lunes, 20 de febrero de 2012

Honor profesional

Sir Joshua Reynolds - Justice
El honor profesional de los médicos se pone en ocasiones en entredicho. Es un tema indignante. Hay una escoria de periodistas sin escrúpulos que están a la que salta y aprovechan la ocasión de publicar cualquier denuncia a este gremio. Por supuesto lo hacen sin documentarse previamente en las circunstancias implicadas en el incidente. La medicina no son matemáticas, el 100% no existe e, incluso lo más sencillo, es susceptible de complicarse seriamente. En muchas ocasiones, las complicaciones no se deben a errores ni a una mala praxis, sino a factores intrínsecos del paciente. Un ejemplo serían las variantes anatómicas infrecuentes, que resultan casi imposibles de diagnosticar con antelación, sobre todo si están afectadas por la patología a intervenir. Desgraciadamente se descubren una vez han dado lugar al problema que provoca que el galeno se siente en el banquillo, al igual que si fuese un delincuente. Se le trata como a un criminal, así como a sus testigos, que son interrogados sin cortesía ni piedad. Son sometidos a un tercer grado mientras el abogado de la acusación busca indicios inculpatorios y trata de provocar contradicciones en su declaración. Al parecer la tortura psicológica no es ilegal en este tipo de cuestiones.

Para colmo de desdichas, la justicia no es siempre ni justa ni objetiva, y eso es un hecho. Depende mucho del carácter del juez en cuestión y de los argumentos esgrimidos por el abogado, así como de la manera de exponerlo. Si, además, hay un mal peritaje de por medio, del que se ha encargado algún incompetente con renombre (parece una contradicción , pero el caso es que los hay), el asunto se pone aún más negro. Los jueces no saben de medicina, no comprenden lo que suponen el paciente y su patología para casi todos los cirujanos. En las intervenciones el médico se esmera en superarse para curar con los mínimos inconvenientes. No siempre lo consigue pero la intención es esa. Si no, uno habría escogido otra profesión menos sacrificada, con menores exigencias y  responsabilidad, y mucho mejor remunerada. La excepción sería precisamente el "incompetente con renombre", al que le van bien las cosas a costa de desprestigiar a la competencia y tener engañados a sus "clientes" (para él no son pacientes sino su fuente de ingresos). Estos charlatanes no corren riesgos, así, difícilmente, serán demandados. Hacen el paripé en muchas cirugías, sin llegar a realizar la técnica en cuestión (que ya le llegará a otro, de esa competencia contra la que arremeten, aunque para entonces el paciente estará en peores condiciones y, por lo tanto, el cirujano tendrá más papeletas de acabar demandado). Aún así, el nuevo médico, preocupado por el paciente, acepta el reto pese a los riesgos que este entraña.

El que un médico aparezca en los periódicos despierta el interés morboso de los lectores, casi como si se tratase de una desventura de un personaje del corazón. Sin embargo, la noticia de haber salvado una vida, lo que ocurre a diario en todos los hospitales, no se publica nunca. El honor, la dignidad, el respeto y la presunción de inocencia son conceptos anticuados que pueden pisotearse a voluntad. A ninguna tribu más que a la "civilizada" le parecería sensata la idea de enconarse con su curandero.


4 comentarios:

Francisco A. Marcos-Marín dijo...

No me voy a detener en los argumentos profesionales del Old Grump, porque me parece que están enfocados desde una perspectiva laboral que no es la mía. Hay médicos competentes que sufren porque la Medicina no es una ciencia exacta y hay médicos incompetentes que hacen daño y a los que nunca les pasa nada, en España, se entiende. En otros países todos los médicos saben que sus compañías de seguros siempre tendrán trabajo, porque los abogados viven de eso. Esto, precisamente, no los hace mejores.
Sí quiero reflexionar sobre cómo se hace con renombre, en España, un incompetente. Aclaro que hay gente competente con renombre y gente incompetente con renombre, me concentro en este último subgrupo.
El primer requisito español para tener renombre es hacer una intensa vida social, que empieza en la Facultad, con largas horas en la cafetería.
Luego se establece una relación con los partidos políticos y grupos de presión, tratando de tener siempre amigos en los bandos principales: CCOO y UGT, PP y PSOE.
Se aprende uno de memoria los nombres de ciertos plumillas, especialmente del grupo PRISA.
Gracias a esto se consiguen invitaciones para participar en ciertos foros, dar algunas conferencias en lugares mediáticos, donde, por supuesto, siempre se dará la charla que el público quiere oír.
En público siempre se mantiene una actitud progresista, que consiste en ser políticamente correcto, no tener ideas propias y saber leer bien por dónde van los tiros.
Todas esas horas de cafetería y todos esos conocidos dan ahora fruto.
Es fundamental no publicar nada que realmente amerite una crítica científica, sino cositas que nunca sean objeto de la atención de las revistas especializadas. Si se logra eco en El País, perfecto.
Si se tiene un puesto o influencia en el reparto de prebendas, es esencial que todo el que los rodea piense que, en la primera vacante para ese organismo o institución, van a tener el voto.
Saber cultivar la vanidad ajena, haciendo a todos, de un modo u otro, enemigos de todos los demás, es algo que también se ha aprendido en la cafetería de la Facu.
En pocas palabras: no creer en nada, buscar sólo el propio interés, estar siempre muy bien informado de los cotilleos sociales y profesionales, no tener límites en la adulación y el manejo de la vanidad ajena, contar con la comodidad del prójimo, que, en general, prefiere que le digan lo que tiene que pensar.
Y, sobre todo, no confiar absolutamente en nadie.
No es fácil y ocupa toda la vida.

Anónimo dijo...

Coincido plenamente, Oldi.
Es muy duro tener que enfrentarse a la "justicia", además de estar sufriendo ya a causa del desgraciado accidente que pueda ocurrirle a un paciente nuestro.
Y luego, como bien dices, los que no arriesgan como cirujanos (por su ineptitud o por falta de interés), encima se jactan de no tener este tipo de problemas...

Carmen dijo...

Yo puedo hablar mejor del gremio de los maestros y lo que veo es que hay mucho incompetente que mientras tenga los papeles listos para la inspección está "fuera de peligro". Otros, nos dejamos la piel en el curro y no vemos ni un triste incentivo ¡Menos mal que las caras de nuestros alumnos lo dicen todo!
Por cierto, hoy ha venido a ver mi clase una profe de la universidad de Nueva York que está haciendo un estudio sobre bilingüismo, ha venido para una hora y se ha marchado después de tres porque estaba emocionada con las clases. La pena es que me ha preguntado que cuántas horas libres me daban para preparar mis clases y que cuánto más cobraba al mes. Cuándo ha oido la respuesta ha dicho: "Entonces, ¿por qué lo haces?"
¡Ojalá la administración pensara alguna vez en los que hacemos las cosas por razones no materiales! ¡No sé si me ha dado más pena su pregunta o el hecho de que tuviera que hacerla!

José Miguel Díaz dijo...

Grumpy, Sr.Marcos y Manola; habéis escrito tan bien que pocos comentarios más se pueden añadir a esta entrada del blog... a no ser que sea para aplaudiros.
Un abrazo.