miércoles, 7 de mayo de 2014

El ruiseñor de Romeo y Julieta

La noche huele a jazmín y a rocío sobre las rosas. Un pájaro canta. Es un ruiseñor. Como en aquel viejo cuento su canto son palabras de amor escritas con sangre, aunque esta es mi historia y es mi sangre la que tiñe las hojas.  Cada letra es una nota, cada palabra un acorde, cada frase una estrofa. El ruiseñor suspira. Miro lo escrito y descubro una fisura, un vacío sobre el pliego. Mi corazón pierde el ritmo, se le olvida un latido.

Clavo de nuevo la pluma en mi piel y la apoyo sobre el papel. Cada nuevo trazo deja un arañazo. El trino del ave es cada vez más débil, la mañana se acerca. El fin está próximo y no sé nada de ella. No me rendiré, insistiré mientras me quede una gota de sangre en las venas. Una cuartilla, una melodía. Me siento desfallecer pero no, no me daré por vencido. Un libro, mi amor, mi vida. Se me agota la tinta. Mis ojos se cierran. Sé que no la veré más.

La noche huele a jazmín y a rocío sobre las rosas. Se ha apagado la vela en la habitación del poeta. Una figura blanca rompe la negrura de las sombras y unos pasos alteran el reposo del jardín. ¿Por qué ha callado el ruiseñor? Su música me acunaba. Era un sonido tan dulce que invitaba a acurrucarse entre las sábanas. El silencio ha interrumpido mi descanso. Sin su canto no me volveré dormir.

Entorno los párpados y revuelvo en los rescoldos de mi sueño en busca de aquel gorjeo. Dejo que que guíe su recuerdo. El camino termina en una puerta de madera pesada. Está cerrada mas no la guardan cerrojos ni candados. La empujo con fuerza hasta que cede bajo mis dedos. Subo unas escaleras, son ásperas, bajo mis plantas noto su piedra rugosa e irregular. La canción se acaba. Abro los ojos. La luna entra por la ventana abierta y el suelo está alfombrado de cuartillas. El poeta que nunca duerme yace sobre ellas.

Enciendo la vela y leo. Cada letra es una nota de la canción que resuena en mi cabeza. Al terminar lloro y mi llanto disuelve la tinta, borrando cada palabra. Olvido la melodía. Me trago las lágrimas pero ya es tarde, no sirve de nada.

Sé que sólo existe una manera de arreglarlo. Cojo la pluma y repaso las marcas de cada trazo. Es su letra, es mi sangre. La noche huele a jazmín y a rocío sobre las rosas. Un pájaro canta. Es un ruiseñor. Es nuestra canción.

3 comentarios:

María José Rodrigo Hernández dijo...

Cada vez que te leo me maravillo de la sensibilidad que destilan tus relatos. Gracias por compartirlos. Un abrazo.

Ahiara dijo...

Gracias Sol, por tu amistad y tus sirmore acertados regalos. Aunque ahora mas lejos , te quiero como siempre, o mas
Besos

Yo misma dijo...

Me enamora