde el principio. Pretenden alejarme a pesar de ser conscientes de no poder huir del destino. Me rinden culto, me construyen templos, me veneran... pero no me desean.  Guardo en mí el polvo del tiempo, ese en el que se convierten los recuerdos cuando ya no queda nada. Desde el origen formo parte de la naturaleza: todo acaba, todo lo que es, algún día no será más: la vida es un proceso terminal.

1 comentario:

Javier Comas Carrasco dijo...

Soneto Sacro X


Muerte, no te envanezcas aunque te hayan llamado
poderosa y terrible; pues tú no eres así,
ya que aquellos que crees por tu fuerza abatidos,
no mueren, pobre muerte, ni a mí puedes matarme.

Del descanso y el sueño, que son imagen tuya,
fluye mucho placer; entonces mucho más de ti
ha de venir, y muy pronto nuestros hombres mejores
van contigo, descanso de sus huesos, libertad de sus almas.

Esclava eres del destino, del azar, de reyes y desesperados,
moras con el veneno, con la guerra y los males,
también puede la amapola y la magia dormirnos,

y mejor que tu golpe; ¿y por qué te envaneces?
Pasado un breve sueño despertamos eternos,
y ya no habrá más muerte, tú morirás, oh muerte”. John Donne. (1572-1631)

Donne, John: Soneto Sacro nº X en “Poesía completa (tomo II)”
(trad. E. Caracciolo Trejo). Ediciones 29, Barcelona, 2001,