jueves, 1 de mayo de 2014

Genio y figura

Genio y figura es la expresión con la que mi padre definía a mi abuela. La verdad es que su carácter y la resistencia que demostró en su último mes la hacen merecedora de eso y de mucho más. Sabía que estaba mal, no se autoengañaba, hablaba de la muerte y la esperaba. No obstante el final se le ha hecho muy largo, morirse cuesta mucho tras 96 años de vida. El cuerpo se ha habituado a vivir y se conforma con poco para subsistir, le basta con respirar y latir, tiene su rutina cogida y no está dispuesto a cambiarla.

A pesar de su estado la cabeza la tenía perfecta y se esforzaba por mostrarse encantadora y no perder el humor. Declaró que deseaba dejarnos a todos un bonito recuerdo e irse con buen sabor de boca. Se notaba agotada pero el cansancio que la abrumaba no le impedía alegrarse con cada visita y tratar de demostrárselo. Nunca le ha faltado la sonrisa a la hora de recibirlos, ni las palabras amables, ni el interés al preguntar cómo se encontraban todos. En sus periodos de mejoría nos deleitaba con bromas y anécdotas y se ganó de tal modo al afecto del personal que la cuidaba que, una noche, la invitaron a un sorbito de cerveza. Era sin alcohol y, aunque mi abuela hubiese preferido una normal, eso no mermó, en absoluto, su ilusión, ni mucho menos la gracia a la hora de contarlo.

Aunque ha sido una persona bastante reservada durante toda su vida, al final, con lo que más disfrutaba, sin duda, era con la compañía de amigos y familia. Cada visita era la mejor medicina, al descubrir al recién llegado le brillaban los ojos y se le iluminaba la cara. Cada muestra de cariño la revivía. Ver a sus cuatro hijos reunidos a su lado la hizo muy feliz y la llenó de vitalidad, durante un tiempo. Tenía ratos muy malos, en los que se quejaba, poco para lo que supone una agonía. Estaba hinchada, dolorida, incómoda, revuelta, con sequedad y flemas, no podía comer, no tenía fuerzas para moverse y había que colocarla sobre las distintas almohadas. Solía tener frío y pedir la manta pero en algunos momentos le agobiaba el calor y entonces no la aliviaban ni el aire acondicionado ni el abanicarla.

Cerraba los ojos, algunos días no podía mantenerlos abiertos. Se dormía con frecuencia, aunque no siempre era capaz de descansar, el mismo malestar se lo impedía. Perdió toda su independencia y, a cambio, aprendió a aceptar que la cuidaran y agradecía cada atención, cada detalle. No quería protestar pero en ocasiones era inevitable. La despedida de cada día era un adiós. Nos ha dicho que nos quiere y que seamos siempre buenos. Ha sabido cuánto la queremos.


9 comentarios:

Javier Comas Carrasco dijo...

Un abrazo muy cariñoso. Javier

Anónimo dijo...

Un beso y un abrazo muy fuerte espero verte pronto .Fran

Anónimo dijo...

No sabíamos nada. Hoy al leer tu post nos hemos enterado.
En momentos así no hay palabras de consuelo. Por eso te enviamos nuestro cariño envuelto en un abrazo.

Anónimo dijo...

Precioso y emocionante. Un beso prima.
PD: Me bajo a Córdoba.

José Miguel Díaz dijo...

Querida Grumpy y Hermanísima, gracias por compartir con nosotros estos sentimientos tan profundos y bonitos. En otras circunstancias, seguramente todos los primos hubieramos hecho "piña", nos abrazaríamos y nos apoyaríamos como siempre lo hemos hecho en situaciones parecidas. Una vez más, el blog se convierte en una proyección de lo que en su momento fue la granja, un enlace para los que estamos lejos y nos permite acercarnos aunque sea con unas palabras de aliento. Desde aquí os mando un fortísimo abrazo a todos y deseando veros pronto para cumplirlo en persona.

Elvis dijo...

La figura de mis abuelos y la suerte de haber podido compartir tantos momentos con ellos ha marcado mi vida dejándome recuerdos que cuidaré siempre.

La distancia hace más duros estos momentos en que no se puede compartir la pena, pero he sentido el cariño y abrazo de todos, aunque haya sido virtual.

Gracias,

Hermanita

P.L. Salvador dijo...

Un ejemplo a seguir. Testimonios como este nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros mismos.

Javier Medina dijo...

Un abrazo muy fuerte.

María José Rodrigo Hernández dijo...

Nuestra gente vive para siempre en nuestros recuerdos. Ella no se irá mientras uno solo de vosotros la tenga en su pensamiento.