lunes, 31 de marzo de 2014

Cartas de guerra

No hay vencedores ni vencidos. Pasan las horas y, a mediodía, se abre una rendija entre las nubes. El polvo se ha depositado en la tierra, el humo se ha disipado en el viento y la luz borra la sombra. Renace el azul del cielo y el ocre de la tierra parcheada de cuerpos, rocas y hierba.

Lejos, muy lejos, llegan las últimas cartas a su destino. Son cartas de esperanzas truncadas. Frases de vida y de un futuro enterrado en el campo de batalla. Palabras de amor, de añoranza y de consuelo. No mientan el frío, el hambre, la sed ni el miedo. No describen el sonido de las balas al silbar sobre las trincheras, ni el rugido del motor de los aviones en la noche. No quieren recordar la sensación de terror al apretar el gatillo, ni mucho menos saber si sus tiros han alcanzado al enemigo. No desean hablar de una guerra de la que sólo desean el final. Desconocen que para ellos acabará antes que para el resto. La fecha es la del último día de su vida.

Nunca habrá vencedores ni vencidos. La victoria es una mentira. La verdad le pertenece al tiempo. Ese tiempo que convertirá a los muertos en héroes y transformará el dolor en nostalgia. Ese tiempo que aplacará los remordimientos, cuyo juicio justificará errores y que, en su avance, convertirá los conflictos en otras fechas: las cifras de un libro de Historia. Quién sabe si, en algún momento, la Historia, como las víctimas, descansará en paz.

6 comentarios:

Comas dijo...

Magnífico texto.

amigademadre dijo...

Este descarnado texto parece hacho para conmemorar la Gran Guerra de la que este año es el centenario de su comienzo.
Magnífico.
Se ve, Sol, que como nosoy veterana en tu blog no conocíaesta faceta literaria tuya.

ELVIRA dijo...

Precioso, Grumpy, me ha recordado al poema de Wilfred Owen Anthem for Doomed Youth, que me tocó comentar en un examen en 2º de BUP y no había vuelto a leer desde entonces. 18 años después me ha vuelto a emocionar.

Feliz semana

Sol Elarien dijo...

No conocía el estremecedor poema de Wilfred Owen y, al investigar un poco, he sabido que su madre recibió el telegrama de su muerte, en 1918, el mismo día del armisticio. ¡Qué pena!

María José Rodrigo Hernández dijo...

Algo debería hacer temblar las almas cuando se llama guerra al asesinato y gloria al dolor, heroísmo al pánico y patriotismo a la violencia más feroz y justificada. La palabra guerra debería figurar en el primer lugar de la lista de palabras malsonantes. Mil besos.

María José Rodrigo Hernández dijo...

Lógicamente, quise decir "injustificada" (mi corrector a veces hace un uso patético de su iniciativa "personal") :(