sábado, 26 de noviembre de 2011

Saturday Evening Post: Comida en la Escuela de Cocina

Para empezar bien el fin de semana, decidimos organizar una pequeña reunión para irnos ayer a comer a la Escuela de Cocina de Fuenllana, donde estudia nuestra Miss Corn.  El homenaje era más que merecido después de la semanita de duro trabajo que llevaba arrastrando desde el largo y complicado quirófano del martes. Un poco de relax gourmet siempre viene bien para recuperarse. Al terminar la consulta esperé a mi señor padre que tenía que dar un curso y le pillaba bien acercarse para que así fuésemos juntos en mi coche al lugar de la comida. En el corto viaje de la universidad al hospital, según sus propias palabras, "flipó" con el transporte público de Madrid. Puede parecer increíble que semejante comentario venga de alguien que decidió que la vida en España era intolerable y que era mucho mejor hacerse americano. Claro que hay que tener en cuenta que en los USA lo del transporte público se limita a cuatro ciudades y que, además, no es recomendable hacer uso de él en determinados barrios. Menos mal que el de aquí es bueno, porque lo que es el tráfico diario deja mucho que desear.

Por supuesto llegamos los primeros, aunque en esta ocasión no se debió a que el resto de la familia se demorase. Contra todo pronóstico consiguieron encontrar el sitio a tiempo y sin problemas, pese a que me había equivocado al indicarles el número de salida de la carretera. Creo que voy a tener que cambiar mi opinión sobre el sentido de la orientación de mi madre. Hasta el momento la lectura de los mapas no había sido nunca su fuerte pero ayer me demostró sus enormes progresos en ese aspecto. Al único al que se le complicó el asunto fue al Dr. House, que se encontró el jueves con un cambio de planes en la programación del viernes lo que finalmente desembocó en que, por desgracia, fuese incapaz de asistir. Toda una pena porque le habría encantado.

El menú fue estupendo, así como el servicio, la atención y el sitio.  La sala no era para nada ruidosa, vicio que no se cuida habitualmente como es debido y del que pecan con frecuencia muchos lugares. También la separación entre las mesas era más que adecuada y, tanto la luz como la decoración, resultaban cálidas y agradables. Las alumnas-camareras sonreían continuamente, sin agobiar, aunque siempre pendientes de los detalles. Estaban de exámenes y espero que las calificasen con un merecido sobresaliente. En el centro de las amplias mesas había una bandeja con unas tostaditas muy finas y una mini-aceitera rodeada por unos pequeños cuencos de flor de sal de diferentes variedades.

De aperitivo nos ofrecieron unos cocktails a escoger entre: daiquiri de fresa, gin-tonic de naranja y margarita con lima. No soy muy aficionada a estas bebidas pero ya que estábamos en una escuela y para colmo en exámenes, supuse que debía "sacrificarme" para que las chiquillas pudiesen poner en práctica sus habilidades con la clientela. Me prepararon un daiquiri con poco alcohol (que había que conducir) con mucho sabor a fresa y que resultaba fresco, dulce y delicioso. Mis padres se decantaron ambos por las margaritas y mi hermano disfrutó del estupendo gintonic.
De aperitivo junto con los cocktails, nos trajeron unos largos tirabuzones de hojaldre dorado con parmesano y olivas negras, ligeros y sabrosos. El pan de nueces, mi favorito, de corteza muy crujiente, también era estupendo.
El primer plato del menú consistió en una crema de espárragos blancos con tropezones de tallos,  pequeños tacos de jamón y tradicionales picatostes recién hechos. Estaba buenísima y muy suave.
Como plato principal nos ofrecieron unos callos con lubina a la plancha. Mi hermanita y yo preguntamos si nos podían traer la lubina sin callos. Nuestra petición se vio recompensada por su sustitución por unos chipirones rellenos en su tinta que se deshacían en la boca. Los que tomaron los callos comentaron que estos estaban mantecosos y muy bien hechos.
Nuestros sufridos estómagos se encontraban ya bastante llenos y aún nos quedaban los postres. Este fue un plato de  degustación, con muestras de buen tamaño, formado por: un flan, con el dulzor y la textura ideales coronado por una peineta de caramelo, un cono (delicioso, me recordaba a las tejas buenas, para más inri luego descubrimos que había sido elaborado por Miss Corn) relleno de helado de yogur, no podían haber acertado mejor con mis preferencias, y un ramequin de crema catalana sedosa, tan buena que me recordó a las natillas de los Sentidos (y de la que le he pedido a Miss Corn la receta).

Con las infusiones digestivas (de frutas rojas, demasiado dulce para mi gusto) nos trajeron unos bocaditos rellenos de nata, crema pastelera y chocolate, negrísimo y buenísimo.  Nos guardaron en un recipiente los que nos sobraron. También nos llevamos una bandeja hecha de la misma galleta que los conos del helado con la que la mismísima Miss Corn nos salió a saludar. Para agradecernos la visita había inscrito las palabras en la masa.
La sorpresa final fue la cuenta, sin duda más que apta para todos los bolsillos. Semejante despliegue costó tan sólo 10 euros por persona. Creo que vamos a tener que convertir las visitas a Miss Corn en un rutina semanal.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Como se puede comer en la Escuela de Cocina Fuellana? hay que reservar? Donde esta situada?
Gracias. Asmara.

Niágara dijo...

Hay que llamar al Colegio Fuenllana,tiene página web. El tfno es: 916144729, hay comentar que se quiere reservar para comer (o preguntar por Susana). Conviene hacerlo con una semana de antelación como mínimo.

Carmen dijo...

Prima, yo me quedé con las ganas de ir pero algunas personas (como mi marido y yo) trabajamos los viernes por la tarde. De todas formas ya me encargué de comerme buena parte de la galleta que se llevó mi madre de recuerdo. ¡Yo siempre la recordaré en mi memoria! ¡Qué buena!